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Volví.. Pero No Como Yo

Volví.. Pero No Como Yo

Status: En proceso
Genre:Venganza
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: La Griss

Una víctima olvidada regresa desde la muerte, oculta en otro cuerpo, para cobrar una venganza oscura contra quienes la destruyeron.

NovelToon tiene autorización de La Griss para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23: El hombre detrás del silencio

La lluvia seguía cayendo cuando ella lo sacó de la escuela.

Eusebio apenas podía caminar derecho.

Tenía la camisa mojada, las manos cortadas y la mirada perdida, como si todavía siguiera atrapado dentro del cuarto de limpieza.

La psicóloga lo sostenía del brazo mientras cruzaban el patio vacío.

No hablaban.

Porque después de ese beso…

ninguno sabía qué decir.

El silencio entre ambos era demasiado grande.

Demasiado peligroso.

Ella abrió la puerta del carro con rapidez.

—Sube.

Eusebio obedeció lentamente.

Todavía confundido.

Todavía esperando escuchar a Daniela.

Pero no había nada.

Ni gritos.

Ni risas.

Ni susurros.

Solo silencio.

Y eso le revolvía el estómago.

La psicóloga arrancó el vehículo bajo la lluvia.

Las luces de la escuela quedaron atrás poco a poco.

Eusebio miraba por la ventana sin ver realmente nada.

Las gotas deslizándose por el cristal parecían deformar el mundo entero.

—¿A dónde vamos…? preguntó con voz rota.

Ella dudó unos segundos.

—A mi casa.

Él giró lentamente.

Sorprendido.

—No puedo ir allá.

—No voy a dejarte solo esta noche.

Eusebio tragó saliva.

Porque esas palabras…

le dolieron extraño.

Bonito.

Como algo que no merecía.

La psicóloga siguió manejando.

Pero por dentro estaba peor que él.

Todavía sentía el sabor de ese beso.

Todavía sentía sus manos.

La desesperación con la que la había abrazado.

Y eso la confundía.

Porque no había sido solo deseo.

Había sido algo más oscuro.

Más triste.

Como besar a alguien que llevaba años cayéndose por dentro.

Ella apretó el volante con fuerza.

Intentando no pensar demasiado.

Pero entonces Eusebio habló otra vez.

Muy bajo.

—Gracias…

Ella lo miró apenas.

Y por primera vez…

él parecía tranquilo.

No asustado.

No roto.

Solo cansado.

Eso le partió el alma.

Treinta minutos después llegaron a la casa.

Era pequeña.

Silenciosa.

Demasiado cálida comparada con la escuela.

Ella abrió la puerta y encendió la luz de la sala.

—Siéntate… voy a buscar algo para esas heridas.

Eusebio entró despacio.

Observándolo todo.

Los libros.

Las plantas.

Las fotos.

El olor a café viejo.

Todo se sentía extraño.

Ajeno.

Como entrar en la vida de otra persona.

Ella apareció con un botiquín y se arrodilló frente a él.

—Dame las manos.

Eusebio obedeció.

La psicóloga comenzó a limpiar los cortes con cuidado.

Y él la observó en silencio.

Cada movimiento.

Cada respiración.

Cada mechón de cabello cayéndole cerca del rostro.

Ella sentía su mirada.

—¿Qué…? preguntó apenas.

Pero Eusebio no respondió.

Porque algo estaba pasando.

Algo raro.

El silencio dentro de su cabeza comenzaba a sentirse diferente.

Más pesado.

Más profundo.

Como si alguien estuviera despertando lentamente.

La psicóloga terminó de vendar una de sus manos.

Entonces sintió algo extraño.

Eusebio ya no la miraba igual.

Había cambiado.

Sus ojos parecían más suaves.

Más jóvenes.

Más vivos.

Y cuando habló…

su voz sonó distinta.

Más tranquila.

Más cálida.

—Siempre te ves hermosa cuando estás preocupada.

Ella levantó la mirada de golpe.

Confundida.

