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Quiero Ser Tuyo

Quiero Ser Tuyo

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Aventura
Popularitas:821
Nilai: 5
nombre de autor: Margalo

Si siempre estás en busca de un giro inesperado este es el lugar equivocado... o tal ves no ... ups, ya dije demasiado.

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capítulo 19

La noche había caído por completo en todas partes de la ciudad e incluso la oscuridad del término del día era visible en todas partes, hasta en los más pequeños e insignificantes rincones de la sociedad., y Neithan seguía sentado en el borde de la cama, mirando el reloj por enésima vez.

Había quedado con ella horas antes de que se fuera, esperando verla, hablar, estar juntos como solían hacer al principio, cuando todo era emoción y no había rastro del hastío que ahora los separaba. Pero el tiempo pasaba y ella no llegaba. El silencio de la casa se hacía pesado, y en su cabeza no dejaban de girar pensamientos: dónde estaría, con quién, por qué tardaba tanto, todo eso le recordó cierto episodio de su relación en el que las cosas eran similares como ahora, y tenía que nuevamente hubiera alguien que la hiciera sentir lo que el supuestamente solo podía hacerla sentir.

Sabía que últimamente ella andaba distinta, más inquieta, buscando algo que decía que él ya no le daba, y eso le dolía, aunque también se había acostumbrado a esa mezcla de rabia y necesidad que sentía cada vez que la veía.

Por fin, escuchó el sonido de la puerta al abrirse, pasos torpes chocando contra las paredes y una risa entrecortada que le resultó extraña. Se levantó de golpe y salió al pasillo ya que nuevamente se encontraba en su habitación cuando todo ello sucedió.

Allí estaba ella, apoyada contra el marco, intentando mantener el equilibrio sin conseguirlo. Iba vestida con la ropa con la que había salido, el pelo un poco revuelto, los ojos brillantes pero vidriosos, y se notaba a leguas que había bebido mucho. Se movía como si todo a su alrededor diera vueltas, hablaba sola en voz baja y apenas se sostenía de pie.

—¡Por fin llegas! —dijo Neithan, acercándose rápido para sujetarla antes de que se cayera. Al tocarla, notó que le olía el aliento a alcohol fuerte, que su cuerpo estaba relajado y pesado, que apenas tenía control sobre sus movimientos.

Ella levantó la cabeza, lo miró con una sonrisa que intentaba ser dulce pero que salió torcida, perdida.

—Neithan… eres tú… —murmuró, arrastrando las palabras, y se dejó caer contra su pecho, apoyando todo su peso en él—. Te esperé… bueno, no, salí… pero aquí estoy, ¿verdad? Aquí estoy contigo…

La tomó con firmeza por la cintura y los hombros para guiarla hacia la habitación. Caminaba con ella paso a paso, sintiendo cómo ella se le pegaba, cómo sus manos le recorrían el pecho y los brazos sin rumbo fijo, con una mezcla de torpeza y ansiedad. Estaba totalmente perdida, no sabía bien dónde estaba ni qué decía, pero en medio de esa bruma de alcohol, lo reconocía a él, y de alguna extraña manera, eso parecía ser lo único que tenía claro.

La ayudó a sentarse en la cama después de varias contradicciones oratorias que ambos se decían para cambiar la conversación del otro y viceversa, y ella se dejó caer hacia atrás, mirando el techo con la vista fija, soltando risitas suaves de vez en cuando. Neithan se arrodilló a su lado, le quitó los zapatos con cuidado, le acomodó el pelo que le caía sobre la cara. Por un momento se quedó mirándola: hacía mucho que no la veía así, tan vulnerable, tan sin defensas, tan ajena a las peleas, al aburrimiento y al desprecio que se tenían ahora. En ese instante, no había rechazo, ni palabras cortantes, ni distancia; solo ella, presente de una forma extraña, aunque fuera sin ser dueña de sí misma.

Ella giró la cabeza hacia él, estiró la mano y le acarició la mejilla con dedos lentos y temblorosos.

—Neithan… —susurró, casi sin voz—. Tú… tú eres el único que… que sabe cómo soy… aunque a veces… a veces te trate mal… es que… no sé qué me pasa…

Se incorporó con dificultad, se acercó a él hasta que sus rostros estuvieron muy cerca. El olor a vino y a perfume lo envolvió, y sintió que todo lo que había entre ellos —el rencor, el cansancio, la indiferencia— se desvanecía por unos momentos, dejando solo esa atracción física que nunca se había ido del todo, aunque estuviera escondida bajo capas de problemas.

—Estoy aquí —le dijo él, con voz baja, tomándole la mano que descansaba en su cara.

Ella no respondió con palabras. Simplemente se inclinó y lo besó. Fue un beso torpe, desordenado, cargado de esa intensidad que le salía sin pensar, sin filtros, sin la frialdad que solía ponerle ahora cuando lo tocaba. Sus brazos le rodearon el cuello con fuerza, como si tuviera miedo de que se fuera, y se pegó a su cuerpo buscando calor, buscando sentirlo, buscando perderse en él más allá de la borrachera.

Neithan la correspondió, dejándose llevar. Al principio fue con cuidado, pero pronto respondió a esa necesidad que ella le transmitía. La ayudó a recostarse, y entre caricias, besos y movimientos lentos y apasionados, todo lo demás desapareció. En ese momento, no importaba que antes no se soportaran, ni que ella estuviera perdida por el alcohol, ni que todo lo que tenían fuera una mezcla confusa de amor y odio. Solo existían ellos dos, unidos en la intimidad, entregándose el uno al otro con una urgencia que venía de muy adentro, como si fuera la única forma que tenían de entenderse o de estar cerca.

Hicieron el amor despacio, con la mezcla de dulzura y deseo que siempre había estado ahí. Ella, entre susurros y respiraciones agitadas, le decía cosas sin sentido, nombres, recuerdos, frases sueltas que se perdían en el aire, y él la abrazaba fuerte, sintiendo su cuerpo, su calor, su presencia entera. Fue un momento extraño, cargado de emociones contradictorias, pero real.

Cuando todo terminó, ella se quedó dormida casi al instante, caída en un sueño profundo y pesado, con la cabeza apoyada en su pecho, respirando tranquila, ya totalmente ajena a todo lo que la rodeaba. Neithan se quedó despierto, mirándola a la luz tenue de la habitación, acariciando su espalda despacio. Sabía que al día siguiente todo volvería a ser igual: las miradas frías, las palabras que cortan, la sensación de que ya no había nada más que hacer entre los dos. Pero esa noche, mientras ella dormía perdida y él la abrazaba, por un momento breve, volvieron a ser lo que fueron, aunque fuera solo en la oscuridad y entre los efectos del alcohol.

A diferencia de todas las veces, algo en el corazón de Neithan se hizo notar y de pronto se le ocurrió por la cabeza un pensamiento que nunca más había llegado a imaginar...

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