Reencarna en una época antigua, en la cual es invisible para su familia y con un trágico final, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Knapp 1
Horas después de haber analizado y ordenado un poco sus pensamientos Eloise decidio salir de la habitación..
Aun asi abrio la puerta con cierto temor..
El picaporte cedió con un leve clic.
Eloise dudó apenas un segundo antes de abrir la puerta por completo.
El pasillo se extendía largo y silencioso, cubierto por alfombras gruesas que amortiguaban sus pasos. Las paredes estaban decoradas con retratos familiares.. rostros elegantes, orgullosos… desconocidos.
Caminó despacio.
No por miedo.
Sino porque aún estaba adaptándose a ese cuerpo, a ese mundo… a esa vida que ahora era suya.
A medida que avanzaba, un aroma suave comenzó a llenar el aire.
Comida. Recién servida.
Su estómago reaccionó de inmediato, con una sensación extraña… como si no estuviera acostumbrado a sentir hambre de verdad.
—…definitivamente esto no es normal… —murmuró para sí.
Siguió el aroma hasta el comedor principal.
Y entonces…
Los vio.
Una mesa larga, elegantemente dispuesta.
Platos finos.
Cubiertos de plata.
Velas encendidas, aunque aún había luz de día.
Todo impecable.
Todo… distante.
En la cabecera estaba su padre.
Recto.
Imponente.
Leyendo unos documentos mientras comía, como si incluso ese momento fuese parte de sus deberes.
A su lado, su madre.
Perfecta.
Serena.
Conversando en voz baja, más interesada en mantener una imagen que en compartir realmente el momento.
Y frente a ellos…
Un joven. Su hermano. Ethan.
El segundo hijo de la casa Knapp.
Reía ligeramente por algo que decía su madre, relajado, cómodo… perteneciente a ese espacio de una forma que ella nunca había sentido.
Eloise se quedó en la entrada.
Nadie la miró.
Nadie notó su presencia.
Ni siquiera un gesto.
Ni siquiera un “has llegado”.
Era como si…
No existiera.
Un silencio pesado se instaló en su pecho.
Pero no era nuevo.
Ese sentimiento no venía de ella.
Venía de Eloise.
De la verdadera.
De la chica que había vivido así… todos los días.
Invisible.
Siempre presente.
Nunca vista.
Dio un paso al frente.
Luego otro.
El sonido, aunque leve, finalmente llamó la atención de uno de los sirvientes, quien rápidamente inclinó la cabeza.
—Señorita Eloise.
Su voz fue respetuosa.
Correcta.
Pero no cálida.
Ese pequeño reconocimiento fue lo que hizo que, finalmente, los demás levantaran la vista.
Primero Ethan.
Luego su madre.
Y por último… su padre.
Tres miradas.
Ninguna… verdaderamente interesada.
—Ah… Eloise —dijo su madre con una sonrisa suave, perfectamente ensayada—. No sabíamos que ya estabas despierta.
No sabían.
Porque no preguntaron.
Porque no importaba.
—Siéntate —añadió, volviendo la mirada a su plato casi de inmediato.
Eloise no respondió.
Solo caminó hasta una de las sillas… no demasiado cerca, pero tampoco demasiado lejos.
Un lugar… neutral.
Como ella.
Se sentó.
Un sirviente se acercó y comenzó a servirle.
Porción pequeña.
Demasiado pequeña.
Eloise la observó en silencio.
[con eso no alimentas ni a un gato…]
Recordando inevitablemente a los pequeños felinos de su vida anterior.
Alzó la mirada.
—¿Puedo… servir más? —preguntó con voz tranquila.
El silencio fue inmediato.
Su madre levantó la vista, ligeramente sorprendida.
Ethan arqueó una ceja.
Su padre… dejó de leer.
—No es propio excederse.. Debes mantener una figura adecuada.
Figura. No salud. No bienestar.
[Figura.. estoy demasiado delgada y me habla de figura]
Eloise sostuvo su mirada por un segundo.
Y luego…
—Entiendo —respondió con calma.
Pero no insistió.
No allí.
No así.
Aún no.
La conversación continuó sin ella.
Temas de negocios.
Relaciones.
Eventos sociales.
Nada que la incluyera.
Nada que requiriera su opinión.
Nada que siquiera la considerara.
Ethan hablaba con naturalidad, como si ese mundo le perteneciera por derecho.
Y, en cierto modo, así era.
Eloise comía en silencio.
Cada bocado pequeño.
Insuficiente.
Pero su mente no estaba en la comida.
Estaba en otra parte.
En otro nombre.
Elton.
Su pecho se apretó ligeramente.
El hermano mayor.
El único…
El único que la había visto.
El único que le escribía.
El único que le enviaba regalos.
Las únicas joyas que realmente le importaban.
No por su valor…
Sino porque eran prueba de algo más importante.
Afecto.
Recuerdo.
Presencia.
[así que el heredero está lejos…]
Y con él…
La única persona que equilibraba la balanza en esa casa.
Porque mientras él estaba…
Eloise no era invisible.
Era protegida.
Cuidada, aunque fuera discretamente.
Pero ahora…
Ahora no había nadie.
Nadie que interviniera.
Nadie que notara.
Nadie que cuestionara.
Terminó de comer.
O al menos… dejó de intentarlo.
Bajó los cubiertos con suavidad.
—Con permiso —dijo, levantándose.
No esperó respuesta.
Y, de hecho…
No la hubo.
Nadie la detuvo.
Nadie preguntó a dónde iba.
Nadie dijo su nombre.
Caminó hacia la salida.
Paso firme.
Tranquilo.
Pero por dentro…
Algo se asentaba.
Algo importante.
Al cruzar la puerta, el aire del pasillo la recibió nuevamente.
Silencioso.
Vacío.
Como ella había estado… hasta ahora.
Se detuvo un instante.
Miró sus manos.
Luego, el camino frente a ella.
[No me odian…]
Y era cierto.
No había crueldad directa.
No había insultos.
No había golpes.
[Pero tampoco… me aman]
Porque no habia.. Ni interés. Ni preocupación. Nada.
Solo… ausencia.
Una ausencia disfrazada de normalidad.
Y eso…
Era igual de peligroso.
Porque una persona invisible…
Es fácil de perder.
Fácil de olvidar.
Fácil de no salvar.
Cerró suavemente los ojos.
Y cuando los abrió…
Ya no había tristeza.
Solo claridad.
—Entonces… no voy a esperar nada de ellos.
Ni rescate.
Ni protección.
Ni cuidado.
Nada.
Una leve exhalación escapó de sus labios.
Ligera.
Decidida.
—Pero tampoco voy a morir por eso.
El nombre de Elton cruzó su mente otra vez.
Y, por primera vez…
Una pequeña chispa de esperanza apareció.
—Al menos… no estoy completamente sola.
Pero incluso eso…
No sería suficiente.
No podía depender de alguien que no estaba.
No otra vez.
Enderezó la espalda.
Y comenzó a caminar.
Más firme.
Más consciente.
Más viva.
Porque ahora entendía perfectamente su situación.
En esa casa…
Podía vivir.
Pero si algo pasaba…
También podía desaparecer…
Sin que nadie hiciera nada.
Y esta vez…
Eso no iba a suceder.
Pero falta un toque de celos para él, qué otro hombre se ponga a coquetear con Eloise /Awkward/