Porque Eusebio jamás hablaba así.

Nunca.

Él sonrió apenas.

Y esa sonrisa…

no era la sonrisa cansada del conserje roto.

Era diferente.

Segura.

Casi encantadora.

—¿Eusebio…?

Él inclinó apenas la cabeza.

Como si reconociera el nombre…

pero no le perteneciera del todo.

—Ese hombre está dormido ahora.

El corazón de ella se detuvo un segundo.

—¿Qué dijiste?

Él tomó suavemente una de sus manos vendadas.

La acarició despacio.

—No tengas miedo.

La psicóloga sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.

Porque había algo profundamente inquietante en él.

Pero al mismo tiempo…

algo terriblemente atractivo.

Él se acercó apenas.

—Llevaba mucho tiempo queriendo conocerte.

Ella tragó saliva.

—¿Quién eres…?

Él sonrió con tristeza.

—El que siempre escucha cuando él piensa en ti.

Un silencio.

La lluvia golpeaba las ventanas.

La respiración de ambos comenzaba a mezclarse otra vez.

Pero ahora todo se sentía diferente.

Más íntimo.

Más peligroso.

Él levantó lentamente una mano y acarició su mejilla.

Con una delicadeza imposible.

—Tú lo haces sentir menos solo.

Ella cerró los ojos un instante.

Porque nadie la había mirado así en años.

Como si realmente la viera.

No como psicóloga.

No como mujer adulta.

Sino como alguien importante.

Deseada.

Necesaria.

Cuando volvió a abrir los ojos…

él seguía mirándola igual.

Intensamente.

—¿Cómo te llamas? susurró ella.

Él pensó unos segundos.

Como si buscara algo perdido.

—No lo sé… hace mucho nadie me llama por mi nombre.

La tristeza en su voz era real.

Humana.

Y eso terminó de romper algo dentro de ella.

Él acercó su frente a la de ella lentamente.

Sin prisa.

Sin desesperación.

Todo lo contrario a Eusebio.

Esto era suave.

Paciente.

Romántico.

Como un hombre enamorado desde hace mucho tiempo.

—Pero cuando él te besó… yo también lo sentí.

Ella dejó escapar un suspiro tembloroso.

Y entonces él la besó.

Despacio.

Profundo.

Como si estuviera saboreando algo que creyó imposible toda su vida.

La psicóloga respondió casi de inmediato.

Porque aquel hombre… Aunque viviera dentro de Eusebio… no se sentía como Eusebio.

La manera en que la tocaba.

La forma en que la miraba.

La calma que transmitía.

Era completamente distinta.

Él la levantó suavemente del sofá y la llevó hasta la habitación.

Sin dejar de besarla.

La lluvia seguía cayendo afuera.

Pero dentro de la casa todo parecía arder lentamente.

Las voces estaban apagadas.

Daniela.

La otra presencia oscura.

Todo había desaparecido.

Solo existía él.

Y ella.

La psicóloga lo observaba mientras le desabotonaba la camisa lentamente.

Todavía confundida.

Todavía intentando entender cómo el mismo hombre podía sentirse tan diferente.

Él acarició su cintura con ternura.

—No pienses tanto… susurró cerca de sus labios.

—Esta noche solo quédate conmigo.

Y ella lo hizo.

Porque hacía mucho tiempo que nadie la hacía sentir querida de esa manera.

No fue violento.

No fue desesperado.

Fue intenso.

Apasionado.

Lento en algunos momentos… hambriento en otros.

Como si ese hombre hubiera esperado años para tocarla.

Para besarla.

Para sentirse vivo.

Y mientras ella lo abrazaba entre las sábanas…

entendió algo que la aterró.

No sabía con quién estaba realmente.

Pero tampoco quería detenerlo.

Horas después… La lluvia había disminuido.

La habitación permanecía en silencio.

Ella dormía apoyada sobre su pecho.

Y él la observaba en la oscuridad.

Con una tristeza inmensa.

