Tras despertar en el cuerpo de la villana condenada a muerte de su novela favorita, una mujer de la época moderna tiene una sola misión: ¡Sobrevivir! Para lograrlo, debe alejarse del imponente Héroe, el hombre destinado a matarla por amor a la protagonista original. Sin embargo, el destino tiene otros planes. Cada intento de huida termina en un encuentro desastroso que ella interpreta como una sentencia de muerte, mientras que él... empieza a ver en la "villana" algo que nunca esperó: un corazón que lo cautiva. Ella corre por su vida, pero él ya ha empezado la cacería... por su amor.
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Capitulo 4: Gravedad: 1, Isabella 0
El eco de un golpe seco contra el mármol pulido resonó en las cuatro paredes de la alcoba. Isabella, primogénita del ducado Monfort y profesional del caos en su vida pasada y presente, se encuentra ahora mismo en una relación íntima y no deseada con el suelo.
Había dado tantas vueltas sobre su propio eje, hablando en voz alta de su desgracia, que el equilibrio decidió abandonarla a su suerte. No es la primera vez. De hecho, el suelo parece haberse convertido en su mejor amigo desde que reencarnó. Se quedó allí, con la mejilla apretada contra la superficie fría, respirando el aroma a cera para muebles y resignación.
__A este paso, el suelo va a pedirme matrimonio antes que cualquier noble de este imperio__. Murmuró Isabella hacia el suelo.
__Al menos él es estable y siempre está ahí para sostenerme cuando caigo. Literalmente__. Hace apenas siete días que Isabella ha despertado en este cuerpo, descubriendo que la "novela de romance fantástico" que leyó antes de morir no es ficción, sino su nueva y aterradora realidad.
Se tomó la orden de reposo del médico como un mandato divino. Se dedicó con una devoción casi religiosa a las cuatro actividades sagradas: comer hasta el cansancio, dormir como si no hubiera un mañana, leer sobre la geografía de este mundo para planear una huida (fallida) si la necesita y, por supuesto, su actividad favorita: molestar a Elena, su "encantadora" hermana menor. Pero el tiempo, ese villano invisible, le ha jugado una mala pasada.
__¡Me voy a morir otra vez!__. Exclamó de pronto, incorporándose a medias mientras se sienta en el suelo con el cabello hecho un desastre.
__Me voy a morir de vergüenza o ejecutada por el guion. Lo que pase primero. ¡Maldita sea mi memoria de pez!__. Se llevó las manos a la cabeza. El baile de presentación de señoritas. La "venta de ganado noble", como ella prefiere llamarlo. El evento donde Isabella, la villana patética de la historia original, es humillada públicamente. En el libro, Isabella es la burla de la temporada por haber sido abandonada por su prometido, el Duque de Castilla, quien la cambió por la dulce y "pura" Elena justo el día que debía celebrarse su compromiso.
__Diecinueve años...__. Gimió Isabella, golpeando el suelo con el puño y lastimandose en el proceso, pero ignoró el dolor.
__En mi mundo a los diecinueve apenas estás aprendiendo a no quemar el agua cuando cocinas y a distinguir entre un impuesto y un insulto. ¡Soy un bebé! Pero aquí, según estos retrógrados, ya debería tener tres hijos, un jardín de rosas y la capacidad de bordar pañuelos mientras sonrío falsamente. A ojos de esta sociedad, soy una solterona, una mercancía dañada, el "paquete vencido" de la tienda del Ducado__. La verborrea no se detiene.
La mente de Isabella trabaja a mil por hora, mezclando conceptos de su vida moderna con la terminología medieval de la novela. Su personalidad caótica es un mecanismo de defensa contra el terror absoluto de saber que, en el clímax de la historia, el "héroe" de la novela (un príncipe con tendencias psicópatas y un complejo de protección hacia Elena) la decapitara por ser un obstáculo en el camino de su amada.
__Y ahora tengo que ir al Palacio Imperial. El nido de la víbora. El cuartel general del villano con complejo de héroe. Si pongo un pie ahí sin haberme preparado, sin un plan de escape, sin siquiera haber practicado mi reverencia... ¡estoy frita! Soy como un pollo entrando voluntariamente al horno de leña diciendo: "¡Hola, pónganme un poco de romero!" y salsa picante__. El pánico la hizo levantarse de un salto, pero un mareo residual la obligó a tambalearse hacia su tocador. Se miró al espejo. La Isabella original es hermosa, de una belleza afilada y elegante, pero la Isabella actual tiene ojeras de trasnochar leyendo novelas de caballería y una expresión de "acabo de ver un fantasma".
