⚠️ADVERTENCIA DE CONTENIDO⚠️ Está novela cuenta con acoso severo, violencia física y emocional...
Un amor de la infancia destruido por el control despiadado de mi hermano. Mi amado Adán no solo perdió nuestros preciados recuerdos esa noche, también perdió la sensibilidad de sus piernas gracias a una persona desquiciada. Con la culpa creciendo dentro de mí desde niña me puse un propósito en mente. Esta vez yo lo cuidaré, lo protegeré, me convertiré en su esposa y cumpliré nuestras promesas olvidadas. Aunque su desconfianza me destroce el corazón, aunque su indiferencia me desgarre el alma, me quedare a su lado. Romperé esta jaula que me mantiene encerrada y volare tan alto que ya nadie más me podrá volver a enjaular.
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Un ave enjaulada
Al comienzo, sí suplicaba misericordia. Lloraba y le pedía que se detuviera. Pero eso no hacía más que avivarlo; para este desgraciado, mis súplicas eran solo un estímulo, logrando que me golpeara con aún más furia. Así que aprendí a resistir en silencio, como siempre lo he hecho. Pero esta vez... esta vez haré que alguien más pague por cada uno de estos golpes.
—¿Quién te lo dijo, Robinson? —pregunto, mientras me ajusto el vestido, sintiendo cómo el dolor arde como fuego en mis piernas— ¿Quién fue la que te avisó sobre mi compromiso?
Como es su costumbre, tras azotarme se sirve una copa de Borbón y se hunde en su sofá, perdido en la nada misma.
—¿Qué diferencia hay?
—Fue Samantha, ¿verdad? —digo con firmeza, clavándole la mirada— Pero apuesto a que ella no te contó todo lo que ha estado haciendo.
—¿Y qué fue lo que hizo? —pregunta. Sabía que la duda lo carcomía por dentro, y pienso aprovecharlo para aliviar, aunque sea un poco, este tormento.
—Por empezar, desde que rompiste tu compromiso con ella, no deja de acosarme dondequiera que me vea —explico, caminando hacia la puerta con dificultad, cada paso una agonía— Dice cosas indebidas de ti y de mí, y en esta ocasión no fue la excepción. Lo hace frente a todo el mundo, sin vergüenza ni pudor, inventando mentiras tras mentiras. Mancha tu nombre, te presenta como un depravado...
Aunque, ¿cómo culparla? Si todo lo que sale de su asquerosa boca es, en el fondo, la cruda verdad. Robinson es el diablo en persona, un hombre sin moral, un verdadero monstruo.
—Ya veo... —susurra, y en el tono de su voz percibo cómo la rabia comienza a hervir en sus venas.
Me alejo de ahí como puedo. Aunque por fuera parece una estatua de calma, conozco el infierno que se desata en su interior. Está furioso. Y sé que cuando la encuentre, esa maldita aprenderá una lección que jamás olvidará. Ojalá así aprenda a cerrar su hocico de una buena vez por todas.
Miro hacia arriba, hacia mi cuarto. El dolor es insoportable, lacerante, pero en mi pecho late una esperanza desesperada. Pronto estaré con Adán. Pronto esta jaula se abrirá para siempre. Y entonces Robinson ya no tendrá poder sobre mí, jamás volverá a ponerme una mano encima, y yo... tal vez, solo tal vez, logre ser feliz.
Los días siguientes no pude abandonar mi habitación. El dolor era tan intenso que ni siquiera podía incorporarme en la cama. Cada noche, Robinson venía a darme de comer.
—Abre la boca, pequeña ave herida.
—No tengo hambre.
—Si no comes, no te recuperarás para la cena de presentación.
—¿Qué acabas de decir?
—Que ya arreglé la fecha. Esa noche definiremos cuándo se llevará a cabo la boda. Alondra, si no me provocaras, nada de esto pasaría. ¿Crees que disfruto lastimarte?
Me muero por decirle que sí, que veo el placer en sus ojos cada vez que me tortura, pero sé que si lo hago, no podré levantarme en un mes entero. Solo tengo que aguantar un poco más. Un poco más y escaparé de este infierno y de mi hermano, ese psicópata desquiciado.
—No, hermano. Yo sé que lo haces por mi bien.
—Eres una buena chica cuando quieres. Ahora abre la boca y cómelo todo.
Los días se volvían eternos, sentía que el tiempo se había detenido. Pero poco a poco, con esfuerzo sobrehumano, logré ponerme de pie y volver a caminar. Una tarde, al regresar del jardín, encontré sobre mi cama una caja; al abrirla, descubrí un vestido deslumbrante en su interior.
—¿Qué significa esto? —susurré.
De entre las sombras de la habitación, emerge el diablo en persona.
—Significa que hoy es el gran día.
—¿Es hoy?
—Así es. Así que date una ducha, porque apestas a caballo, y arréglate bonita.
Aprieto el vestido contra mi pecho, sintiendo cómo mi corazón late desbocado. ¡Por fin! Hoy es el día. Volveré a verlo. A Adán, mi gran y único amor.