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BODA SIN FLORES

BODA SIN FLORES

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Amor tras matrimonio / Romance
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Ayla Eisen y Ragnar crecieron bajo la sombra de una tragedia idéntica: la enfermedad que les arrebató a sus madres, dejando a sus padres, empresarios y amigos de toda la vida, sumidos en el dolor, pero ahora, ellos han decidido sellar su destino con un contrato inquebrantable; obligándolos a contraer nupcias, donde se ven atrapados en un matrimonio sin amor, pero unidos por una promesa desesperada hecha sobre las lápidas de sus esposas; que consiste en usar su unión para financiar la batalla contra el mal que destruyó a sus familias, en una casa llena de silencios y recuerdos, en la cual deberán decidir si su alianza es solo un negocio doloroso o si, entre las cenizas de su pérdida, puede nacer la fuerza para sanar... y quizás, aprender a amar
"Nuestras madres nos heredaron su ausencia con su partida pronta, pero nuestros padres nos vendieron al mismo dolor; ahora estamos encadenados por un contrato que se firmó con sangre y se selló sobre sus tumbas."

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

 El semáforo cambió a verde. Ragnar no aceleró de inmediato. Su mirada bajó por un segundo, deteniéndose en el escote del enterizo empapado que se ceñía a mi pecho con una transparencia que me hizo sentir desnuda bajo su escrutinio. Por primera vez en toda la noche, lo vi tragar saliva con dificultad antes de volver la vista al frente y arrancar, esta vez con una calma mucho más inquietante que su furia anterior. El viaje continuó, pero algo entre nosotros acababa de cambiar de frecuencia, como si una estática invisible hubiera empezado a vibrar en el aire.

Bajé del auto casi sin aliento cuando finalmente se detuvo frente a mi edificio.

—Gracias por traerme.

—No hay por qué. Esperando a que entrara.

El eco del motor todavía vibraba en mis oídos mientras subía por el ascensor, una vibración que parecía haberse instalado permanentemente en mi caja torácica. Me miré en el espejo de la cabina; mi maquillaje estaba corrido por la lluvia, dejándome unos ojos ahumados que me hacían parecer mayor, más cansada, más real. Mi humor en ese momento cambió drásticamente; pasé a la indignación de imaginar lo ridícula que debí verme tratando de dar lecciones de vida en medio de una fiesta de borrachos, vestida como si fuera a conquistar el mundo, pero sintiéndome como una niña perdida.

Al entrar al apartamento, el silencio me recibió como un balde de agua fría. Ale y Row seguramente seguían en su mundo, ajenos a que yo acababa de salir ilesa, por poco, de una colisión frontal con el pasado y con el hombre que siempre había sido mi némesis. Me quité los zapatos altos con un gemido de alivio, dejando que mis pies descansaran sobre el frío suelo de mármol y caminé hasta la ventana. A lo lejos, las luces se sentían distantes, estrellas artificiales en un mar de asfalto mojado. Saqué mi teléfono y vi el nombre de mi padre en la pantalla, estuve a punto de escribirle: "Misión cumplida, ya hablé con él", pero mis dedos se congelaron sobre el teclado.

¿Realmente había cumplido? Había entregado el mensaje, sí, pero la mirada de Ragnar en el auto no era la de alguien que quiere ser salvado por un consejo de buena voluntad. Era la de quien te está advirtiendo que, si te acercas demasiado, te vas a quemar, no estaba segura de tener el equipo de protección personal necesario para manejar ese tipo de fuego.

Me abracé a mí misma, sintiendo todavía el rastro del perfume amaderado de él impregnado en mi piel, un aroma que luchaba contra el olor a desinfectante que suelo llevar por mis prácticas. Mi padre quería que lo ayudara a retomar su carrera, pero mientras me metía en la ducha caliente, dejando que el agua lavara el rastro de lluvia y el olor de whisky ajeno, solo podía pensar en una cosa: ¿habrá funcionado o simplemente había abierto una puerta que debió permanecer sellada?

