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BODA SIN FLORES

BODA SIN FLORES

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Amor tras matrimonio / Romance
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Ayla Eisen y Ragnar crecieron bajo la sombra de una tragedia idéntica: la enfermedad que les arrebató a sus madres, dejando a sus padres, empresarios y amigos de toda la vida, sumidos en el dolor, pero ahora, ellos han decidido sellar su destino con un contrato inquebrantable; obligándolos a contraer nupcias, donde se ven atrapados en un matrimonio sin amor, pero unidos por una promesa desesperada hecha sobre las lápidas de sus esposas; que consiste en usar su unión para financiar la batalla contra el mal que destruyó a sus familias, en una casa llena de silencios y recuerdos, en la cual deberán decidir si su alianza es solo un negocio doloroso o si, entre las cenizas de su pérdida, puede nacer la fuerza para sanar... y quizás, aprender a amar
"Nuestras madres nos heredaron su ausencia con su partida pronta, pero nuestros padres nos vendieron al mismo dolor; ahora estamos encadenados por un contrato que se firmó con sangre y se selló sobre sus tumbas."

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

La noche empezó a trascurrir lentamente, como si estuviese nadando en un estanque lleno de tiburones hambrientos; hubo una risa generalizada entre el pequeño círculo de directivos que nos rodeaba. Mi padre me puso una mano sobre el hombro, en un gesto que en cualquier otra familia habría sido de orgullo, pero que, para mí, era solo el peso de una enorme cadena atada en el cuello.

—Ella siempre ha sido dedicada, Bruno —Dijo mi padre, aparentando ser abnegado. —Pero ahora tiene metas más grandes. —La expansión del ala oncológica es solo el inicio, con la fusión, el nombre Eisen será sinónimo de la cura del siglo.

—No obstante, el nombre Graf será el que la financie. —Añadió Bruno con un brillo depredador en la mirada.

No paso mucho cuando se asomaron unas elegantes anfitrionas para conducirnos hacia la mesa principal. El restaurante había sido cerrado exclusivamente para este evento, las mesas estaban adornadas con orquídeas blancas y cubiertos de plata que brillaban bajo la luz de las lámparas de cristal checoslovaco. Me sentaron a la derecha de Ragnar, frente a un hombre de unos sesenta años con una mirada que diseccionaba mi valor neto antes siquiera de saludarme.

—Doctora Eisen que gusto conocerla finalmente en persona. —Dijo el hombre, que resultó ser el presidente de la red de hospitales más grande del sector privado. —He leído su último artículo sobre la mutación de células madre en sarcomas es impresionante, aunque un poco... ambicioso para nuestro mercado actual, ¿no cree? La inversión que propone es astronómica.

Ragnar se inclinó hacia adelante, dejando su copa de vino sobre el mantel.

—La ambición es lo que nos trajo a esta mesa, Caballero. —Intervino él, su voz recuperando ese tono de acero que usaba en las juntas y la inversión no es astronómica si se considera el retorno, no solo en prestigio, sino en patentes exclusivas. La doctora Eisen no solo propone teorías; propone soluciones que harán que sus hospitales sean los únicos en el continente con esta tecnología.

El hombre arqueó una ceja, impresionado por la defensa de Ragnar. Yo aproveché la apertura.

—Los datos técnicos que usted menciona, estimado caballero, no son solo números en un papel. —Dije, manteniendo mi voz firme y profesional, tal como Ragnar me había sugerido. — Hablamos de una reducción del 40% en la resistencia a la quimioterapia tradicional; si Graf-Eisen Global suministra el equipo y nosotros ponemos el conocimiento médico, el monopolio de la salud de alta complejidad será nuestro. ¿Le parece eso demasiado ambicioso o simplemente lógico?

Un silencio sepulcral cayó sobre la mesa. Por primera vez en la noche, sentí que los hombres presentes me miraban no como la "hija de" o la "esposa de", sino como la amenaza intelectual que realmente era. Ragnar, bajo el mantel, rozó mi rodilla con la suya. No fue un gesto romántico; fue un reconocimiento de "bien hecho".

La cena transcurrió entre platos de langosta y cortes de carne que apenas probé. La conversación oscilaba entre proyecciones financieras y chismes de la alta sociedad; lo que me parecía absurdamente aburrido y agotador. Cada vez que alguien mencionaba nuestra boda, Ragnar soltaba algún comentario ingenioso que hacía reír a los invitados, mientras su mano derecha permanecía posesiva sobre la mía, como si quisiera marcar territorio frente a los buitres que nos rodeaban.

—Parecen tan sincronizados. —Susurró la esposa de uno de los ministros presentes. — Es refrescante ver que en estos acuerdos todavía hay espacio para el fuego.

