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Renacida Para La Venganza

Renacida Para La Venganza

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Venganza / Traiciones y engaños
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Andres

Tras ser traicionada y asesinada por su esposo, Valeria renace tres años en el pasado armada con el conocimiento del futuro para destruir a sus enemigos y construir un imperio financiero imparable.

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El Heredero de las Sombras

La costa de Liguria, con sus acantilados escarpados y sus cuevas escondidas, ofrecía un refugio natural que el Círculo de los Doce aún no había logrado cartografiar por completo. El sumergible de Thorne Enterprises emergió en una cala privada, lejos de las rutas turísticas. El aire olía a pino y a tierra mojada, una fragilidad que contrastaba con la tecnología que llevaban a bordo.

Valeria ayudó a su madre a desembarcar. Elena estaba más fuerte, su cuerpo respondiendo a los sueros regenerativos que Alberto —desde el relicario— le había prescrito. Adrián caminaba unos pasos por delante, con un rifle de pulsos en bandolera, escaneando el horizonte con una paranoia justificada.

—Estamos a salvo por ahora —dijo Adrián, señalando una antigua torre sarracena que servía de entrada a la nueva base de Orión—. Pero no podemos confiarnos. Si el "Arquitecto" envió a los Pacificadores a Amalfi, enviará algo peor aquí.

—El Arquitecto no envía ejércitos si puede enviar dudas —respondió Valeria, apretando el relicario contra su pecho—. Mi padre dice que el Círculo prefiere que nos destruyamos entre nosotros.

Mientras se dirigían a la torre, un estallido sordo resonó desde el bosque de pinos que bordeaba la cala. Una ráfaga de disparos de alta precisión impactó en las rocas a pocos centímetros de Sebastián.

—¡Emboscada! —gritó Sebastián, lanzándose al suelo y cubriendo a Elena con su propio cuerpo.

De entre las sombras de los árboles surgió una figura que parecía sacada de una pesadilla. Era Luciano Soler, o lo que quedaba de él. El ataque a la Torre Soler le había arrancado la mitad de la cara, que ahora estaba cubierta por una placa de metal crudo y cables expuestos. Su brazo izquierdo colgaba inerte, sustituido por un exoesqueleto hidráulico que chirriaba con cada movimiento.

—Valeria... —la voz de Luciano era un siseo metálico, cargado de un odio que ya no tenía nada de racional—. Pensaste que los Doce me habrían borrado. Pensaste que podrías heredar mi lugar. Pero yo soy el verdadero Soler. Tú solo eres el error de Alberto.

Luciano no venía con los ejércitos del Círculo. Venía con un grupo de mercenarios proscritos, hombres que ya no tenían nada que perder y que buscaban el pago final que Luciano les había prometido: una parte del Proyecto Fénix.

—Luciano, detente —dijo Valeria, manteniéndose firme mientras Adrián y Sebastián devolvían el fuego—. El Círculo te ha traicionado. Te han usado como cebo. Si me entregas a ellos, te matarán en cuanto tengan la Llave.

—¡Mientes! —gritó Luciano, disparando una ráfaga de su brazo mecánico—. ¡Yo soy el elegido! ¡Yo abriré el Archivo de las Almas!

Luciano se lanzó hacia adelante con una fuerza sorprendente, ignorando los disparos de Adrián. Su exoesqueleto le permitía moverse con una potencia bruta que derribaba los árboles a su paso. Estaba a punto de alcanzar a Valeria cuando una ráfaga de disparos de francotirador, proveniente de lo alto del acantilado, impactó en la articulación de su brazo mecánico.

El metal se retorció y Luciano cayó de rodillas, gritando de agonía.

De la cima del acantilado bajó una figura en un descenso controlado por cable. Era Marcus Thorne. Ya no llevaba el emblema del reloj de arena en su hombro. Su traje táctico estaba marcado por la batalla, y sus ojos, antes fríos y mecánicos, ahora tenían un brillo de rebeldía salvaje.

—Marcus... —murmuró Adrián, bajando su arma por un instante.

Marcus no miró a su hermano. Caminó directamente hacia el Luciano caído y le puso una bota pesada sobre el cuello.

—El Círculo te ha declarado obsoleto, Luciano —dijo Marcus, su voz resonando con una autoridad que no necesitaba micrófonos—. Y yo he sido enviado para limpiar los desperdicios. Pero he decidido que no sigo órdenes de hombres que se esconden tras máscaras de plata.

