NovelToon NovelToon
EL TRONO DE ÁMBAR

EL TRONO DE ÁMBAR

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Época / Posesivo
Popularitas:380
Nilai: 5
nombre de autor: Andy GZ

El destino de los imperios no siempre se decide en los campos de batalla, bañados en sangre y acero. A veces, el rumbo de la historia se tuerce en el silencio de un pasillo de seda, en el suspiro de un Omega que se niega a ser quebrado y en la mirada de un Sultán que descubre que su mayor conquista no es una tierra, sino un alma.

Dorian no era un regalo. Era una tormenta envuelta en gasa y orgullo. Selim no era solo un monarca. Era un fuego que lo consumía todo. En el corazón del Imperio Otomano, donde las leyes de los Alfas y Omegas son tan antiguas como el mismo Bósforo, un vínculo prohibido está a punto de nacer. Un vínculo que podría ser la salvación del Sultán... o el incendio que reduzca a cenizas su trono.

NovelToon tiene autorización de Andy GZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: El Palacio de los Suspiros y la Seda Caliente

La llegada a Edirne no fue la de una comitiva herida, sino la de conquistadores. El Palacio de Verano, rodeado por los ríos Tunca y Meriç, era una joya de mármol rosa y jardines laberínticos que exhalaban el aroma dulce de los narcisos y el jazmín. Aquí, el aire era más ligero que en la capital, pero la atmósfera en la tienda imperial esa última noche de viaje había dejado una marca indeleble en ambos.

Dorian se instaló en los aposentos del ala oeste, una estancia que parecía flotar sobre el agua. El suelo estaba cubierto de mosaicos que representaban el curso de los ríos, y las paredes estaban tapizadas con sedas de color ámbar que recordaban constantemente a Dorian el color de los ojos de su Alfa.

—Sumbul, preparad el baño —ordenó Dorian, quitándose la túnica de montar manchada de polvo y sangre—. Y traed el aceite de oud y sándalo que el Sultán me envió desde la India. Esta noche no habrá consejos ni generales. Solo quiero... borrar el rastro del acero de mi piel.

Mientras Dorian se sumergía en las aguas termales del Hamam privado, Selim no perdía el tiempo. En el salón principal de Edirne, el Sultán dictaba sentencias. El anillo de la familia de Layla, recuperado del mercenario muerto, estaba sobre la mesa como una sentencia de muerte.

—Enviad a los jenízaros a las tierras de la familia de Layla en Tracia —rugió Selim, su voz resonando en las bóvedas—. Incautad sus caballos, quemad sus estandartes y traed a sus jefes encadenados a Edirne. Si un solo hombre de su linaje se resiste, que su cabeza decore las puertas de la ciudad.

Selim estaba fuera de sí. El ataque a Dorian había despertado un instinto de protección tan primitivo que rozaba la locura. No quería solo justicia; quería borrar cualquier rastro de amenaza contra su omega. Pero su mente, aunque nublada por la furia, recordaba las palabras de Dorian: necesitaban una red de espías propia.

Dorian, desde el baño, ya había empezado. Había llamado a tres de los jóvenes omegas que habían viajado en la comitiva, muchachos que nadie notaba pero que tenían oídos en todas partes. —A partir de hoy, vuestra lealtad es para el Norte —les dijo Dorian, mientras el vapor del agua rodeaba su figura como una nube—. Quiero saber qué dicen los visires en los mercados de Edirne. Quiero saber quién envía cartas a Estambul. Sed mis sombras, y yo os daré un poder que ninguna joya puede comprar.

Cuando la luna alcanzó su cenit, Selim entró en los aposentos de Dorian. El Sultán no llevaba su corona ni su armadura; vestía solo una bata de seda negra, abierta hasta la cintura, revelando su pecho bronceado y poderoso. Al ver a Dorian, el aliento de Selim se detuvo.

Dorian estaba de pie junto al balcón, envuelto en una bata de gasa tan fina que era casi invisible bajo la luz plateada. Su piel, suavizada por los aceites exóticos, brillaba como el nácar. El aroma de Dorian —lirios frescos mezclados con el calor de su propia casta omega— llenaba la habitación, llamando al Alfa de Selim con un grito silencioso pero irresistible.