Después de ese día, el regreso a la rutina universitaria fue extraño. Intenté sumergirme en mis libros gruesos que utilizaba para sostener la puerta, buscando refugio en la lógica de las células y los tratamientos dirigidos, pero la realidad tiene una forma persistente de interrumpir la teoría. Lo encontré en los pasillos de la facultad de medicina tres días después. Yo iba cargada con mi estetoscopio y una montaña de copias sobre biotecnología cuando él se me acercó. No fue el Ragnar arrogante que se apoya en las paredes para juzgar, sino uno que se movía como un ave de rapiña, directo y letal.

—Tenías razón en algo la noche que me sermoneaste. —Dijo, interceptando mi paso. Su voz tenía un tono diferente, menos áspero, pero más profundo, lo que me resultó extrañamente inquietante.

—¿En qué? —Pregunté, tratando de que mis libros no se resbalaran de mis manos temblorosas. No entendía a qué se refería y su forma de observar a nuestro alrededor me puso en alerta.

—Hay demasiados lobos ahí fuera y tú no tienes ni idea de lo que provocas cuando caminas así. —Soltó, por un momento sus ojos azules relampaguearon con una advertencia que no parecía dirigida a su propia conducta, sino a la protección de algo que consideraba suyo.

—Sé cuidarme sola, Ragnar —Repliqué, con orgullo, aunque sentí un calor extraño subir por mi cuello, una quemadura que no tenía nada que ver con el sol de la mañana.

—No, no lo sabes. Eres brillante con los libros, Lía, pero también peligrosamente ingenua con las personas. Crees que todo el mundo opera bajo el juramento hipocrático, pero la vida real no tiene ética. —Me dijo, acercándose un paso más, invadiendo ese espacio personal que yo había defendido con tanto celo durante años.

—¡Tú qué sabes de lo que creo! —Exclamé, alejándome de él. No sabía si era otra de sus burlas o si estaba tratando de desestabilizarme de una forma nueva y más peligrosa.

—¡Ayla! —Me llamó antes de que bajara las escaleras hacia el laboratorio. Me detuve y lo miré por encima del hombro, con el corazón martilleando contra mis costillas.

—Dile a tu padre que iré a la oficina mañana. Y que... gracias por enviar a la mensajera más persistente de la historia.

Una pequeña sonrisa, la primera que no era fingida o cargada de sarcasmo, se asomó en sus labios, transformando su rostro de estatua de hielo en algo perturbadoramente humano.

—Se lo diré, pensé, pero las palabras se quedaron atascadas en mi garganta.

Llegué a la cafetería donde me estaba esperando Alejandra, quien parecía haber estado consumiendo cafeína pura por la forma en que movía la pierna bajo la mesa.

—¡Por fin! —Exclamó, saltando de alegría al verme. — ¡Cuenta todo! ¿Hubo sangre, fuego o besos? ¿El energúmeno finalmente se rindió ante la oncóloga más sexi de la universidad?

Rodé los ojos sin poder evitarlo, aunque una parte de mí agradecía su ligereza. Ale siempre era el recordatorio de que la vida seguía, incluso cuando yo sentía que estaba caminando sobre arenas movedizas.

—Ni lo uno ni lo otro, Ale. Deja de ver tantas series de romance. —Le dije, sentándome y suspirando con fuerza. Mi cabeza era un torbellino de emociones; había logrado mi misión, Ragnar volvería a sus responsabilidades, pero la victoria se sentía agridulce. Me lo hizo saber hace un momento en el pasillo, pero de una forma que me dejó más preguntas que respuestas.

—¿Puso mucha resistencia a tus encantos? Porque ese enterizo negro no era para dar sermones, era para causar infartos. —Insistió ella, guiñándome un ojo mientras me pasaba un café.

