Un amor roto por mentiras renace entre el deseo y el rencor. Aura regresa con un secreto que lo cambia todo: un hijo. Mauricio nunca dejó de amarla, pero el engaño los separó. Entre pasiones, verdades ocultas y una rival obsesiva, el destino los enfrentará nuevamente.
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Capítulo 17: Lo inevitable
Unos días después…
El ambiente en la sala de juntas del Grupo Luzuriaga era distinto.
La propuesta ya no era una idea.
Era un acuerdo en construcción.
—El concepto es claro —explicaba Aura, con seguridad—. Un comercial conjunto que conecte ambas marcas desde la experiencia… no solo desde el producto.
Silvana cruzó las piernas, observando cada detalle.
—Tiene impacto —admitió—. Puede posicionarse bien si se maneja correctamente.
Ricardo asintió.
—Habría que coordinar tiempos, locaciones y distribución, pero no representa un problema.
Adrián intervino con calma.
—Eso es lo que buscamos. Una colaboración estratégica que beneficie a ambas partes.
El silencio cayó brevemente.
Todas las miradas se dirigieron a Mauricio.
Él estaba recostado en su silla, con los dedos entrelazados frente a su boca.
Pensando.
Pero sus ojos…
no estaban en la propuesta.
Estaban en ella.
—Hagámoslo —dijo finalmente.
—Desarrollemos el comercial.
Silvana asintió, tomando nota.
Ricardo ya pensaba en ejecución.
Adrián sonrió levemente.
—Perfecto.
Aura cerró la carpeta.
Profesional.
Como si todo fuera solo trabajo.
Mauricio se puso de pie.
—Vayamos a mi oficina a firmar el contrato.
......................
Caminaron por el pasillo.
Aura al frente.
Los pasos medidos.
Firmes.
Como si ese lugar no le removiera nada.
Como si no estuviera regresando…
a donde todo comenzó.
Mauricio abrió la puerta de su oficina.
Se hizo a un lado.
—Primero las damas.
Como si fuera una extraña.
Aura entró sin mirarlo.
Adrián fue tras ella.
Pero su teléfono sonó.
Se detuvo.
—Disculpen —dijo—. Debo atender esto.
Se alejó unos pasos.
La llamada parecía importante.
La puerta se cerró suavemente.
Y entonces…
quedaron solos.
Aura y Mauricio.
En la misma oficina.
Otra vez.
......................
El silencio dentro de la oficina era asfixiante.
Cargado de todo lo que no se habían dicho en años.
Aura apenas había dado dos pasos cuando sintió su presencia detrás.
Cerca.
Demasiado cerca.
—¿Qué relación tienes con tu jefe? —la voz de Mauricio fue baja, tensa… peligrosa.
Aura se giró de inmediato.
—Ninguna.
Intentó avanzar.
Pero no pudo.
Mauricio la tomó del brazo y la llevó contra la puerta con un movimiento firme.
Sin escape.
—Aléjate de mí —exigió ella, forcejeando.
—Te pongo nerviosa —murmuró él, inclinándose apenas—. Eres una descarada…
Sus ojos la recorrieron con rabia contenida.
—¿Piensas enamorarlo…hacerle creer que lo amas y cuando esté loco por ti dejarlo como hiciste conmigo?
Aura lo empujó con fuerza.
—¡Suéltame!
Su respiración estaba agitada.
—¡Jamás pasó eso!
Sus ojos brillaban.
—Yo fui la ingenua que pensó que me amabas lo suficiente para aprovechar todo el amor que tenía iata para ti.
El golpe fue directo.
—Ese error no lo voy a cometer dos veces.
Se sostuvo frente a él.
—Y mucho menos enredarme con mi jefe.
Sus respiraciones chocaban en el aire.
Sus miradas…
ardían.
Y entonces…
Mauricio la tomó del rostro y la besó.
Un beso brusco.
Como si todo lo que habían callado explotara en ese instante.
Aura se tensó.
Pero no se apartó.
No pudo.
Porque ese beso…
Era todo lo que no había muerto.
Sus manos se aferraron a su camisa, empujándolo y acercándolo al mismo tiempo.
El beso se volvió más profundo.
Más urgente.
Como si intentaran reclamarse algo perdido.
Como si quisieran borrar seis años… en un solo instante.
Mauricio la sostuvo con fuerza, como si temiera que volviera a desaparecer.
Aura respondió con la misma intensidad.
Porque lo odiaba.
Pero también…
lo recordaba demasiado bien.