Selim cruzó la estancia en tres zancadas, atrapando a Dorian por la cintura y pegándolo contra su cuerpo sólido. El contraste entre la seda fría y la piel ardiente del Sultán hizo que Dorian soltara un gemido de anticipación.

—Hueles a victoria y a deseo —gruñó Selim, enterrando su rostro en la curva del cuello de Dorian, lamiendo la piel justo sobre su glándula—. Pensar que ese bastardo intentó tocarte... pensar que casi me arrebatan este calor...

Selim no esperó respuesta. Sus labios capturaron los de Dorian con un hambre feroz, una invasión de lengua y dientes que sabía a posesión absoluta. Sus manos, grandes y callosas por el manejo de la espada, bajaron por la espalda de Dorian, apretando sus nalgas y elevándolo para que las piernas del omega rodearan su cintura.

Dorian rodeó el cuello del Sultán, entregándose al torbellino. En Edirne, lejos de las intrigas, su deseo por Selim florecía sin reservas. Se sentía poderoso siendo el objeto de tal devoción salvaje.

Selim llevó a Dorian hacia la inmensa cama cubierta de pieles de leopardo y sábanas de seda dorada. Lo recostó con una delicadeza que contrastaba con la urgencia de sus movimientos. Con un tirón, la bata de Dorian desapareció. El Sultán se tomó un momento para devorarlo con la mirada: los hombros finos, el vientre plano que subía y bajaba con la respiración agitada, y la piel blanca que parecía invocar las marcas que Selim deseaba dejar.

—Eres mío, Dorian —susurró Selim, su voz una vibración profunda que recorrió los huesos del omega—. En cada vida, en cada mundo, me perteneces.

El Sultán bajó su cabeza, recorriendo con besos ardientes el camino desde el pecho de Dorian hasta su vientre, dejando tras de sí un rastro de fuego. Sus dedos se entrelazaron con los de Dorian, anclándolo a las pieles mientras su lengua exploraba cada rincón de su cuerpo con una lascivia experta. Dorian arqueaba la espalda, sus dedos enterrándose en el cabello oscuro de Selim, su mente nublada por el placer exótico que solo este hombre sabía darle.

Cuando Selim finalmente se posicionó sobre él, el peso de su cuerpo Alfa fue la mayor de las delicias. No hubo prisa, solo una entrega rítmica y profunda, una danza de poder donde Dorian reclamaba al Sultán tanto como Selim reclamaba a su Consorte. Cada embestida era una promesa de lealtad, cada gemido un secreto compartido en la oscuridad de Edirne. El sudor mezclado con los aceites de sándalo creaba una fragancia única, la esencia de una dinastía que se forjaba no en el papel, sino en la carne.

La pasión alcanzó un clímax que dejó a ambos exhaustos, envueltos el uno en el otro bajo las mantas de piel. Selim mantenía a Dorian estrechado contra su pecho, su mano descansando posesivamente sobre el vientre del omega, como si ya estuviera protegiendo el futuro que ambos sabían que vendría, aunque no hubiera prisa.

—Layla ya no existe para mí —dijo Selim en la penumbra, su voz recuperando su tono de soberano—. He enviado la orden. Sus tierras han sido confiscadas y ella será enviada al Palacio Viejo de las Lágrimas. Pero sé que ella es solo el hilo de una red más grande.

Dorian, apoyando la cabeza en el hombro del Sultán, trazó las cicatrices de su pecho. —Lo sé. Y mientras estemos en Edirne, mis Sombras del Norte descubrirán quién sostenía ese hilo desde Estambul. Disfrutad de este descanso, mi Sultán... porque cuando volvamos, no solo limpiaremos el harén. Limpiaremos el imperio.

Selim lo besó en la frente, una promesa de sangre y seda, mientras afuera, los ríos de Edirne seguían su curso, llevando consigo los secretos de un amor que acababa de volverse indestructible.

1
Andy Gomez
Muchas gracias 🫶
Espero disfruten esta nueva aventura
Patricia Manasse
Autora totalmente feluz con tus novelas! las boy leyendo todas👏
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play