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Desde Siempre, TÚ

Desde Siempre, TÚ

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:6.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Camila Da Ponte

Valentina Rossi llevaba años enamorada de Alexander Beaumont.

En silencio sin que nadie lo supiera.

El era 4 años mayor, heredero de una familia más poderosa en New York y mejor amigo de su hermano. Inteligente, elegante e imposible de ignorar.

Pero Alexander nunca la miro, no como ella lo quería.

Hasta que apareció Sofía Ferrer.

Hermosa y perfecta, su novia.

y mientras todos admiraban la relación perfecta de Alexander, Valentina aprendía a sonreír aunque le doliera verlo amar a otra mujer.

Cómo seguirá, el la vera con otros ojos? la amara en algún momento?

NovelToon tiene autorización de Camila Da Ponte para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El error imposible

Capítulo 12

El error imposible

El beso todavía quemaba sobre los labios de Valentina Rossi incluso después de que Alexander Beaumont se apartara lentamente.

El silencio dentro de la habitación se volvió absoluto.

Pesado.

Peligroso.

Valentina permaneció inmóvil frente a él mientras intentaba recuperar el aire. El corazón le golpeaba el pecho con tanta fuerza que dolía.

Porque acababa de pasar.

Después de años enamorada de Alexander…

finalmente la había besado.

Y se sentía exactamente igual de maravilloso y terrible como imaginó.

Alexander seguía cerca de ella, respirando agitado, con los ojos clavados en su rostro como si tampoco pudiera creer lo que acababa de hacer.

—Valentina…

Su voz sonó rota.

Confundida.

Y eso bastó para devolverla bruscamente a la realidad.

Sofía.

El nombre apareció dentro de su cabeza como una alarma.

Valentina dio un paso atrás inmediatamente.

Después otro.

Alexander frunció el ceño apenas.

—¿Qué pasa?

Ella negó rápidamente sintiendo el pecho cerrarse.

—No… no deberíamos haber hecho eso.

El gesto de Alexander cambió lentamente.

La culpa apareció en sus ojos casi al instante.

Y eso terminó de romper algo dentro de ella.

Porque sí.

Aquello había sido un error.

Uno enorme.

—Valen—

—Tienes novia.

La frase cayó entre ambos con fuerza brutal.

Alexander pasó una mano por su cabello frustrado mientras apartaba la mirada.

Por primera vez desde que lo conocía… parecía completamente perdido.

—Lo sé.

Pero ya no era suficiente.

Porque saberlo no cambiaba nada.

Había besado a otra mujer estando con Sofía.

Y esa otra mujer era ella.

Valentina sintió lágrimas acumulándose lentamente en sus ojos.

—Dios mío…

Alexander volvió a acercarse apenas.

—No quería que esto pasara así.

—¿Así cómo? —preguntó ella con dolor—. ¿Como una traición?

El silencio que siguió fue devastador.

Porque ninguno podía negar la verdad.

Eso era exactamente lo que acababa de ocurrir.

Alexander cerró los ojos unos segundos antes de hablar.

—Nunca quise lastimarte.

Y esa frase terminó destruyéndola completamente.

Porque él seguía preocupándose más por ella que por sí mismo.

Incluso ahora.

Valentina pasó rápidamente una mano por sus ojos intentando contener las lágrimas.

—Necesitas irte.

Alexander levantó la vista inmediatamente.

—Valentina—

—Por favor.

La vulnerabilidad en su voz bastó para hacerlo detenerse.

Él permaneció inmóvil algunos segundos.

Como si quisiera decir algo más.

Como si todavía estuviera intentando entender en qué momento todo se salió de control.

Pero finalmente asintió apenas.

Y eso dolió incluso peor.

Porque una parte egoísta de ella quería que se quedara.

Quería volver a besarlo.

Quería olvidarse del resto del mundo aunque solo fuera por una noche.

Pero no podía.

No así.

Alexander caminó lentamente hacia la puerta.

Sin embargo, antes de salir, volvió a mirarla una vez más.

Y la intensidad de sus ojos casi le rompe el corazón.

—Nada de esto fue mentira.

La puerta se cerró segundos después.

Y Valentina finalmente se derrumbó.

Alexander prácticamente no durmió aquella noche.

El penthouse privado del hotel permanecía completamente oscuro mientras él observaba la nieve caer sobre Chicago desde el ventanal.

Seguía sintiendo el sabor de Valentina.

Seguía viendo sus ojos llenos de miedo después del beso.

Y por primera vez en muchísimo tiempo…

Alexander Beaumont no sabía qué hacer.

Porque toda su vida había tenido control absoluto sobre cada aspecto importante.

Negocios.

Imagen.

Relaciones.

Pero Valentina había destruido completamente esa estabilidad.

Y lo peor era que no se arrepentía de haberla besado.

Eso era lo verdaderamente peligroso.

El celular vibró sobre la mesa haciéndolo salir de sus pensamientos.

Sofía.

Alexander cerró los ojos un segundo antes de responder.

—Hola.

La voz dulce de Sofía Ferrer atravesó el silencio inmediatamente.

—¿Te desperté?

La culpa golpeó su pecho con fuerza.

—No.

Hubo un pequeño silencio antes de que ella hablara nuevamente.

—Te extraño.

Alexander apoyó lentamente una mano sobre el vidrio frío del ventanal.

Y por primera vez en años… no supo qué responder.

Porque claro que quería a Sofía.

Habían construido años juntos.

Ella había estado presente en cada momento importante de su vida adulta.

Era estabilidad.

Calma.

Seguridad.

Entonces ¿por qué todo se sentía tan diferente ahora?

—Alex.

La voz de Sofía lo obligó a reaccionar.

—Lo siento. Estoy cansado.

Ella soltó una pequeña risa suave.

—Trabajas demasiado.

Sí.

Ojalá el problema fuera solo ese.

—Volveremos mañana por la tarde —murmuró él.

—Perfecto. Mi madre quiere organizar la cena del sábado.

Alexander cerró los ojos lentamente.

La presión volvió a instalarse sobre sus hombros inmediatamente.

La familia.

La prensa.

El compromiso.

Todo seguía avanzando como si su vida no acabara de explotar por completo.

—Claro —respondió finalmente.

Pero aquella palabra sonó vacía incluso para él.

A la mañana siguiente, el ambiente entre Alexander y Valentina era insoportable.

El desayuno privado en el hotel se sintió eterno.

Ella evitaba mirarlo.

Alexander apenas podía concentrarse en las conversaciones de negocios.

Y ambos sabían exactamente por qué.

Porque el beso seguía ahí.

Entre ellos.

Rompiendo absolutamente todo.

—El auto ya está listo para llevarnos a la reunión —informó uno de los asistentes.

Valentina se puso de pie rápidamente.

—Perfecto.

Alexander observó cómo tomaba su bolso sin siquiera mirarlo directamente.

Y algo dentro de él se tensó dolorosamente.

Porque la distancia de Valentina se sentía peor de lo esperado.

Mucho peor.

Cuando finalmente quedaron solos unos segundos antes de salir, Alexander habló.

—No quiero perderte por esto.

Valentina cerró los ojos apenas.

Y esa reacción le rompió algo por dentro.

Porque entendió inmediatamente que ella sí estaba pensando alejarse.

—Alex… esto nunca debió pasar.

—Pero pasó.

Ella finalmente levantó la vista hacia él.

Y había tristeza real en sus ojos.

—Eso es exactamente lo que me asusta.

Porque ambos ya sabían la verdad.

Lo ocurrido en Chicago no había sido un simple error.

Era el comienzo de algo capaz de destruirlos a todos.

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