NovelToon NovelToon
Nuestro Destino 1 El Comienzo

Nuestro Destino 1 El Comienzo

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Reencuentro / Completas
Popularitas:78
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Una chica que cree en el amor… incluso cuando el amor no cree en ella.
Después de enamorarse de alguien que nunca cambió, descubre la verdad de la peor forma: a través de sus propias amigas. Aun así, decide no romperse, no cerrarse… porque, en el fondo, sigue creyendo que en algún lugar existe ese amor que siempre soñó.
Entonces aparece él.
Un chico marcado por su propio pasado, que también conoció el dolor, pero que en lugar de rendirse… se volvió más fuerte. Más decidido. Más real.
Cuando sus caminos se cruzan, algo cambia.
No es inmediato.
No es perfecto.
Pero es diferente.
Con la ayuda de quienes los rodean, comienzan a acercarse, a confiar… a sentir algo que ninguno de los dos esperaba volver a vivir.
Sin embargo, el pasado no se queda atrás tan fácilmente.
La exnovia de él está decidida a interferir, intentando arruinarlo todo durante un momento clave: el baile.
Pero esta vez…
Las cosas no serán como antes.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Siempre creí que tenía el control.

No de todo. No de la vida.

Pero sí de mí.

De lo que sentía.

De lo que mostraba.

De lo que permitía.

Era simple:

Si algo dolía… lo ignoraba.

Si algo me confundía… lo convertía en broma.

Si algo se acercaba demasiado… yo daba un paso atrás.

Y funcionaba.

Siempre funcionaba.

Hasta ahora.

El problema no era Tay.

No exactamente.

El problema era lo que pasaba cuando estaba con él.

Porque no podía esconderme.

No detrás de una respuesta rápida.

No detrás de una sonrisa ligera.

No detrás de esa versión de mí que siempre sabía qué hacer.

Con él…

yo no controlaba nada.

Apoyé la espalda contra la puerta de mi cuarto.

Cerrada.

Segura.

Silenciosa.

Pero mi cabeza…

no.

Todo volvía.

El parque. La canción. Su voz.

Ese momento en el que me miró… como si realmente me viera.

Y luego—

Ese casi.

Ese instante que no pasó… pero que tampoco desapareció.

Me dejé caer en la cama.

Mirando el techo.

Otra vez.

Como si ahí estuvieran las respuestas.

Spoiler: no lo estaban.

—¿Qué se supone que haga con esto…? —murmuré.

Mi voz sonó más débil de lo que quería.

Más honesta.

Y eso no me gustó.

Porque significaba algo.

Significaba que esto…

sí importaba.

Giré la cabeza.

Mi celular.

Ahí.

Esperando.

Como si supiera.

Como si ese pequeño objeto tuviera la capacidad de arruinar todo lo que acababa de pasar.

Las notificaciones seguían ahí.

No desaparecieron.

No se olvidaron.

Y yo tampoco.

“Tenemos que hablar contigo.”

“Es urgente.”

“Cris…”

Cerré los ojos un segundo.

No.

Todavía no.

Me senté.

Tomé el celular.

Lo desbloqueé.

Y me quedé viendo el chat.

Sin abrirlo.

Sin respirar bien.

Sin estar lista.

Porque lo sabía.

Lo sentía.

Esa intuición que nunca falla.

Lo que fuera que estaba ahí…

no era algo pequeño.

No era un chisme cualquiera.

No era algo que pudiera ignorar con una risa.

Era algo que…

iba a cambiar algo.

—No puede ser tan grave… —susurré.

Pero mi voz no me creyó.

Yo tampoco.

Mi dedo se movió.

Lento.

Dudando.

Pero avanzando.

Porque aunque no quisiera…

ya no podía quedarme en pausa.

Y justo antes de abrir el chat…

mi celular vibró.

Otra vez.

Un mensaje nuevo.

Pero no de ellas.

De Tay.

Mi corazón reaccionó al instante.

Rápido.

Fuerte.

Innecesariamente fuerte.

Abrí ese chat primero.

Sin pensarlo.

Sin decidirlo realmente.

Solo… pasó.

“¿Llegaste bien?”

Simple.

Directo.

Pero no ligero.

Y algo dentro de mí…

se calmó.

Un poco.

Solo un poco.

Escribí.

Borré.

Volví a escribir.

Borré otra vez.

¿Qué se responde a alguien que…

acaba de cambiar algo en ti?

Sí. Gracias por hoy 😊

Demasiado normal.

Demasiado poco.

Pero lo envié.

Tres puntos.

Escribiendo.

No respiré.

Literal.

“Gracias a ti.”

Pausa.

Otro mensaje.

“Hoy fue… diferente.”

Mi corazón se detuvo un segundo.

Solo uno.

Pero suficiente.

Porque entendí algo.

No era solo yo.

Y eso…

lo hacía todo más complicado.

Cuando quieras, dime: siguiente bloque.

BLOQUE 2 — Lo que no querías saber

Los tres puntos desaparecieron.

Pero lo que había dicho…

no.

“Hoy fue… diferente.”

Leí esa frase otra vez.

Y otra.

Como si al repetirla pudiera entender algo más.

Como si escondiera algo que no estaba viendo.

Diferente.

No dijo bonito.

No dijo divertido.

No dijo especial.

Dijo… diferente.

Y eso…

pesaba más.

Mis dedos se quedaron suspendidos sobre la pantalla.

Sin saber qué hacer.

Qué decir.

Qué no arruinar.

Porque ahora sí lo sentía claro.

Esto ya no era un juego.

Mi celular vibró.

Otra vez.

