Una historia de reglas rotas y corazones en juego.
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Partido de básquetbol
Me levanté temprano, los chicos aún seguían durmiendo, baje las escaleras escuché a sus abuelos, reír y la voz de Aldo.
Me acerque y saludé.
Buenos días.
Buen día, contestaron sus abuelos.
Buen día guapo, decía Aldo.
Buen día, sonreí.
Siéntate ya van a servir el desayuno, decía su abuela.
Muchas gracias, me senté en la silla vacía que estaba al lado de Kenia
¿Y tus amigos?, pregunto Aldo.
Aún siguen dormidos.
Siempre es lo mismo con Didier, levantándose tarde, bebiendo y perdiendo su tiempo, yo a su edad ya trabajaba con mi padre, decía su abuelo.
Bueno abuelo, tuvimos la suerte de ser hijos consentidos, además son vacaciones, el próximo año será el último que estudiará, después será un adulto responsable, decía Aldo.
No lo defiendas, tu estudias y ayudas a tu madre en la empresa.
Es que para mí trabajar en la empresa de mi madre es divertido.
Mientras sus abuelos y Aldo charlaban baje mi brazo para rozar la pierna de Kenia
Al sentir mi caricia, ella dejo el celular en la mesa y se levantó enojada.
Ya me voy, Pedro me espera.
No, quiero desayunar, decía Aldo.
Si hija desayuna y después te vas.
Yo me levanté.
Voy a despertar a mis amigos, empiecen por favor.
Salí del comedor.
Eres un idiota que carajos te pasa, me decía a mi mismo.
Entre a la habitación, me quedé mirando por la ventana, espere a que se marchara.
Pablo se levantó y me miró.
¿A quien estás espiando?, decía somnoliento.
Estoy viendo que se vaya el amigo de Kenia, no quiero desayunar con el cerca.
¿Ya se fue?, preguntaba Pablo.
Ya, se fue.
Pablo puso su cuerpo encima de Didier.
Ya levántate bastardo, decía bromeando.
Didier lo empujó, ¿que te pasa Pablo?
Ayer estabas muy pegado con el amigo de Kenia, pensé que te gustaban los abrazos de los hombres, decía Pablo sonriendo.
Claro que no idiota, El es amigo de Kenia y al principio fue difícil aceptarlo, pero el ha cuidado mucho a mi hermana, que es una hermana para mí.
¿Hermana?, decía riendo Pablo.
Si tonto, es mi hermana.
Tus abuelos nos estaban esperando para desayunar, comenté para que dejaran de discutir.
Olvide que ellos se levantan temprano.
Didier se lavo la boca y nos pedía que bajemos rápido
Cuando llegamos sus abuelos ya se estaban levantando de la mesa.
Buen día abuelo, decía Didier
Buen día le dijo molestó su abuelo.
Didier, ¿tenemos que hablar?, le decía su abuelo.
Si abuelo, solo desayuno y hablamos.
Deja a Didier, está de vacaciones con sus amigos, amor, le decía su abuela.
Nos sentamos en la mesa, nos sirvieron el desayuno.
¿Y ustedes también se la pasan vagando como mi nieto?, decía su abuelo.
Pablo y yo miramos nerviosos a su abuelo.
Abuelo, por favor deja a mis amigos, en paz.
No los estoy molestando, solo quiero saber si ya pensaron en su futuro, pronto terminarán la universidad y los partidos de básquetbol se terminarán.
Didier y Pablo se quedaron callados. Yo no pude quedarme callado.
Trabajo en la empresa de mi padre por línea, los fines de semana viajo a mi casa, me encargo de la publicidad de la empresa de mi padre, también superviso en ocasiones algunas campañas que están por salir, no soy un vago señor, me gusta mantenerme activo todo el tiempo, le respondí.
Entonces tú debes Jason, dijo su abuela sonriendo.
Si, soy Jason.
Tu padre siempre está presumiendo a su hijo en las fiestas, decía su abuela.
No sabía que mi padre me presumía.
Deberías aprender a Jason, decía su abuelo mirando a Didier.
Didier se quedó callado.
Estamos trabajando en nuestra propia empresa señor, le respondí.
No solo vagamos, los tres iniciamos un proyecto juntos, queremos lanzar nuestra propia marca de artículos deportivos, estamos hablando con varias empresas, con nuestro conocimiento en deportes hemos avanzado, ahora trabajamos con una empresa de uniformes, vamos a crear nuestra propia ropa.
Su abuelo miro a Didier asombrado.
¿Por qué no habías dicho nada, Didier?
Porque a mi padre no le gustó la idea.
Pues si necesitan mi apoyo, yo encantado podría presentarles a unos amigos que están interesados en invertir.
Didier miro a su abuelo sonriendo.
