NovelToon NovelToon
EL PRECIO DEL HIELO

EL PRECIO DEL HIELO

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / CEO / Amor tras matrimonio / Romance oscuro
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Mahary Garcia

El contrato de matrimonio no era solo papel: era una sentencia. A los 26 años, Valeria Varela se convirtió en la esposa de Dante Moretti, el hombre más poderoso, frío y temido de la ciudad —dueño de imperios empresariales y redes que nadie se atreve a nombrar. Ella lo amó desde antes de decir “sí”, creyendo que su amor sería suficiente para derretir su hielo. Pero tres años después, vive invisible: olvidada en sus cumpleaños, humillada en cenas de negocios, siempre relegada a un segundo plano frente a la mujer que él nunca dejó de querer: su exnovia, y ahora asistente personal, Isabella.
Valeria finge sumisión, baja la cabeza y sonríe cuando la insultan, pero detrás de esa máscara hay una inteligencia afilada y un dolor que se convierte en veneno. Cuando descubre que todo su matrimonio fue un acuerdo para saldar una deuda familiar, y que Isabella ha manipulado cada error, cada malentendido, cada lágrima suya, algo se rompe —y algo nuevo nace.

NovelToon tiene autorización de Mahary Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 14

(Narrado por Dante Moretti)

La luz del sol apenas se colaba por las cortinas cuando abrí los ojos. Pasé la noche en el sofá, igual que las anteriores, con el cuerpo entumecido pero el alma en paz, solo por el hecho de saber que ella estaba ahí, a pocos metros, durmiendo en mi cama, en mi refugio, convirtiendo cada rincón de esta casa en algo sagrado para mí. La miré dormir un momento, antes de que despertara, y sentí esa mezcla de amor, culpa y deseo que ya era parte de mí. Hoy era el día. El día en que todo el país sabría la verdad, el día en que yo me arrodillaría públicamente ante ella para limpiar su nombre, el día en que Isabella dejaría de ser una amenaza para convertirse en lo que siempre debió ser: nada.Me levanté con cuidado para no despertarla, me aseé y me vestí con el traje más impecable que tenía, oscuro, serio, el mismo que usaba para los negocios más importantes, pero hoy con un significado muy distinto. Hoy no me vestía para imponer respeto por mi apellido, sino para ser digno de estar a su lado.Cuando salí del baño, ella ya estaba despierta, sentada en el borde de la cama, peinándose con esa calma que me desarmaba. Llevaba puesto un vestido de un azul profundo, elegante, sobrio, que le llegaba hasta los tobillos, de corte sencillo pero que marcaba su figura de una manera que me hizo tragar saliva con fuerza. El escote era digno, pero suficiente para que mi imaginación volara, recordando cada curva que yo conocía a la perfección, cada rincón de su piel que había recorrido con mis manos y mis labios en los tiempos en que yo era lo bastante estúpido para no valorarlo.

Un recuerdo me golpeó de pronto, nítido y doloroso...Hace dos años, un día como hoy, de gran evento. Ella se había arreglado con tanta ilusión, esperando que yo la llevara, esperando ser mi acompañante. Bajó las escaleras hermosa, radiante, llena de esperanza. Y yo... yo ni siquiera la miré. Pasé de largo, llamé a Isabella, que me esperaba en la puerta, y le dije a Valeria, con la mayor frialdad del mundo: —Tú te quedas. No necesito que vengas a estropear la velada. Me fui con Isabella, dejándola atrás, con los ojos llenos de lágrimas, destrozada. Y esa noche, mientras yo me divertía y me perdía en los brazos de la otra, ella se quedó aquí, encerrada, preguntándose qué le faltaba, qué tenía ella que no tuviera Valeria....Volví al presente, y sentí un nudo en la garganta solo de recordar mi propia crueldad.

—Hoy es el día, Dante —dijo ella, levantándose y caminando hacia mí. Olía a su perfume, ese aroma dulce y único que me tenía embrujado—. Hoy el mundo entero nos juzgará. Hoy dirás la verdad. Pero recuerda: si vacilas, si titubeas, si dejas ver aunque sea un rastro de lo que fue antes... todo se termina. ¿Entendido?-

Asentí, serio, acercándome a ella con el deseo de tocarla, de abrazarla, de protegerla de todo y de todos, pero deteniéndome a tiempo, respetando sus reglas, esas reglas que me estaban matando de amor.

