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Nunca Dejaste De Ser Mía.

Nunca Dejaste De Ser Mía.

Status: En proceso
Genre:Dominación / Embarazada fugitiva / Amante arrepentido
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: clau21

Valeria escapa estando embarazada, en plena noche.
con el siguiente pensamiento
“Si el me encuentra, jamás volveré a ser libre.”

NovelToon tiene autorización de clau21 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

#18

...El hombre detrás de la obsesión...

...****************...

El ascensor descendía lentamente mientras el silencio entre ambos se volvía cada vez más insoportable.

Valeria podía sentir la tensión alrededor de Adrián incluso sin tocarlo.

Era distinta esta vez.

Más oscura.

Más intensa.

Como si estuviera luchando constantemente contra algo dentro de sí mismo.

Él seguía de pie frente a las puertas metálicas del ascensor, una mano dentro del bolsillo del pantalón mientras la otra permanecía firmemente sujetando la de ella.

Y no parecía dispuesto a soltarla.

Valeria observó discretamente el perfil de su rostro.

La mandíbula tensa.

Los ojos oscuros perdidos en algún pensamiento peligroso.

La respiración apenas controlada.

Entonces habló.

—¿Qué te dijo Claudia?

La voz grave rompió el silencio de golpe.

Valeria tragó saliva lentamente.

—Nada importante.

Adrián giró apenas el rostro hacia ella.

Y aquello fue suficiente para hacer que el corazón de Valeria volviera a acelerarse.

Porque la intensidad en sus ojos seguía ahí.

Peor que antes.

—No me gusta que mientas.

El aire pareció tensarse.

Valeria apartó la mirada apenas un segundo.

—Solo dijo que debería tener cuidado contigo.

La expresión de Adrián no cambió.

Pero algo oscuro cruzó brevemente por sus ojos.

—¿Y ahora estás asustada?

La pregunta salió demasiado tranquila.

Eso inquietó todavía más a Valeria.

Porque parecía importarle realmente la respuesta.

Ella guardó silencio unos segundos antes de responder con sinceridad.

—No sé qué pensar de ti.

Las puertas del ascensor se abrieron lentamente hacia el estacionamiento privado.

Pero Adrián no salió inmediatamente.

Se quedó observándola.

Como si aquella respuesta le hubiera afectado más de lo que esperaba.

Después finalmente habló.

—Eso probablemente sea lo más honesto que me han dicho en años.

El corazón de Valeria dio un pequeño vuelco.

Porque por un segundo…

él pareció cansado.

Humano.

No el hombre frío y controlado que todos describían.

Solo alguien agotado de ser constantemente temido.

Adrián soltó lentamente su mano.

Y aquello se sintió extrañamente mal.

Como si su cuerpo ya se hubiera acostumbrado al contacto de él.

Valeria lo siguió hacia el automóvil negro mientras la lluvia comenzaba otra vez afuera del hotel.

Cuando ambos subieron al auto, el silencio regresó.

Pero esta vez no era incómodo.

Era algo más profundo.

Más emocional.

Adrián arrancó el vehículo lentamente mientras las luces de la ciudad brillaban detrás del parabrisas mojado.

Valeria observó discretamente sus manos sobre el volante.

Firmes.

Elegantes.

Controladas.

Completamente opuestas al caos que parecía provocar dentro de ella.

—¿Por qué yo?

La pregunta salió tan bajo que incluso ella dudó haberla dicho en voz alta.

Pero Adrián la escuchó.

Claro que la escuchó.

Sus dedos se tensaron apenas sobre el volante antes de responder.

—No lo sé.

Valeria lo miró sorprendida.

Esperaba arrogancia.

Seguridad.

Alguna respuesta perfectamente calculada.

Pero no aquello.

Adrián soltó lentamente el aire.

—Eso es lo peor.

Sus ojos permanecían fijos en la carretera.

—Estoy acostumbrado a entender todo lo que me pasa. A controlar todo.

La voz grave sonaba distinta ahora.

Más personal.

Más vulnerable de lo que ella imaginó posible.

—Y contigo… nada tiene sentido.

El pecho de Valeria se apretó lentamente.

Porque aquella confesión sonó demasiado real.

Adrián giró finalmente el rostro hacia ella mientras detenía el automóvil en un semáforo.

La lluvia seguía cayendo suavemente alrededor.

—Solo sé que desde que apareciste… no logro pensar con claridad.

El corazón de Valeria golpeó tan fuerte que dolió.

Porque nadie jamás le había hablado así.

Con esa intensidad casi desesperada.

Con esa necesidad imposible de ocultar.

Ella bajó lentamente la mirada.

—Eso no es sano.

Una pequeña sonrisa triste apareció en el rostro de Adrián.

Y aquella expresión la desarmó completamente.

Porque era la primera vez que veía algo parecido a tristeza en él.

—Nunca dije que lo fuera.

Silencio.

Pesado.

Íntimo.

La lluvia golpeaba suavemente el vidrio mientras el auto permanecía detenido.

Y entonces Adrián volvió a hablar.

—Pero tampoco quiero detenerlo.

El pecho de Valeria se tensó otra vez.

Porque aquella era exactamente la clase de respuesta que debía asustarla.

Y sin embargo…

una parte de ella sintió algo completamente distinto.

El automóvil volvió a avanzar lentamente.

Valeria apoyó la cabeza contra la ventana intentando ordenar sus pensamientos.

Pero era imposible.

Porque cuanto más conocía a Adrián…

más peligroso se volvía alejarse de él.

Y lo peor era descubrir que ya no estaba segura de querer hacerlo.

Después de varios minutos en silencio, Adrián habló nuevamente.

—Mañana no quiero que vengas a la oficina.

Valeria frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué?

—Necesitas descansar.

Ella soltó una pequeña risa incrédula.

—¿Me estás dando un día libre?

—Te estoy diciendo que no quiero verte agotada otra vez.

El corazón de Valeria volvió a desordenarse.

Porque incluso sus gestos controladores parecían extrañamente atentos.

Eso era lo más confuso de Adrián.

Su obsesión era intensa.

Peligrosa.

Pero también estaba llena de pequeños detalles que nadie más parecía notar.

Adrián estacionó finalmente frente al edificio de Valeria.

Y el silencio volvió otra vez.

Ninguno parecía realmente listo para despedirse.

Ella tomó lentamente su bolso.

—Buenas noches.

Pero antes de que pudiera abrir la puerta, Adrián habló.

—Valeria.

La voz grave hizo que el cuerpo entero de ella reaccionara automáticamente.

Ella giró lentamente hacia él.

Y entonces lo vio.

Aquella expresión otra vez.

Oscura.

Intensa.

Casi desesperada.

Como si estuviera conteniendo demasiadas cosas dentro de sí mismo.

Adrián levantó lentamente una mano hasta rozar apenas su mejilla.

—Esto va a empeorar, ¿verdad?

La pregunta salió baja.

Y por primera vez desde que lo conocía…

Adrián De Luca parecía realmente preocupado por algo.

Por ella.

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