Alina siempre creyó que era una chica común, hasta que una noche de primavera un encuentro inesperado en el campo de cerezos cambió su vida para siempre.
Un extraño de mirada intensa comienza a aparecer entre las sombras del bosque. Él guarda secretos, conoce peligros que nadie en el pueblo imagina y parece estar ligado a algo que despierta una inquietud desconocida dentro de ella.
Pronto, sueños extraños, aullidos en la noche y recuerdos que nunca vivió empiezan a perseguirla. Mientras intenta descubrir quién es realmente Kael, Alina también deberá enfrentarse a una verdad que su propio padre le ocultó durante años.
Entre cerezos, luna llena y secretos de sangre, Alina descubrirá que algunas primaveras no solo traen flores… también despiertan destinos dormidos.
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Capitulo 15: Lo que mi madre oculto
La sangre de la luna.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire como un eco antiguo.
Alina sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
—¿Qué significa eso? —preguntó.
Lyra no respondió de inmediato.
El viento agitó las ramas del cerezo y los pétalos siguieron cayendo lentamente sobre la tierra húmeda.
Kael permanecía cerca de ella, atento a cada sonido del bosque.
Pero Alina ya no miraba hacia los árboles.
Solo miraba a Lyra.
—Respóndeme.
La mujer dejó escapar un suspiro.
—No es una historia sencilla.
—No quiero historias fáciles. Quiero la verdad.
Lyra sostuvo su mirada durante unos segundos.
Después habló.
—Hace mucho tiempo existieron linajes antiguos entre los nuestros.
El tono de su voz había cambiado.
Sonaba como alguien abriendo una puerta que llevaba años cerrada.
—No todas las manadas nacieron iguales. Algunas llevaban dones más fuertes. Instinto más agudo. Conexión más profunda con la luna.
Alina sintió un escalofrío.
—¿Y eso tiene que ver conmigo?
—Sí.
El corazón le dio un golpe seco.
—Tu madre pertenecía a uno de esos linajes.
El aire pareció volverse más pesado.
—¿Mi madre?
Lyra asintió.
—Los llamaban guardianes de la luna.
Kael no apartó la mirada del bosque, pero Alina notó que también escuchaba con atención.
—No eran gobernantes —continuó Lyra—. No eran reyes. Eran protectores.
—¿Protectores de qué?
La mujer bajó la voz.
—Del equilibrio.
El viento pareció volverse más frío.
—No entiendo.
—Había cosas que no debían caer en manos de los alfas que buscaban poder.
El nombre de Darian apareció de inmediato en su mente.
—Él la perseguía por eso.
—Sí.
El pulso de Alina se aceleró.
—¿Y yo?
Lyra la miró directamente.
—Tú heredaste su sangre.
El latido bajo su piel se hizo más fuerte.
Profundo.
Salvaje.
Ahora ya no sonaba como miedo.
Sonaba como memoria.
—¿Eso es lo que despertó hace un momento?
Lyra asintió lentamente.
Alina bajó la mirada hacia sus manos.
Todavía sentía un calor extraño en las palmas.
—¿Por eso mi madre se fue?
La voz apenas le salió.
La mujer tardó en responder.
—No se fue.
Alina levantó la vista.
—La tomaron.
El pecho se le cerró.
—¿Qué?
—La noche que te escondió, Darian llegó al campo de cerezos.
Las imágenes del recuerdo regresaron con violencia.
Su madre. La oscuridad. La voz fría. La advertencia.
No salgas.
Lyra continuó.
—Ella sabía que vendrían. Sabía que te estaban buscando.
—¿Por qué a mí? Yo era una niña.
—Porque Darian había descubierto algo.
El corazón le golpeó las costillas.
—¿Qué descubrió?
—Que la sangre no terminó con tu madre.
El aire desapareció.
—Que seguía viva en ti.
Las palabras la dejaron inmóvil.
El bosque entero pareció alejarse.
—Entonces… me ocultó.
—Sí.
—¿Y se dejó llevar?
Lyra bajó la mirada.
—Se entregó para darte tiempo.
El dolor llegó de golpe.
Brutal.
Silencioso.
Como una grieta abriéndose dentro de su pecho.
Alina sintió que las lágrimas le quemaban los ojos.
Toda su vida había crecido creyendo que su madre desapareció.
Que el destino se la llevó.
Que el vacío era una herida vieja.
Y ahora entendía algo peor.
Había luchado por ella.
Había elegido quedarse atrás.
—No… —susurró.
Se llevó una mano a la boca.
La respiración le temblaba.
Kael dio un paso hacia ella.
Pero no la tocó.
La dejó sostener sola el peso de aquel descubrimiento.
—Antes de que la llevaran —dijo Lyra con suavidad—, me habló de ti.
Alina alzó la mirada.
—¿Te conocía?
—Sí.
—¿Qué dijo?
Lyra pareció recordar algo lejano.
—Dijo que, cuando llegara el momento, volverías al cerezo.
Las lágrimas rodaron por sus mejillas.
—Y dijo algo más.
El corazón volvió a acelerarse.
—¿Qué?
—Que no dejaras que el miedo decidiera quién eres.
El silencio se volvió profundo.
El viento movió los pétalos alrededor de ellos.
Por primera vez Alina no sintió solo dolor.
Debajo del dolor había algo distinto.
Una fuerza pequeña.
Una decisión que empezaba a nacer.
Se secó las lágrimas con el dorso de la mano.
—Quiero encontrarla.
Kael alzó la vista.
Lyra también.
—Alina… —murmuró Kael.
Pero ella negó.
—No. Ya no quiero seguir escondida.
Su voz temblaba, pero no retrocedía.
—Si Darian lleva años buscándome, si mi madre sigue viva… no pienso quedarme esperando.
El bosque pareció guardar silencio.
Lyra la observó con una intensidad nueva.
—Hablas como ella.
Un crujido sonó detrás de ellos.
Los tres giraron al mismo tiempo.
Esta vez no era una sombra.
Era un hombre.
Mayor.
Cabello gris.
Rostro duro.
Y venía directamente desde el sendero que llevaba a la casa.
Alina lo reconoció de inmediato.
Su padre.
Pero algo en sus ojos la dejó helada.
No era solo miedo.
Era decisión.
—Tenemos que irnos ahora —dijo con la respiración agitada.
El corazón de Alina dio un golpe seco.
—¿Qué pasó?
Su padre la miró fijamente.
Y pronunció unas palabras que le helaron la sangre.
—Darian ya está en Valdoria.