Ella reencarna el personaje de una novela que leyó y decide cambiar su destino haciendo un pacto con él temible duque..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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La Duquesa 1
El duque salió del calabozo con el ceño aún fruncido.
La tensión no había disminuido.
Al contrario.
[…no debió tocarla…]
El pensamiento seguía ahí.
Persistente.
Molesto.
Pero apenas dio unos pasos más..
Un guardia se acercó.
—Mi señor, la duquesa pregunta por usted.
El duque no respondió de inmediato.
Pero cambió de dirección.
Subió.
Sin detenerse.
Sin pensarlo demasiado.
[…la dejó sola otra vez…]
Cuando llegó a la habitación..
Abrió la puerta.
Y entró.
Pero no la vio.
Frunció el ceño.
El espacio estaba en calma.
Vacío.
[…¿dónde esta…?]
Entonces..
El sonido del agua.
Desde el baño.
Esperó.
Unos segundos.
Hasta que la puerta se abrió.
Y Gia salió.
Con una bata.
Ligera.
Cerrada apenas.
El cabello aún húmedo cayendo sobre sus hombros.
El duque tosió suavemente.
Desviando la mirada un instante.
[…no la mires…]
—¿Qué sucede?
Gia lo miró.
Y sonrió.
Con esa mezcla de picardía y calma que ya le era tan característica.
—Quería demostrarle que estoy bien.
El duque frunció el ceño.
No entendía.
[…¿demostrar…? ¿Qué quiere hacer?]
Pero no tuvo que preguntar.
Porque Gia dio un paso hacia él.
Y sin dudar..
Dejó caer la bata.
El silencio se volvió inmediato.
Denso.
El duque se quedó quieto.
[…ella nuevamente quiere…]
Ella no dudó.
No se cubrió.
No retrocedió.
Se acercó.
Orgullosa de su desnudez..
Y con naturalidad.
Y con intención.
Lo besó.
Un beso directo.
Cálido.
Seguro.
El duque reaccionó tarde.
Intentó apartarse.
Lo intentó de verdad.
—Gia..
Pero ella no lo dejó.
Sus manos lo sujetaron.
Cerca.
Insistente.
[…detente…]
Pero su cuerpo…
No obedecía igual.
La cercanía.
El calor.
La forma en que ella lo buscaba sin miedo.
Sin duda.
[…no…]
Su resistencia duró poco.
Muy poco.
Porque esta vez..
No había confusión.
No había duda.
Solo una decisión.
Sus manos finalmente respondieron.
Con firmeza.
Acercándola más.
Como si aceptara lo inevitable.
Gia sonrió apenas entre el beso.
[…sabía que no te irías…]
El aire se volvió más pesado.
Más cálido.
Más íntimo.
Los movimientos dejaron de ser torpes o contenidos.
Se volvieron naturales.
Fluidos.
Como si ambos ya entendieran el ritmo del otro.
Sin necesidad de palabras.
El duque dejó de resistirse por completo.
Y en su lugar..
Tomó el control.
No con brusquedad.
Sino con esa intensidad contenida que lo caracterizaba.
Gia respondió.
Con la misma entrega.
Con la misma seguridad.
El tiempo pareció detenerse.
Reducido a respiraciones..
A gemidos..
A cercanía…
A besos..
A caricias que exploraban todo el cuerpo con deseo..
A esa tensión que ya no era incómoda…
Sino compartida.
Y cuando finalmente el silencio volvió..
No era el mismo de antes.
Era más profundo.
Más denso.
Más… íntimo.
[Quizas el duque usa magia, es que tiene una resistencia que me deja las piernas temblando, me encanta]
El duque la observó en silencio por un instante.
[…esto… yo.. ]
No terminó el pensamiento.
Pero tampoco se apartó.
Porque, aunque no lo dijera…
Ya no era solo ella quien lo buscaba.
El silencio en la habitación era distinto ahora.
Más lento.
Más pesado.
El duque descansaba recostado, con la mirada fija en el techo, recuperando la calma poco a poco. A su lado, Gia se acomodaba contra él, envuelta apenas en una manta, como si ese lugar ya le perteneciera por completo.
Lo abrazaba con naturalidad.
Sin pedir permiso.
[…otra vez…]
Pero él no la apartó.
No esta vez.
Gia levantó un poco el rostro para mirarlo.
—¿Me ayudarás a mejorar mi magia?
Su voz era suave.
Pero directa.
El duque no giró de inmediato.
Respondió con simpleza..
—Vendrá un mago a enseñarte.
Gia hizo una pequeña mueca.