—Entendido. Hoy tú eres la reina, y yo solo soy tu voz, tu escudo y tu esclavo. Haré lo que sea necesario, Valeria. Lo juro por mi vida.-

Ella me miró, y vi en sus ojos un brillo de satisfacción, de poder, pero también de miedo. Miedo a que yo fallara, miedo a que el pasado volviera, miedo a no ser suficiente. Y me di cuenta de algo: ella todavía no cree del todo que ahora la quiero más a ella de lo que nunca quise a Isabella. Y eso... eso se iba a acabar hoy mismo.Llegamos al edificio donde se realizaría la rueda de prensa. Había cientos de coches, cámaras, periodistas, gente reunida. El ambiente estaba cargado de tensión, de curiosidad, de morbo. Todos querían saber la verdad sobre la gran herencia, sobre la mujer misteriosa, sobre mí, sobre mi supuesta locura al cambiar de bando.Caminamos juntos hacia la entrada. Yo iba un paso atrás, tal como ella quería, abriéndole paso, protegiéndola de la multitud, sintiendo todas las miradas encima de nosotros. Y entonces, la vi.Allí estaba ella. Isabella. De pie, cerca de la entrada, apoyada contra una columna, vestida de blanco inmaculado, con ese traje ajustado que dejaba ver sus curvas, con el cabello suelto cayendo sobre sus hombros, con esa sonrisa de suficiencia que tantas veces me había enamorado... y que ahora solo me daba asco. Pero lo peor no fue verla, fue lo que sentí. O más bien, lo que Valeria sintió.La sentí tensarse a mi lado. Noté cómo apretaba el paso, cómo sus manos se cerraban en puños a los costados. Y entonces, me di cuenta: estaba celosa. Celosa de verla ahí, tan hermosa, tan segura, tan conocida para mí. Celosa de saber todo lo que hubo entre nosotros, todas esas noches, todos esos besos, todo ese tiempo en que Isabella ocupó el lugar que debió ser suyo.

Isabella al vernos se enderezó, nos miró de arriba abajo, y sus ojos se clavaron en los míos con una intensidad que me quemó. Y entonces, hizo algo que me heló la sangre: sonrió, y me lanzó un beso al aire, un gesto íntimo, secreto, de complicidad, como los que me hacía cuando estábamos juntos, cuando ella era todo para mí.Sentí cómo Valeria se paraba en seco a mi lado. Giré la cabeza hacia ella, y vi sus ojos oscuros, llenos de rabia, de dolor, de celos puros que brillaban con fuerza. Me miró a mí, luego a Isabella, y me dijo bajito, con voz cortante, cargada de veneno:—¿Vas a dejar que te mire así? ¿Vas a dejar que te reclame con esa mirada como si todavía le pertenecieras?-

Y un recuerdo golpeó mi mente, brutal y claro...Hace año y medio, en una cena de negocios. Valeria estaba presente, por primera vez en mucho tiempo. Yo estaba sentado junto a Isabella, hablando, riendo, dejando que ella me tocara el brazo, que se acercara demasiado, que me susurrara cosas al oído. Y yo, ciego y estúpido, le seguía el juego, disfrutando de provocarla, de hacerle daño a mi propia mujer. En un momento, Isabella me miró con esa misma mirada de ahora, llena de deseo, y yo le devolví la sonrisa. Y vi cómo Valeria, desde el otro extremo de la mesa, se puso pálida, cómo se le llenaron los ojos de lágrimas que no derramó, cómo se levantó y se fue corriendo, humillada, destrozada. Esa noche, yo fui al apartamento de Isabella, y nos entregamos al placer, mientras Valeria lloraba sola en la mansión, muriéndose de celos, muriéndose de amor....Y ahora, la situación se invertía. Y yo tenía que arreglarlo todo.

