Jeremy aceptó una propuesta laboral que le garantizaba el éxito profesional; el único problema era que lo llevó a la ciudad donde vivía Alisson, su primer y más grande amor, con quien las cosas no habían terminado nada bien hace diez años atrás. Al llegar no esperó encontrarse con la noticia de que su ex había fallecido el día anterior.
Asistió al funeral para despedirse como no pudo hacerlo antes, cuando puso una rosa en el ataúd, no pudo evitar derramar una lágrima; y eso fue suficiente para crear la conexión. Al llegar a su departamento, mientras terminaba de bañarse y limpiar el espejo empañado, vio a través del mismo el rostro de Alisson; acababa de toparse con el fantasma de su ex.
Ahora Alisson le pide ayuda para atrapar a su asesino, porque le asegura que ella no se mató, aunque no recuerda quien lo hizo. ¿Podrá Jeremy descubrir la verdad de la muerte de Alisson? ¿Podrá descubrir la verdadera razón de su separación?
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15. No recuerdo eso
Las puertas del ascensor se abrieron nuevamente en el piso quince.
Dos empleados entraron, trajes impecables y carpetas bajo el brazo, hablando en voz baja sobre costos de materiales y plazos de ejecución. Se callaron en cuanto reconocieron a Rebecca, sus posturas enderezándose instintivamente. El ambiente cambió instantáneamente, la tensión profesional volviéndose espesa y sofocante.
Jeremy aprovechó el silencio artificial, el ruido blanco de la cabina en movimiento.
- “La mujer que murió”, dijo Jeremy cuidadosamente, eligiendo cada palabra como si pisara sobre minas. “Alisson Cooper. Dijiste que era problemática”.
Rebecca ni siquiera dudó. No hubo pausa de reflexión, ni compasión, solo datos.
- “Lo era”, dijo Rebecca.
La respuesta fue inmediata. Preparada. Demasiado preparada.
Jeremy sintió un frío recorrerle la espina dorsal, distinto al que emanaba Alisson. Era el frío de la maquinaria corporativa aceitada y sin alma. Cruzó los brazos lentamente, protegiéndose.
- “¿Por qué?”, cuestionó Jeremy.
Rebecca lo miró de reojo, impaciente por la pérdida de tiempo.
- “Porque se negó a vender incluso cuando el resto entendió que el proyecto iba a ocurrir de todos modos”, respondió Rebecca.
- “Tal vez tenía razones”, dijo Jeremy, una defensa instintiva, un eco de quien había sido hace diez años.
- “Todo el mundo cree tener razones”, replicó Rebecca con desdén. “Pero la realidad es que la mayoría de las veces es solo ego o estupidez. ¿Sabes qué es lo peor? Que probablemente habría terminado aceptando. Casi todos lo hacen al final. El dinero tiene una forma de hacer que los principios desaparezcan”.
Jeremy observó el reflejo de Alisson en las puertas metálicas del ascensor. Su rostro había cambiado otra vez. La furia se había evaporado, reemplazada por algo mucho más perturbador. No parecía furiosa ahora. Parecía aterrorizada. Sus ojos estaban muy abiertos, fijos en la nuca de Rebecca, y sus manos, que antes estaban cruzadas, ahora temblaban levemente a los costados de su cuerpo.
Eso le preocupó mucho más que la ira. La ira era cálida, viva; el miedo era paralizante.
Las puertas se abrieron finalmente en el lobby principal. El bullicio de la recepción inundó la cabina: teléfonos sonando, gente hablando, el zumbido de la actividad empresarial.
Rebecca salió primero, moviéndose con la confianza de alguien que se creía dueña del espacio.
- “Ve al edificio”, ordenó Rebecca sin mirarlo atrás. “Revisa estructuras. Haz contactos. Y trata de no verte tan miserable cuando hables con clientes”.
Jeremy empezó a seguirla, pero sus pies se detuvieron en el umbral. No podía dejarlo así. No podía dejar que esa mentira flotara en el aire sin cuestionarla.
- “Rebecca”, dijo Jeremy.
Ella giró apenas la cabeza, impaciente, su mano ya sosteniendo su teléfono para la siguiente llamada.
- “¿Sí?”, expresó Rebecca.
Jeremy sostuvo su mirada, buscando cualquier rastro de humanidad detrás de la máscara ejecutiva.
- “¿Cómo murió exactamente Alisson Cooper?”, preguntó Jeremy.
Rebecca lo miró por un segundo más, como si valorara si valía la pena darle la información.
- “Se ahorcó en su estudio, la encontraron colgando de una viga”, respondió Rebecca, con una indiferencia escalofriante. “Al menos eso dice el informe”.
Jeremy sintió un vacío abrirse en el pecho, un hueco donde el aire no entraba. Las palabras resonaron en sus oídos, crueles y definitivas.
Porque Alisson, de pie justo junto a las puertas del ascensor, estaba negando lentamente con la cabeza.
El movimiento era pequeño, casi imperceptible, pero para Jeremy fue un grito. Sus ojos estaban llenos de lágrimas que no caían, negando la versión oficial, negando la facilidad con la que descartaban su vida.
Rebecca acomodó la tableta bajo el brazo, ya lista para irse.
- “Ahora si terminaste con el interrogatorio, tengo una empresa que mantener funcionando”, dijo Rebecca.
Y se alejó entre el movimiento elegante y agresivo del lobby corporativo, fusionándose con la multitud de trajes y ambiciones.
Jeremy permaneció inmóvil unos segundos, dejando que la gente fluyera a su alrededor. Luego, lentamente, giró hacia Alisson.
Ella ya no miraba a Rebecca. Lo miraba a él directamente. Y desde que apareció en su apartamento, rompiendo el espejo y su paz mental, Jeremy vio miedo real en sus ojos. Un miedo que no tenía nada que ver con fantasmas o lugares embrujados, sino con el dolor humano más puro.
- “Tú no te ahorcaste”, dijo Jeremy en voz baja, una afirmación, no una pregunta.
Ella lo miró, y los labios le temblaron al intentar formar palabras que no salían.
- “No recuerdo eso”, susurró Alisson, su voz apenas un hilo de sonido, rota por la emoción.
Jeremy esperó, esperando que ella dijera más, que explicara, pero ella solo bajó la mirada. Aunque no se lo dijo a Jeremy, en su mente las imágenes estaban destellando con una violencia aterradora.
No recordaba haberse ahorcado el día de su muerte, pero sí recordaba otro momento, hace diez años, mientras Jeremy estaba atrapado en su nuevo trabajo en Bright, ignorando sus llamadas.
Recordaba las manos fuertes que la habían inmovilizado, el lazo apretándose alrededor de su cuello, la asfixia, el pánico absoluto de un ataque que la dejó marcada para siempre. Recordaba haber sobrevivido a eso, pero haber muerto por dentro ese día, cuando no pudo decirle a Jeremy la verdad sobre lo que le habían hecho, cuando el miedo la obligó a dejarlo alejarse, convenciéndose de que su silencio lo protegería a él.