Una víctima olvidada regresa desde la muerte, oculta en otro cuerpo, para cobrar una venganza oscura contra quienes la destruyeron.
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Capítulo 10: Lo que llega en una caja
- ¡Silencio! abran el cuaderno.
La voz de la maestra corta el aire del salón, seca, tensa, con rectitud,
Como si también estuviera cansada de todo.
Todos están sentados.
Todos juntos.
Como antes.
Pero no es igual.
Nada es igual.
Ya no hay risas.
Ya no hay bromas.
No hay empujones ni miradas burlonas.
Solo miradas, se miran como quien será el próximo, dudan, de todo, ya no andan solos, andan en grupos, aunque ya ese grupo queda poco.
Susurros.
Respiraciones contenidas. !Miedo!
Mucho miedo.
Yo estoy ahí.
Al fondo.
Como siempre.
Invisible.
Con el trapeador apoyado en la pared, fingiendo limpiar lo que no está sucio.
Pero no estoy limpiando.
Estoy esperando.
Siempre estoy esperando.
La maestra escribe en la pizarra.
Copien esto.
La tiza rasga la superficie.
Ese sonido…
Antes me ponía nerviosa.
Ahora me calma.
Me ordena.
Me recuerda que todo sigue un patrón.
Todo tiene un ritmo.
Y yo… ya aprendí a seguirlo.
Miro a los que quedan.
Los cuento sin mover los labios.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete.
Respiro lento.
Ya no son ocho.
Ya no son fuertes.
Ya no son intocables.
Ahora son frágiles.
Y lo saben.
Lo miras y vez el miedo en sus ojos, la inseguridad de quien es el que sigue, por qué saben que la cacería va por ello, aunque no hablen del tema, ellos saben… Lo que está pasando, pero saben que no pueden hablar, solo queda Esperar.
esperar a ver si su suerte puede cambiar.
me río.
Se nota en cómo evitan mirarse.
En cómo bajan la voz.
En cómo miran la puerta… como si algo fuera a entrar.
Como si algo los estuviera buscando.
Sienten que lo están vigilando.
Y tienen razón.
Él está ahí.
Luis.
El siguiente.
El que siempre hacía bromas pesadas.
El que se reía más fuerte.
El que nunca se detenía.
Cierro los ojos un segundo.
Y lo veo.
Riendo.
Siempre riendo.
- Dale, Daniela, corre que el piso se rompe.
- Daniela, en un furuto no podrá entrar al curso, no va acaber por la puerta.
Las carcajadas, las miradas.
El silencio después.
Ese silencio que pesaba más que cualquier golpe.
Abro los ojos, lo miro, fijo.
Hoy no te ríes.
El ambiente se vuelve más denso.
Ni siquiera la maestra habla, hasta que…
Tocan la puerta, tres golpes, secos.
Exactos.
Todos se quedan quietos.
Demasiado quietos.
La maestra se gira.
- ¿Sí?
La puerta se abre lentamente.
Un joven asoma la cabeza.
Nadie lo reconoce.
Eso es perfecto.
- ¡Buenos dias!
- Disculpe… traigo esto.
Sostiene una caja.
Pequeña.
Sellada.
Impecable.
La maestra frunce el ceño.
- ¿Para quién es?
El joven mira el salón.
Se toma su tiempo.
Como si disfrutara el momento.
Y señala.
- Para él.
- Me dieron indicaciones de entregarse la a el.
Luis levanta la cabeza.
Confundido.
- ¿Yo?
- Sí.
El joven se acerca.
Le entrega la caja. Sus manos no tiemblan.
Las de Luis… sí.
El joven se va, sin despedirse, sin mirar atrás.
La puerta se cierra.
El sonido resuena más de lo normal.
El silencio vuelve.
Pero ahora…Está cargado y pesado.
Luis gira la caja.
La sacude.
- ¿Y esto? ¿que será? ¿quien lo envio?
Algunos se acercan.
Curiosos.
Pero nerviosos.
- Ábrela.
- Seguro es una broma.
-Te la envió tu novia.
- no la abras, espera.
Intentan reír, pero no les sale.
Luis sonríe.
Pero su sonrisa no es completa.
- A ver…
Empieza a abrirla.
Despacio.
Muy despacio.
El cartón cruje.
La cinta se despega.
