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Renacida Para La Venganza

Renacida Para La Venganza

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Venganza / Traiciones y engaños
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Andres

Tras ser traicionada y asesinada por su esposo, Valeria renace tres años en el pasado armada con el conocimiento del futuro para destruir a sus enemigos y construir un imperio financiero imparable.

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El Heredero Olvidado

El salón de actos del Grupo Soler estaba sumido en un silencio tenso y cargado de expectación. Los accionistas, vestidos con sus mejores trajes, murmuraban entre ellos mientras consultaban sus relojes. La noticia de un posible "heredero sorpresa" se había filtrado a la prensa apenas una hora antes, y la atmósfera estaba cargada de la electricidad que precede a una tormenta definitiva.

Valeria entró en la sala exactamente a las diez de la mañana. No llevaba el color negro de la gala, sino un traje blanco impecable que irradiaba una pureza agresiva. A su lado, el Sr. Castillo cargaba con una maleta de cuero negro que parecía pesar más que el plomo. Detrás de ellos, Adrián Varma caminaba con la calma de un invitado de honor que sabe que el espectáculo está a punto de superar todas las expectativas.

—Buenos días a todos —dijo Valeria, tomando su asiento en la cabecera de la mesa—. Empecemos la junta. Tenemos mucho que discutir antes de que el mercado cierre.

Antes de que pudiera terminar la frase, las puertas del salón se abrieron con un estruendo calculado. Julián Reyes entró, luciendo una sonrisa de triunfo que Valeria reconoció como la misma que tenía el día que la vio morir en su otra vida. No venía solo. Lo acompañaba un hombre de unos treinta años, de cabello oscuro y rasgos europeos marcados, que vestía un traje caro pero que no parecía saber cómo llevarlo. A su otro lado, un abogado de aspecto aceitoso llamado Rodrigo Peña sostenía un documento amarillento con manos temblorosas.

—¡Detengan esta junta! —exclamó Julián, su voz resonando en todo el salón—. Esta reunión es ilegal. Valeria Soler no tiene la autoridad para dirigir los destinos de esta empresa.

Valeria ni siquiera se inmutó. Apoyó los codos en la mesa y entrelazó los dedos, observando a Julián con una curiosidad casi científica.

—Julián —dijo ella suavemente—. Pensé que habías aprendido que las entradas dramáticas ya no funcionan conmigo. ¿Qué es lo que te trae aquí hoy? ¿Vienes a pedir un préstamo para pagar tu hotel?

La sala estalló en risas contenidas. Julián se puso rojo de rabia, pero se contuvo.

—Vengo a presentar al verdadero dueño de este imperio —dijo Julián, señalando al hombre que lo acompañaba—. Les presento a Mateo Rossi Soler. El hijo legítimo de Don Alberto Soler, nacido de su relación secreta en Italia hace tres décadas. Y según este testamento ológrafo, autenticado por el notario más antiguo de la ciudad, él es el heredero del cincuenta y cinco por ciento de las acciones del Grupo Soler.

Un murmullo de horror y sorpresa recorrió a los accionistas. Algunos se levantaron de sus asientos, otros empezaron a llamar desesperadamente a sus asesores. Mateo Rossi, el supuesto hermano, dio un paso adelante e intentó poner una mano en la mesa, pero Sebastián se interpuso con una mirada que hizo que el hombre retrocediera dos pasos.

—Valeria es una usurpadora —continuó Julián, elevando la voz para ser escuchado sobre el caos—. Ella sabía de la existencia de Mateo y lo ocultó para quedarse con todo. Pero la verdad siempre sale a la luz.

Adrián Varma, sentado a la derecha de Valeria, se inclinó hacia ella y susurró: —¿Quieres que intervenga ahora?

—No —respondió Valeria, con una sonrisa que era casi un ronroneo—. Deja que termine de cavar su propia tumba. Es más satisfactorio cuando ellos mismos se ponen la soga al cuello.

Valeria se levantó lentamente. El silencio volvió a la sala, pero esta vez era un silencio de miedo.

—¿Has terminado, Julián? —preguntó ella.

—Tengo los documentos —dijo él, agitando el papel—. Tengo las pruebas de ADN del Doctor Ríos que confirman la paternidad. No hay nada que puedas hacer.

—Es fascinante —dijo Valeria, caminando hacia el podio—. Es fascinante cómo has construido este castillo de naipes. —Miró al supuesto hermano—. Mateo Rossi. O debería decir... Gianluca Moretti.

El hombre palideció. Sus ojos se movieron frenéticamente hacia Julián, buscando instrucciones.

—No sé de qué hablas —balbuceó el hombre con un acento italiano que de repente parecía forzado.

—Hablo de tu registro criminal en la Interpol —dijo Valeria, haciendo una señal a Castillo.

El abogado abrió su maleta y sacó una serie de fotografías y documentos que proyectó inmediatamente en las grandes pantallas del salón. Allí estaba el rostro de "Mateo Rossi" en una ficha policial, con el nombre de Gianluca Moretti y una lista de cargos por estafa, falsificación de identidad y robo de identidad en Milán y Nápoles.

—Julián sacó a este hombre de una prisión en Calabria hace tres meses —continuó Valeria, su voz volviéndose cada vez más fría y cortante—. Lo trajo al país bajo un nombre falso y lo escondió en la clínica del Doctor Ríos. —Miró a Julián—. ¿Sabías que el Doctor Ríos fue detenido anoche por la unidad de delitos complejos? Resulta que cuando le ofrecieron una reducción de condena a cambio de confesar quién le pagaba por fabricar pruebas de ADN falsas, no dudó ni un segundo en dar tu nombre.

