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.6 Antes De Que Llegarás Tu

.6 Antes De Que Llegarás Tu

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Reencuentro / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Araiya siempre supo cómo debía vivir: sin errores, sin escándalos, sin salirse del camino. La perfección era su refugio… hasta que conoció a Andrés.
Él es todo lo que ella debería evitar. Frío, dominante y acostumbrado a controlar cada aspecto de su vida, Andrés no cree en el amor, solo en el poder. Pero hay algo en Araiya que no encaja en sus reglas, algo que lo desafía… y lo atrae de una forma que no puede detener.
Lo que comienza como una conexión prohibida pronto se convierte en un vínculo intenso, adictivo y peligroso. Entre decisiones impulsivas, secretos y un pasado que nunca deja de perseguirlos, ambos cruzan límites que cambiarán sus vidas para siempre.
Hasta que una traición lo destruye todo.
Cuando creen que ya no queda nada por salvar, aparece lo inesperado: una nueva vida que los une de una manera imposible de ignorar.
Ahora, entre el dolor, el orgullo y las segundas oportunidades, tendrán que decidir si el amor que los rompió… también puede ser el que los salve.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

La luz de la mañana entró lentamente por la ventana.

Suave.

Tranquila.

Casi irreal.

Como si nada hubiera pasado la noche anterior.

Como si el peligro no existiera.

Como si las amenazas… no siguieran ahí afuera, esperando.

Pero no era verdad.

Nada estaba igual.

Nada lo iba a estar.

Abrí los ojos primero.

Y lo primero que sentí…

Fue su peso.

Ligero.

Cálido.

Real.

Araiya seguía ahí.

Recostada a mi lado.

Su cabeza apoyada cerca de mi hombro.

Su respiración… tranquila.

Profunda.

Estable.

Como si, por primera vez en mucho tiempo…

Hubiera podido descansar sin miedo.

Y eso…

Se sintió más importante de lo que debería.

No me moví.

No de inmediato.

Solo la observé.

En silencio.

Como si cualquier movimiento fuera a romper ese momento.

Había algo ahí…

Algo que no encajaba con todo lo que estaba pasando afuera.

Con el peligro.

Con la amenaza.

Con todo lo que sabíamos que venía.

Esto…

Se sentía en paz.

Pero también…

Peligrosamente correcto.

Como si esa calma no fuera un descanso…

Sino el inicio de algo que no tenía vuelta atrás.

Después de unos segundos, ella empezó a moverse.

Lento.

Despertando.

Sus ojos se abrieron poco a poco.

Desorientados al principio…

Hasta que enfocaron.

Hasta que entendieron.

Hasta que sintieron.

Y cuando se dio cuenta de la cercanía…

Se quedó completamente quieta.

—Buenos días… —murmuró.

Su voz aún cargada de sueño.

Más suave de lo normal.

Más real.

—Buenos días.

El silencio se quedó unos segundos.

Pero no incómodo.

Nunca incómodo cuando era así.

—Supongo que no fue un sueño… —añadió.

—No.

—Ni tú…

Eso me hizo sonreír apenas.

—Tampoco.

Se incorporó ligeramente.

Pero no se alejó demasiado.

Como si aún no estuviera lista para poner distancia entre nosotros.

—Gracias por quedarte… —dijo.

—Te dije que lo haría.

—Sí… pero…

Dudó.

No porque no supiera qué decir.

Sino porque no estaba acostumbrada a decirlo.

—No pensé que alguien cumpliría eso.

La miré.

Sin suavizar.

Sin esquivar.

—Voy a cumplir muchas cosas.

Eso la dejó en silencio.

Uno distinto.

Más profundo.

Bajé la mirada un segundo.

Pensando.

Había algo que llevaba tiempo queriendo decir.

Algo que había evitado.

No por miedo.

Sino porque no había sido el momento.

Hasta ahora.

—Hay algo que quiero preguntarte… —dije.

Ella levantó la vista.

Atenta.

—¿Qué pasa?

Dudé un segundo.

No por inseguridad.

Sino porque sabía…

Que esto iba a cambiar algo.

—¿Por qué nunca me preguntaste…?

Frunció ligeramente el ceño.

—¿Sobre qué?

La miré directo.

Sin rodeos.

—Sobre mi hermana.

Eso la tomó por sorpresa.

Se notó.

—¿Tu hermana?

