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Salvando Al Heredero

Salvando Al Heredero

Status: Terminada
Genre:Romance / Padre soltero / Hijo/a genio / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:289.1k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Lobelia

​Liam Volkov es un CEO implacable que cree que el dinero puede comprarlo todo, excepto la salud de su único heredero, el pequeño Ian, quien padece una enfermedad cardíaca degenerativa. Desesperado y tras haber despedido a diez especialistas, se cruza con la Dra. Elena Ríos, una cardióloga brillante, extrovertida y sin filtros que no le teme a sus gritos ni a su fortuna.
​Mientras la villana, Sabrina Valois (la ambiciosa prometida de Liam), planea la "muerte accidental" del niño para heredar la fortuna Volkov, Elena se convierte en el escudo de Ian. Pero en el proceso de salvar la vida del pequeño, Elena terminará operando el órgano más difícil de tratar: el corazón de piedra de su padre.

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capitulo 22

​La mansión Volkov amaneció bajo un manto de calma engañosa. El aire estaba cargado de la electricidad que precede a las grandes tormentas, y Elena lo sentía en cada fibra de su ser. Tras la frialdad de Liam la noche anterior, se había refugiado en el tecnicismo de la medicina, revisando una y otra vez los últimos ecocardiogramas de Ian. Sus ojos estaban cansados, pero su mente funcionaba con la precisión de un reloj suizo.

​Fue entonces cuando la puerta de la biblioteca se abrió con una suavidad inusual. Elena esperaba a Liam, quizá con una disculpa o una nueva orden gélida, pero quien entró fue Sabrina.

​La mujer lucía irreconocible. No había rastro del maquillaje agresivo ni de la postura altiva que solía adoptar. Vestía un suéter de lana suave en tonos pastel y su cabello caía en ondas sencillas sobre sus hombros. Pero lo que más sorprendió a Elena fue su rostro: tenía los ojos enrojecidos y sostenía un pañuelo de seda entre las manos temblorosas.

​—Elena... ¿puedo hablar contigo? —Su voz sonó quebrada, despojada de su habitual veneno.

​Elena dejó los informes sobre la mesa, poniéndose en guardia al instante. La desconfianza era un muro sólido entre ambas.

—Si vienes a discutir el contrato de residencia o el menú de la cena, Sabrina, no es el momento. Mañana operamos a Ian.

​—No es eso —Sabrina dio un paso hacia ella, dejando que una lágrima solitaria rodara por su mejilla—. He pasado toda la noche sin dormir. Al ver a Liam tan distante... al ver cómo Ian confía en ti... me he dado cuenta de lo equivocada que he estado.

​Elena entrecerró los ojos. El cambio era demasiado drástico para ser orgánico, pero el dolor en la voz de Sabrina parecía —al menos superficialmente— genuino.

​—He sido una egoísta —continuó Sabrina, acercándose a la mesa donde Elena tenía desplegado su equipo—. He visto a Ian como un obstáculo para mi relación con Liam, en lugar de verlo como el hijo del hombre que amo. Tengo miedo, Elena. Miedo de que, si algo sale mal mañana, sea por la mala energía que he traído a esta casa. Por favor... enséñame.

​—¿Enseñarte qué? —preguntó Elena, confundida por el giro de la conversación.

​—Ayúdame a entender qué necesita. Quiero saber qué medicamentos toma, cómo leer sus signos... quiero ser alguien útil para él si tú no estás presente. No quiero ser la "madrastra de hielo" nunca más. Enséñame a cuidar de él, aunque sea solo un poco.

​Elena sintió una grieta en su defensa. Como médica, su vocación era salvar vidas, y parte de eso implicaba educar al entorno del paciente. Si Sabrina realmente estaba arrepentida, si había una mínima posibilidad de que Ian tuviera una figura materna estable después de la cirugía, ¿tenía Elena derecho a negárselo por su propio rencor personal?

​—Está bien —cedió Elena, soltando un suspiro largo—. Pero esto no es un juego, Sabrina. La precisión lo es todo. Mira estos exámenes.

​Elena se giró hacia la pantalla de su computadora para mostrarle los niveles de saturación y la respuesta de la válvula mitral. Se sumergió en la explicación, señalando las ondas del monitor y explicando la importancia de la estabilidad hemodinámica. Estaba tan concentrada en su pasión, tan deseosa de creer que incluso alguien como Sabrina podía redimirse por el bien de un niño, que cometió el error fatal de los idealistas: dar la espalda al depredador.

​A espaldas de Elena, la expresión de Sabrina se transformó. La calidez se evaporó de su rostro, dejando paso a una frialdad sociopática. Con movimientos de una agilidad felina y silenciosa, Sabrina metió la mano en el bolsillo oculto de su rebeca.

​Sacó tres frascos de digitalis de contrabando y un potente diurético prohibido para pacientes pediátricos con insuficiencia valvular. Eran medicamentos que, en las manos equivocadas, funcionaban como una sentencia de muerte invisible.

​Con una mano firme, Sabrina abrió el maletín médico de Elena, que descansaba abierto sobre una silla lateral. Deslizó los frascos entre los compartimentos de las gasas estériles y el instrumental quirúrgico personal de la doctora. Luego, con la misma rapidez, sacó su teléfono móvil en modo silencio.

​Click.

​Tomó una fotografía del maletín abierto donde se veían claramente los fármacos prohibidos junto al estetoscopio de Elena.

Click.

​Otra foto del perfil de Elena, distraída con los informes médicos, mientras el maletín "incriminatorio" estaba a su alcance.

​—¿Entiendes por qué la presión arterial no debe bajar de este rango? —preguntó Elena, girándose de nuevo.

