NovelToon NovelToon
Lazos De Sangre Y Luna

Lazos De Sangre Y Luna

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Vampiro / Yuri
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Bella Swan, una omega humana con un aroma que vuelve locos a vampiros y lobos, descubre que su destino no es el Edward Cullen que conocemos, sino Alice, una vampira alfa que la ha visto en sus visiones durante décadas. Edward, por su parte, encuentra en Jacob Black (un lobo omega rebelde) una pareja que desafía todas las reglas del universo sobrenatural.

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: Recuerdo

Mansión Cullen – 7:00 a.m.

Bella estaba en la cocina, bebiendo un vaso de agua con las manos temblando. Su cuerpo dolía de una manera agradable, una memoria del placer que había compartido con Alice. Cada músculo, cada centímetro de piel, recordaba el tacto de Alice, el calor de su miembro, la forma en que se había movido dentro de ella, reclamándola. Se sentía completa. Y aterrada.

La puerta de la cocina se abrió y Alice entró. Llevaba puesta una bata de seda negra y el pelo todavía húmedo por la ducha. Sonrió al ver a Bella, una sonrisa suave, privada, que solo era para ella.

—No puedes dormir mi reina—murmuró Alice, con la voz baja y rasposa—. Tu olor… está por toda la casa. Es como si me llamara.

Bella dejó escapar un suspiro tembloroso.

—Mi cuerpo no se apaga —admitió, con la voz apenas firme—. Sigue… ardiendo por dentro

—Es el nexo —dijo Alice, acercándose y tomando la mano de Bella—. El eclipse nos ha conectado a todos. A ti y a mí. A Edward y a Jacob. Incluso a Rosalie y a Leah, aunque ellas no lo admitan.

Bella sintió un tirón en el pecho.

No era dolor. Era algo más… profundo. Como si un hilo invisible tirara de ella desde dentro, conectándola con alguien más. Alguien cálido. Salvaje. Con ese inconfundible olor a bosque húmedo después de la lluvia.

—Jacob… —susurró, y sus ojos se abrieron de golpe—. Puedo sentir a Jacob.

Alice no pareció sorprendida.

—Sí —murmuró, con la voz baja y profunda—. Y él también te siente a ti… a mí… a Edward. Todo está mezclado ahora. Es un caos de emociones… y de instintos.

Bella tragó saliva, abrumada por la intensidad de esa conexión.

—¿Qué significa? —preguntó, con la voz temblorosa—. ¿Qué nos está pasando?

Alice la miró fijo, sin suavizar la verdad.—Significa que estamos atados —dijo con calma, pero con firmeza—. Lo que pasó anoche no se quedó solo en Jacob. Cuando Edward lo marcó… algo se abrió entre todos nosotros.

Bella sintió cómo el pecho le latía más rápido.—¿Un vínculo…?

—Más que eso —corrigió Alice, acercándose apenas—. Es como si ahora formáramos parte del mismo pulso. De la misma… red.

Hubo un silencio breve, lleno de tensión..

—Somos un paquete —añadió al final, en voz más baja—. Uno complicado, intenso… imposible de ignorar.

Bella no respondió. Se acercó a Alice y escondió el rostro en su cuello, respirando hondo, aferrándose a ese aroma cálido que siempre la desarmaba. Su cuerpo reaccionó al instante, como si no necesitara permiso.

—Alice… —murmuró, con la voz quebrada—. Por favor… quédate conmigo.Quiero hacer el amor contigo

Alice cerró los ojos un segundo, conteniendo algo que no era solo deseo.

—Shhh —dijo Alice, y su voz era un susurro bajo y ronco—. Ya lo hemos hecho hace unas horas Necesitamos descansar. Necesitamos pensarcon la cabeza fría.

Bella negó suavemente, aferrándose más a ella.

—No quiero pensar —suplicó Bella, y sus manos se enredaron en el pelo de Alice—. Quiero sentir. Quiero sentirte de nuevo.

