En el Reino Ígneo, el fuego lo es todo: poder, honor y destino. Pero Magma, la princesa heredera, nació sin una sola chispa en sus venas. Rechazada por su propio reino y atrapada bajo el peso de una corona que no cree merecer, crecerá escuchando la leyenda de la Hija del Viento… una princesa que cambió el mundo con su libertad. Cuando una tragedia destruye su vida, Magma deberá convertirse en la reina que todos necesitan, aunque el fuego dentro de ella amenace con consumirlo todo. Porque algunas leyendas no nacen para gobernar. Nacen para arder.
NovelToon tiene autorización de Selflove para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 5: Cenizas de una corona
El Reino Ígneo ardía incluso bajo la lluvia.
Las enormes antorchas de Ignis seguían encendidas sobre las murallas, resistiéndose a morir mientras el agua golpeaba la ciudad sin descanso. El cielo continuaba cubierto por nubes negras y los volcanes lejanos parecían rugir incómodos bajo aquella tormenta imposible.
Magma observaba el reino desde el salón más alto del castillo.
Sola.
O al menos eso intentaba.
Desde la noticia de la desaparición de sus padres, las personas no dejaban de seguirla:
* consejeros,
* guardias,
* nobles,
* sirvientes,
* generales.
Todos querían algo de ella.
Todos esperaban algo de ella.
La futura reina.
La heredera del fuego.
La única esperanza del reino.
Magma apretó los dedos contra la piedra húmeda del balcón.
Todavía le parecía absurdo.
Hacía apenas unos días era la princesa inútil que no podía encender una vela.
Ahora el reino entero esperaba verla salvarlos.
El fuego dentro de ella seguía despertando de maneras extrañas. A veces las velas explotaban cuando se enojaba. Otras veces las llamas se inclinaban hacia ella como si intentaran escucharla.
Y cuanto más miedo sentía…
más fuerte ardía todo alrededor.
—Llevas horas aquí.
La voz de Rowan atravesó el sonido de la lluvia.
Magma no se giró.
—Necesitaba pensar.
Él caminó lentamente hasta quedar junto a ella bajo el techo del balcón. Su cabello oscuro estaba húmedo y todavía llevaba parte de la armadura de entrenamiento puesta.
—Ignis está entrando en pánico.
—Ya lo noté.
Abajo, en las calles de la ciudad, podían escucharse gritos lejanos y campanas resonando constantemente. Algunas personas rezaban frente a los templos de fuego. Otras abandonaban sus hogares intentando huir hacia regiones más altas del reino.
La lluvia seguía cayendo.
Eso era lo peor.
Porque el agua no solo estaba destruyendo calles.
Estaba destruyendo certezas.
Todo lo que el Reino Ígneo creyó imposible estaba ocurriendo frente a ellos.
Rowan apoyó ambos brazos sobre la baranda.
—Los consejeros quieren adelantar la ceremonia.
Magma finalmente lo miró.
—¿Qué ceremonia?
Él tardó demasiado en responder.
Eso fue suficiente para preocuparla.
—Rowan.
—La coronación.
El corazón de Magma se tensó inmediatamente.
—¿Qué?
—Varok dice que el reino necesita una reina ahora.
La rabia explotó dentro de ella tan rápido que varias antorchas cercanas crecieron violentamente.
Rowan suspiró.
—Sí, exactamente esa reacción esperaba.
Magma retrocedió del balcón.
—Mis padres desaparecieron hace dos días.
—Lo sé.
—Ni siquiera encontraron sus cuerpos.
El fuego dentro de las lámparas del corredor comenzó a agitarse alrededor de ella.
Más alto.
Más brillante.
La lluvia golpeó más fuerte los ventanales.
Magma sentía el pecho ardiendo.
—No pueden hacer esto.
—Pueden.
Y ambos lo sabían.
Porque los reinos no esperaban el duelo de nadie.
Mucho menos el Reino Ígneo.
Rowan la observó unos segundos en silencio.
Luego habló más bajo.
—Tienen miedo.
Magma soltó una pequeña risa amarga.
—Todo el mundo parece tener miedo últimamente.
—No solo del agua.
Ella entendió inmediatamente.
Tenían miedo de ella también.
Del fuego que acababa de despertar.
Del poder que todavía no sabía controlar.
