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Dónde Caen Las Estrellas

Dónde Caen Las Estrellas

Status: En proceso
Genre:Mitos y leyendas / Secuestro y encarcelamiento / Romance / Aventura
Popularitas:219
Nilai: 5
nombre de autor: Beatriz zafra

Rose Walker jamás imaginó que un viaje cambiaría su vida para siempre. Reconocida como una joven guionista en ascenso en California, su sueño finalmente se estaba haciendo realidad cuando fue invitada a Singapur para participar en el rodaje de la película que había escrito durante años. Todo parecía perfecto: el éxito, el reconocimiento y la oportunidad que siempre había esperado. Pero el destino tenía otros planes.

Durante el vuelo, una violenta tormenta provoca un accidente aéreo que termina con el avión estrellándose en una isla desconocida perdida en medio del océano. Rose despierta sola entre restos del avión, rodeada únicamente por selva, montañas y un silencio aterrador. Sin experiencia sobreviviendo lejos de la civilización, deberá aprender a luchar contra el hambre, el miedo y la desesperación mientras intenta mantenerse con vida.

Sin embargo, la isla no está desierta.

Mientras explora el lugar buscando agua y comida, Rose descubre algo imposible: una antigua civilización e

NovelToon tiene autorización de Beatriz zafra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

El hombre me observó fijamente después de decir aquella palabra incomprensible.

Yo parpadeé varias veces intentando procesarlo.

Luego fruncí el ceño.

—…¿Qué?

Silencio.

Él siguió mirándome igual de serio.

Yo solté una pequeña risa nerviosa.

—No entendí ni una mierda… necesito un traductor.

Obviamente nadie entendió lo que acababa de decir, pero algunas personas alrededor comenzaron a murmurar igualmente mientras seguían observándome como si fuera algo extraño.

Y supongo que lo era.

Allí, rodeada por aquella tribu, me sentía ridículamente pequeña.

Todos eran altos.

Demasiado altos.

Las mujeres me sacaban fácilmente una cabeza y los hombres parecían gigantes. Yo apenas medía un metro cincuenta y cinco, y en medio de ellos me veía diminuta y frágil.

Podía sentir sus miradas recorriéndome constantemente.

Mi piel clara.

Mi cabello castaño claro casi rubio bajo la luz del sol.

Mis ojos verdes.

Era completamente diferente a ellos.

Como si perteneciera a otro mundo.

Dos hombres me sujetaron nuevamente y comenzaron a llevarme hacia el centro de la aldea.

—¡Eh! ¡¿A dónde me llevan?! —protesté intentando soltarme.

No sirvió de nada.

Terminaron amarrándome con cuerdas ásperas contra un árbol viejo y seco situado cerca de una gran fogata.

Perfecto.

Simplemente perfecto.

Suspiré frustrada mientras intentaba mover las muñecas.

Toda la tribu seguía observándome.

Algunos niños se escondían detrás de las mujeres mayores para mirarme con curiosidad. Varias chicas jóvenes murmuraban entre ellas sin apartar los ojos de mí.

Sentía que estaba siendo exhibida.

—Creo que aquí hay un malentendido… —murmuré cansada.

El líder seguía frente a mí.

Aunque todavía no lo conocía bien.

Él me observaba en silencio con esa intensidad incómoda que hacía imposible apartar la mirada.

Entonces ocurrió algo extraño.

Se acercó lentamente.

Demasiado.

Mi respiración se detuvo cuando inclinó ligeramente la cabeza hacia mi cuello.

Y me olió.

Literalmente.

Mis ojos se abrieron de golpe.

—¿Qué demonios…?

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

El líder parecía completamente tranquilo mientras inhalaba suavemente cerca de mi piel, como si intentara reconocer mi aroma.

Yo estaba demasiado nerviosa para moverme.

El corazón me golpeaba el pecho violentamente.

Cuando finalmente se apartó, sus ojos dorados seguían clavados en mí.

Luego habló otra vez.

—Kai.

Parpadeé confundida.

Se señaló a sí mismo.

—Kai.

Ah.

Era su nombre.

—Rose… —respondí señalándome el pecho.

Él observó mi gesto atentamente.

—Rous.

Pronunció mi nombre de forma extraña, con un acento diferente.

Y no sé por qué, pero escuchar mi nombre salir de su voz grave hizo que me pusiera aún más nerviosa.

Kai se giró hacia la tribu y comenzó a hablar en aquel idioma desconocido.

Su tono sonaba firme.

Autoritario.

La gente empezó a murmurar inmediatamente.

Algunas mujeres parecían sorprendidas.

Otras… molestas.

Yo seguía sin entender absolutamente nada.

—Genial, seguro están decidiendo si me sacrifican o algo así —murmuré.

Entonces la chica del río se acercó lentamente hacia mí.

Ahora podía verla mejor.

Era bastante más alta que yo, con ojos oscuros y una expresión curiosa. Me observó durante unos segundos antes de hablar… y lo que escuché hizo que casi dejara de respirar.

—Tú… entiendes… poco.

Mis ojos se abrieron.

—¿Hablas inglés?

Ella negó lentamente.

—Aprendí… palabras… antiguas.

Casi lloro de felicidad.

—¡Oh, gracias al cielo! —exclamé—. ¿Qué está pasando? ¿Por qué me amarraron?

La chica dudó unos segundos antes de responder.

—Kai… líder.

Asentí rápidamente.

Eso ya lo había notado.

Ella señaló a Kai mientras intentaba buscar las palabras correctas.

—Kai… te reclama.

Fruncí el ceño confundida.

—¿Qué significa eso?

La chica volvió a mirarme.

—Compañera.

Parpadeé.

—…¿Qué?

—Kai te reclama como pareja.

Mi cerebro dejó de funcionar durante unos segundos.

La observé completamente inmóvil esperando que se riera o dijera que era una broma.

No lo hizo.

—Espera… espera… no. No entendiste bien. Yo ni siquiera conozco a ese hombre.

Ella negó lentamente.

—No es broma.

Sentí que el alma abandonaba mi cuerpo.

Giré lentamente la cabeza hacia Kai, que seguía hablando tranquilamente con varios hombres de la tribu como si no acabara de arruinarme la existencia.

—¿QUÉ?

Varias personas se sobresaltaron por mi grito.

La chica me miró con algo parecido a compasión.

—Kai interesado en ti. Muy interesado.

—¡Pero si apenas llevamos diez minutos en el mismo lugar!

Ella simplemente encogió los hombros.

Como si aquello fuera totalmente normal.

Miré alrededor desesperadamente buscando a alguien más sensato.

Entonces noté algo.

Las chicas jóvenes de la tribu me estaban mirando.

Y definitivamente no de forma amistosa.

Algunas cuchicheaban entre ellas mientras me observaban con evidente molestia. Otras directamente parecían furiosas.

Una incluso me lanzó una mirada que daba miedo.

—¿Por qué me miran así? —pregunté nerviosa.

La chica suspiró.

—Muchas quieren ser elegidas por Kai.

Oh no.

No, no, no.

Volví a mirar al supuesto líder.

Alto.

Peligroso.

Con ojos dorados imposibles.

Y aparentemente convencido de que yo iba a convertirme en su compañera de vida después de olerme el cuello como un maldito animal salvaje.

Esto tenía que ser una pesadilla.

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