—Sí.

Se quedó en silencio unos segundos.

Pensando.

Recordando.

—Nunca supe cómo… —admitió—. Siempre sentí que era algo importante… demasiado importante para preguntarlo así nada más.

Asentí lentamente.

—Lo es.

El ambiente cambió.

Otra vez.

Más serio.

Más profundo.

Más real.

—¿Cómo se llama? —preguntó con suavidad.

La miré.

Y esta vez…

No dudé.

—Araiya.

El silencio fue inmediato.

Total.

Pesado.

Sus ojos se abrieron ligeramente.

—¿Qué…?

—Se llama Araiya.

Lo dije claro.

Sin titubeos.

Sin suavizar el impacto.

—¿Por qué…? —preguntó, casi en un susurro.

Solté el aire lentamente.

Como si al decirlo…

Liberara algo que llevaba guardando demasiado tiempo.

—Porque tú fuiste lo más importante en el peor momento de mi vida.

Eso…

La dejó sin palabras.

Porque ese nombre…

No era coincidencia.

Era recuerdo.

Era pérdida.

Y también…

Era todo lo que no había podido soltar.

El silencio que siguió…

No fue incómodo.

Fue pesado.

De esos que se sienten en el pecho.

Que no se rompen…

Porque no deben romperse.

Araiya no apartó la mirada.

Y yo tampoco.

Respiré profundo.

Porque esta vez…

No iba a detenerme.

—Tenía… quince años —empecé.

Mi voz salió más baja.

Más cargada.

—Cuando pasó todo.

Sus ojos se suavizaron.

—Mis papás… —hice una pausa— murieron en un accidente.

No hubo dramatismo.

No hacía falta.

El peso ya estaba ahí.

—Fue rápido —continué—. De un día para otro… todo desapareció.

El silencio se hizo más denso.

—Y yo… —solté el aire— me quedé con mis hermanos.

Araiya bajó la mirada un segundo.

—¿Cuántos eran…? —preguntó con cuidado.

—Dos.

Levanté la mirada otra vez.

—Pero la más pequeña…

Mi voz se quebró apenas.

—Ella era diferente.

Araiya volvió a mirarme.

Sin interrumpir.

Sin presionar.

—Era una niña… —continué—. No entendía nada. Solo sabía que mamá y papá no iban a volver.

El recuerdo golpeó más fuerte.

Pero no me detuve.

—Y yo tampoco entendía qué hacer…

El silencio se sostuvo.

—Porque no era un adulto.

—No estaba listo.

—No sabía cómo cuidar a nadie.

Mis manos se tensaron ligeramente.

—Pero no tenía opción.

Araiya se acercó un poco más.

Sin tocar.

Pero lo suficientemente cerca como para estar ahí.

—¿Qué hiciste…? —preguntó en voz baja.

Solté una pequeña risa sin humor.

—Sobrevivir.

La miré.

—Eso fue lo único que hice al principio.

El silencio volvió.

Pesado.

Honesto.

Y completamente real.

El silencio no se rompió de inmediato.

Se quedó ahí.

Entre nosotros.

Pesado… pero necesario.

Como si cualquier palabra fuera a interrumpir algo que tenía que sentirse completo.

Araiya no apartó la mirada.

Y yo tampoco.

Porque esta vez…

No estaba contando una historia.

Estaba volviendo a vivirla.

Respiré hondo.

Dejando que el aire entrara lento…

y saliera igual.

Como si necesitara ese segundo extra para no perder el control.

—Cuando mis papás murieron… —continué— solo éramos mi hermana y yo.

Su expresión cambió de inmediato.

Más suave.

Más atenta.

Más… presente.

—¿Solo ustedes dos…?

Asentí.

—Sí.

Mi voz bajó un poco más.

—Y no teníamos idea de qué hacer.

El recuerdo volvió con fuerza.

Más claro.

Más crudo.

—Yo tenía quince…

Hice una pausa breve.

—Y ella apenas era una niña.

El silencio se volvió más pesado.

—Pero no estuvimos solos mucho tiempo.

Araiya escuchaba sin moverse.

Sin interrumpir.

Como si supiera que esto… no se debía cortar.

—Mis tíos llegaron.

Otra pausa.

Más corta.

—Y nos adoptaron.

Sus ojos se suavizaron un poco.

—¿Ellos… son los que ahora…?

—Sí.