—No quiero a otro hombre cerca mio
Se acomodó un poco más sobre él..
—Ojala pueda ser… una maga.
Pensó un segundo.
—O un anciano amable.
Luego alzó la vista hacia él.
—Solo te quiero a ti como hombre en mi vida.
El duque no respondió de inmediato.
Pero asintió.
Levemente.
[…bien…]
Y aunque no lo diría..
Esa respuesta…
Le agradó más de lo que esperaba.
El ambiente se relajó.
Un poco.
Entonces el duque habló..
—Traerán la comida aquí. Debo volver al trabajo.
Gia asintió.
[…como siempre trabajando…]
Pero justo cuando él empezó a moverse..
Ella lo detuvo.
Lo besó.
Otra vez.
Sin prisa.
Con una sonrisa apenas contenida cuando se separó.
—Me encanta.
El duque no respondió.
Pero tampoco la rechazó.
Solo la miró un segundo.
En silencio.
Entonces Gia habló otra vez..
—¿Y mi padre?
El cambio fue inmediato.
El ambiente se tensó apenas.
El duque respondió sin rodeos..
—Está en el calabozo. Probablemente no saldrá vivo.
Gia lo sostuvo.
Un segundo.
Dos.
Y luego..
Asintió.
Sin dudar.
Se inclinó otra vez.
Le dio otro beso.
Más suave.
Más tranquilo.
—Gracias. Por hacer justicia.
El duque no dijo nada.
Solo asintió.
Se levantó.
Recuperando su postura.
Su distancia.
Y salió de la habitación.
Dejando atrás.. a una Gia que, poco a poco, comenzaba a entender algo importante.
En esa mansión…
Las reglas ya estaban cambiando.
Asi el duque no perdió tiempo.
Apenas salió de la habitación, su mente volvió a ese estado frío y calculador que lo caracterizaba. Dio órdenes claras y rápidas.
—Envía una carta al templo.
El escriba asintió de inmediato.
El duque dictó sin dudar:
—Solicito un instructor de magia. Preferentemente una maga… o un anciano con carácter amable.
[…no otro hombre joven…]
No lo dijo en voz alta.
Pero lo pensó.
Y fue suficiente.
La carta partió esa misma tarde.
Pero la calma no duró mucho.
Esa noche..
Uno de sus guardias más cercanos llegó con urgencia.
—Mi señor, hay reportes de bandidos en la frontera norte. Intentaban ingresar.
El duque no se sorprendió.
Solo asintió.
—Prepárense.
Su tono fue firme.
Decidido.
[…justo ahora…]
Se dirigió a su armería.
Se colocó su abrigo oscuro, ajustó sus guantes, revisó su espada. Cada movimiento preciso, sin desperdicio.
Estaba listo.
Uno de sus hombres dudó un momento antes de hablar..
—¿Debemos avisarle a la duquesa?
El duque se detuvo apenas.
La imagen de Gia cruzó su mente.
En la cama.
Aferrándose a él.
Llamándolo.
[…debería…]
Pero su orgullo…
Pesó más.
[…no es necesario…]
—No.
Seco.
Final.
Y sin añadir nada más..
Salió de la mansión.
La noche lo envolvió.
Y con ella…
La batalla.
Horas después..
Gia terminó de cenar.
Sentada con tranquilidad, aunque su mente no estaba del todo en calma.
Miró a su alrededor.
—¿Dónde está el duque?
Una de las doncellas respondió con respeto..
—Mi lady, el duque ha salido.
Gia parpadeó.
[…¿salió…?]
—¿A dónde?
—No lo sabemos con certeza, mi lady. Fue una salida urgente.
Gia asintió lentamente.
Pero por dentro..
[…¿y no me avisó…?]
Frunció levemente el ceño.
Una pequeña molestia apareció.
[…qué esposo tan poco considerado…]
Pero no dijo nada.
No quería presionarlo.
No aún.
[…tampoco voy a estar detrás de él todo el tiempo…]
Respiró hondo.
Y cambió de tema.
—¿Y Lord Dacre?
Las doncellas intercambiaron miradas.
—Sigue en el calabozo, mi lady.
—Pero… es probable que la familia Dacre ya se haya enterado.
Gia alzó una ceja.
—¿Por qué?
—El cochero que lo trajo ya regresó a la residencia Dacre.
Gia apoyó suavemente la mano en la mesa.
[…perfecto…]
Una pequeña sonrisa apareció.
Pero esta vez..
No era dulce.
Era estratégica.
[…que vengan…]
Porque si algo tenía claro…
Era que esto..
Recién comenzaba.