El suspiro de Alice fue bajo, rendido, cargado de una ternura que no sabía esconder.

—Eres imposible, Bella Swan.

Bella sonrió apenas contra su piel.

—Tú me hiciste así.

Alice no respondió con palabras.

La besó.

Fue un beso lento, profundo, sin prisa. No buscaba urgencia, sino quedarse. Decir lo que ninguna de las dos sabía poner en voz alta.

No era solo deseo.

Era promesa.

Era algo que, de una forma u otra, ya no podían deshacer.

—Volvamos a la cama —dijo Alice, y su voz era un susurro bajo y ronco—. Pero esta vez, solo para dormir. Prometido.

Bella asintió, pero sabía que era una mentira. Sabía que la noche no había terminado. Sabía que el eclipse había cambiado todo, y que nada volvería a ser como antes.

ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ

Mansión Cullen – 8:00 a.m.

Edward y Jacob entraron en la mansión con el pelo revuelto y la ropa marcada por la noche: barro seco, hojas atrapadas en las costuras y ese olor inconfundible a bosque que los seguía como una sombra. La tensión entre ellos todavía flotaba en el aire.

Emmett, recostado en el sofá mientras veía un documental de tiburones, levantó la mirada con una sonrisa divertida.

—Vaya, miren quiénes volvieron… ¿salieron de cacería o fue algo más interesante?

Edward ni siquiera se detuvo.

—Déjalo, Emmett —gruñó, con la paciencia claramente agotada—. No estoy para tus bromas.

Emmett alzó una ceja, claramente entretenido.

—Oh, vamos… esa cara no es de alguien que solo estuvo corriendo por el bosque. ¿El lobo te hizo perder el control, Cullen?

Jacob se tensó al instante, los hombros rígidos, pero Edward apoyó una mano firme en su hombro, conteniéndolo antes de que reaccionara.

—No es asunto tuyo —respondió con frialdad, sin mirarlo siquiera.

El silencio que siguió ya no era solo incómodo.

Era denso.

—Oh, pero claro que lo es —replicó Emmett, sin perder la sonrisa—. Si mi hermano está con un lobo, creo que tengo derecho a opinar.

Edward se detuvo entonces, girándose apenas hacia él. Su expresión ya no era solo molestia… era algo más profundo.

—No es eso —dijo, con la voz baja pero firme—. Es mi pareja. Y te agradecería que lo respetaras.

La ligereza de Emmett vaciló por un segundo. Alzó las manos, como rindiéndose.

—Ey, tranquilo… solo estaba molestando. En serio, me alegro por ustedes.

Edward lo sostuvo con la mirada un instante más. Por un segundo, algo oscuro cruzó por sus ojos, lo suficiente para que Emmett tragara saliva y desviara la vista hacia la televisión, fingiendo interés.

El ambiente quedó cargado.

—Vamos —murmuró Edward después, volviéndose hacia Jacob—. Deberíamos ducharnos… y dormir un poco. Lo necesitamos.

Jacob negó suavemente, todavía aferrado a esa cercanía.

—No quiero dormir —admitió en voz baja—. Solo… quiero quedarme contigo.

Edward suavizó apenas la expresión, acercándose lo justo.

—Tendremos tiempo —prometió—. Para todo. Pero ahora mismo… estamos agotados. El eclipse nos drenó más de lo que crees.

Jacob dudó, sintiendo el peso en su cuerpo, el caos en su mente.

Al final, asintió.

Sabía que tenía razón.

El cansancio le caía encima como una ola, arrastrando consigo todo lo demás. Necesitaba parar… aunque fuera solo por un rato

ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ

Mientras tanto, Rosalie y Leah permanecían en el jardín, sentadas en un banco de mármol frío, cada una sosteniendo una taza de té que ya casi no calentaba sus manos. No se miraban, no se decían nada, pero el silencio entre ellas no era incómodo. Era un silencio lleno de cosas no dichas, de recuerdos recientes, de emociones que aún no sabían cómo nombrar sin romper algo frágil entre ambas.

