accidente… y despierta en el cuerpo de un personaje dentro de la novela que estaba leyendo.
No es una heroína.
No es alguien importante.
Es alguien destinada a morir.
Y lo peor… es saber exactamente a manos de quién.
El duque.
Frío, implacable y peligroso, el mismo hombre que en la historia original termina con su vida. Decidida a cambiar su destino, ella hará todo lo posible por mantenerse lejos de él.
Pero hay algo que no estaba en la novela.
Una conexión inexplicable.
Una mirada que la reconoce.
Un lazo que no puede romper.
Porque mientras ella intenta huir de su muerte…
él comienza a acercarse como si siempre le hubiera pertenecido.
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Aliados
Aliados
Faltaban dos días.
Dos días para la salida de la academia.
Dos días para que todo comenzara a moverse.
Apoyé la pluma sobre el papel, observando lo que había escrito.
Mi plan.
Entrenamiento… ya estaba en marcha.
Pero eso no era suficiente.
El poder por sí solo no cambia el destino.
—Necesito aliados…
Levanté la mirada lentamente.
En la historia original, yo estaba sola.
Completamente sola.
Y por eso…
Fue tan fácil destruirme.
Pero esta vez sería diferente.
Pasé la página.
Un nombre estaba escrito con más fuerza que los demás.
La prometida del príncipe.
Fruncí ligeramente el ceño.
—No recuerdo su nombre…
Pero sí su destino.
Hija del ministro de guerra.
Una joven noble, fuerte, respetada.
Alguien que no debía morir.
Pero murió.
Cerré los ojos por un momento.
Las imágenes eran borrosas, pero el resultado era claro.
La princesa heredera…
Selena varkhan.
Ella había dado la orden.
Un asesinato limpio.
Silencioso.
Sin dejar rastros.
Todo para debilitar al príncipe.
Para cortar sus apoyos.
Para asegurarse de que nadie pudiera desafiarla.
Abrí los ojos lentamente.
—Y funcionó…
En la historia original, tras su muerte…
El ministro de guerra perdió estabilidad.
Pero no poder.
No del todo.
Porque en la guerra…
El príncipe Maximilian logró ganarse su respeto.
Y entonces…
Se convirtió en su aliado más fuerte.
Apreté los dedos.
—Si quiero cambiar todo…
Debo empezar antes.
Antes de la guerra.
Antes de la muerte.
Antes de que Selena mueva sus piezas.
Mi mirada se endureció.
—Debo protegerla.
Si esa chica vive…
El príncipe tendrá apoyo desde ahora.
Y eso…
Cambiaría completamente el equilibrio.
Respiré hondo.
Pero había un problema.
—¿Cómo me acerco a ella…?
No podía hacerlo directamente.
Sería sospechoso.
Todo en este mundo era observado.
Medido.
Juzgado.
Me levanté lentamente.
—La presentación de la academia…
Ahí estarán todos.
Nobles.
Heredero.
Familias influyentes.
Una oportunidad perfecta.
Si jugaba bien mis cartas…
Podría acercarme.
No como una amenaza.
Sino como alguien útil.
Como alguien…
necesario.
Una pequeña sonrisa apareció en mis labios.
—Selena varkhan … esta vez no serás la única moviendo hilos.
Cerré el cuaderno con decisión.
Porque por primera vez…
No solo estaba sobreviviendo.
Estaba empezando a jugar.
Faltaba un día.
El ambiente en la academia había cambiado.
Todos hablaban del regreso a las casa.
De las familias.
De las apariencias.
De quién destacaría… y quién sería ignorado.
Pero mi mente estaba en otra parte.
—La prometida del príncipe…
Caminaba por los pasillos, repasando cada detalle que recordaba, cuando un murmullo llamó mi atención.
Risas.
Burlas.
Desprecio.
Giré levemente la mirada.
Y lo vi.
Dos chicas.
Frente a otra.
Una espada en sus manos.
Y una expresión… contenida.
—¿Una dama entrenando con espada? —se burló una de ellas—. Qué ridículo.
—Deberías aprender etiqueta en lugar de hacer el ridículo —añadió la otra.
Fruncí el ceño.
Las reconocí de inmediato.
Emilia Smirnok.
Karla Bernice.
No eran las más influyentes… pero sí cercanas a la princesa.
Seguían su ejemplo.
Repetían sus ideas.
Como ecos vacíos.
Volví mi mirada hacia la chica.
Su postura era firme… pero su silencio lo decía todo.
Estaba acostumbrada.
Apreté los labios.
—Esto no estaba en mis planes…
Pero…
No podía ignorarlo.
Di un paso al frente.
Luego otro.
Sin hacer ruido.
Hasta que estuve lo suficientemente cerca.
Y sin avisar…
Tomé la espada de sus manos.
El metal brilló al levantarse.
Apunté directamente hacia ellas.
El silencio cayó.
—¿Y cómo planean defenderse de esto? —mi voz fue fría—. Siendo “damas”.
Sus rostros palidecieron.
—¿Esperarán a que un caballero venga a salvarlas? ¿Un príncipe, quizá?
Ninguna respondió.
Solo retrocedieron.
—Después de todo… —continué, bajando un poco la espada—. Solo son críticas vacías.
Sus ojos temblaron.
Y sin decir más…
Se dieron la vuelta y se marcharon.
Cobardes.
El silencio volvió.
Bajé la espada.
Y entonces me giré hacia ella.
Le extendí el arma con calma.
—Toma.
La chica dudó un segundo… pero la tomó.
—Gracias…
Su voz era suave, pero firme.
Me observó con atención.
—Mi nombre es Marian Vallagris.
Mi corazón dio un leve vuelco.
Vallagris.
Ministro de defensa.
La prometida del príncipe.
La pieza que debía salvar.
Pero no lo mostré.
Solo asentí.
—Elara Velnis.
Sus ojos se abrieron ligeramente.
Claro.
Reconocía el nombre.
Pero no dijo nada.
Solo sonrió con un leve alivio.
—No es común ver a alguien intervenir así…
—Tampoco es común ver a alguien entrenar con espada —respondí.
Ella bajó la mirada por un momento.
—No es… bien visto.
—Lo sé.
La observé con atención.
Había fuerza en ella.
Solo… no la dejaban mostrarla.
—Yo también empecé hace poco —dije con naturalidad—. Y los comentarios no tardaron en llegar.
Ella levantó la mirada.
—¿Y no te afectan?
Negué suavemente.
—No lo suficiente como para detenerme.
Hubo un pequeño silencio.
Uno cómodo.
Diferente.
Entonces hablé.
—Habrá una reunión pronto… una pequeña fiesta de té.
Ella parpadeó.
—¿Una fiesta…?
—Sí —sonreí apenas—. Me gustaría invitarte.
Su expresión mostró sorpresa.
—Podríamos hablar con más calma. Compartir ideas… opiniones.
Hice una pequeña pausa.
—Creo que tenemos más en común de lo que parece.
Sus ojos brillaron levemente.
—Me gustaría…
Asentí.
Perfecto.
Justo como necesitaba.
En mi mente, una sola idea se formó.
—Ya encontré a mi primera aliada…
Y esta vez…
No permitiría que muriera.
ya quiero saber que sige ☺️☺️☺️