Gracias abuelo, regresando de vacaciones te mando algunas propuestas para que lo platiques con tus amigos.
Por cierto la obra de teatro de tu hermana es a las seis de la tarde, espero que asistas.
Claro abuelo, es más nos iremos con ustedes.
Pues provecho chicos, nosotros tenemos cosas que hacer, decía su abuelo levantándose de la mesa.
Gracias, respondimos Pablo y yo.
¿que vamos hacer hoy?, decía Pablo sonriendo.
Hay un club donde podemos ir a jugar un rato, tal vez corremos con suerte y conocemos a
unas chicas.
Salimos de la casa de sus abuelos, cuando llegamos al club fuimos directo a las canchas, Didier me pasó un balón, yo corría directo a la canasta, Pablo trataba de quitármela.
Vamos chaparro, quitamela, le decía a Pablo mientras rebotaba la pelota.
El me la quito y sonrió.
Eres muy lento, grandote.
Didier, llegó y le quitó la pelota a Pablo.
Son lentos, dijo el arrojando la pelota a la canasta.
La pelota entró.
Yo la tomé y la rebote, Didier me empujó tratando de quitármela, Pablo intento quitármela, yo la arroje desde lejos.
La pelota entró, ellos aplaudían.
¡que suerte!, decía Didier sonriendo.
Pablo corrió y tomo la pelota, corría tan rápido que Didier no lo alcanzó, yo me reía mientras miraba a Pablo saltando, metió la pelota y se colgaba del aro.
¡Ya bajate, mono!, decía Didier.
Sin darnos cuenta ya teníamos público, unos tipos se acercaron. Jugamos tres y tres, decía un tipo igual de alto que nosotros.
Va decía Didier.
Apenas iniciamos, no dejamos que tomarán el balón, uno de los tipos empujó a Pablo tan fuerte que Pablo rodo por la cancha.
¡Oye idiota!, le grité enojado. El tipo alto me empujó.
Ustedes no juegan limpio, decía Didier empujando al que había empujado a Pablo.
De pronto el tipo le dio un puñetazo a Didier.
Pablo, le dio un puñetazo al grandote, lo que desató que nos golpearamos con los tipos.
Los vigilantes llegaron y nos separaron.
Te vas a arrepentir, pendejo, decía Didier furioso.
Los vigilantes nos sacaban del club.
Ellos iniciaron, decía Pablo molesto.
Yo caminaba en silencio.
¿qué sucede aqui?, decía un tipo con un traje elegante.
Señor, estos tipos estaban golpeando a nuestros socios.
Didier miro furioso al tipo de traje.
Hola cuñado, dijo el tipo mirando a Didier con una sonrisa.
Voy a matarte, idiota, grito Didier furioso.
Pablo y yo miramos a Didier asombrado.
Ya te contó, ella vio mal, jamás la engañaría, decía el tipo de traje. Yo la amo, ella es lo único que quiero en mi vida.
¿En qué momento compraste este club?
Los Jenebs me lo ofrecieron, hace un año.
Oye de verdad te juro que no la engañe, ayudame, ella no quiere hablar conmigo.
No lo ayudes, Didier, dije molesto.
El tipo me miró y sonrió.
No me digas que dejaste que tú amigo saliera con Kenia, decía el novio de kenia.
Claro que no idiota, dile a tus changos que nos suelten.
Ya suelten a los señores, decía el tipo.
Didier se acercó y el tipo lo miro sin miedo.
Ella sufrió mucho, te dije que no la hicieras sufrir.
No la engañe, ella miro mal.
Si mi padre no fuera tu padrino ya te hubiera destrozado la cara idiota.
Lo sé, me dio gusto saludarte cuñado, nos vemos en la cena de compromiso.
El tipo se marchó con los vigilantes.
Didier, camino al estacionamiento furioso.
¿Ese es tu cuñado?, pregunto Pablo asombrado.
Si, es el imbecil que le rompió el corazón a mi hermana.
Nos subimos al auto, moría de ganas de decirle al idiota de su novio que ella también lo engaño.
Es bien parecido, tal vez tiene razón y no engaño a tu hermana, decía Pablo.
Por favor Pablo, ese tipo es un mentiroso, claro que la engaño, dije molesto.
Didier iba manejando en silencio.
Yo lo mire asombrado, Didier le estaba creyendo a ese imbecil.
Amigo, ¿de verdad le vas a creer?.
Cállate Jason, tu no lo conoces, ese cabron siempre estuvo enamorado de Kenia.
Yo me quedé callado, tenía ganas de decirle que yo estaba enamorado de Kenia y que cuidaria de ella con mi vida, pero no pude, menos sabiendo que ella tal vez no siente nada por mi y aún ama a su prometido.