En un mundo futurista del año 3300, Catalina renace como una mujer de belleza casi divina: cabello blanco como la nieve, piel de porcelana y ojos azules que esconden un pasado de dolor. A su lado, un hombre tan atractivo como peligroso, de mirada intensa y ojos rojos, la envuelve en un abrazo que mezcla destino, poder y misterio. Entre luces de neón y ciudades avanzadas, su historia comienza… donde el amor y el peligro se entrelazan.
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Capítulo 8: Rojo, orgullo y un beso que lo cambia todo
La invitación llegó en silencio, como todo en el mundo de Henry Wason. No hubo emoción en su rostro cuando apareció frente a él la pantalla de vidrio con letras elegantes anunciando la gala de beneficencia más importante del año. Para él, no era más que otro evento, otra obligación dentro de su vida perfectamente estructurada.
Sin embargo, para Catalina… aquello era completamente distinto.
Ella estaba sentada observando la ciudad, con la mirada perdida entre luces que todavía le parecían irreales. Cuando escuchó que irían a una fiesta, algo en su interior se encendió.
—Entonces necesito un vestido —dijo con naturalidad, pero con una chispa en los ojos.
Henry la miró apenas, sin darle demasiada importancia.
—Encárgate.
Y eso fue suficiente.
Porque Catalina no pensaba pasar desapercibida.
Esa noche, el penthouse se llenó de una energía distinta. Mientras todo parecía tranquilo, ella se preparaba con una determinación silenciosa. Eligió un vestido rojo, intenso como el fuego, un color que no pedía permiso para destacar. Las cadenas delicadas que adornaban su cuerpo brillaban con cada movimiento, dándole un aire elegante, pero también desafiante.
Cuando terminó, se miró al espejo.
No era la misma mujer que había llegado perdida a ese mundo.
Era alguien más.
Alguien que no pensaba agachar la cabeza.
Bajó las escaleras lentamente.
Cada paso resonaba suave, pero firme.
Y entonces…
Henry levantó la mirada.
Por un instante, todo a su alrededor desapareció.
No era solo hermosa.
Era imposible de ignorar.
El rojo contrastaba con su piel pálida, sus ojos brillaban con seguridad y su presencia llenaba el espacio sin esfuerzo.
—Estás… hermosa —dijo finalmente, con una voz más baja de lo habitual.
Catalina sonrió apenas.
—Lo sé.
Y ese pequeño gesto… hizo que algo dentro de él cambiara sin que pudiera evitarlo.
Cuando llegaron a la gala, el ambiente era exactamente como se esperaba: lujo, poder y apariencias. Las luces reflejaban en cada superficie, la música envolvía el lugar y las conversaciones flotaban como un murmullo constante.
Pero cuando entraron…
Las miradas cambiaron.
Porque Catalina no era alguien que pudiera pasar desapercibida.
Los susurros comenzaron de inmediato. La gente la observaba, la analizaba, intentaba entender quién era esa mujer que caminaba junto a Henry Wason con tanta naturalidad.
Y Henry…
no soltó su mano.
Ni un solo segundo.
Catalina lo notó, pero no dijo nada. Solo entrelazó sus dedos con los de él, como si ese gesto fuera completamente natural.
Después de unos minutos, Henry tuvo que alejarse para hablar con otros empresarios. Dudó un instante antes de soltarla, pero finalmente lo hizo.
Catalina se quedó sola.
O al menos, eso pensó.
—Vaya… —una voz femenina rompió la calma.
Catalina giró lentamente.
La mujer frente a ella era hermosa, elegante, con una sonrisa que no llegaba a los ojos.
—Así que tú eres la famosa esposa —continuó, observándola con descaro.
—Supongo —respondió Catalina con tranquilidad.
—Soy Inés —dijo la mujer, aunque su tono no tenía nada de amable—. Y te voy a ahorrar tiempo.
Catalina la miró sin cambiar su expresión.
—Henry no es para ti.
El silencio entre ellas se volvió pesado.
—No te ilusiones —añadió, tomando una copa—. No sabes en lo que te estás metiendo.
Y entonces, sin previo aviso, volcó la copa sobre el vestido de Catalina.
El líquido rojo se deslizó por la tela, arruinando en segundos lo que antes era perfecto.
El salón quedó en silencio.
Todas las miradas se dirigieron hacia ellas.
Catalina no se movió.
No reaccionó de inmediato.
Solo bajó la mirada un segundo… observando la mancha.
Inés sonrió, satisfecha.
Pero no entendía algo.
No entendía a Catalina.
Porque lo que vino después…
no fue lo que esperaba.
Catalina levantó la mirada lentamente.
Sus ojos habían cambiado.
Y antes de que nadie pudiera anticiparlo…
la bofetada resonó en el salón.
El sonido fue seco, claro, imposible de ignorar.
Inés se llevó la mano al rostro, completamente sorprendida.
—¿Qué te pasa?
Pero Catalina ya había dado un paso al frente.
—A mi marido nadie lo toca —dijo con firmeza.
Su voz no temblaba.
No dudaba.
—Y si alguien intenta hacerle daño… voy a estar yo primero.
El silencio era absoluto.
—Lo que hiciste es de poca mujer —añadió, sin apartar la mirada.
Y entonces se giró, dispuesta a irse.
Pero no pudo dar más de un paso.
Porque Henry ya estaba ahí.
La estaba mirando.
Y esa mirada… no era de enojo.
Era algo más profundo.
Algo que ni él mismo entendía.
Catalina sostuvo su mirada.
Y en ese instante…
decidió.
Se acercó.
Y sin decir una palabra…
lo besó.
Delante de todos.
Sin miedo.
Sin dudas.
El mundo alrededor desapareció.
Henry se tensó apenas un segundo… pero luego respondió.
La tomó de la cintura y la acercó más, profundizando el beso como si necesitara confirmar que aquello era real.
Cuando se separaron, el silencio seguía reinando en el salón.
Pero ya no importaba.
Porque algo había cambiado.
Henry la seguía sosteniendo.
Y dentro de él…
por primera vez en mucho tiempo…
no había vacío.
La miró.
Y lo entendió.
Ya no estaba solo.
Y lo más extraño de todo…
es que no quería volver a estarlo.
Catalina sonrió suavemente.
—Vamos a casa.
Henry no respondió.
No hacía falta.
Porque no soltó su mano.
Y juntos…
salieron de ese lugar.
Esa noche no fue recordada por la gala, ni por el escándalo.
Fue recordada por algo mucho más simple…
y mucho más peligroso.
El momento en el que dos personas dejaron de fingir.
Y comenzaron, sin darse cuenta…
a sentirse.

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PERO MIREN ESOOO…
¿Quién les dio permiso de verse así de bien?
Ella toda de rojo… peligrosa, elegante… imposible de ignorar
Y él… mirándola como si ya no quisiera soltarla nunca
¿Esto era un matrimonio por contrato?
Porque yo veo otra cosa…
Entre miradas, tensión y ese BESO…
uyyy no… esto ya se salió de control
Y díganme la verdad…
¿ustedes también se derriten con esta pareja o solo yo?
Porque esto recién empieza…
y lo que viene… va a estar todavía más intenso
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quiero leerte
Con cariño,
Luna Auol 🌸