Natalia está al borde del divorcio, pero un accidente lo cambia todo.
Branko su esposo, sufre un accidente y puede leer los pensamientos de su aún esposa y descubre muchas cosas, Natalia es fría por fuera, pero caótica por dentro, se entera que ella ha estado enamorada de él durante mucho tiempo y ahora es él quien no quiere divorciarse. ¿DIVORCIO? ESO JAMÁS
NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cap. 19 La llamada inesperada
Natalia asintió. Pero cuando abrió la boca, salió otra cosa.
—No… la respuesta era no. Divorcio. ¿Qué rayos…?
Branko parpadeó.
—¿Qué?
—Me traiciona la lengua —dijo Natalia, llevándose una mano a la boca—. La mente, la… las ganas de comer chocolate.
—¿Chocolate?
—Quiero chocolate. Solo necesito algo de helado y chocolate. Ay… ¿de qué estaba hablando?
Branko la miró con los ojos muy abiertos. Luego, muy lentamente, casi se ríe.
Casi.
Pero se contuvo. Porque si se reía, Natalia se enfadaría. Y si se enfadaba, los tres meses se convertirían en tres minutos.
—Estabas hablando de los tres meses —dijo Branko, con la voz más seria que pudo—. Y aceptaste. Dijiste que sí.
—¿Dije que sí?
—Dijiste que sí.
—¿Estás seguro?
—Completamente.
—Porque yo no recuerdo haber dicho que sí. Recuerdo haber dicho que tenía dudas. Y que quería chocolate.
—Dijiste que sí entre el chocolate y el helado.
—¿Entre el chocolate y el helado?
—Fue un momento muy emotivo.
Natalia frunció el ceño. Sospechaba que Branko le estaba tomando el pelo. Pero no podía probarlo.
"Este hombre se está riendo de mí —pensó, mientras Branko escuchaba—. Lo veo en sus ojos. Se está riendo. Pero no puedo enfadarme porque tiene razón: soy un desastre. Dije que sí sin querer. O queriendo. No sé. Ya no sé nada. Necesito ese helado con urgencia."
—Bien —dijo Natalia en voz alta—. Tres meses. Pero si vuelves a hablar con Valeria, los convierto en tres horas.
—Trato hecho.
—Y si tu madre me insulta, no respondo.
—Puedes responder. Solo que con educación.
—Educación no tengo. Tengo sarcasmo. Te sirve.
—Me sirve.
Natalia se levantó. Fue a la nevera. Sacó un helado de chocolate. Lo abrió. Clavó una cuchara.
—¿Quieres? —ofreció.
—No, gracias.
—Mejor. Así es todo para mí.
Se sentó en la barra de la cocina y comenzó a comer helado a las nueve de la mañana.
Branko la observó en silencio.
"Tres meses —pensó—. Noventa días. Más de dos mil horas. Es el tiempo suficiente. Suficiente para demostrarle que no soy el imbécil que cree. Suficiente para que ella suelte esa muralla que la protege. Suficiente para todo."
—Branko —dijo Natalia, con la boca llena de helado.
—¿Dime?
—Estás sonriendo. Es raro. Pareces humano. No lo hagas mucho, que te acostumbras.
—Lo intentaré.
Natalia volvió a su helado. Su mente, sin embargo, no paraba.
"Tres meses. ¿Qué he hecho? ¿He aceptado tres meses de prueba? ¿Con él? ¿Con Branko Sitik, el hombre que me ha ignorado durante dos años? ¿Estoy loca? Sí. Estoy loca. Pero es una locura feliz. O al menos, una locura con helado. Eso cuenta."
*_*
El helado se acabó. Natalia estaba lavando la cuchara cuando el teléfono de Branko sonó.
Él lo miró. Frunció el ceño.
—Es mi madre —dijo.
—¿Y qué quiere?
—No lo sé. Pero nunca llama temprano. Solo cuando hay problemas.
Contestó.
—¿Mamá? —dijo Branko, con voz neutra—. ¿Qué pasa?
Ana Sitik habló durante un minuto entero. Branko escuchó sin interrumpir. Su cara, que había empezado relajada, se fue tensando poco a poco.
—Entiendo —dijo al fin—. Sí, iremos. Esta noche. Está bien. Adiós.
Colgó.
Natalia lo miró con una ceja arqueada.
—¿Qué pasa? —preguntó.
—Cena familiar. Esta noche. En casa de mis padres.
—¿Y por qué esa cara de funeral?
—Porque se han enterado de que pediste el divorcio. Alguien se lo contó. Y quieren hablar del tema.
—Ah —dijo Natalia—. Qué divertido. Una cena donde me van a crucificar.
—No te van a crucificar.
—Claro que sí. Tu madre ya está afilando los cuchillos. Tu padre fingirá que no pasa nada. Tu hermana me mirará como si fuera basura. Y yo tendré que sonreír y fingir que todo está bien.
—No tienes que fingir nada —dijo Branko—. Puedes ser tú misma.
—¿Tú mismo? —Natalia soltó una risa corta—. ¿En serio? ¿Quieres que sea yo misma delante de tu familia? Porque si soy yo misma, tu madre termina llorando, tu padre confiesa lo de su amante y tu hermana descubre que su novio es un estafador.
Branko se quedó helado.
—¿Qué has dicho?
—Nada. Olvídalo.
—Dijiste que mi padre tiene una amante. Y que el novio de Olga es un estafador.
—Dije… divagando.
—No divagabas. Sabes cosas. Siempre sabes cosas.
Natalia se encogió de hombros.
—Soy una chismosa mental. No puedo evitarlo. Leo a la gente. Observo. Deduzco. Y a veces acierto.
—¿Y lo del novio de Olga?
—Es un estafador. Tiene dos demandas por fraude. Una en su país y otra aquí. Se hace llamar "empresario", pero vive de prestar dinero que no tiene. Y se acuesta con medio mundo. Espero que Olga no haya… bueno, ya sabes. Porque tiene una ETS.
—¿Una qué?
—Enfermedad de transmisión sexual. Nada grave si se trata a tiempo. Pero incómodo. Muy incómodo.
Branko se llevó una mano a la cabeza. No a la venda —ya se la había quitado— sino a la sien.
—¿Cómo sabes todo esto? —preguntó, aunque ya lo sabía: porque Natalia era una espía del alma.
—Contraté a un investigador privado —confesó Natalia—. Cuando me casé contigo. Quería saber con quién me estaba vinculando. Investigué a tu padre, a tu madre, a tu hermana, a tus tíos, a tus primos… hasta a tu perro, pero no tenías.
—¿Investigaste a mi familia?
—Por supuesto. No iba a casarme con un desconocido. Necesitaba saber si había asesinos entre ustedes. O deudores. O locos. Y encontré un poco de todo.
Branko parpadeó. Quería enfadarse. Pero no podía. Porque tenía razón. Su familia era un desastre. Y Natalia, por precavida, se había armado.
—Esta noche —dijo Branko—. En la cena. Necesito que no digas nada de eso.
—¿Por qué?
—Porque si lo dices, mi madre se muere, mi padre se enfada y mi hermana me mata.
—Entonces no lo diré.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
"Prometo no decirlo en voz alta —pensó Natalia—. Pero lo pensaré. Todo el tiempo. Y se me va a escapar algo. Porque soy así. Soy un colador de secretos. Se me caen sin querer. ¿Donde deje chocolate escondido?, tengo que hacer un mapa la proxima vez"
Por eso la preferencia con Lucia es su hija Natalia nunca le dieron un trato adecuado.