​Sabrina ya había guardado el teléfono y ocultado sus manos. Volvía a ser la mujer vulnerable y arrepentida, asintiendo con la cabeza mientras se limpiaba una lágrima inexistente.

​—Sí... entiendo. Es tan complejo. Gracias, Elena. De verdad. No sé cómo puedes con tanta responsabilidad. Yo me sentiría aterrada de tener sustancias tan peligrosas bajo mi cuidado.

​—Es cuestión de ética, Sabrina. Y de amor por la profesión —respondió Elena, sintiendo por primera vez una pizca de simpatía hacia la mujer—. Ve a descansar. Mañana será un día largo para todos.

​Sabrina asintió y se dirigió a la puerta. Antes de salir, se detuvo y miró a Elena con una sonrisa que, a los ojos de la doctora, pareció de alivio, pero que en realidad era el brindis de un verdugo.

​—Mañana todo cambiará, Elena. De una forma que ninguno de nosotros podrá olvidar.

​Cuando la puerta se cerró, Elena se quedó sola en la biblioteca. Sintió un escalofrío repentino, una sensación de que el aire se había vuelto más pesado. Miró su maletín, pero a simple vista todo parecía en orden. No sabía que acababa de permitir que el virus de la traición entrara en su herramienta más sagrada.

​En su habitación, Sabrina observaba las fotos en su teléfono con una satisfacción casi erótica. Ya se imaginaba la escena: la cirugía fallando, Ian entrando en crisis y ella, "casualmente", mencionando que vio a Elena actuar de forma errática con medicamentos extraños. Llamaría a la policía, mostraría las fotos como una "testigo preocupada" y la carrera de Elena Ríos terminaría en una celda por negligencia criminal y mala praxis.

​—Adiós, doctora —susurró Sabrina a la pantalla—. Disfruta tu última noche de libertad. Liam será mío, y tú serás solo el nombre de la mujer que mató a su hijo.

​Mientras tanto, en el despacho de arriba, Liam observaba las cámaras de seguridad. Vio a Sabrina salir de la biblioteca y a Elena frotarse las sienes con cansancio. No había audio, y desde su ángulo no pudo ver el movimiento de manos de Sabrina en el maletín. Lo único que vio fue una aparente reconciliación.

​—Espero que tengas razón, Elena —murmuró Liam, apretando una copa de cristal—. Espero que la paz sea real. Porque si no lo es, este será el último error que cometa en mi vida.

​La trampa estaba armada. El veneno estaba en el maletín. Y Elena, convencida de que había ganado una aliada, se fue a dormir sin saber que mañana, el bisturí que debía salvar a Ian sería la prueba definitiva de su propia destrucción.

1
Yolanda Edith Cruz Arredondo
Excelente Novela, desde inicio a fin.
Felices autora, saluditos desde México.
Leomaides Davila
Bueno yo creo q a la autora le faltó aclarar o decir " flashback.
Leomaides Davila
es cierto q se necesita un quirófano pero en campo de batallas a los medicos les toca operar no en condiciones muy buenas.
Luz Marina Lopez Cardenas
Que ridiculez como le advierte de la grabación que contradicción está novela
Socorro Arce
ko vuelven
Socorro Arce: lo vuelven loco a uno , si se supone q fue arrestada y ahora está en el ático ...mirando q trama ahora no , no juegues escritora ando perdida...con esta narrativa
total 1 replies
Nancy Ledgard Leon
que no la apresaron en el carro saliendo de la mansión de Liam
Nancy Ledgard Leon
sí que raro, casi lo operó en la sala de espera
Gladys Dona
Bueno ya hize mi comentario era de atrás para delante varias veces presa y eso se hizo monótono pero después fue linda novela es para que cuando ✍️tengas en cuenta y no volver para atrás
Gladys Dona
Realmente muy linda novela lo único que me desubicada que ibas de atrás para adelante porque estaba presa después en la casa presa después en el hospital eso fue lo que estaba ni en tiempo y espacio pero después Hermosa novela Felicitaciones 👏
Nancy Ledgard Leon
están igual de tontos Elena y el CEO creer en esa víbora, al inicio de la historia la personalidad de la dra. y el CEO era impenetrable y resultaron unos blandengues
Nancy Ledgard Leon
cómo le falta malicia a ese CEO, aunque hubiera sido sospecha de la prometida, cómo no mandarla investigar.
Nancy Ledgard Leon
que no sacaron a Sabrina los guardias? qué está haciendo ahí ❓
Nancy Ledgard Leon
cómo se le ocurre meterse al cuarto sin tener un cómplice -en el buen sentido- alguien que cuide mientras ella entra
Nancy Ledgard Leon
por qué no instala cámaras donde solo ellos estén enterados, se supone que ya hay, pero las "brujas" conocen donde no pueden verlas actuar.
Gladys Dona
Perdón perdón pero vamos de atrás para delante lo operaron salio se abrazaron ella fue presa ahora aparece vestida de negro ⚫️ y la vuelven arrestar yo creo que tienes que acomodar los capítulos porque vamos para atrás cambia vuelve aparecer va presa un poquito complicada la versión
Nancy Ledgard Leon
que decepción con el CEO bastante mandilón, no que es una fregonería
Yelitza Bravo
Muy bonita historia,tiene algunos inconvenientes pero para un buen lector se puede superar con todo lo bueno y bonito q tiene la historia... felicidades!!!
Maria Garrido
autora parece que te equivocaste .
Maria Garrido
no entiendo pensé que la habían metido presa a este hombre le faltan pantalones. 😭😭😭😭😭
Gladys Dona
Estas tan ciego que no quieres ver la verdad esa ENFERMA no te quiere ella solo quiere tu plata y esta matando a tú hijo
Matilde Assael: lo
como veo el final
total 1 replies
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