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TOME SU LUGAR

TOME SU LUGAR

Status: En proceso
Genre:Venganza / Escuela / Mujer poderosa
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

Se burlaron. La humillaron. La destruyeron.
Pero cometieron un error…
Nunca supieron que tenía una gemela.
Y ella no perdona.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 9: NADIE INTERVIENE

El miedo ya estaba ahí.

No era evidente para todos, no se veía en gritos ni en caos, pero se sentía, en las pausas incómodas, en las miradas que se desviaban demasiado rápido, en las conversaciones que bajaban de volumen cuando yo pasaba, como si mi presencia hubiera cambiado algo que ya no podían ignorar.

Y eso…era exactamente lo que buscaba.

Pero no era suficiente.

Porque ellos no se detuvieron con Sara.

Y yo tampoco iba a hacerlo.

La clase avanzaba sin sentido, como si el profesor estuviera hablando para llenar el espacio, no porque alguien realmente estuviera escuchando, porque la atención ya no estaba en el tablero, ni en los libros, ni en nada de eso.

Estaba en mí.

Y en lo que podía pasar.

Mateo no me miraba directamente, pero podía sentir su tensión, la forma en que evitaba cruzar la mirada conmigo, como si hacerlo fuera reconocer algo que no quería aceptar, como si al hacerlo confirmara que ya no tenía el control.

Valentina tampoco hablaba mucho.

Eso decía todo.

El grupo ya no era un grupo.

Era una estructura rota.

Y yo solo tenía que empujar un poco más.

Cuando terminó la clase, me levanté sin prisa, dejando que el ruido regresara poco a poco, que la gente empezara a moverse, a mezclarse, a fingir normalidad otra vez, porque sabía que ese era el mejor momento.

El momento en que nadie espera que algo pase.

Salí al pasillo.

Y los vi.

Mateo.

Valentina.

Y otros dos más.

Hablando en voz baja.

Tensos.

Intentando entender.

Caminé directo hacia ellos, sin desviarme, sin ocultar nada, porque ya no había necesidad de hacerlo, porque el siguiente paso no era sutil…

era claro.

—¿Ahora sí quieren hablar? —dije al acercarme.

Todos se quedaron en silencio.

Nadie respondió de inmediato.

Porque no sabían cómo.

Porque ya no sabían qué esperar de mí.

Y eso…los hacía débiles.

Mateo fue el primero en reaccionar.

—Bájale —dijo, con la voz más firme de lo que realmente sentía—. Ya hiciste suficiente.

Sonreí levemente.

—¿Suficiente? —repetí—. Apenas empecé.

Valentina dio un paso atrás.

Pequeño.

Pero lo noté.

Y eso fue suficiente.

—Déjala —intervino uno de los chicos, intentando meterse en medio, intentando recuperar algo de control, pero su voz no tenía fuerza, no tenía peso.

No me detuve.

No dudé.

Mi mano se movió rápido, empujándolo con fuerza suficiente para apartarlo, para sacarlo del espacio sin darle oportunidad de reaccionar, sin darle tiempo de entender que no estaba jugando, que esto no era una discusión.

El golpe contra la pared fue seco.

Claro.

Y nadie hizo nada.

Nadie.

Porque en ese momento todos entendieron algo.

Esto ya no era normal.

Y no sabían cómo detenerlo.

Volví la atención a Mateo.

—¿Eso es todo? —pregunté—. ¿Eso es lo que hacen cuando alguien intenta ayudar?

Silencio.

Mateo apretó la mandíbula.

Pero no se movió.

No intervino.

No reaccionó.

Y eso…lo dejó en evidencia.

—Pensé que eras más que esto —añadí, acercándome un poco más.

Esa frase fue directa.

Personal.

Valentina volvió a tensarse.

Mateo la miró.

Un segundo.

Duda.

Porque ese segundo…

lo cambió todo.

Me acerqué más.

Invadiendo el espacio.

Rompiendo cualquier intento de control.

—Pero ya entendí —continué—. Solo funcionan cuando están todos… cuando alguien está solo… desaparecen.

Silencio.

Pesado.

Real.

Nadie respondió.

Nadie lo negó.

Porque era verdad.

Y todos lo sabían.

Di un paso atrás.

No por ellos.

Por mí.

Porque ya había hecho lo que necesitaba.

Romperlos un poco más.

Separarlos.

Exponerlos.

—Esto no se acaba aquí —dijo Mateo finalmente, pero su voz ya no tenía la misma seguridad.

Lo miré.

Y sonreí.

—Lo sé —respondí—. Por eso sigue siendo divertido.

Silencio.

Me giré sin esperar más, dejando el momento atrás, dejando que se quedaran con eso, con la tensión, con la duda, con la sensación de que ya no podían controlar nada de lo que estaba pasando.

Mientras caminaba, sentí las miradas otra vez.

Pero ahora eran diferentes.

Más pesadas.

Más cargadas.

Porque ya no era solo lo que hacía…

era lo que podía hacer.

Y lo peor…era que nadie intervenía.

Nadie se metía.

Nadie intentaba detenerme.

Y eso…lo hacía todo más fácil.

Antes de entrar al salón, levanté la mirada un segundo.

Y lo vi.

Adrián.

De pie.

Observando.

Como siempre.

Pero esta vez…no estaba solo mirando.

Estaba entendiendo.

Y algo más.

Decidiendo.

Sostuve su mirada un segundo.

Y sonreí levemente.

Porque si iba a seguir ahí…entonces iba a ver todo.

Sin excepción.

Y cuando nadie interviene… la caída es inevitable.

1
Rubiia sanz
no dejes que caiga sube maaas
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