Reencarné para ser la villana, pero el corazón no entiende de guiones.
NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Huellas del Pasado — 2
Pero ahora, al sentir ese recuerdo, al sentir esa rabia, algo dentro de mí se rebeló. ¡Qué desesperación tan patética! ¡Qué forma tan lamentable de existir, consumida por los celos y el odio! No, yo no era esa mujer. Yo tenía mi propia identidad, mis propios valores, mis propias aspiraciones.
Aunque… ¿cuáles eran? Mi vida anterior había sido tan mundana, tan intrascendente. La muerte había sido un alivio. Pero ahora, tenía una segunda oportunidad. Una oportunidad para cambiar un destino, para reescribir un guion. La idea encendió una chispa de fuego en mi pecho.
El vestido de seda que llevaba puesto era de un azul noche profundo, bordado con hilos de plata que simulaban constelaciones. Era una de las prendas favoritas de Aurelia, diseñada para resaltar sus ojos de zafiro. Cada pliegue, cada caída de la tela, parecía familiar. No recordaba haber sido así la última vez, y sin embargo conocía cada pliegue de la seda que vestía.
Un nudo de determinación comenzó a formarse en mi estómago. Si iba a ser Aurelia, si iba a vivir en este cuerpo y en este mundo, no lo haría siguiendo el libreto de una villana condenada. Rompería las cadenas del destino, por muy difícil que fuera. Pero, ¿cómo? ¿Cómo podría una oficinista corriente, por muy lectora de novelas que fuera, desmantelar una trama tejida por los dioses y los autores de este universo?
Mi mirada se posó en un pequeño espejo de mano sobre el tocador. Reflejaba mis ojos de zafiro, profundos y llenos de una intensidad que nunca había tenido en mi vida anterior. Esos ojos eran el sello de Aurelia, la marca de la villana. Pero ahora, en ellos, vi un nuevo brillo: el brillo de la supervivencia, de la rebelión.
La puerta de la habitación se abrió suavemente, y una joven criada, con el cabello recogido en una trenza pulcra y ojos tímidos, entró con un recipiente humeante.
—Princesa Aurelia —dijo, su voz era apenas un susurro. —Su baño está listo. Y Lady Eleanor la espera para ayudarla a vestirse para su audiencia con el Rey.
Lady Eleanor. La principal dama de compañía de Aurelia, una mujer tan ambiciosa y superficial como su ama, siempre dispuesta a alimentar el ego de la princesa y a participar en sus intrigas. Un escalofrío me recorrió. Tenía que lidiar con toda la corte de Aurelia.
—Dile a Lady Eleanor que no es necesario —dije, mi voz sorprendiéndome por su firmeza, más cercana a la autoridad de Aurelia de lo que esperaba. —Me vestiré sola hoy.
La criada me miró con una mezcla de sorpresa y temor. Aurelia nunca se vestía sola. Era parte de su teatralidad, de su necesidad de atención y servicio.
—¿Princesa? ¿Está… está segura?
—Absolutamente —respondí, mi mirada se clavó en la suya. La pobre muchacha pareció encogerse bajo mi intensidad. —Y dile al Rey que iré en cuanto termine. No haré esperar a Su Majestad.
La criada asintió rápidamente y se retiró, no sin antes lanzarme una última mirada de confusión. Cerré los ojos, respirando profundamente. Un pequeño paso, sí, pero un paso mío. El primer paso para romper con el personaje.
Me acerqué al guardarropa, un gigante de ébano con incrustaciones de nácar. Abrí las puertas y fui recibida por una avalancha de sedas, brocados, terciopelos y tafetanes en todos los colores imaginables. Vestidos de corte elaborados, túnicas de noche adornadas con encajes, capas forradas de piel. La extravagancia de la Aurelia original era abrumadora.
Mi propia ropa de mi vida anterior era funcional, práctica. Un par de vaqueros, una camiseta, una sudadera. Esto era… otro mundo. Un mundo donde la ropa era una declaración de intenciones, un arma.
Mis dedos recorrieron las telas, sintiendo la riqueza de cada hilo, la artesanía de cada bordado. Tenía que elegir sabiamente. No podía aparecer ante el rey con un atuendo demasiado modesto, sería visto como una falta de respeto o una debilidad. Pero tampoco quería reafirmar la imagen de la villana vanidosa.
Busqué algo que proyectara una autoridad tranquila, una fuerza contenida. Mis ojos se posaron en un vestido de terciopelo verde oscuro, casi negro, con detalles mínimos de bordados en plata en el escote y las mangas. Era elegante, sofisticado, pero no ostentoso. Un matiz de misterio.
Mientras me desvestía del camisón de seda, me miré en el espejo de cuerpo entero. Este cuerpo era esbelto, con curvas suaves y una piel inmaculada. La villana era hermosa, eso no podía negarse. Una belleza fría y distante, pero innegable. La belleza que había usado como arma, como herramienta de manipulación.
Sentí una extraña disociación. Era mi reflejo, sí, pero no era *yo*. Era la cáscara de Aurelia, habitada por mi conciencia. Pero esa cáscara venía con su propia historia, sus propios recuerdos, sus propias huellas del pasado. Tendría que aprender a caminar en sus zapatos, a hablar con su voz, a habitar su belleza, para poder cambiar su destino. No recordaba haber sido así la última vez, y sin embargo conocía cada pliegue de la seda que vestía.