—No precisamente por eso. Fue difícil, pero cumplí con la misión de mi padre. Ahora él podrá seguir con su fusión de laboratorios y yo podré volver a mi anonimato. —Mentí, sabiendo que el anonimato era lo último que tendría ahora que Ragnar Graf me había puesto en su radar.

Esa noche, mientras intentaba conciliar el sueño en la soledad de mi habitación, no pude evitar pensar en la promesa que le hice a mi madre frente a su tumba. Estudiar duro para ayudar a salvar vidas, para que el cáncer no fuera una sentencia de muerte sino un obstáculo superable. Quería ser alguien de quien ella estuviera muy orgullosa, una profesional que no se distrajera con dramas triviales. Pero en medio de esos pensamientos nobles, se filtraba la imagen de un motor alemán perdiéndose en la oscuridad de la noche lluviosa y unos ojos azules que pedían auxilio sin decir una sola palabra.

A la mañana siguiente, el sol entró sin ser invitado por mi ventana con una crueldad innecesaria, iluminando el polvo que flotaba en el aire de mi cuarto. Me dolía la cabeza porque los pensamientos que no me dejaron en paz la noche anterior se habían transformado en una fatiga emocional que pesaba como plomo en mis extremidades. Me sentía como si hubiera corrido un maratón sin moverme de la cama.

Me preparé para ir al hospital para mis rotaciones de oncología pediátrica, tratando de convencerme de que mi pulso era firme y que tenía el enfoque de siempre. Me puse mi bata blanca, que solía ser mi armadura contra el mundo y salí. Sin embargo, al llegar a la recepción del edificio, me detuvo el conserje, un hombre amable que siempre me saludaba con una sonrisa.

—Señorita Eisen, le dejaron esto hace unos minutos. —Me dijo, señalando un enorme ramo de flores blancas que ocupaba casi todo el mostrador.

Eran lirios y rosas, de una blancura tan pura que dolía mirarlas. No necesité preguntar quién las había enviado; en el centro, había una nota escueta en un sobre color crema. No tenía firma, pero esa caligrafía firme, decidida y ligeramente inclinada hacia la derecha la reconocería en cualquier parte del mundo, incluso en una receta médica ilegible:

"No es por mi padre. Es porque tenías razón. PD: Ponte algo más largo hoy, hace frío y los lobos tienen buena vista."

Solté un suspiro que fue mitad risa nerviosa y mitad exasperación pura. ¿A qué demonios estaba jugando este hombre? Las flores blancas, el color de la pureza, pero también del luto, se sentían como una invasión en mi espacio seguro.

Me devolví a mi apartamento para dejar el ramo, incapaz de llevarlo conmigo al hospital. El comportamiento de Ragnar me desconcierta por completo. En todos los años que llevo de conocerlo, que yo creo que son desde que nací debido a la sociedad de nuestros padres. —Nunca lo había visto comportarse de manera tan irracional. Siempre fue el patán que me ignoraba o el engreído que se burlaba de mis notas perfectas. Pero lo de la fiesta, esa forma de tomarme del brazo hasta sacarme del lugar, enfrentando a sus propios amigos, prohibiéndoles de manera autoritaria que siquiera me miraran... eso no era el Ragnar de siempre.

¡Uff, no sabía que el beber en exceso te convierte en un patán aún más grande de lo que ya eres, Ragnar Graf! —Pensé mientras colocaba las flores en un jarrón con agua fría. Pero las flores no encajaban con la imagen del borracho autodestructivo. ¿Y lo del pasillo? Sus palabras sobre ser "peligrosamente ingenua" resonaban en mi mente como una advertencia que él mismo estaba rompiendo.

1
Yanet Cristina Vilugron Salazar
mal los padres
Yanet Cristina Vilugron Salazar
omg😱
Yanet Cristina Vilugron Salazar
upsss
Yanet Cristina Vilugron Salazar
jajaja él la miro como hombre
Yanet Cristina Vilugron Salazar
hay hay emociones
Yanet Cristina Vilugron Salazar
me gusta
Yanet Cristina Vilugron Salazar
interesante
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