Marcus miró a Valeria. —Este es el único regalo libre que vas a recibir, Valeria Soler. Luciano sabía dónde estaba el Archivo de las Almas. Sabía que está enterrado bajo la antigua biblioteca nacional de Florencia. Si queréis encontrar el origen del linaje, id allí. Pero sabed que Marcus Thorne no es vuestro amigo. Solo soy el enemigo de vuestro enemigo.

—¿Por qué nos ayudas, Marcus? —preguntó Adrián, dando un paso hacia su hermano—. Todavía hay tiempo para volver. Todavía eres mi sangre.

Marcus se giró hacia Adrián, y por un segundo, Valeria vio la sombra del niño que alguna vez fue. —La sangre es lo que nos ha traído hasta aquí, Adrián. Y la sangre es lo que nos separará. El Círculo me creó para ser el final de los Thorne. Yo he decidido ser el final del Círculo. Si os cruzáis en mi camino de nuevo, no habrá regalos.

Marcus disparó un dardo tranquilizante al cuello de Luciano, inmovilizándolo, y luego lanzó una granada de humo. Cuando el humo se disipó, Marcus había desaparecido, llevándose a Luciano Soler con él.

—Se lo ha llevado —dijo Sebastián, recuperando el aliento—. ¿Para qué quiere a Luciano?

—Para interrogarlo —dijo Valeria, mirando hacia el lugar donde Marcus había desaparecido—. Marcus quiere destruir al Círculo desde dentro, y Luciano es la única pieza que tiene acceso a los protocolos de seguridad de los Doce.

Adrián se acercó a Valeria, su rostro lleno de una angustia contenida. —Mi hermano... está jugando a su propio juego. No podemos confiar en él, pero nos ha dado la ubicación del Archivo.

—Florencia —murmuró Valeria—. El Archivo de las Almas. Mi padre mencionó que allí es donde guardan la información genética de todos los que alguna vez formaron parte del Círculo. Si podemos entrar allí, no solo tendremos los nombres de los Doce, sino la prueba física de sus crímenes contra la evolución humana.

—Valeria... —la voz de su padre surgió del relicario—. Marcus tiene razón en una cosa. El Archivo de las Almas es el corazón del sistema. Pero entrar allí es entrar en el nido de las serpientes. Necesitaréis más que tecnología. Necesitaréis un pacto de sangre con los otros marginados del Círculo.

Entraron en la torre sarracena, donde Orión los esperaba con una red de comunicaciones recién instalada. El hacker estaba pálido, sus dedos volando sobre los teclados.

—¡Jefa! ¡He detectado movimientos masivos en la red oscura! —gritó Orión—. Alguien ha puesto una recompensa por vuestras cabezas que equivale al PIB de un país pequeño. Ya no son solo los Pacificadores. Ahora son todos los mercenarios del mundo los que vienen a por nosotros.

Valeria se sentó frente a las pantallas. Vio los puntos de luz que representaban las amenazas acercándose a su posición. Ya no podía huir más. Tenía que luchar.

—Orión, abre una línea segura con la facción disidente de Volkov en San Petersburgo —ordenó Valeria—. Y contacta con los antiguos socios de mi padre en la farmacéutica *Heisenberg*.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Adrián.

—Voy a hacerles una oferta que no podrán rechazar —dijo Valeria, su mirada brillando con la luz del fénix—. Voy a prometerles la cura para el virus que el Círculo les ha implantado para mantenerlos sumisos. Voy a iniciar la Resistencia del Fénix, y la ciudad de Florencia será nuestro campo de batalla.

Esa noche, bajo la luz de la torre antigua, Valeria Soler dejó de ser una fugitiva para convertirse en una general. Julián Reyes estaba congelado, Luciano era un prisionero de un asesino rebelde, y el Círculo de los Doce estaba empezando a sangrar por sus propias heridas internas.

—Adrián —dijo Valeria, tomándole la mano—. El 14 de mayo nació una niña. Pero hoy nace el imperio que destruirá a los dioses.

—Estoy contigo, Valeria —respondió Adrián—. Hasta el último capítulo.

El heredero de las sombras había mostrado el camino. Ahora era el turno del Fénix para incendiar el rastro.

Continuará...

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