reencarne en una Duquesa maltrata por el amor y antes era una agricultura 🚜 de vegetales y mas.
como voy a sobrevivir siendo tan salvaje como un hombre
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capitulo 3:El hombre que dejó de ver la verdad
Lucía ya había visto lo suficiente de ese ducado para entender algo muy claro, Kilian no era simplemente un hombre frío, era un hombre que elegía serlo cuando le convenía, y eso lo hacía más peligroso que cualquier tirano impulsivo, porque no era ignorante, no era incapaz, simplemente decidía no ver lo que no quería ver, y eso… lo volvía peor. Mientras caminaba con calma por los pasillos, con una postura mucho más firme que días atrás, su mente iba ordenando todo lo que sabía de él, no como alguien que lo odiaba, ni como alguien que lo amaba, sino como alguien que lo analizaba, como siempre había hecho en su vida anterior con la tierra, con las cosechas, con las decisiones que podían arruinar o salvar una temporada entera.
Kilian era fuerte, absurdamente fuerte, no solo por su físico sino por la forma en que dominaba el entorno, su sola presencia imponía, pero esa fuerza no estaba acompañada por equilibrio, no ya, porque antes sí lo estaba, antes de conocer a Nieves, según la novela y según los recuerdos que ahora tenía, él era un hombre duro pero justo, alguien que podía ser cruel si la situación lo exigía, pero que escuchaba, que analizaba, que veía ambos lados antes de actuar, un verdadero duque, alguien que entendía el peso de sus decisiones, alguien que no se dejaba llevar tan fácilmente… hasta que apareció ella.
Lucía soltó un leve suspiro mientras giraba por uno de los corredores que daban hacia el jardín, recordando ese punto clave, ese momento donde todo cambió, no fue algo gradual al inicio, fue un quiebre, una decisión tomada en segundos que arrastró todo lo demás detrás, una misión del rey, un marquesado corrupto, una orden clara de capturar o eliminar, algo que Kilian habría hecho sin dudar pero con criterio, con investigación, con pruebas… si hubiera sido el de antes, pero no lo fue, porque en medio de todo ese caos la vio, cabello blanco, piel perfecta, ojos que parecían hechos para engañar a cualquiera, y una voz suave diciendo “sálvame”.
Lucía torció apenas los labios, no con celos, sino con una mezcla de ironía y fastidio, porque sabía lo que venía después incluso sin haberlo vivido, no eran bandidos, no eran criminales, eran los padres de esa misma mujer, intentando forzar un compromiso político como era común en ese mundo, algo que Kilian habría entendido perfectamente si hubiera escuchado, si hubiera investigado, si hubiera sido quien era… pero no lo hizo, porque no quiso, porque en el momento en que esa mujer lo miró y le pidió ayuda, decidió creerle sin más, decidió actuar sin pensar, y los mató.
Siguió caminando sin detenerse, como si ese pensamiento no le pesara en lo absoluto, pero en su mente todo encajaba con demasiada claridad, lo que vino después fue incluso peor, porque ella no lo corrigió, no dijo la verdad, no mostró duda, solo agradeció, lo llamó salvador, lo hizo sentirse correcto, y desde ahí… todo se torció poco a poco, no de golpe, no de forma evidente para otros, pero sí lo suficiente para cambiarlo por dentro, empezó a dejar de cuestionar, empezó a reaccionar más que a pensar, empezó a depender de lo que ella decía, como si su palabra fuera suficiente para definir la realidad.
Lucía apoyó su mano suavemente sobre su vientre mientras caminaba, sintiendo ese leve peso que aún no era visible pero que ya lo cambiaba todo, y mientras lo hacía, su mente no se llenaba de tristeza, sino de claridad, porque entendía perfectamente lo que tenía enfrente, un duque poderoso, capaz, respetado por su pueblo porque en lo superficial seguía haciendo bien su trabajo, porque el ducado funcionaba, porque las decisiones grandes seguían siendo correctas, pero profundamente… era un hombre mal enfocado, alguien que había cambiado sus prioridades, alguien que podía gobernar bien un territorio pero no su propia vida emocional.
Eso lo hacía manejable.
No fácil.
Pero manejable.
Lucía levantó la mirada, observando el jardín a lo lejos mientras una pequeña sonrisa, casi imperceptible, aparecía en su rostro, no una sonrisa dulce, no una sonrisa enamorada como la de la otra Lucía, sino una que nacía del entendimiento, porque ella no estaba dentro de esa historia para repetirla, no estaba ahí para rogar, ni para competir por un hombre que ya había elegido, ni para caer en el mismo juego emocional que terminó destruyendo a la original.
Ella tenía otra ventaja.
Ella sabía.
Sabía cómo empezaba todo.
Sabía cómo terminaba.
Y lo más importante…
Sabía en qué punto estaba ahora.
Dos meses de embarazo.
El inicio del verdadero descenso en la historia original.
Lucía bajó la mirada hacia su vientre una vez más, esta vez con una firmeza distinta, no era solo una idea, no era solo una responsabilidad, era una decisión, este niño no iba a pasar por lo mismo, no iba a ser arrebatado, no iba a crecer lejos de ella por capricho de un hombre que ni siquiera entendía el valor de lo que tenía.
Y para eso…
No necesitaba amor.
Eso ya lo tenía claro.
Mientras retomaba el paso con tranquilidad, su mente volvió a lo práctico, a lo que realmente importaba en ese momento, dinero, propiedades, poder, cosas que la otra Lucía tuvo y nunca usó, setenta millones de dote, diez mansiones, una posición que le daba autoridad dentro del ducado, y aun así… terminó en la calle, sin nada, como si nunca hubiera tenido nada en primer lugar.
—Qué desperdicio…
Pensó sin decirlo en voz alta, pero con una claridad casi fría, porque para ella eso no era trágico, era evitable, era un error, y los errores… se corrigen.
Sus dedos se movieron levemente sobre la tela de su vestido mientras avanzaba, sintiendo poco a poco cómo su cuerpo respondía mejor, cómo la debilidad de días atrás iba desapareciendo, no del todo, pero lo suficiente como para actuar, lo suficiente como para empezar a moverse sin depender de nadie, y eso… era lo único que necesitaba para comenzar.
Kilian no le interesaba.
No como hombre.
No como esposo.
Pero sí como factor.
Como variable.
Como alguien que podía interferir… o ser ignorado.
Y Nieves…
Lucía soltó una pequeña exhalación, casi una risa silenciosa, porque no necesitaba acercarse para entenderla, no necesitaba hablar con ella para saber qué tipo de mujer era, no necesitaba pruebas para confirmar lo evidente, esa mujer no era inocente, nunca lo fue, y si Kilian no lo veía… era porque no quería verlo.
Eso no era problema suyo.
Al menos no todavía.
Porque por ahora, su mundo era más pequeño y más importante al mismo tiempo, su cuerpo, su recuperación, su estabilidad, su hijo, y el control que empezaba a tomar poco a poco dentro de ese lugar donde antes había sido invisible.
Lucía levantó el rostro, dejando que la luz del día tocara su piel pálida mientras sus ojos grises se mantenían tranquilos, firmes, distintos a los de la mujer que había sido antes en ese mismo cuerpo, porque esa Lucía había esperado amor, había soportado, había caído poco a poco sin defenderse.
Ella no.
Ella no iba a esperar nada de nadie.
Y mucho menos de un hombre que ni siquiera era capaz de cuestionar a quien tenía al lado.
Si la historia iba a cambiar…
No sería por él.
Sería por ella.
Y esta vez…
La flor no iba a marchitarse.