Isabella Anderson siempre ha tenido el control de su vida: su apellido, su posición y cada decisión que toma. Para ella, Nicolás era solo eso… su guarura. Alguien más en su mundo, alguien que debía mantenerse en su lugar. Nicolás Miller, en cambio, no encajaba en esa etiqueta. Seguro de sí mismo, reservado y con un mundo mucho más grande del que Isabella imaginaba, empezó a romper cada idea que ella tenía sobre él. Entre miradas que dicen más que las palabras, discusiones cargadas de orgullo y una tensión imposible de ignorar, ambos comienzan a cruzar una línea que nunca debió existir. Porque a veces, lo más peligroso no es lo que pasa… sino lo que empiezas a sentir por quien juraste no mirar. Y es ahí donde la verdad pesa más: nunca fue solo su guarura.
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Capítulo 6 - Que manera tan interesante de empezar
Tomás volvió a la oficina y Sara subió a la habitación de Isabella.
—¿Isa, puedo pasar? —preguntó desde la puerta.
—Sí.
Isabella estaba sentada frente al lienzo, pincel en mano, concentrada.
—Todavía te sigues viendo muy tierna mientras pintas.
—No empieces, mamá.
—Quiero un par de tus obras en mi sala.
—Pinto para desestresarme, lo sabes. No son para exhibir.
—Claro que sí. Pintas porque te encanta, si no, no trasnocharías haciéndolo.
Isabella suspiró.
—¿A qué viniste?
—Quiero ir al spa. ¿Me acompañas? Tarde de chicas, madre e hija.
Isabella rodó los ojos.
—Qué curioso. La persona que no me deja salir ahora me invita a salir.
Sara soltó una carcajada.
—Si fuera Lucas o Lucía no pondrías peros. Vamos, mi princesa… no me gusta verte así apagada.
Isabella bajó la mirada.
—No tengo ánimos, mami.
—Entonces vamos al cine. O a caminar. Pero salgamos.
Isabella dudó unos segundos… y se rindió.
—Está bien. Salgamos.
Sara la abrazó feliz.
En el cine
Compraron palomitas y entraron a la sala cuando las luces ya estaban bajas.
Isabella encendió su celular para verificar los asientos. Contó filas… números…
Se detuvo.
Uno de los asientos estaba ocupado.
Alzó el teléfono para alumbrar discretamente.
Y lo vio.
Un hombre de perfil firme, mandíbula marcada, expresión concentrada… hasta que la luz le dio directo al rostro.
Él entrecerró los ojos.
—No es precisamente de buen gusto que me ilumines la cara mientras intento ver la película, ¿no crees?
La voz grave la sacó del trance. Isabella parpadeó, recuperándose.
—No es de buen gusto que te sientes en mi asiento cuando yo lo pagué. ¿O no tenías para comprar uno?
Él giró el rostro lentamente hacia ella.
Una sonrisa torcida apareció en sus labios.
—A ver… muéstrame dónde dice que este es tu asiento.
—Mami, siéntate. Estoy resolviendo algo.
—Isabella, la película ya empezó —susurró Sara.
—Un segundo.
Ella le mostró el ticket.
Él sacó el suyo.
Mismo número.
Ambos se miraron.
—No puede ser —murmuró ella.
—Interesante —respondió él con calma irritante.
Fueron a la entrada. La encargada revisó.
—Hubo un error en el sistema. Pero el asiento corresponde al señor. Él compró primero. El suyo queda al otro lado de su acompañante.
El hombre sonrió apenas. No triunfal… pero casi.
Isabella sintió el impulso de decir algo mordaz… pero se contuvo.
—Qué conveniente —murmuró.
—Siempre es conveniente llegar temprano —respondió él con suavidad.
Se sostuvo la mirada un segundo más de lo necesario.
En ese momento apareció Manuela, quien había regresado del baño, se había ido antes que empezara la pelicula
—¿Qué haces acá, Nicolás?
—Resolviendo un pequeño problema
Se quedó mirando la escena… y luego a Isabella.
Sus ojos se iluminaron.
—¡Isa!
Isabella se giró, sorprendida.
—Manuela… hola.
Manuela miró a su hermano y luego a Isabella.
Una sonrisa lentamente peligrosa apareció en su rostro.
—Se quedó con mi asiento —aclaró ella con frialdad elegante.
Manuela soltó una risita.
—Qué manera tan interesante de empezar.
Isabella sostuvo la mirada de Nicolás una vez más.
Isabella regresó a su lugar.
………………………
Tomás se reunió con Nicolás. No estaba seguro de que aceptara, pero tenía que intentarlo.
—¿Cómo estás, muchacho? —lo saludó con un abrazo y un apretón de manos.
—Bien, señor Tomás.
—Dime Tomás a secas, tu familia es cercana a la mía.
—Está bien, Tomás.
Se sentaron.
—Mi hija aceptó tener escolta. Le prohibí salir hasta que accediera… y al fin lo hizo. Ahora quiero pedirte un favor grande. Espero que puedas ayudarme.
—Dime.
—Sé que tu academia es de las mejores, y que tú eres el más capacitado. Mi hija es mi tesoro. No podría confiarla a alguien que no me dé total seguridad. Quiero que seas tú quien se encargue de su protección.
Nicolás se acomodó en la silla.
—Tomás… tengo hombres muy preparados para eso. Yo me dedico más a la parte administrativa, y mi presencia es necesaria.
—Lo sé, y lo entiendo. Incluso hablé antes con tu padre. Me dijo que esa decisión solo la puedes tomar tú. Pero créeme… temo por lo que pueda pasarle a mi hija. Y siento que contigo estaría realmente segura. Además, tienen más o menos la misma edad. Tus hombres rondan los treinta, ¿no? Piénsalo. No me respondas ahora.
Nicolás guardó silencio unos segundos.
—Está bien. Lo pensaré y te daré una respuesta lo más pronto posible.
—Así quedamos entonces.
Se dieron la mano para despedirse.
Esa noche, Nicolás fue a cenar a la mansión de sus padres.
—Oh, estás frecuentando mucho la casa últimamente, ¿no? —dijo Jay en tono juguetón.
—Hahaha, qué exagerado.
Nicolás se sentó y respiró hondo.
—Oigan, tengo algo que contarles. Tomás… tu amigo, papá… me propuso ser el escolta de su hija.
—¿Qué? —intervino Nora—. Pero si tú eres el dueño de la academia. Para eso tienes hombres que hagan ese trabajo.
—Mmm… así estarás cerca de Isabella… se va materializando mi sueño —dijo Manuela burlona.
Nicolás frunció el ceño.
—Espera… ¿esa Isabella, hija de Tomás… es la misma del cine?
Manuela sonrió con malicia.
—Mju, hermanito… tu futura esposa.
Nicolás abrió los ojos.
—Oh… en serio no había caído en cuenta.
Se pasó la mano por el cabello.
—Ahora sí va a estar complicado pensarlo. ¿Ustedes qué me recomiendan?
—De una y sin casco —respondió Jay entre risas.
Su padre habló más serio.
—Es un trabajo que ya has hecho. Si Tomás te busca a ti es porque confía. Sé que puedes dejar gente encargada de lo administrativo. La pregunta es… ¿cómo te sientes tú con eso?
Nicolás se quedó pensativo.