Sus respiraciones se mezclaban.
Desordenadas.
El tiempo dejó de existir.
Solo estaban ellos.
Otra vez.
Aura reaccionó primero.
Como si despertara de golpe.
Empujó a Mauricio con fuerza, separándose de él.
—¿Qué te sucede? —su voz temblaba, pero no de debilidad—. No tienes derecho a tocarme.
Mauricio la miró.
Su respiración seguía agitada.
Sus ojos… oscuros.
—Tu cuerpo dice otra cosa —respondió, con una sonrisa amarga—. Deja de trabajar con ese tipo.
Se acercó un paso más.
—Yo puedo darte todo… solo tienes que estar dispuesta a complacerme.
Pausa.
—Como lo fácil que eres.
El golpe fue brutal.
Aura sintió la rabia subirle como fuego.
Alzó la mano.
Pero no llegó.
Mauricio la sostuvo en el aire, sujetando su muñeca con firmeza.
—No te atrevas —murmuró.
En ese instante…
toc, toc.
Ambos se congelaron.
La voz de Adrián atravesó la puerta.
—¿Todo bien por aquí?
Mauricio soltó la mano de Aura de inmediato.
Se alejó.
Se recompuso.
La coraza volvió.
—Sí —respondió, frío—. Pase.
Adrián entró.
Miró a uno.
Luego al otro.
Algo en el ambiente no le cuadraba.
Pero no dijo nada.
Mauricio tomó el contrato y lo colocó sobre el escritorio.
—Aquí está. Puede leerlo y firmarlo. Haremos el comercial lo más pronto posible.
Adrián se acercó.
Revisó el documento con atención.
Sus ojos se detuvieron en una cláusula.
—Aquí dice que la señorita Valentín será la modelo.
El silencio volvió a tensarse.
Mauricio no apartó la mirada.
—Es mi única condición.
Aura lo miró.
Sabía perfectamente lo que estaba haciendo.
—Señor Luzuriaga… —empezó, firme—. No soy modelo. No puedo hacerlo.
Pausa.
Sus miradas chocaron.
Desafío puro.
Y entonces…
—Lo haré.
Su propia voz la sorprendió.
—Solo por el Corporativo Ferrer.
Adrián levantó la vista.
Interesado.
Mauricio no se movió.
Pero por dentro…
ardía.
Rabia.
Confusión.
Porque sabía.
Sabía perfectamente…
que ella odiaba eso.
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Flashback...
Un cliente sonreía, entusiasmado.
—Sería perfecto que usted misma aparezca en la campaña.
Aura negó de inmediato.
—No.
Sin titubeos.
—No es mi área.
Mauricio la observaba desde su escritorio.
En silencio.
—No me siento cómoda con eso —añadió ella.
Firme.
Decidida.
Fin del flashback.
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Mauricio apretó la mandíbula.
Entonces…
¿por qué ahora sí?
¿Por él no… pero por otro sí?
La idea le quemó por dentro.
Y no le gustó nada.
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Esa noche...
Aura, Daniela y Camila se reunieron.
Daniela ya estaba en la sala, sentada con una copa de vino en la mano.
—¿Qué pasó?
Aura dejó el bolso sobre la mesa con más fuerza de la necesaria.
—Todo.
Ambas la miraron.
—Todo, ¿qué? —insistió Camila, cruzándose de brazos.
Aura pasó una mano por su cabello, caminando de un lado a otro.
—Fuimos otra vez al Grupo Luzuriaga… reunión, contrato, el comercial…
Daniela se incorporó un poco.
—Ajá…
—Y me puso como condición que yo sea la modelo.
Silencio.
—¿Qué? —dijeron ambas al mismo tiempo.
—Exacto.
Camila soltó una risa incrédula.
—Ese hombre está loco.
—Lo hizo a propósito —añadió Daniela, más seria.
Aura asintió.
—Lo sé.
Pausa.
—Y acepté.
Ahora sí…
silencio total.
—¿Tú qué? —Camila abrió los ojos.
—Solo por el trabajo —respondió Aura rápidamente—. No por él.
Daniela la observó con atención.
—¿Y eso fue todo?
—No.
Aura exhaló.
—Nos quedamos solos en su oficina…
.
perp cuando veas la realidad haber si vas a llorar y rogar para pedir perdón hombre...
ya deja de comportarte como niño y aprende a ser hombre ..e investiga qué fue lo que paso en realidad porque esa silvana e una culebra ponsoñosa ...