Julián dio un paso atrás, su máscara de triunfo desmoronándose para revelar el pánico puro. —¡Eso es mentira! ¡Estás fabricando esto para salvarte!

—¿Lo estoy? —Valeria hizo otra señal—. Entren.

Las puertas se abrieron de nuevo. Dos oficiales de policía entraron escoltando a una mujer que los presentes reconocieron al instante: Mónica Herrera. Llevaba el rostro demacrado y los ojos rojos de tanto llorar.

—Mónica... —susurró Julián, su voz rompiéndose.

—Lo siento, Julián —dijo Mónica, sin mirarlo—. Pero Valeria tiene razón. Él me obligó a contactar a Ríos. Me dijo que si no lo ayudaba con el plan del heredero, me culparía a mí de todos los desvíos de fondos. Julián planeó todo esto desde que se dio cuenta de que Valeria ya no era su títere.

El silencio que siguió fue absoluto. Julián se desplomó contra la pared, viendo cómo su última carta se convertía en cenizas frente a sus ojos. El abogado Peña, dándose cuenta de que estaba en medio de un campo de minas legal, soltó el documento y empezó a caminar hacia la salida, pero Sebastián lo detuvo en la puerta.

—Pero hay algo más —dijo Valeria, y su mirada se desvió de Julián hacia la esquina de la sala, donde su tío, Don Ricardo Soler, estaba sentado en la sombra—. Hay algo que ni siquiera Julián sabía del todo. —Caminó hacia su tío—. ¿Verdad, tío Ricardo?

El anciano se levantó, intentando mantener una expresión de dignidad herida. —Valeria, no sé de qué estás hablando. Este espectáculo es vergonzoso.

—Lo que es vergonzoso, tío, es que hayas financiado a Julián a través de *Inversiones Cénit* para intentar quitarme la empresa —dijo Valeria, su voz cargada de una traición que dolía más que cualquier golpe—. Sabías que Julián era débil y codicioso. Sabías que él haría el trabajo sucio mientras tú esperabas para "salvar" a la familia cuando todo colapsara. Pero lo que no sabías es que yo ya tenía acceso a los libros contables de Cénit gracias a mi nueva alianza con Varma Industries.

Adrián Thorne (Varma) se levantó y se puso al lado de Valeria. —Hemos rastreado cada centavo, Ricardo. Las facturas que le pagabas al Doctor Ríos para que "atendiera" a Alberto durante su enfermedad... facturas por sedantes que no estaban prescritos.

La sala estalló en un clamor de indignación. Ricardo Soler se dejó caer en su asiento, su rostro envejeciendo diez años en un segundo. Julián, al ver que su protector también había caído, empezó a reírse histéricamente, una risa que sonaba a locura.

—¡Todos sabían! —gritó Julián—. ¡Todo el mundo quería un pedazo de ti, Valeria! ¡Tu padre, tu tío, yo! ¡Solo eras una caja fuerte con piernas!

Valeria se acercó a él. No había odio en sus ojos, solo una piedad gélida.

—Tú me veías como una caja fuerte, Julián —susurró ella—. Pero te olvidaste de una cosa: las cajas fuertes están hechas para resistir incendios. Y tú acabas de prenderle fuego a todo lo que tenías.

Hizo una señal a los oficiales. —Llévenselos. A todos.

Mientras Julián, el impostor Moretti y finalmente Ricardo Soler eran escoltados fuera del salón bajo la mirada de desprecio de los accionistas y las cámaras de los periodistas que habían logrado entrar, Valeria sintió que el aire finalmente era puro.

Se giró hacia los accionistas. —Como pueden ver, la directiva ha sido... purificada. Ahora, si no hay más interrupciones, procedamos con la votación para la compra definitiva del Banco Continental y el inicio de nuestra expansión en el mercado de tecnología médica.

La votación fue unánime. No por amor, sino por miedo y respeto hacia la mujer que acababa de desmantelar una conspiración familiar y corporativa en menos de una hora.

Cuando la junta terminó, Valeria se quedó sola en el salón, mirando hacia la ciudad. Adrián se acercó a ella y le puso una mano en el hombro.

—Ha sido... impresionante —dijo él—. Nunca había visto algo así.

—No debería haber sido necesario —respondió ella, y por primera vez, dejó que una lágrima bajara por su mejilla—. Eran mi familia, Adrián. Mi tío... él era el único hermano de mi padre.

Adrián la rodeó con sus brazos, y esta vez Valeria no se apartó. Se dejó sostener por el único hombre que no la había traicionado.

—La familia no es la sangre, Valeria —susurró él—. La familia son los que están contigo en el fuego. Y yo no pienso moverme de tu lado.

Valeria se separó ligeramente y lo miró a los ojos. En ese momento, en medio de las ruinas de su pasado, se dio cuenta de que había encontrado algo que ni siquiera su conocimiento del futuro le había prometido: un aliado que la veía como una igual, no como un trofeo o una herramienta.

—La guerra no ha terminado, Adrián —dijo ella, secándose la lágrima—. Pero hoy, por primera vez, siento que estoy ganando.

En la comisaría, Julián Reyes se sentaba en una celda fría, mirando las paredes de cemento. Mónica estaba en la habitación de al lado, declarando cada uno de sus secretos a cambio de su libertad. El imperio que Julián soñó con robar ya no existía para él. Solo quedaba el recuerdo del beso de la muerte que él mismo le dio a Valeria, sin saber que ese beso sería el inicio de su propia destrucción.

Y en las sombras de la ciudad, un nuevo jugador, mucho más peligroso que Julián o Ricardo, observaba las noticias sobre la "Reina de Hielo" con una sonrisa interesada. La verdadera batalla por el control del multiverso financiero apenas estaba por comenzar.

Continuará...

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