La princesa vacía ya no existía.
Ahora tenían otra cosa frente a ellos.
Y eso podía ser todavía peor.
Magma volvió la mirada hacia la ciudad.
—¿Crees que mis padres siguen vivos?
El silencio de Rowan dolió más que cualquier respuesta.
Finalmente habló.
—Quiero creerlo.
Ella cerró los ojos lentamente.
Quería aferrarse a esa esperanza.
Pero algo dentro de ella… algo profundo y caliente como brasas enterradas… seguía diciéndole que algo terrible había ocurrido en la costa.
Y el fuego nunca mentía.
⸻
Esa misma noche comenzaron las reuniones del consejo real.
El salón principal estaba iluminado por enormes columnas de fuego dorado que danzaban alrededor del techo circular. Afuera, la tormenta seguía cubriendo Ignis mientras nobles y generales discutían alrededor de la mesa de piedra volcánica.
Magma odiaba ese lugar.
Especialmente ahora.
Porque cada vez que alguien la miraba ya no veía lástima en sus ojos.
Veía expectativa.
Varok se puso de pie lentamente frente a todos.
—La situación empeora.
Uno de los generales golpeó la mesa con frustración.
—Las aldeas costeras siguen incomunicadas.
—Los mares no son navegables —añadió otro—. Las corrientes están cambiando solas.
Magma sintió un escalofrío.
El agua.
Siempre el agua.
Varok abrió un mapa sobre la mesa.
Varias zonas costeras estaban marcadas con tinta negra.
—Los sobrevivientes hablan de personas capaces de mover las olas.
Los murmullos comenzaron inmediatamente.
Algunos nobles hicieron nuevamente el símbolo sagrado del fuego sobre el pecho.
Como si mencionar el agua atrajera desgracias.
Magma observó el mapa en silencio.
Entonces recordó algo.
—Mi padre dijo una vez que el Reino del Agua desapareció hace siglos.
El salón quedó quieto.
Varok levantó lentamente la mirada hacia ella.
—Eso dice la historia oficial.
La frase golpeó el aire como una cuchilla.
Magma frunció el ceño.
—¿Historia oficial?
El anciano consejero tardó demasiado en responder.
—Hay verdades que los reinos entierran por una razón.
Eso solo empeoró todo.
Rowan, apoyado cerca de las columnas, habló por primera vez:
—¿Qué están ocultando?
Varok guardó silencio.
Y eso confirmó que efectivamente escondían algo.
Magma sintió el fuego reaccionar otra vez.
Las llamas del salón crecieron apenas unos centímetros.
—Habla.
El anciano observó las brasas flotando alrededor de ella antes de responder:
—Hace siglos existieron cinco grandes linajes elementales.
La respiración de Magma se detuvo un instante.
Cinco.
No cuatro.
—Viento. Fuego. Tierra. Agua… y hielo.
El nombre provocó incomodidad inmediata en varios nobles.
Como si incluso escucharlo fuera peligroso.
Varok continuó:
—Pero el agua comenzó a evolucionar más allá de los otros elementos.
La tormenta rugió afuera del castillo.
—Los herederos del agua podían controlar océanos… absorber energía elemental… alterar tormentas.
Magma sintió frío recorriéndole la espalda.
—Entonces los demás reinos les tuvieron miedo.
Nadie respondió.
Pero no hacía falta.
Ella entendió.
—¿Los traicionaron?
El silencio fue suficiente.
Rowan maldijo por lo bajo.
Varok cerró lentamente el mapa.
—La guerra que destruyó al Reino del Agua fue borrada de la historia.
Magma observó las llamas reflejándose sobre la mesa de piedra.
Todo lo que había creído desde niña comenzaba a romperse.
La hija del viento había sido perseguida.
El agua había sido exterminada.
Y ahora…
el mar regresaba.
Entonces las enormes puertas del salón se abrieron violentamente.
Un guardia entró cubierto de sangre y lluvia.
—¡Majestad!
Todos se levantaron inmediatamente.
El hombre respiraba desesperadamente.
—Encontraron algo en la costa.
Magma sintió el corazón golpeándole las costillas.
—¿Mis padres?
El guardia bajó lentamente la mirada.
Y el mundo volvió a romperse.
—Encontraron la corona del rey.