Asentí.

—Ellos son mis padres ahora.

Mi voz cambió apenas.

Más cálida.

Más tranquila.

—Nunca nos trataron como si no fuéramos suyos.

Nunca.

El ambiente se estabilizó un poco.

No completamente.

Pero lo suficiente para respirar.

—Y por un tiempo…

Hice una pausa.

Porque sabía lo que venía.

—Todo estuvo bien.

Silencio.

Corto.

Pero cargado.

—Hasta que nació ella.

Araiya frunció ligeramente el ceño.

—¿Ella…?

La miré directo.

—Mi hermana pequeña.

El silencio cayó otra vez.

—La menor.

Araiya no habló.

Solo esperó.

—La que ahora se llama…

No terminé la frase.

No hacía falta.

—Araiya… —susurró.

Asentí.

—Sí.

El peso de ese nombre volvió a caer entre nosotros.

Pero esta vez…

Más profundo.

—Al principio todo era normal…

Mi voz se mantuvo estable.

Pero por dentro…

No lo estaba.

—Hasta que enfermó.

El ambiente se tensó.

—¿Qué tenía…?

Negué apenas.

—No lo sabían bien.

Mi mirada se endureció un poco.

—Solo que era grave.

Silencio.

—Muy grave.

Araiya bajó la mirada un segundo.

Como si procesar eso fuera más difícil de lo que esperaba.

—¿Y tus padres…?

—Hacían todo lo posible.

Levanté la vista.

—Pero no alcanzaba.

Esa frase…

Pesó más de lo que sonó.

—El tratamiento que necesitaba…

Mis manos se tensaron ligeramente.

—Era caro.

Hice una pausa.

—Demasiado.

El silencio se volvió denso.

—Yo estaba en la preparatoria.

Segundo semestre.

La miré.

—Y ahí fue cuando tuve que decidir.

Araiya no dijo nada.

Pero ya sabía.

Se notaba.

—No podía quedarme sentado…

—Viendo cómo empeoraba.

Mi voz bajó más.

—Así que empecé a trabajar.

—¿Ellos sabían…?

Negué.

—No.

Mi tono se volvió más firme.

—Nadie sabía.

El silencio cayó.

—Me iba a la escuela…

Pero no siempre me quedaba.

Una pequeña sonrisa amarga apareció.

—Me salía.

Trabajaba.

Volvía como si nada.

Araiya me miraba con algo en los ojos que no había visto antes.

Algo entre admiración… y dolor.

—¿Y nunca te descubrieron…?

—No al principio.

Me incliné ligeramente hacia adelante.

—Porque no podía darme el lujo de que me detuvieran.

Silencio.

—Cada peso que ganaba…

Lo guardaba.

—¿Para el tratamiento…?

Asentí.

—Para salvarla.

La forma en que lo dije…

No dejó espacio a dudas.

—Pasaron meses.

Mi voz bajó.

Más lenta.

—Y su salud empeoraba.

Araiya contuvo el aire.

—Pero yo seguía trabajando.

Más horas.

Más esfuerzo.

Más cansancio.

Mis manos se cerraron un poco.

—Hasta que un día…

El silencio se volvió absoluto.

—Lo logré.

Araiya no apartó la mirada.

—Junté el dinero suficiente.

El tiempo pareció detenerse.

—¿Y…?

Solté el aire lentamente.

—Ese fue el día que todo salió a la luz.

Su expresión cambió.

—¿Te descubrieron…?

Asentí.

—Sí.

Una pausa.

—Pero ya no podían detenerme.

La miré.

—Porque ese mismo día…

Mi voz se suavizó.

—Pagaron el tratamiento.

El silencio cayó.

Más profundo.

Más real.

—Y ella…

Hice una pausa.

Pequeña.

Pero necesaria.

—Tuvo una oportunidad.

Araiya llevó una mano a su pecho.

—Andrés…

Negué ligeramente.

—No terminó ahí.

La miré.

Fijo.

—Ahí fue donde empezó todo.

El silencio se sostuvo.

—Porque entendí algo.

Me recargué un poco.

—Que trabajar así… no iba a ser suficiente.

Sus ojos se enfocaron en mí.

—Necesitaba hacer más…

—Con menos.

Otra pausa.

—Y ahí fue cuando empecé con las inversiones.

—¿Tú solo…?

—Sí.

Asentí.