Ese instante…
Ese momento suspendido…
Es perfecto.
La tapa se levanta.
Silencio. Uno, dos, tres…
- ¿Qué es eso?
Luis mete la mano.
Sin pensar. ¡Error!
El movimiento es rápido.
Invisible, la picadura.
- ¡Ah!
Retira la mano.
- ¡¿Qué fue eso?!
La caja cae.
Algo sale, oscuro, rápido.
Una araña, grande, negra.
Los gritos estallan.
- ¡Quítala!
- ¡Dios mío!
- ¡Sáquenla!
Luis respira mal.
Muy mal.
- Me pica…
Su voz tiembla.
Se toca el brazo.
La piel cambia.
Se hincha y se deforma.
- No… no puedo…
Se levanta.
Pero no puede sostenerse.
-¡Profe!
La maestra corre.
- ¿Qué te pasa?
Pero ya es tarde.
Su rostro se transforma.
Sus labios, sus ojos, su cuello.
La respiración, forzada, rota.
- No… puedo…
Cae.
El golpe retumba.
- ¡Llamen a la enfermería!
- Luis... Luis no te duermas quédate conmigo.
El caos explota.
Gritos, llanto.
Sillas cayendo.
Todo se mezcla.
Yo me quedo atrás.
Observando.
Tranquila.
Contando, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete.
Lo levantan, lo arrastran, lo sacan.
Yo voy detrás.
Como uno más.
Como siempre.
Invisible.
La enfermería está llena.
La enfermera intenta.
Pero no puede, hacer nada ya es tarde, la alergia se expandió muy rápido.
- ¿Qué pasó?
- Una araña…
- No respira…
- Se está poniendo peor…
Luis apenas abre los ojos.
Su cuerpo no responde.
Me acerco y me inclino.
Le susurro al oído.
- Tranquilo…
- ¿Quién…?
- Fue un regalo.
- ¿Qué…?
- De tu amiga Daniela.
Sus ojos se abren.
Como pueden.
- No… ella volvió, ¿como?...
Su respiración falla.
- Perdón…
Niego.
- Muy tarde.
Su pecho se detiene.
Silencio.
Se fue.
Pero nadie lo nota.
Siguen intentando.
Siguen creyendo.
Pero yo sé.
Me mezclo otra vez.
Invisible.
Salgo.
El pasillo está vacío.
El trapeador vuelve a mi mano.
Como siempre.
Pero algo cambia.
Esa sensación.
Otra vez, más fuerte, más cerca, me detengo.
El aire se enfría.
No digo nada.
Y entonces…
un reflejo.
En la ventana.
No soy yo.
No completamente.
Parpadeo.
Sigue ahí.
Sonriendo.
Pero no soy yo.
Mi corazón… se detiene.
Un segundo.
Y entonces… la voz.
No es afuera, No es detrás, es adentro.
—Daniela…
Cierro los ojos, fuerte.
—No…
Mi voz es apenas un hilo.
—No me llames así…
Pero no se detiene, ahora ella tiene el control de mi cuerpo.
—Daniela…
—Daniela…
—Daniela…
Mi respiración se rompe.
—Yo no soy ella…
Silencio.
Un segundo Y entonces…
—Ayuda… por favor…
Mi cuerpo se queda inmóvil.
No me muevo, no respiro.
Porque sé…
sé que no es alguien más.
Son las mismas voces.
Las de siempre.
Pero ahora…
suenan distinto.
Más claras.
Más reales.
Más… cerca.
—Ayuda… por favor…
Trago saliva.
—Yo… te estoy ayudando…
Lo digo como si fuera verdad.
Como si eso lo justificara todo.
—Déjame salir…
Un escalofrío me recorre completa.
Mis manos se tensan.
El trapeador cae otra vez.
—No…
—Daniela…
—Ayuda… por favor…
Las voces se mezclan.
Se repiten y se enredan.
Dentro de mi cabeza.
-¿que me pasa?
Más rápido.
Más fuerte.
—Daniela…
—Ayuda…
—Daniela…
—Por favor…
Aprieto los ojos.
En la oscuridad siento la sombra de nuevo, como que me mira...
Pero no desaparecen.
Nunca desaparecen.
Siguen en mi cabeza esas voces.
Y por primera vez….no me. desecha
no sé si soy yo quien las escucha…
O si soy yo…