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LA OMEGA QUE DESPERTÓ A LA BESTIA

LA OMEGA QUE DESPERTÓ A LA BESTIA

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Grandes Curvas / Hombre lobo
Popularitas:24.3k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Irina Vólkov es la vergüenza de su familia. Omega sin loba, gorda y relegada a fregar platos mientras su hermana gemela Astrid brilla como la bendecida por la diosa luna. La noche de su cumpleaños 18, su padre la anuncia como ofrenda al Rey Theron Blackmoor — un alfa maldito del que nadie habla sin bajar la voz.

Lo que nadie sabe es que antes de esa noche, en un lago escondido entre las montañas, una bestia enorme la encontró desnuda bajo la luna. No la atacó. Solo la miró. Como si la estuviera esperando.

Ahora Irina está encerrada en un castillo oscuro con un rey que la desprecia de día y una bestia que duerme a sus pies de noche. Con una ceremonia que puede unirla a él para siempre — o matarla si la diosa luna decide que no es suficiente. Con una hermana dispuesta a todo por quitarle lo que tiene. Y con una loba despertando dentro de ella que le susurra lo que Irina se niega a aceptar:

Que la bestia la eligió primero.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 22 La noche

Irina se duchó tres veces.

No porque estuviera sucia sino porque los nervios la hacían hacer cosas sin sentido y ducharse era mejor que dar vueltas por la habitación como un animal enjaulado.

Se puso el camisón negro. Se miró en el espejo. Noventa kilos, caderas anchas, muslos gruesos, cicatrices de plata en las muñecas.

Deja de mirarte así, dijo Kira. Ese hombre se arrancó los dientes por ti. No le importan tus kilos.

Fácil decirlo cuando no eres tú la que va a estar desnuda frente a él.

Irina, estás desnuda frente a él cada mañana desde hace semanas.

Eso es diferente. Eso es accidental. Esto es a propósito. Y a propósito da miedo.

Tocaron la puerta. Un solo golpe. Nudillos, no hocico.

Respiró. Abrió.

Theron estaba en el umbral. Pelo húmedo, camisa limpia pegada a los hombros, descalzo. Los ojos grises la recorrieron de arriba abajo y algo en su mandíbula se apretó de esa forma que Irina ya conocía: contención. El dique sujetando el río.

—Hola —dijo él.

—Hola.

—¿Puedo entrar?

—Llevas semanas entrando sin preguntar. Bueno, tu otra mitad.

—Por eso pregunto. Esta vez soy yo.

Entró. La puerta se cerró.

—Estoy nerviosa —dijo Irina—. Y odio estar nerviosa. Estuve frente a brujas, cadenas de plata y tu madre, y nada me puso tan nerviosa como tú mirándome con esa cara.

—¿Qué cara?

—La de que quieres devorarme, pero tienes miedo de romperme.

Theron le puso las manos en la cara. Las palmas con las cicatrices contra sus mejillas.

—No voy a romperte. Pero no voy a ser suave. No soy un hombre suave, Irina, y llevo semanas conteniéndome.

—No te pedí que fueras suave. Te pedí que fueras tú.

La besó.

Le agarró la cara con las dos manos y la besó como alguien que lleva ocho años sin permitirse sentir y que acaba de soltar todas las cadenas a la vez. La boca caliente, la lengua buscando la suya con una urgencia que le aflojó las rodillas y le encendió algo en la base de la columna que subió como fuego líquido.

Irina le agarró la camisa y tiró. Botones saltando. Le metió las manos debajo de la tela y lo tocó: la piel caliente, los músculos tensos, las cicatrices de guerrero que le recorrían el torso como un mapa de batallas que ella quería aprenderse con los dedos y con la boca.

—El camisón —gruñó Theron contra su cuello, mordiéndole el lóbulo de la oreja con una presión que le arrancó un sonido de la garganta que no sabía que podía hacer.

—Quítamelo.

Se lo quitó. Lo levantó desde las caderas, despacio, pasándoselo por la cabeza, y cuando la tela cayó al suelo Irina quedó frente a él sin nada entre los dos. Cada curva, cada pliegue, las cicatrices de plata brillando en las muñecas.

Theron la miró. Le recorrió el cuerpo con los ojos de la forma en que un hombre hambriento mira un banquete: sin prisa, saboreando cada centímetro antes de tocarlo.

—Eres hermosa —dijo con una voz que le salió rota.

—No tienes que...

—Cállate y déjame mirarte.

