Ella reencarna el personaje de una novela que leyó y decide cambiar su destino haciendo un pacto con él temible duque..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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La Duquesa 2
La noche había sido larga.
Mucho más de lo que el duque había previsto.
Los bandidos no eran simples ladrones improvisados.. estaban organizados, desesperados… y eso los hacía más peligrosos. La lucha se extendió durante horas, entre choques de acero, destellos de magia y órdenes gritadas en la oscuridad.
Cuando finalmente regresó a la mansión..
Ya era madrugada.
El silencio reinaba.
Pesado.
Casi absoluto.
El duque cruzó las puertas sin decir palabra. Su capa llevaba rastros de polvo, su cuerpo estaba tenso por el esfuerzo acumulado.
[…demasiado tiempo…]
No se detuvo.
Subió directamente a su habitación.
Entró.
Cerró la puerta.
Encendió algunos cristales de luz, que iluminaron el espacio con un brillo suave y tenue.
Y sin pensarlo demasiado..
Se dirigió al baño.
El agua corrió.
Se limpió en silencio, retirando el peso de la batalla de su cuerpo, aunque no completamente de su mente.
Cuando salió..
El cansancio se hizo más evidente.
Se acercó a la cama.
Se dejó caer.
Y entonces..
[…Gia…]
Lo recordó.
Giró apenas la cabeza.
Ahí estaba.
Dormida.
Tranquila.
Como si el mundo no hubiera cambiado en su ausencia.
El duque intentó moverse con cuidado.
No quería despertarla.
Pero fue inútil.
Gia se movió.
Instintivamente.
Se acercó.
Y lo abrazó.
Con naturalidad.
Como si lo hubiera estado esperando incluso dormida.
—¿Está bien…?
Su voz fue baja.
Adormilada.
Apenas un susurro.
El duque se quedó quieto un segundo.
Sorprendido.
[…me preguntó…]
—Sí.
Respondió corto.
Gia asintió suavemente contra él.
Y luego..
Le dio un beso.
Pequeño.
Suave.
Casi inconsciente.
El duque la miró en la penumbra.
[…otra vez…]
Por un instante..
Pensó que ella quería más.
Que buscaría lo mismo de antes.
Pero no.
Gia simplemente se acomodó mejor.
Se acurrucó contra él.
Y volvió a quedarse dormida.
Como si eso fuera suficiente.
Como si él fuera suficiente.
El duque permaneció en silencio.
Y, para su propia sorpresa..
Sintió una leve… decepción.
Breve.
Casi imperceptible.
Pero real.
[…ridículo…]
No lo diría.
Jamás.
Cerró los ojos.
Ajustó apenas su posición.
Sin apartarla.
Y finalmente..
El cansancio ganó.
Ambos se quedaron dormidos.
En silencio.
Pero esta vez..
Más cerca que antes.
La mañana llegó tranquila.
La luz suave se filtraba entre las cortinas, iluminando apenas la habitación.
El duque despertó primero.
Lentamente.
Con ese cansancio residual de la noche anterior aún presente en el cuerpo.
Parpadeó.
Y entonces..
Sintió el peso.
Giró apenas la cabeza.
Gia estaba ahí.
Dormida profundamente.
Aferrada a su brazo izquierdo como si fuera un tesoro.
Su respiración era tranquila.
Su rostro… relajado.
El duque intentó moverse con cuidado.
Pero en cuanto lo hizo..
Gia se removió.
Y despertó.
Sus ojos se abrieron lentamente.
Lo miraron.
Y sonrió.
—Buenos días, esposo.
Su voz aún estaba cargada de sueño.
El duque asintió.
—Buenos días.
Gia se incorporó un poco.
Se acercó.
[…va a…]
El duque lo anticipó.
El beso.
Pero..
Se detuvo.
Ella retrocedió.
Lo justo.
Lo suficiente.
El duque se quedó inmóvil.
[…¿que?]
Gia sonrió por dentro.
[…ah… esa cara…]
Porque lo había visto.
Esa pequeña sorpresa.
Ese instante en el que él esperaba algo…
Que no ocurrió.
[…siempre voy yo.. ahora quiero que él venga… si estoy muy fácil no me buscara él]
Se acomodó un poco.
Cerca.
Pero sin tocarlo.
—Dormí muy bien…
Su tono era suave.
Cálido.
—Me siento… protegida contigo.
El duque la observó.
Sin responder.
Gia continuó..
—Me encanta estar en tus brazos.
Sus ojos se movieron sobre él.
Lentos.
Coquetos.
Pero…
No lo tocó.
No lo besó.
No lo buscó.
Solo se mantuvo cerca.
Lo suficiente para que la presencia se sintiera.
Pero no para entregarse.
El duque no apartó la mirada.
Algo no encajaba.
Porque esperaba que ella cerrara la distancia.
Que hiciera lo de siempre.
Pero no.
Gia se movió un poco más.
La manta se deslizó apenas sobre su cuerpo.
Cubriendo lo necesario.
Pero dejando ver lo justo.
[…lo hace a propósito…]
El duque lo notó.
Claramente.
Y aun así..
No se movió.
No todavía.
Entonces Gia suspiró suavemente.
—Bueno…
Sonrió.
—No te molestaré.
Se levantó despacio.
Cubriéndose con la manta de forma despreocupada.
Pero elegante.
Natural.
—Seguramente tienes trabajo.
Se giró hacia él.
Y lo miró.
Directo.
Con deseo.
Sin ocultarlo.
Pero sin acercarse.
Sin tocarlo.
Sin besarlo.
[…ven tú…]
El silencio quedó entre ambos.
Tenso.
Diferente.
Y por primera vez..
Era el duque quien tenía que decidir… si cruzar la distancia.
pero la vio desaparecer hacia el baño.