Me acerqué más a Valeria, bajé mi cabeza hasta su oído, y le hablé con una voz que solo ella podía oír, firme, llena de verdad:—Ella no es nada. Su mirada no significa nada. Su sonrisa es mentira. Y hoy, delante de todos, voy a demostrarte que no solo no le pertenezco... sino que le voy a decir al mundo entero que me avergüenzo de haberla conocido, de haber estado con ella, de haber sido tan ciego de elegirla a ella teniéndote a ti.-

Me separé un poco, miré a Isabella directamente a los ojos, con toda la frialdad y el desprecio que fui capaz de sacar de mi interior, y le di la espalda delante de todos, dándole mi total abandono. Tomé a Valeria del brazo, con fuerza, con posesión, con amor, y entramos juntos a la sala de conferencias.El lugar estaba lleno. Cientos de personas, cámaras por todas partes, luces que nos cegaban. Subimos al estrado. Valeria se sentó en el centro, seria, imponente, la verdadera dueña de todo. Yo me puse de pie a su lado, como su guardaespaldas, como su perro fiel. Y entonces, habló.Contó su historia con una claridad y una fuerza que dejaron a todos boquiabiertos. Contó cómo había vivido encerrada, cómo le habían robado, cómo Isabella había intentado destruirla, cómo yo... cómo yo había sido su peor verdugo. Y cuando terminó, todos los ojos se volvieron hacia mí.Respiré hondo, miré a Valeria una sola vez, buscando su fuerza, su perdón, su amor... y hablé. Hablé fuerte, claro, sin reservas, sin orgullo, sin nada más que la verdad desnuda.

—Todos ustedes me conocen como Dante Moretti: un hombre de negocios, frío, arrogante, poderoso. Pero hoy tengo que confesarles quién soy realmente: soy el mayor estúpido que ha existido jamás-.Un murmullo recorrió la sala. Seguí, con la voz firme, mirando a las cámaras, sabiendo que Isabella estaba escuchando, sabiendo que ella estaba furiosa, muriéndose de rabia.

—Durante tres años, tuve al lado de la mujer más valiosa, más inteligente, más leal y más buena que existe. Y la desprecié. La ignoré. La hice sufrir. Y ¿por qué? Porque me dejé cegar por mentiras, por manipulaciones, por una mujer que solo quería mi dinero, mi apellido y mi poder. Isabella Rossi me usó. Me llenó la cabeza de mentiras sobre mi esposa, me convenció de que ella no valía nada, de que era una estorbo, una carga. Y yo... yo se lo creí. Yo la seguí como un perro, yo le di todo lo que me pedía, yo estuve en su cama, yo le di mi tiempo, mi cariño, mi confianza... mientras mi verdadera mujer lloraba sola en una habitación grande y vacía, esperando por un hombre que no merecía ni su sombra.-Hice una pausa, y sentí cómo las lágrimas brotaban de mis ojos, lágrimas de culpa, de dolor, de amor.—Isabella Rossi dijo mentiras sobre mi esposa. Dijo que ella era una estafadora, que robó documentos, que no tiene derecho a nada. Y hoy, aquí, delante de Dios y de todo el país, les digo la verdad: Isabella es la ladrona. Ella es la estafadora. Ella es la mentira hecha mujer. Y yo fui el idiota que se dejó engañar por sus piernas, por su cuerpo, por sus palabras dulces y vacías.-Giré la cabeza y miré directamente a la cámara más cercana, sabiendo que ella estaría viéndolo, sabiendo que cada palabra era un golpe directo a su orgullo, a su vanidad, a todo lo que ella creía que teníamos.

—Todo lo que tuvimos, Isabella, fue falso. Fue solo sexo, fue solo conveniencia. Nunca hubo amor. Nunca hubo respeto. Nunca fuiste nada para mí más que un error enorme, del que me arrepentiré el resto de mi vida. Y ahora... ahora lo tengo claro. Ahora sé quién es la única mujer que me importa, la única mujer que vale la pena, la única dueña de mi corazón, de mi vida y de todo lo que soy.-Me giré hacia Valeria, bajé la cabeza, y delante de todo el mundo, delante de las cámaras, delante de todos esos ojos que antes me temían y ahora me veían arrodillado... tomé su mano y la besé con devoción infinita.—Ella es mi dueña. Ella es mi reina. Ella es mi vida. Y si tengo que pasar el resto de mis días pidiéndole perdón, adorándola, demostrándole que ahora soy suyo, solo suyo... lo haré. Porque al lado de ella soy un hombre. Y al lado de Isabella... solo fui un juguete roto.-El aplauso fue atronador. La gente gritaba, preguntaba, se levantaba. Pero yo no veía nada más que a ella. Valeria me miraba con los ojos brillantes, con una mezcla de orgullo, de amor, de deseo. Y supe que lo había hecho bien. Supe que había matado cualquier duda, cualquier rastro de celos, cualquier recuerdo de Isabella que pudiera quedar.