Como alguien que sabe que el tiempo se acaba.

Le acarició el cabello lentamente.

—Ojalá pudiera quedarme… susurró.

Entonces cerró los ojos.

Y algo cambió.

Su respiración se volvió pesada otra vez.

El cuerpo se tensó.

La expresión tranquila desapareció.

Cuando abrió los ojos nuevamente…

Eusebio había vuelto.

Miró alrededor confundido.

La habitación.

Las sábanas.

La psicóloga dormida abrazándolo.

Y el miedo le atravesó el cuerpo completo.

—¿Qué…?

Retrocedió lentamente de la cama.

Desesperado.

Sin entender nada.

Su cabeza dolía horrible.

Como si hubiera perdido horas enteras.

Se vistió rápido.

Temblando.

Y antes de salir… la miró una última vez.

Ella seguía dormida.

Se miraba con una paz.

Eusebio sintió algo romperse dentro de él.

Porque no entendía por qué estaba ahí.

Ni por qué verla así… le dolía tanto.

Salió de la casa antes del amanecer.

Las calles estaban mojadas y vacías.

El frío de la madrugada le golpeó el rostro.

Caminó varios minutos sin rumbo.

Confundido.

Asustado.

Hasta que finalmente… la voz volvió.

Suave.

Divertida.

Daniela.

—Por fin despertaste.

Eusebio se detuvo en seco.

—¿Qué pasó…?

Daniela soltó una risa baja.

—Te fuiste por mucho tiempo.

—No recuerdo nada…

—Lo sé.

El miedo comenzó a subirle por el pecho.

—¿Qué hice?

Silencio.

Luego Daniela habló despacio.

Como disfrutando cada palabra.

—La besaste otra vez.

Eusebio cerró los ojos con fuerza.

—No…

—Sí.

Las imágenes empezaron a llegarle fragmentadas.

Manos.

Respiraciones.

La cama.

La piel de ella.

Eusebio sintió náuseas.

—No… no… no…

Daniela sonrió dentro de su cabeza.

—Pero no fuiste tú.

Él respiró agitado.

—¿Quién era…?

Y entonces Daniela respondió algo que le heló completamente la sangre.

—El hombre que está enamorado de ella.

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❀𝘑𝘪𝘴𝘪𝘦𝘭𝘪❀
👏🏻👏🏻👏🏻
❀𝘑𝘪𝘴𝘪𝘦𝘭𝘪❀
Genial!!
Carlos luis Brito
Sangre 😭 y ahora a quien mandaron con san pedro?
Gena Jim: Otro se fue al infinito y más allá
total 1 replies
Carlos luis Brito
🤭 esto esta potente
Gena Jim
Queremos actualización autora!!!
CRIS E: ☺️ esta subiendo el capítulo de hoy☺️☺️☺️🤭🤭🤭
total 1 replies
Carlos luis Brito
Enamorado 😭 como asi
Rosannna Villaman
Por fin yo sabía que ese beso venía
Rosannna Villaman
El director se está metiendo dónde no, debe ....
Gena Jim
por fin!!!
CRIS E: 🤣 Por fin, que ?
total 1 replies
Carlos luis Brito
ya esto no es cuadrado, esta pintando otra cosa
Carlos luis Brito
Ahora se unieron ello, a esterminalllll con todo/Hunger/
Carlos luis Brito
Directora, tranquila 😭 que la psicólogo no es fácil
Carlos luis Brito
Me tiene atrapado, esta vergüenza es el final
Carlos luis Brito
Esta excelente
Carlos luis Brito
😭Pero Daniel mi hija, vete al paso
Carlos luis Brito
Esta psicóloga 😭se está metiendo donde no la llamaron
Carlos luis Brito
Eusebio tengo mi fe puesta en tiii👏😭
Carlos luis Brito
Sigo... aquí esto se está poniendo buenooooooooo
Carlos luis Brito
No le cojo flores a extraños 😭😭😭
Carlos luis Brito
Me está gustando eso
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