—Leía.

Probaba.

Fallaba.

Una pequeña sonrisa apareció.

Más real.

—Y volvía a intentar.

—Hasta que funcionó.

Araiya no dijo nada.

Pero su mirada…

Lo decía todo.

—Y cuando funcionó…

La miré directo.

—No paré.

Silencio.

—Porque todo lo que soy ahora…

No empezó con éxito.

Hice una pausa.

—Empezó con miedo.

Otra.

—Con necesidad.

Y una última.

—Y con una promesa.

El aire se volvió más pesado.

—No perderla.

El silencio después de eso…

No fue vacío.

Fue profundo.

Cargado.

Pero no incómodo.

Araiya seguía mirándome.

Como si intentara entender…

No solo lo que dije.

Sino todo lo que había detrás.

—Entonces… —murmuró finalmente— todo lo que hiciste…

No terminó la frase.

No hacía falta.

Asentí.

—Fue por ella.

Su voz se quebró apenas.

Negué suavemente.

—Por ella…

Hice una pausa.

—Y por lo que representaba.

Sus cejas se fruncieron.

—¿A qué te refieres?

La miré directo.

—A no volver a perder a alguien importante.

Silencio.

Más profundo.

Más honesto.

—Ya había perdido demasiado…

Mi voz salió más baja.

—No iba a dejar que pasara otra vez.

Araiya bajó la mirada.

Pero no por duda.

Por emoción.

—Cuando supe que iba a salir adelante…

Continué.

—Tomé una decisión.

Levantó la vista lentamente.

—Le puse tu nombre.

El silencio fue absoluto.

—No solo por lo que ya te dije…

Me acerqué un poco más.

—Sino porque…

Pausa.

—Eras lo único bueno que recordaba de antes.

Eso la golpeó.

Se notó.

—Eras ese momento en mi vida…

Donde todo todavía estaba bien.

Sus ojos brillaron.

—Y necesitaba mantener eso vivo.

El silencio se sostuvo.

—Cada vez que la llamaba…

Mi voz se suavizó.

—Me recordaba por qué tenía que seguir.

Araiya respiró profundo.

—No sé qué decir…

—No tienes que decir nada.

—Es que…

Negó ligeramente.

—Eso es demasiado importante.

—Lo fue.

La miré con calma.

—Y lo sigue siendo.

El ambiente cambió.

Más cálido.

Más cercano.

Más real.

—Después de eso…

Continué.

—No podía detenerme.

Me recargué ligeramente.

—Ya no era sobrevivir.

—Era construir.

Araiya escuchaba en silencio.

—Seguí trabajando.

Pero también aprendiendo.

—Inversiones.

Negocios.

Movimientos.

—Al principio no entendía nada.

Una pequeña sonrisa apareció.

—Pero fui aprendiendo.

—Y poco a poco…

La miré.

—Se convirtió en lo que ves ahora.

Araiya me observó diferente.

Más profundo.

—Un empresario de 19 años… —murmuró.

—Algo así.

—No es “algo así”.

Negó suavemente.

—Es impresionante.

Negué con la cabeza.

—No lo es cuando sabes por qué lo hice.

Silencio.

—Ahora entiendo… —dijo.

—¿Qué cosa?

—Por qué no te rendiste conmigo.

Eso…

No lo esperaba.

La miré.

—Nunca lo hice.

—Pero ahora entiendo por qué.

Sus ojos se suavizaron.

—Porque tú no sabes rendirte con las personas importantes.

El silencio cayó.

Pero esta vez…

Claro.

—No —respondí—. No sé.

Se acercó un poco más.

No demasiado.

Pero suficiente.

—Eso es peligroso… —susurró.

—¿Por qué?

—Porque alguien puede acostumbrarse a eso.

Sonreí apenas.

—Tal vez ya lo hiciste.

Ella no respondió.

Pero tampoco se alejó.

El silencio final fue tranquilo.

Pero lleno de significado.

Porque ahora…

Ya no éramos solo dos personas que se reencontraron.

Éramos dos historias…

Que siempre estuvieron conectadas.

De una forma que ninguno entendía antes.

Pero ahora sí.

Y eso…

Lo cambiaba todo.

Porque después de todo lo que pasó…

Después de todo lo que construí…

Había algo que seguía intacto.

Ella.

Y esta vez…

No pensaba dejar que volviera a irse.

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