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Mi Amor El Guachimán

Mi Amor El Guachimán

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Malentendidos / Romance / Completas
Popularitas:720
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

“Mi amor: El guachimán” es una historia de amor intensa entre un humilde guachimán (guardia de seguridad) y una joven millonaria que vive rodeada de lujos pero se siente vacía y sola.
A pesar de venir de mundos totalmente distintos, ambos se enamoran profundamente. Sin embargo, la madre de la chica se opone a la relación y hace todo lo posible para separarlos, creyendo que él no es digno de su hija.
Con el tiempo, el amor entre ellos se vuelve más fuerte y deciden luchar por estar juntos. Cuando finalmente llega el día de su boda, todo cambia drásticamente: ocurre un ataque inesperado y la chica termina herida al protegerlo a él, lo que provoca que pierda la memoria.
Desde ese momento, ella ya no lo recuerda. Él, roto por el dolor pero lleno de amor, hace todo lo posible por ayudarla a recuperar sus recuerdos y volver a enamorarla, demostrando que su amor puede resistir incluso la tragedia y el olvido.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: El primer día y la prueba más dura

Ese era mi primer día de trabajo en Barranquilla, mi llave. Después de todo lo que había pasado, después de perder a mi papá, a Mariana, y de llegar con mi familia sin nada, por fin tenía una oportunidad. No era el trabajo de mis sueños, pero era honrado. Era de guachimán, cuidando una zona donde iban a hacer una fiesta importante.

Yo estaba nervioso, pero también decidido. Me puse el uniforme, me acomodé bien y me dije a mí mismo: “Gregorio, aquí tienes que hacer las cosas bien, sin miedo, sin errores”.

El lugar era elegante, diferente a lo que yo estaba acostumbrado en Santa Marta. Había luces, carros caros llegando, música suave de fondo y gente bien vestida entrando a un evento privado. Yo estaba en la entrada principal, cuidando que todo estuviera en orden.

Al principio todo iba tranquilo.

La gente entraba mostrando sus nombres en una lista. Yo revisaba, saludaba con respeto, todo normal. Pero de un momento a otro, llegó un hombre que me llamó la atención.

Era un tipo elegante, bien vestido, con ropa costosa, relojes brillantes y una actitud de poder. Caminaba como si el lugar fuera de él. Pero lo raro fue que no se acercó a la lista de invitados.

Simplemente pasó.

Yo lo miré de inmediato y le dije:

—Buenas, señor, un momento por favor.

Él me miró de arriba abajo como si yo no fuera nadie importante.

—¿Qué pasa? —me dijo seco.

—Necesito verificar su nombre en la lista de invitados —le respondí con respeto pero firme.

El hombre se detuvo, suspiró como molesto y siguió caminando hacia la entrada sin hacer caso.

Yo lo seguí.

—Señor, sin registro no puede entrar —le dije ya más serio.

Él se volteó de golpe.

—Yo no necesito registro para entrar aquí —me respondió con arrogancia.

Yo sentí la presión del trabajo, porque sabía que si dejaba entrar a alguien sin autorización podía tener problemas.

—Lo siento, señor, pero son normas del evento —le dije manteniéndome firme.

El hombre se acercó a la mesa donde estaba la lista. Empezó a buscar un nombre.

—Gerson Alarcón —dijo él mismo.

El encargado revisó la lista… y no estaba.

Yo lo vi claro.

—Señor, su nombre no aparece, no puede ingresar.

Ahí fue cuando todo se tensó.

El hombre cambió la cara.

—¿Cómo así que no aparezco? —dijo molesto.

—No está en la lista, señor —le repetí.

Sin decir nada más, el hombre se metió directamente hacia adentro.

Yo reaccioné rápido.

—¡Señor, deténgase! —le grité mientras lo seguía.

En ese momento sentí que mi trabajo dependía de lo que hiciera.

Entramos a una zona más privada del evento. Había música, gente bailando, luces, todo muy elegante. Pero yo no podía dejar que él entrara sin permiso.

—Señor, usted no puede estar aquí —le dije alcanzándolo.

Él se volteó de nuevo, esta vez más agresivo.

—Tú no sabes con quién estás hablando —me dijo acercándose.

—No importa quién sea, tiene que respetar las normas —le respondí, aunque por dentro sentía tensión.

La gente alrededor empezó a mirar.

El ambiente se puso pesado.

El hombre se acercó más a mí.

—¿Tú crees que me vas a sacar a mí de aquí? —me dijo en voz baja.

Yo mantuve la calma.

—Señor, por favor, no quiero problemas. Solo necesito que salga o que se identifique.

En ese momento todo cambió.

El hombre metió la mano en su chaqueta.

Yo me quedé en alerta.

De repente, sacó un arma.

Mi corazón se aceleró de inmediato.

El tiempo se sintió lento.

La música seguía de fondo, pero para mí todo se silenció.

El hombre me apuntó directamente.

—No te metas en lo que no te importa —me dijo frío.

Yo me quedé quieto.

No me moví.

No por miedo solamente, sino porque sabía que cualquier movimiento podía terminar mal.

Yo levanté las manos despacio.

—Tranquilo… tranquilo, señor… no quiero problemas —le dije con la voz calmada.

Mi mente estaba en blanco, pero también pensaba en mi mamá, en mi hermana, en todo lo que había pasado para llegar hasta aquí. No podía morir así.

La gente empezó a gritar alrededor, algunos se alejaban, otros se escondían.

Yo seguía mirándolo fijo.

—Solo baje el arma, por favor —le dije con calma.

El hombre respiraba fuerte, nervioso, como si estuviera fuera de control.

Yo sabía que no era el momento de ser héroe.

Así que tomé la decisión más importante de ese momento.

—Está bien… está bien, puede pasar —le dije lentamente, sin hacer movimientos bruscos.

El hombre me miró unos segundos más.

Luego bajó el arma lentamente, pero no la guardó del todo.

Pasó a mi lado sin decir nada.

Yo me quedé quieto, respirando profundo, con el corazón a mil.

Sentí como si me hubiera salvado de milagro.

Después de que él se alejó, el lugar quedó en silencio por unos segundos. Los demás trabajadores me miraban sin entender lo que acababa de pasar.

Yo seguía temblando un poco, pero tenía que mantener la calma.

Mi supervisor llegó corriendo.

—¿Qué pasó aquí? —me preguntó preocupado.

Yo respiré profundo.

—Un hombre intentó entrar sin autorización… y se puso agresivo —le dije.

Él miró hacia donde había ido el hombre.

—Ese tipo es peligroso… hiciste bien en no empeorar la situación —me dijo.

Yo asentí, pero por dentro todavía estaba procesando todo.

Ese fue mi primer día de trabajo en Barranquilla.

Un día que empezó con esperanza… y terminó con una prueba de vida o muerte.

Esa noche, cuando volví a la casa donde estaba mi familia, me senté en silencio un rato largo.

Mi mamá me miró preocupada.

—¿Cómo te fue, Gregorio? —me preguntó.

Yo la miré y respiré profundo.

—Fue un día duro… pero sigo aquí, mami.

Y en ese momento entendí algo claro:

la vida no se trata solo de sobrevivir… sino de aprender a mantenerse firme cuando todo se pone peligroso.

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