—Está bien… lo que hicimos en el bosque—dijo Leah finalmente, con la voz baja, algo áspera, como si cada palabra tuviera que abrirse paso a través de sus propias dudas y miedos.

Rosalie apretó ligeramente la taza entre sus dedos antes de responder, evitando mirarla directamente.

—No fue nada… solo fue el momento, el eclipse, el instinto llevándonos a hacer cosas que normalmente no haríamos… cosas que no deberían significar tanto.

Leah negó suavemente con la cabeza, girándose un poco hacia ella, con una mezcla de firmeza y vulnerabilidad reflejada en sus ojos.

—No intentes reducirlo a eso, Rosalie, porque sabes que no fue así… hubo algo más, algo que no desaparece solo porque amanezca.

Rosalie guardó silencio. Sus dedos dejaron la taza a un lado con un leve sonido seco, como si ese pequeño gesto liberara una tensión mayor que llevaba dentro.

—No puedo hacer esto… no puedo permitirme sentir esto contigo, no puedo arriesgarlo todo por algo que no tiene un lugar en nuestro mundo.

Leah la observó con una tristeza tranquila, pero sincera, acercándose un poco más sin invadir, como si temiera que cualquier movimiento brusco pudiera alejarla.

—¿Y por qué no? Dime una razón que realmente importe, no una que uses para protegerte… ¿por qué no podemos intentar ser felices, aunque sea difícil?

Rosalie soltó una pequeña risa sin humor, cargada de cansancio emocional.

—Porque soy lo que soy.… porque tú también lo eres… porque hay reglas, hay historia, hay consecuencias… y porque, si soy honesta, me da miedo sentir algo que no pueda controlar.

Leah no dudó esta vez. Tomó su mano con cuidado, entrelazando los dedos con una suavidad inesperada. El contacto fue cálido, real, casi necesario.

—A mí también me da miedo… pero me da más miedo perder esto sin siquiera haberlo intentado, fingir que no pasó nada cuando claramente pasó todo.

Rosalie levantó la mirada por fin. Sus ojos, normalmente fríos y firmes, mostraban una grieta, una duda, algo más humano que perfecto.

—No digas que me quieres… —murmuró, apenas— porque si lo haces, ya no habrá forma de ignorarlo después, y dolerá mucho más cuando todo se rompa.

Leah apretó suavemente su mano, sin soltarla, sosteniendo ese momento como si fuera algo valioso.

—Va a doler igual, Rosalie… pero al menos sabré que fui honesta contigo, que no me guardé lo que sentía por miedo.

Rosalie la miró un segundo más… y luego cerró la distancia.

El beso no fue urgente ni desesperado. Fue lento, contenido, casi cuidadoso. Un beso que no buscaba encender fuego, sino aceptar que ya estaba ardiendo desde antes.

—Te quiero… —susurró Leah contra sus labios, sin esconderlo, sin suavizarlo, dejando que esas palabras existieran tal como eran.

Rosalie cerró los ojos un instante, como si al hacerlo pudiera aceptar lo que tanto había intentado negar.

—Yo también te quiero… —respondió en voz baja— aunque no tenga idea de cómo hacer que esto funcione, aunque todo me diga que debería alejarme.

Leah sonrió apenas, con una mezcla de alivio y tristeza.

—Entonces no pensemos en el final todavía… quedémonos en esto, en lo que sentimos ahora.

Rosalie apoyó su frente contra la de ella, respirando con más calma por primera vez en mucho tiempo.

Y por un instante, el mundo dejó de ser complicado.

No había vampiros ni lobos.

No había reglas ni miedo.

Solo dos personas… tratando de entender lo que sentían, aunque no supieran qué hacer con ello después.

Continuará 🔥

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play