Natalia está al borde del divorcio, pero un accidente lo cambia todo.
Branko su esposo, sufre un accidente y puede leer los pensamientos de su aún esposa y descubre muchas cosas, Natalia es fría por fuera, pero caótica por dentro, se entera que ella ha estado enamorada de él durante mucho tiempo y ahora es él quien no quiere divorciarse. ¿DIVORCIO? ESO JAMÁS
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Cap. 17 Jueves: Valeria no se rinde
Respiró hondo.
"A menos… a menos que quiera algo más. A menos que quiera acercarse a mí para hacerme daño. O para espiarme. O para… no. No voy a caer. No voy a ir a ese café ni, aunque me paguen. Que se muera de ganas la muy…"
El teléfono sonó.
Era Branko.
—¿Sí? —dijo Natalia, con voz cortante.
—¿Recibiste flores? —preguntó él, directo.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque a mí también me llegaron. Pero las mías venían con una carta diciendo que ella solo quiere "arreglar las cosas entre las dos".
Natalia cerró los ojos.
"La muy zorra —pensó—. Nos mandó flores a los dos. Para que parezca que es buena. Para que parezca que se preocupa. Para que yo quede como la mala si las rechazo. Qué asco de mujer. Qué asco de estrategia."
—No voy a ir a ningún café —dijo Natalia en voz alta—. Ni aunque me lo pida el Papa.
—Yo tampoco voy a ir —respondió Branko—. Pero Natalia… cuidado. Valeria es más lista de lo que parece.
—Ya lo sé. Por eso le rompí la tarjeta y tiré las flores a la basura.
Branko se rió. Una risa corta, genuina.
—Eres terrible —dijo.
—Soy honesta. Que es peor.
Colgaron.
"Me gusta que se ría —pensó Natalia—. Me gusta que se ría de mí. O conmigo. No sé. Pero me gusta. Maldita sea. Regla dos. Regla dos. Respira."
El viernes por la tarde, Natalia recibió un mensaje de su madre.
Miriam Santino: "Hija, tu padre está en el hospital. Ataque al corazón. Ven si te importa."
Natalia leyó el mensaje diez veces. No se movió.
"Ataque al corazón —pensó—. ¿De verdad o es otra de sus manipulaciones? La última vez que dijo que estaba enfermo, era un empacho de mariscos. La vez anterior, un 'dolor de huesos' que resultó ser resaca. No sé si creerle. No sé si quiero creerle."
Llamó a Branko.
—Mi padre está en el hospital —dijo sin preámbulos—. Ataque al corazón. O eso dice mi madre.
—¿Vas a ir?
—No lo sé.
—Yo voy contigo.
—No te he pedido que vengas.
—No me importa. Voy contigo.
Natalia suspiró.
—Vale. Pero si mi madre me pega otra vez, no respondo.
—No te va a pegar delante de mí.
—No subestimes a mi madre.
Llegaron al hospital. Esta vez no era un empacho. Griano Santino estaba en la unidad de cuidados intensivos, con monitores, sueros y una palidez que no era fingida.
Miriam estaba en la sala de espera, con los ojos hinchados de tanto llorar. Lucía, a su lado, con una expresión que mezclaba preocupación genuina y cálculo frío.
—Llegaste —dijo Miriam, sin levantarse—. Pensé que no vendrías.
—Pensé que mentías —respondió Natalia—. Pero no. Esta vez es verdad.
—¿Cómo puedes ser tan cruel? —preguntó Lucía, con voz temblorosa—. Nuestro padre podría morirse y tú hablas de mentiras.
—Nuestro padre me ha mentido toda la vida —respondió Natalia, serena—. Perdón si no confío en él.
Branko puso una mano en el hombro de Natalia. Ella no lo apartó.
"No me aparta —pensó Branko—. Es la primera vez que no me aparta en público. Tal vez está tan cansada que se le olvidó. O tal vez… tal vez me está dejando entrar."
—¿Qué dijeron los médicos? —preguntó Natalia, ignorando a Lucía.
—Que fue leve —respondió Miriam, secándose una lágrima—. Que si se cuida, come bien y no se estresa, puede vivir muchos años.
—Entonces morirá la semana que viene —dijo Natalia—. Porque mi padre no sabe comer bien y mi madre es su principal fuente de estrés.
—¡Natalia! —exclamó Miriam.
—Es la verdad. No me pidas que mienta solo porque él está en una cama.
"Dura —pensó Branko, escuchándola—. Es durísima. Pero no cruel. No es crueldad. Es agotamiento. Está harta de fingir que su familia es normal. Y yo también estaría harto si fuera ella."
—Natalia —dijo Miriam, cambiando el tono—. Tu padre quiere hablar contigo. Cuando despierte.
—¿Sobre qué?
—No lo sé. Pero dijo que era importante.
Natalia suspiró.
—Vale. Hablaré con él. Pero no sola. Branko viene conmigo.
—Esto es asunto de familia…
—Branko es mi familia —interrumpió Natalia—. Más que ustedes. Mucho más.
El silencio fue incómodo. Miriam apretó los labios. Lucía bajó la mirada.
Branko sintió un calor en el pecho. "Soy su familia —pensó—. Lo dijo. Delante de ellas. Me eligió. Por un segundo, me eligió."
No durmió esa noche. Pero no le importó.
Viernes: La familia de Natalia contraataca
Esa noche, de vuelta en casa, Natalia estaba sentada en el sillón con una copa de vino. Branko se sentó a su lado. No demasiado cerca. Pero tampoco lejos.
—Hoy dijiste que soy tu familia —dijo Branko, rompiendo el hielo.
—Fue un decir.
—No fue un decir. Lo dijiste con convicción.
Natalia bebió un sorbo de vino.
—Estaba enfadada con mi madre. Cualquier cosa habría servido.
—Pero no dijiste cualquier cosa. Dijiste que yo era tu familia.
—¿Por qué le das tantas vueltas?
—Porque quiero saber si lo sentiste de verdad.
Natalia lo miró. Sus ojos oscuros parecían dos pozos sin fondo.
—No sé lo que sentí —respondió, honesta—. Sé que cuando mi madre me mira con esa cara de lástima, quiero tener a alguien de mi lado. Y tú estabas ahí. Y no me apartaste. Y eso… eso fue… no sé. Agradable.
"Agradable —pensó Branko—. Es la palabra menos romántica del mundo. Pero viniendo de ella, es un te quiero."
—Natalia —dijo Branko, con voz baja—. Tengo que decirte algo.
—¿Vas a confesar que te has acostado con Valeria? Porque si es así, prefiero no saberlo.
—No. No me he acostado con Valeria. Es otra cosa.
—¿Qué cosa?
Por eso la preferencia con Lucia es su hija Natalia nunca le dieron un trato adecuado.