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BAJO LA LUNA DEL ALFA OSCURO

BAJO LA LUNA DEL ALFA OSCURO

Status: En proceso
Genre:Acción / Aventura Urbana / Batalla por el trono
Popularitas:810
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

Kael, el rey de los lobos, huye de un destino impuesto… pero no puede escapar de su propia oscuridad.
En el mundo humano conoce a Lía, la única capaz de activar un vínculo prohibido por la diosa de la luna.
Cuando la sombra del pasado, el consejo y una guerra ancestral los persiguen, el amor se vuelve una amenaza.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 3: LO QUE VI NO ERA HUMANO

El callejón quedó en silencio. No un silencio normal.

Un silencio pesado.

Denso.

Como si el aire mismo se hubiera detenido, incapaz de procesar lo que acababa de ocurrir.

La respiración de Lía era lo único que rompía ese vacío.

Rápida.

Irregular.

Descontrolada.

Sus manos temblaban tanto que tuvo que cerrarlas en puños para intentar detenerlo. No funcionó.

Su pecho subía y bajaba con violencia, como si sus pulmones no lograran llenarse lo suficiente.

Pero no era por el esfuerzo.

Era por lo que había visto.

Por lo que seguía viendo.

Sus ojos estaban clavados en él.

En Kael.

En la sangre que manchaba la pared detrás de su cuerpo.

En el metal abollado del contenedor.

En el cuerpo inmóvil que yacía a unos metros… demasiado quieto.

Demasiado muerto.

Todo era real.

El olor metálico de la sangre.

La humedad del callejón.

La lluvia que comenzaba a caer, fina al principio, pero constante.

No había forma de negarlo.

No había forma de explicarlo.

—¿Qué eres? —repitió Lía.

Esta vez su voz no tembló tanto.

Pero tampoco era firme.

Era… exigente.

Desesperada.

Kael no respondió de inmediato.

La observó.

Con atención.

Con una intensidad que hizo que Lía sintiera que la estaba leyendo… no mirando.

La luz roja del letrero parpadeó sobre su rostro.

Encendido.

Oscuro.

Encendido.

Y cada destello hacía que sus ojos dorados brillaran de una forma que no era humana.

Lentamente…sus manos cambiaron.

Las garras desaparecieron.

Los dedos volvieron a su forma normal.

Pero eso no lo hacía menos peligroso.

Al contrario.

Ahora parecía más contenido.

Más controlado.

Y eso era peor.

—No tenemos tiempo para esto —dijo finalmente.

Lía dio un paso atrás.

Instinto puro.

—No te acerques.

Kael se detuvo.

No por miedo.

Por decisión.

La tensión entre ambos se volvió tangible.

Como si el espacio entre ellos estuviera cargado de electricidad.

—Acabas de ver algo que no deberías haber visto —continuó él—. Y eso te pone en peligro.

Lía soltó una risa corta.

Nerviosa.

Incrédula.

—¿En peligro? —repitió—. ¡Acabo de ver a dos… cosas intentar matarte, uno convertirse en un lobo gigante, y tú…!

Se detuvo.

Porque no sabía cómo describir lo que él era.

—…y tú hacer eso —terminó.

Kael no reaccionó.

—Para mí lo es.

La naturalidad de su respuesta la golpeó más fuerte que cualquier otra cosa.

Para él…eso era normal.

Por primera vez, Lía lo miró de verdad.

No como una amenaza inmediata.

Sino como… algo más.

Era alto.

Más de lo que había notado antes.

Su presencia llenaba el espacio.

La camisa negra estaba rasgada, pegada a su piel por la sangre y la lluvia que ya caía con más fuerza.

Cada músculo de su cuerpo estaba tenso.

Preparado.

Como si en cualquier segundo pudiera volver a estallar en violencia.

Pero no era solo eso.

Había algo más.

Algo en su mirada.

Algo que no encajaba con el monstruo que acababa de ver.

—Quiero una explicación —dijo Lía.

Esta vez no retrocedió.

Kael giró apenas la cabeza.

Escuchó.

Literalmente escuchó.

Como si pudiera percibir cosas que ella no.

Su cuerpo cambió de inmediato.

Más alerta.

Más rígido.

—No aquí.

—Pues aquí mismo —respondió Lía, cruzándose de brazos a pesar del miedo—. No pienso irme con alguien que…

Buscó la palabra.

No la encontró.

Porque “monstruo” no era suficiente.

Porque “hombre” tampoco.

Kael dio un paso hacia ella.