__Isabella, contrólate__. Se dijo a sí misma, señalando su reflejo con un dedo acusador.
__Eres una mujer del siglo veintiuno atrapada en un cuerpo de diecinueve. Tienes el conocimiento del futuro. ¡Puedes hacerlo! Solo tienes que... no sé, ¿fingir un desmayo masivo? ¿Darle laxante al villano? No, eso último es muy extremo__. Un golpe firme en la puerta interrumpió su monólogo interno.
__¡Señorita Isabella!__. La voz de Taylor, su doncella personal, suena cargada de una urgencia que raya en la histeria.
__El Duque y la Duquesa ya están subiendo a los carruajes. El joven amo ya ha montado su caballo. ¡Solo falta usted! Si no bajamos en cinco minutos, su padre vendrá personalmente a buscarla y sabe que odia la impuntualidad__. Isabella sintió que el corazón se le cayo a los pies. La capital esta a un viaje de varias horas, y el Palacio Imperial la espera con sus bailes, sus chismes y sus hachas de ejecución disfrazadas de protocolos sociales.
__¡Ya voy, Taylor! ¡Solo estaba... dándole un último adiós a mi habitación por si no vuelvo con la cabeza pegada al cuello!__. Gritó mientras busca frenéticamente sus guantes.
Se ajustó el vestido con manos temblorosas. Al menos, la logística de la partida le da un respiro. Gracias a que la relación entre las hermanas es, según los rumores, "tensa" (lo cual es un eufemismo para describir que Isabella quiere lanzarle cualquier cosa a Elena cada vez que la ve), el protocolo dicta carruajes separados.
Isabella salió disparada de la habitación, casi tropezando con el borde de la alfombra. Bajó las escaleras de la mansión ducal como si la persiguiera el mismo diablo, o peor aún, el emperador pidiéndole explicaciones.
En el patio principal, el despliegue es digno de la alta nobleza. El primer carruaje, el más opulento, ya contiene a sus padres. El Duque Monfort, un hombre de rostro severo y pocas palabras, y la Duquesa, una mujer dulce y con un corazón invaluable. Isabella sabe que ellos quieren privacidad en el viaje, probablemente para discutir cómo minimizar el daño de tener una hija "solterona" y "rechazada" en el evento más importante del año. El segundo carruaje, adornado con flores blancas y listones de seda, pertenece a Elena. Isabella pudo ver la silueta de su hermana a través de la ventanilla, luciendo tan perfecta y pura que dan ganas de estornudarle arriba.
__Ahí va la "Rosa del Imperio"__. Masculló Isabella entre dientes.
__Y aquí voy yo, el "Cisne estrellado del Ducado"__. Su hermano mayor, Maikel, ya esta sobre su semental negro, liderando la escolta. Le lanzó a Isabella una mirada de advertencia, pero ella se limitó a sacarle la lengua cuando él se dio la vuelta. No puede evitarlo; si va a ser la villana, al menos será una villana inmadura. Finalmente, Isabella llegó a su propio carruaje. Es elegante, pero menos ostentoso que el de sus padres. Taylor ya la espera con la puerta abierta, luciendo tan estresada que parece haber envejecido diez años en diez minutos.
__Suba, señorita, por favor__. Suplicó la doncella.
Isabella trepó al carruaje, dejándose caer pesadamente en el asiento acolchado. Martha subió tras ella y cerró la puerta. El silencio relativo del interior del vehículo fue un bálsamo para los nervios de Isabella, aunque el suave balanceo cuando el carruaje comenzó a moverse le recordó que el inicio de su juicio final esta en marcha.
__Taylor__. Dijo Isabella, mirando por la ventana cómo los jardines del ducado se alejan.
__¿Sí, milady?__?
__Si en el baile alguien me ofrece una bebida con un color extraño, ¿me permites tirársela encima "accidentalmente"?__?
__Señorita, por favor, compórtese__. Suspiró la doncella, sacando un abanico para refrescar a su ama.
__Es un baile de presentación. Su futuro depende de esto__.
__Exacto. Mi futuro depende de no casarme con un loco y de no terminar en la guillotina. El resto es secundario__. Isabella se recostó contra el respaldo, cerrando los ojos mientras el traqueteo de las ruedas sobre el camino de piedra marca el ritmo de su ansiedad. La capital imperial la espera. El héroe villano la espera. La humillación social la espera.
__Bueno__. Susurró para sí misma con una sonrisa torcida que no llegó a sus ojos.
__Si el guion quiere drama, le voy a dar una obra completa. Pero a mi manera. Porque si voy a caer, me aseguraré de que el suelo sea lo suficientemente cómodo para quedarme ahí un buen rato__. El carruaje avanzó hacia el horizonte, llevando consigo a una joven que no pertenece a ese mundo, a una solterona de diecinueve años con el espíritu de una rebelde y una capacidad asombrosa para tropezar incluso estando sentada. El juego de la reencarnación acaba de empezar de verdad, y la capital no esta lista para el caos que Isabella Monfort esta a punto de desatar.