La puerta se cerró.
Y por un instante..
[…podría…]
La idea cruzó su mente con demasiada claridad.
Entrar.
Seguirla.
Acortar esa distancia que ella había dejado a propósito.
Pero su mandíbula se tensó.
[…no…]
Su orgullo fue más fuerte.
Se levantó.
Se vistió en silencio.
Y en lugar de usar ese baño..
Salió de la habitación.
Buscando otro.
Como si así pudiera tomar distancia… también de lo que estaba sintiendo.
El agua cayó fría.
Y, por primera vez en días..
El duque se quedó quieto bajo ella.
Pensando.
[…no me buscó…]
La idea era absurda.
Irritante.
[…siempre lo hace…]
Pero esta mañana…
No.
Apretó los ojos.
[…ridículo…]
¿Por qué debería importarle?
¿Por qué debería..?
Pero la imagen volvió.
Su cercanía.
Su mirada.
Y ese paso atrás.
Deliberado.
[…lo hizo a propósito…]
El ceño se le frunció.
Más.
Cuando salió del baño, ya estaba completamente vestido.
Controlado.
Frío.
O al menos… eso parecía.
El día avanzó.
Y Gia..
No apareció.
En absoluto.
El duque no preguntó.
No lo haría.
[…no es necesario…]
Pero aun así..
Sus ojos la buscaban.
Sin querer.
En los pasillos.
En las salas.
En cada espacio donde podría estar.
Y no estaba.
Eso…
Lo irritaba más de lo que quería admitir.
Decidió caminar.
Recorrer la mansión.
Como si tuviera algún propósito.
Pero no lo tenía.
Hasta que..
La escuchó.
Una risa.
Clara.
Ligera.
Diferente.
Se detuvo.
Apretó ligeramente los puños.
Y giró.
Allí estaba.
En la pérgola.
Sentada.
Relajada.
Con una taza de té entre las manos.
Riendo.
Con sus dos doncellas.
Como si nada más existiera.
Como si..
Él no existiera.
El duque la observó.
En silencio.
Gia levantó la mirada.
Lo vio.
Y solo..
Sonrió.
Breve.
Cortés.
Y volvió a su conversación.
Como si su presencia no cambiara nada.
El duque sintió algo incómodo.
Extraño.
[…me ignoró…]
No dijo nada.
No se acercó.
No la llamó.
Solo siguió caminando.
Pero su paso..
Se volvió más pesado.
Iba de regreso a su oficina cuando escuchó voces.
Cerca de las caballerizas.
Dos jóvenes ayudantes.
No lo habían visto.
—¿Viste a la duquesa?
—¿Cómo no? Es… increíble.
—Nunca había visto a alguien así…
—Si sonríe así otra vez, creo que me muero.
Rieron.
Idiotas.
El duque se detuvo.
En seco.
La conversación siguió.
—¿Crees que—?
No terminaron.
No alcanzaron.
Porque el duque ya se había movido.
Sin hacer ruido.
Sin anunciarse.
Pero suficiente.
Suficiente para que, minutos después..
Ambos hombres dejaran de trabajar en la mansión Morozov.
Ese mismo día.
Sin explicaciones públicas.
Sin despedidas.
Solo…
Desaparecieron de su lugar.
Y el duque..
Volvió a su oficina.
Con el ceño fruncido.
Y una idea que no quería aceptar..
Pero que ya era imposible de ignorar.
[…no me gustó…]
El día había avanzado con una tensión silenciosa.
De esas que no se dicen…
Pero se sienten.
El duque decidió bajar a cenar justo a la hora habitual.
Casualmente.
[O eso se dijo a sí mismo.]
Cuando entró al comedor..
La vio.
Gia ya estaba ahí.
Sentada con elegancia, como si siempre hubiera pertenecido a ese lugar.
El duque fingió una leve sorpresa.
—Duquesa.
Gia levantó la mirada.
Y sonrió.
—Esposo.
Su tono fue suave.
Natural.
Como si nada hubiera pasado en la mañana.
Como si no lo hubiera dejado pensando todo el día.
[…actúa como si nada…]
Ella hizo un gesto para que se sentara.
Y él lo hizo.
Frente a ella.
El ambiente era tranquilo.
Pero cargado.
Gia tomó un sorbo de su bebida.
Y preguntó con calma..
—¿Y mi padre?
Directa.
Sin rodeos.
El duque no dudó.
—Sigue encadenado. En el calabozo.
Gia asintió lentamente.
[…bien…]
No mostró compasión.
No la necesitaba.
Dejó la taza sobre la mesa.
Y entonces..
Se inclinó un poco hacia él.
Acortando la distancia.
Sutil.
Pero suficiente.
El duque no se movió.
Se mantuvo firme.
Observándola.
Ella lo miró.
Con una pequeña sonrisa.
—¿Quiere que me vaya a mi habitación?
La pregunta cayó suave.
Pero directa.
El duque se quedó en silencio.
[…no…]
Pero tampoco dijo quédate.
Su orgullo..
Otra vez..
Lo detuvo.
Gia lo vio.
Vio la duda.
El leve nerviosismo.
Ese instante en el que no sabía qué decir.
Y por dentro..
Sonrió.
[…casi ya lo tengo…]
Se reclinó apenas.
Relajada.
—Bueno… Si no le molesta…
Lo miró directo.
Con ese brillo juguetón en los ojos.
—…entonces me quedaré con usted.
El duque la sostuvo con la mirada.
Y finalmente..
Asintió.
Levemente.
Gia sonrió.
Coqueta.
Satisfecha.
Y el silencio volvió.
Pero ya no era incómodo.
Era…
Un juego.
Uno en el que, poco a poco..
Ambos empezaban a entender las reglas.