Lía retrocedió.

Su espalda chocó contra la pared húmeda.

El frío del concreto la hizo reaccionar.

Pero ya era tarde.

Él estaba frente a ella.

Muy cerca.

Demasiado cerca.

Su presencia era abrumadora.

Su olor… extraño.

No desagradable.

Diferente.

Más profundo.

Más… salvaje.

Su voz bajó.

—Si te quedas aquí, te encontrarán.

Lía tragó saliva.

—¿Quiénes?

Kael sostuvo su mirada.

Sin suavizarla.

—Los que me siguen.

El sonido de una sirena lejana atravesó la noche.

La lluvia comenzó a caer con más fuerza, golpeando el asfalto, las paredes, el metal.

El mundo seguía.

Como si nada hubiera pasado.

Pero para Lía…todo había cambiado.

Kael inclinó apenas la cabeza.

Sus ojos se endurecieron.

—Vienen más.

El miedo regresó.

Más fuerte.

Más real.

—¿Qué?

Kael no explicó.

No tenía tiempo.

La sujetó del brazo.

—Vamos.

—¡Suéltame!

Intentó liberarse.

Inútil.

La fuerza de él no era normal.

Ni siquiera cercana.

Salieron del callejón.

La ciudad los recibió como si nada.

Autos.

Luces.

Personas riendo.

Música.

Todo normal.

Todo falso.

Porque ahora Lía sabía que debajo de todo eso…había algo más.

Algo oculto.

Algo peligroso.

Kael la condujo hasta una camioneta negra.

Abrió la puerta.

—Sube.

—No.

Él la miró.

Directo.

Frío.

—Entonces quédate.

Se inclinó un poco más.

—Y deja que te encuentren primero.

Eso la detuvo.

—¿Quiénes?

Kael no respondió.

Solo miró detrás de ella.

Lía se giró.

Y los vio.

Dos hombres.

Quietos.

Bajo la lluvia.

Observando.

Sus ojos…brillaban.

El aire se le fue del pecho.

—Sube.

Esta vez…obedeció.

Entró sin discutir.

Kael rodeó el vehículo.

Arrancó.

El motor rugió.

Las llantas chirriaron contra el pavimento mojado.

Uno de los hombres se movió.

Demasiado rápido.

Corrió.

Pero no como un humano.

La camioneta dobló en la esquina.

Desaparecieron.

Lía se sostuvo del asiento.

—¡Estás loco!

Kael no apartó la vista del camino.

—Si lo estuviera… te habría dejado.

La ciudad pasó como un borrón de luces.

El sonido de la lluvia contra el parabrisas llenaba el interior.

Un ritmo constante.

Hipnótico.

Tenso.

Lía lo miró de reojo.

—¿Quién eres?

—Kael Draven.

—No me refiero a eso.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

—Soy el Alfa.

Lía frunció el ceño.

—¿El qué?

—El rey.

Giró el volante con fuerza.

—De mi especie.

El corazón de Lía se aceleró.

—Eso es ridículo.

Kael la miró un segundo.

Solo uno.

Pero fue suficiente.

—Lo sé.

Volvió al camino.

—Hasta que deja de serlo.

Lía sintió un nudo en el estómago.

—¿Por qué me siguen?

Kael respiró hondo.

Y entonces dijo:

—Porque mi lobo te reconoció.

Silencio.

Pesado.

Confuso.

—No entiendo.

Kael frenó en seco frente a un edificio antiguo.

El vehículo se sacudió.

Giró hacia ella.

Sus ojos dorados la atraparon.

—Eres mi destinada.

El mundo se detuvo.

Literalmente.

Todo el ruido.

Todo el miedo.

Todo desapareció por un segundo.

—Eso es imposible —susurró.

Pero no sonó convencida.

Kael no apartó la mirada.

—Nada de esto lo es.

Y entonces…explosión.

El vidrio trasero estalló en mil fragmentos.

El sonido fue brutal.

Un cuerpo cayó sobre la camioneta.

Pesado.

Violento.

Un lobo negro.

Más grande que los anteriores.

Más oscuro.

Más peligroso.

Sus colmillos estaban al descubierto.

Sus ojos…dorados.

Pero no como los de Kael.

Más fríos.

Más crueles.

Más… conscientes.

Lía gritó.

Kael ya se estaba moviendo.

—Agáchate.

El lobo rugió.

Y el verdadero comienzo…apenas estaba ocurriendo.

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Ileana Martín
me gusta las novelas estan súper bonitas
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me encanta leer
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