—Oh, el fuego es lo que nos mantiene vivos, señora. —Respondió Ragnar, mirándome de una forma tan intensa que casi me hizo creer que no me odiaba. — Ayla es una mujer difícil de ignorar.

Cuando finalmente terminó la velada, mis pies gritaban por el cansancio y mi rostro se sentía rígido de tanto sostener la máscara de amabilidad. Nos despedimos de nuestros padres con la frialdad protocolaria de siempre, caminamos hacia el auto blindado que nos esperaba bajo la marquesina del restaurante.

En cuanto el chófer cerró la puerta y el vehículo se puso en marcha, la atmósfera cambió instantáneamente; el calor artificial de la pareja enamorada se evaporó, dejando solo el frío metal de la realidad.

Ragnar se aflojó la corbata y se recostó contra el asiento de cuero, cerrando los ojos.

—Te diste cuenta, ¿verdad? —Preguntó sin abrir los ojos.

—¿De qué? ¿De qué nos miraban como si fuéramos ganado premiado? —Pregunté, quitándome uno de los pendientes de diamantes que me pesaba demasiado.

—De que Caballero y tu padre ya están negociando la venta de tu investigación antes de que el equipo llegue al país. Están planeando dejarte fuera de la junta directiva de la fundación. Te quieren como la cara bonita en los folletos, Ayla, no como la jefa de operaciones.

Me quedé helada. Sabía que mi padre era capaz de muchas cosas, pero robarme el control operativo de mi propia investigación era un golpe bajo, incluso para él.

—No lo permitiré —Dije con un hilo de voz, la rabia empezando a hervir en mi pecho. — Es mi trabajo, la promesa que le hice a mi madre.

Él abrió los ojos y se giró hacia mí, en la penumbra del auto, sus facciones se veían duras, esculpidas en piedra.

—Entonces vas a tener que jugar más sucio que ellos y para eso, me necesitas. —Se acercó, invadiendo mi espacio personal una vez más. — Mañana vamos a registrar la patente a nombre de una subsidiaria que yo controlo, si ellos quieren el crédito, tendrán que pasar por mí y si pasan por mí, tendrán que darte el asiento que te corresponde.

—¿Por qué me ayudas, Ragnar? —Le pregunté, buscándole la mirada. —Esto no estaba en el contrato; simplemente podrías dejar que me hundan y quedarte con todo.

Él guardó silencio por un largo momento, observando las luces de la ciudad que pasaban veloces por la ventana.

—Porque odio a los buitres, Lía. — Incluso cuando uno de ellos lleva mi apellido. —Respondió finalmente. —Además porque si vas a ser mi reina por los próximos diez años, prefiero una que sepa usar la espada a una que solo sepa usar la corona.

El Mercedes entró por el portón de la mansión, al bajar, el aire frío de la montaña me golpeó el rostro, devolviéndome un poco de claridad. Entramos en la casa en silencio. Al llegar a la bifurcación de las alas, me detuve.

—Ragnar. —Lo llamé antes de que se fuera a su territorio.

Él se giró, con la chaqueta en la mano y la camisa desabrochada.

—Gracias, por lo de la cena. — Manejaste a esos hombres mejor de lo que yo esperaba.

Él esbozó esa sonrisa lateral, la que me irritaba y me intrigaba por partes iguales.

—No me des las gracias todavía, Doctora. La función apenas ha comenzado y el público es muy exigente. —Duerme un poco, mañana tenemos que ir a firmar esos papeles antes de que tu padre se despierte con una nueva idea para traicionarte.

Caminé hacia mi habitación, sintiendo el roce de la seda contra mi piel. Me quité el vestido perla y lo dejé tirado en el suelo, como el disfraz que era. —Me metí en la cama, pero el sueño no llegaba, pensaba en la forma en que Ragnar me había defendido, en el calor de su mano sobre la mía y en la oscuridad que compartíamos.

Él tenía razón; estábamos en una guerra, los sentimientos son el primer síntoma de debilidad, pero mientras miraba el techo de mi nueva prisión de lujo, una duda me asaltaba: ¿qué pasaría si el paciente; “nuestro matrimonio” empezaba a mostrar signos de vida que ninguno de los dos había planeado?

Cerré los ojos, obligándome a respirar con calma... Diez años, solo eran diez años; pero esa noche, por primera vez, el tiempo no se sentía como una condena, sino como una eternidad en la que cualquier cosa, incluso lo imposible, podía suceder.

1
Yanet Cristina Vilugron Salazar
mal los padres
Yanet Cristina Vilugron Salazar
omg😱
Yanet Cristina Vilugron Salazar
upsss
Yanet Cristina Vilugron Salazar
jajaja él la miro como hombre
Yanet Cristina Vilugron Salazar
hay hay emociones
Yanet Cristina Vilugron Salazar
me gusta
Yanet Cristina Vilugron Salazar
interesante
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