Irina se calló. Porque la forma en que él la miraba, como si cada kilo que el mundo le reprochó fuera exactamente lo que él quería, le cerró la garganta con algo que no era vergüenza sino lo opuesto.

Theron se quitó lo que le quedaba de camisa. Se quitó el pantalón. Se quedó frente a ella sin nada y Irina lo miró como él la miró a ella: sin prisa, sin pudor, tomando nota de cada línea de su cuerpo que ya conocía de las mañanas pero que ahora, a la luz de la vela, con los dos despiertos y eligiendo estar ahí, era completamente diferente.

Era mucho. Todo en él era mucho.

—Ven aquí —dijo Irina.

Cayeron en la cama.

El peso de él encima, sólido, caliente, con las caderas encajando entre las suyas como si sus cuerpos hubieran sido diseñados para esta posición exacta. Irina le rodeó la cintura con las piernas y lo acercó, sintiendo cada centímetro de su piel contra la suya, la dureza de él presionando contra ella en el lugar exacto donde más lo necesitaba.

Theron le recorrió el cuello con la boca. Le mordió la clavícula. Bajó besándole el pecho con una lentitud que era tortura deliberada, deteniéndose donde la piel se volvía más suave, donde la respiración de Irina cambiaba de ritmo, aprendiendo su cuerpo como quien lee un mapa con los labios.

Le tomó un pecho con la mano. La boca en el otro. La lengua caliente contra su piel. Irina arqueó la espalda y le clavó las uñas en los hombros con tanta fuerza que le dejó marcas.

—Más —dijo.

—¿Más qué?

—Más todo. Más abajo. Más fuerte. Más tú.

Theron bajó. Le besó el estómago sin esquivar ni un centímetro, sin evitar los pliegues ni las curvas que ella habría escondido de cualquier otro. Le besó las caderas. Los muslos. Le separó las piernas con las manos y la besó ahí, donde nadie la había besado nunca, donde nadie la había tocado nunca, y el sonido que Irina hizo fue algo entre un grito y una plegaria que rebotó en las paredes de piedra del castillo.

—Theron... mierda... no pares...

No paró. Le agarró las caderas con las dos manos y la sostuvo contra su boca con una devoción que contradecía todo lo que ella creía saber sobre este hombre frío y distante que de día le hablaba con monosílabos. Este no era el rey del castillo negro. Este era un hombre de rodillas entre sus piernas adorándola con la boca como si fuera lo único que quería hacer por el resto de su vida.

Irina se vino con un espasmo que le recorrió el cuerpo entero, con las manos aferradas a las sábanas y la espalda arqueada y un grito que probablemente escuchó todo el ala principal del castillo y que le importó exactamente nada.

Theron subió. Le besó la boca y ella se probó en sus labios y en vez de darle vergüenza le dio hambre de más. Le agarró la cara, le mordió el labio, le enredó las piernas en la cintura.

—Ahora —dijo contra su boca.

—¿Segura?

—Si me preguntas una vez más si estoy segura, te juro que...

Entró en ella.

Irina dejó de respirar un segundo. Después dejó de pensar. Lo único que existía era la sensación de él llenándola, estirándola, encajando en ella con un empujón que le sacó un gemido gutural que fue mitad dolor y mitad algo tan bueno que le nubló la vista.

Theron apoyó la frente contra la suya. Respiraba entrecortado. Temblaba.

—¿Estás bien? —jadeó.

—Muévete, Theron.

Se movió.

Lento al principio, encontrando el ritmo, ajustándose a ella mientras ella se ajustaba a él. Después más rápido, más profundo, con las manos de él agarrándole las caderas y levantándola para cambiar el ángulo, encontrando un punto adentro de ella que le hizo ver luces detrás de los párpados y gritar su nombre de una forma que probablemente lo iba a avergonzar mañana pero que ahora era lo más honesto que había dicho en su vida.

Él le mordía el cuello. Ella le arañaba la espalda. Los dos sudando, jadeando, diciendo cosas que no eran palabras sino sonidos animales que venían de un lugar más profundo que la garganta. La cama golpeaba la pared con cada embestida y a ninguno le importaba la pared ni la cama ni los guardias del pasillo ni el mundo entero.

—Más fuerte —dijo Irina clavándole los dientes en el hombro.

Theron gruñó. La agarró de las caderas, la levantó y la puso encima de él en un movimiento que le sacó el aire a los dos. Irina lo miró desde arriba, con las manos en su pecho, el pelo cayéndole en la cara, las cicatrices de plata brillando en sus muñecas. Y se movió.

