Un delegado de policía consumido por la venganza. Un chef que carga con una condena que no le pertenece. El mismo enemigo. Un deseo que ninguno de los dos puede controlar.
Vinícius Cruz lleva años cazando al narcotraficante que destruyó a su familia. Frío, implacable y sin espacio para el amor, su vida se reduce a una obsesión: hacer justicia con sus propias manos. Hasta que una noche, en medio del caos de una discoteca, sus ojos se cruzan con los de un desconocido que le roba el aliento.
Saullo Dantas acaba de salir de prisión después de cumplir tres años por un crimen que no cometió. Carga con cicatrices que no puede mostrar, secretos que no puede contar y un plan de venganza que podría costarle la vida. Lo último que necesita es caer rendido ante un hombre que esconde su propia identidad.
Lo que empieza como una atracción imposible de ignorar se convierte en algo que ninguno de los dos sabe nombrar. Pero cuando las mentiras se derrumban y el pasado los alcanza, Vinícius y Saullo descubrirán que comparten mucho más que una cama: comparten al mismo demonio.
Entre traiciones, secretos policiales y un enemigo que acecha en las sombras, tendrán que decidir si el amor es suficiente razón para arriesgarlo todo... incluso la vida.
Una historia de pasión sin límites, segundas oportunidades y la certeza de que el corazón no entiende de reglas.
Para mayores de 18 años. Contenido adulto explícito.
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Capítulo XXIII (Vinícius Cruz)
"Cuando la venganza habla más fuerte"
Pasamos días planeando atrapar a Carlos en ese bendito show que a él le gustaba, pero necesitábamos una autorización para su arresto. Mi equipo y yo nos preparamos para entrar al club nocturno, pero para mi desesperación, la persona que vi al lado de Carlos en el área VIP fue él: estaba ahí, junto a mi peor enemigo.
Como no logramos atrapar a Carlos, despaché a mis hombres y me quedé solo en el lugar. Pasé todo el show observándolos; cada acercamiento de Carlos a Saulo era como una puñalada. Agradecí a Dios que nadie, aparte de Anne, supiera de lo nuestro.
Aproveché que el show terminó y el maldito se fue, no sin antes intercambiar con Saulo unas palabras que no alcancé a oír; estaba demasiado lejos.
Fui hasta Saulo con la máscara puesta y actué como si estuviera en un operativo: lo inmovilicé sin gritar ni hacer ningún movimiento agresivo. Él no opuso resistencia. Lo conduje hasta el carro sin llamar la atención de nadie.
Cuando subimos al carro me quité la máscara. Su mirada sobre mí era una mezcla de rabia y decepción.
Mil cosas me pasaron por la cabeza al encontrarlos a los dos juntos en el mismo lugar. Podría estar trabajando para Carlos; tal vez Carlos lo protegió cuando fue preso, porque Saulo nunca reveló de quién era la droga que transportaba.
Una cosa noté: Sara no aprobaba lo que su hermano estaba haciendo, a juzgar por su tono de voz cuando la llamé para avisarle que lo había detenido y que viniera a buscarlo.
Intenté hablar con él, pero estaba irreductible. Salí de la oficina para no cometer una locura. Sara fue directo a la oficina a encontrarse con su hermano; creo que la conversación entre ellos no fue nada buena. Salió furioso, pasó junto a mí y lo que dijo no fue nada agradable. Ahí comprobé que realmente estábamos en lados opuestos.
**Algunos días después***
El equipo estaba dividido en dos grupos; estábamos enfocados en atrapar a Carlos como fuera. Mi vida era un desastre total. No tenía tiempo ni para pasar un rato con mi madre; ella siempre se quejaba de que nunca paraba en casa, de que no había almuerzos en familia ni fines de semana juntos.
Encontré a mi madre llorando con una foto de mi hermana en la mano. La extrañaba muchísimo. Cuando ella se involucró con Carlos y se fue de la casa, fue el mayor sufrimiento para nosotros. Intentamos de todo para que se alejara de esa vida, pero no nos dio espacio para ayudarla. La dulce niña que conocíamos ya no existía.
Esa noche quería salir solo, sin tener a nadie con quien hablar. Solo yo y mis pensamientos. Nunca fui un hombre de apegarme a los sentimientos; siempre pensé que el amor debilitaba a las personas, y ahora estaba seguro de ello. No es que esté enamorado, pero desde que conocí a Saulo me siento diferente. Él representa todo lo que más odio, y aun así no logro sacármelo de la cabeza ni por un instante.
Sueño con él, lo deseo entre mis brazos, extraño su boca sobre la mía, su olor, esa actitud ruda que tiene y que me parece de lo más excitante. Pero en la cama es otra persona.
Intenté salir con otros tipos, pero no es lo mismo. No es el mismo sabor, no son los mismos gemidos.
Quería arrancármelo de la cabeza y seguir con mi vida como antes, pero nada de lo que hacía parecía funcionar.
—Creo que ya es hora de que te vayas a casa, Cruz —dijo Valdo, el dueño del bar al que me gustaba venir cuando quería estar solo. El tipo me conoce hace mucho; ya le atrapé a algunos ladrones que le robaron el establecimiento.
Tenía el celular en la mano, justo en el contacto de Saulo. Mis ganas eran de llamarle solo para escuchar su voz insultándome.
—Estoy bien, Valdo. Yo me las arreglo —murmuré bajo.
—¿Viniste manejando o en Uber?
—No, vine en mi carro.
—Pues mejor pide un Uber y vete a casa. Ya bebiste demasiado.
Tiene razón; no estoy en condiciones de manejar de regreso a casa. Me quedé mirando el vaso de whisky en mi mano; parecía que todo daba vueltas.