Salimos de la sala entre empujones, seguridad, periodistas gritando. Caminábamos rápido hacia el coche, ella delante, yo detrás, protegiéndola. Y justo cuando íbamos a subir, la vi de nuevo. Isabella estaba allí, al final del pasillo, pálida, furiosa, con la cara descompuesta por la rabia, mirándome con un odio que me heló la sangre. Y entonces, hizo algo que nadie esperaba. Corrió hacia nosotros, esquivando a los guardias, y gritó con todas sus fuerzas, para que todos oyeran:—¡MENTIRA! ¡Todo es mentira! ¡Tú me querías a mí! ¡Tú me decías que me amabas! ¡Tú venías a mi cama todas las semanas! ¡Tú me decías que ella no te hacía sentir nada, que era fría, que era aburrida! ¡Me lo juraste, Dante! ¡Me juraste que ella nunca te había hecho sentir lo que yo te hacía sentir!-

Se hizo un silencio sepulcral. Todos nos miraban. Yo sentí cómo Valeria se tensaba a mi lado, cómo me miraba esperando mi respuesta, esperando que negara, esperando que defendiera nuestro honor. Isabella sonrió entonces, una sonrisa malvada, triunfal, creyendo que me había ganado, creyendo que esas palabras eran verdad, creyendo que me había humillado delante de todos.Y entonces, me giré hacia ella, me acerqué un paso, y le hablé con voz baja, cargada de todo el desprecio del mundo, lo suficientemente alto para que todos escucharan:—Tienes razón en algo, Isabella. Contigo... todo era pasión, fuego, deseo... pero vacío. Contigo, solo usaba mi cuerpo. Pero con ella... con ella uso mi alma. Y te aseguro... que lo que ella me hace sentir, lo que ella me da, lo que somos juntos... es mil veces más grande, más profundo y más intenso que cualquier cosa vulgar que tuviera contigo.-

Me di la vuelta, tomé a Valeria de la mano, subimos al coche, y nos fuimos, dejando a Isabella parada en medio de la calle, destrozada, vencida, olvidada.Durante el camino de regreso a la mansión, no dijimos ni una palabra. Pero en cuanto las puertas del coche se cerraron y estuvimos solos, ella se giró hacia mí, y sus ojos brillaban con una luz que nunca había visto antes. Una luz de deseo, de hambre, de victoria.—Lo dijiste —susurró ella, acercándose mucho a mí, tan cerca que su aliento me quemaba los labios—. Dijiste que lo nuestro es más intenso. Que es con el alma. ¿Es verdad, Dante? ¿Es realmente mil veces mejor?-

La miré, y sentí que me estallaba el pecho de amor y deseo.—Es la verdad. Y si me dejas... te lo demostraré. Te lo demostraré ahora, te lo demostraré toda la noche, te lo demostraré hasta que no puedas más. Te haré sentir todo lo que me haces sentir a mí. Y te aseguro, mi vida... que lo que viene ahora... no tiene nada que ver con el pasado.-

Ella sonrió, esa sonrisa que me volvía loco, y por primera vez, no se apartó. Por primera vez, no me puso barreras. Por primera vez, acercó su cara a la mía, y sus labios rozaron los míos en un roce suave, dulce, cargado de todo lo que habíamos esperado, de todo lo que habíamos sufrido, de todo lo que por fin iba a ser nuestro.—Lleguemos a casa —me dijo con voz ronca, llena de promesas—. Y entonces... Dante Moretti... entonces vas a tener que cumplir cada una de esas palabras. Y te advierto... voy a exigirte que sea mil veces mejor.-El coche aceleró, dejando atrás la ciudad, dejando atrás el pasado, dejando atrás a Isabella y sus mentiras. Y yo, sentado al lado de la mujer que amaba, sabía que la verdadera batalla ya estaba ganada. Y sabía también... que esta noche, por fin, las reglas cambiarían para siempre.

1
Laura Panama
así me gusta que se defienda no que se umille
Maria natalia Jauregui ramirez
Si
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play