Se movió sobre él con una urgencia que no era bonita ni elegante ni de película sino cruda, animal, de dos personas que llevan semanas quemándose y por fin tienen permiso de arder. Los ojos de Theron se volvieron dorados. Las manos le temblaban en sus caderas. La bestia empujaba desde adentro y la dejaba empujar porque por primera vez hombre y bestia querían lo mismo.

—Irina... voy a...

—Juntos.

Se vinieron al mismo tiempo. Y con el clímax llegó la transformación.

No fue dolorosa. Fue como caer en agua caliente. Los huesos se reacomodaron, la piel cedió, y donde había dos personas había dos criaturas en una cama que crujió hasta rendirse.

Kira y la bestia. Frente a frente. Ojos brillando.

La bestia le mordió el cuello a Kira.

No para hacer daño. Para marcar. Los colmillos se hundieron donde el cuello se une con el lomo y algo se activó que recorrió a Irina como un rayo. Sintió a Theron adentro de su cabeza. Su miedo, su deseo, su amor enorme y torpe. Y él la sintió a ella.

La marca del mate.

Nos marcó, susurró Kira. Antes de la Luna Roja. La bestia nos marcó. Esto ya no se puede deshacer.

Se destransformaron. Humanos otra vez. Desnudos en la cama destrozada. Irina tenía una marca pulsando en el cuello. La tocó.

—¿Qué hiciste? —susurró.

—La bestia hizo lo que yo quería hacer desde que te vio en el lago —dijo Theron, tocándole la marca con los dedos—. Hacerte mía.

—¿Sabes lo que esto significa?

—Que estamos jodidos.

—Jodidos —confirmó Irina—. Literal y figurativamente.

Theron se rió contra su pelo. Ella se rió contra su pecho. Dos personas destruidas, cicatrizadas, jodidas de todas las formas posibles, riéndose desnudas en una cama rota en un castillo maldito.

Kira.

¿Sí?

¿Esto nos va a salvar?

Ahora somos uno. Y uno es más difícil de romper que dos.

Cerró los ojos. Su brazo alrededor de ella, la marca latiendo en su cuello como un segundo corazón.

Por primera vez, no quería escapar.

1
Livia silva mejias
DIOSDELAVIDAAAAAA!...que buena se puso la cosa.
conchole que toda la energía negativa que carga el hijo de la bruja se le devuelva y nada arruine el ritual de la Luna Roja 🤞🏼🤞🏼🤞🏼🤞🏼
Anonymus
Será que Elias es un brujo disfrazado, el peligro no acaba 🤯🤯🤯🤯
ShaLop
Excelenteeeee
Pris
Ay que angustia ahora. Quien será ese
Nancy Monterrosa
ay escritora porfa deja que se haga la ceremonia y después que puedan luchar contra la maldad
Nancy Monterrosa
amo a esta suegra jajajaja más suegras así
✨✨Esmeralda Guzman✨✨
lo bueno es que lo vigilan y si hace algo no están desprevenidos
Anonymus
Me huele a Brujo vengativo y peligro inminente, sino se ponen la sillas lanteagedia vuelve y los alcanza y esta vez sin segundas oportunidades 😭😭😭😭🤯🤯🤯
Anonymus
Catalina desde el primer capítulo que te leí, te ganaste mi admiración, temor, resquemor y ahora cariño, bien por ti
Odalis Angelica Bueno Vargas
Hay dios mio ojalá no sea algo malo ya que ella salio casi de la muerte para que venga otro y la remate
daya murillo
hermosa historia felicidades autora👏
Livia silva mejias
👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼 Excelente!
felicidades AUTORA
Nancy Monterrosa
amo a esa suegra metiche jajajaja
✨✨Esmeralda Guzman✨✨
tu madre acaba de abrir la puerta para que dejen de fingir que no ha pasado nada cuando en realidad pasa de todo y de muchas maneras 🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭🥰🥰🥰🥰🥰
Rosa Zambrano
Felicitaciones apreciada escritora, nada aburrida, mucha acción en diversas versiones 🫂❤️🌹
Rosa Zambrano
Estoy super emocionada. Un capítulo buenísimo
Livia silva mejias
🥵🥵🥵 IRIIINAAAA cochina envidia que me das, te dieron como furruco en feria 😜😜😜
Livia silva mejias
😈😈❤️‍🔥❤️‍🔥🥵🥵 A quién le van a dar hasta en ID 😍😍😍😍🤪😜
Alexandra Ortiz Posada
Excelente capitulo, gracias por compartir, bendiciones
Bedy Moreno
excelente,admiro tu obra, primero vez que te leo !!
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