Pero esta vez…

no era Tay.

El chat.

Ellas.

Otra notificación.

“Cris, por favor contesta.”

“De verdad es importante.”

“Ya no podemos esperar.”

El aire cambió.

Literal.

Lo sentí.

Como si algo dentro de mi cuarto se tensara.

Como si el ambiente se volviera más pesado.

Miré los dos chats.

Uno abierto.

Uno esperando.

Uno que me hacía sentir… ligera.

El otro… todo lo contrario.

Tragué saliva.

—No puede ser peor que esto… —murmuré.

Mentira.

Lo sabía.

Toqué el chat.

Lo abrí.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Y entonces—

Los mensajes aparecieron completos.

Largos.

Demasiado.

Leí el primero.

Y no entendí.

No completamente.

Leí el segundo.

Y mi ceño se frunció.

Leí el tercero.

Y algo dentro de mí…

se detuvo.

“Cris… Tay no es lo que crees.”

Parpadeé.

Una vez.

Otra.

No.

Seguí leyendo.

“Sabemos que te gusta…”

“Y no queremos que te lastimen…”

“Pero tienes que saberlo antes de que sea tarde.”

Mi corazón empezó a latir más fuerte.

Pero no como antes.

No bonito.

No cálido.

Esto era distinto.

Bajé la mirada.

El siguiente mensaje.

“Tay estuvo con Livier.”

Silencio.

Pero no uno tranquilo.

Uno que rompe.

Mis dedos se tensaron.

No era sorpresa.

No del todo.

Ya lo sabía.

O al menos…

algo de eso.

Pero entonces—

“No terminaron bien.”

“Y ella no lo superó.”

Eso tampoco era nuevo.

Pero lo que vino después—

“Y no eres la primera con la que él se comporta así.”

Algo dentro de mí…

se cerró.

—No… —susurré.

Seguí leyendo.

Aunque no quería.

Aunque cada palabra empezaba a pesar más.

“Al inicio es atento.”

“Diferente.”

“Hace sentir especial.”

Mi respiración se volvió más lenta.

Más pesada.

“Pero luego cambia.”

Mi pecho se tensó.

“Se aleja.”

“Confunde.”

“Y cuando te das cuenta…”

Pausa.

“Ya es tarde.”

El celular tembló en mis manos.

O tal vez… fui yo.

—No es cierto… —dije en voz baja.

Pero no sonó como una afirmación.

Sonó como un intento.

Como si necesitara convencerme.

Deslicé hacia arriba.

Había más.

“Solo queremos que tengas cuidado.”

“No te estamos diciendo que te alejes…”

“Pero no te confíes.”

El último mensaje llegó segundos después.

Como si hubieran esperado.

Como si supieran que ya estaba leyendo.

“Cris… él siempre empieza así.”

Silencio.

Del que no te deja igual.

Bajé el celular lentamente.

Lo dejé sobre la cama.

Como si pesara más de lo normal.

Mi mente empezó a moverse.

Rápido.

Demasiado.

Las miradas.

La canción.

La forma en que me habló.

La chamarra.

El “diferente”.

Todo.

—No… —repetí.

Pero esta vez…

ni yo me creí.

Porque había algo peor que la duda.

Era que…

tenía sentido.

Y eso…

eso era lo que más dolía.

No contesté.

Ni a ellas.

Ni a él.

El celular seguía ahí.

Encendido.

Disponible.

Esperando.

Pero yo…

no.

Me levanté de la cama.

Despacio.

Como si moverme demasiado rápido fuera a romper algo.

O a confirmarlo.

Caminé hacia el espejo.

Me detuve frente a él.

Y me miré.

La misma cara.

Los mismos ojos.

La misma yo de siempre.

Pero no.

Había algo distinto.

Algo que no sabía nombrar…

pero que estaba ahí.

—¿En qué momento…? —murmuré.

¿En qué momento pasó?

¿En qué momento alguien que conocí hace tan poco…

empezó a importar así?

Apoyé las manos en el borde del lavabo.

Bajé la cabeza.

Respiré.

Las palabras volvían.

Una por una.

Sin permiso.

“No eres la primera…”

“Siempre empieza así…”

“Luego cambia…”

Cerré los ojos con fuerza.

—No lo conoces —me dije.

—No sabes si es verdad.

—No puedes asumir.

Pero otra voz—

más baja.

Más incómoda.

Más honesta—

respondió.

—Pero… ¿y si sí?

Silencio.

Ese tipo de silencio que no responde.

Solo se queda.

Volví a levantar la mirada.

Otra vez el espejo.

—No puedes caer así de rápido —susurré.

—No eres esa persona.

Siempre había sido clara conmigo.

No dependía.

No idealizaba.

No me dejaba llevar.

Nunca.

Y sin embargo—

Ahí estaba.

Pensando en alguien más de lo que pensaba en mí.

Sintiendo cosas que no podía controlar.

Dudando.

Eso era nuevo.

Eso… era peligroso.

Me separé del espejo.

Caminé de regreso a la cama.

Más rápido ahora.

Como si quisiera huir de lo que acababa de admitir.

Tomé el celular otra vez.

Primero el chat de ellas.

Lo abrí.

Mis dedos se movieron.

“¿De dónde sacaron eso?”

Enviado.

Tres puntos.

Aparecieron casi de inmediato.

“Lo sabemos porque pasó.”

“Con alguien cercana.”

Mi estómago se tensó.

“¿Quién?” escribí.

Pausa.

Más larga esta vez.

Demasiado larga.

Y entonces—

“Livier no fue la única.”

Mi corazón se hundió.

Porque eso ya no era solo historia.

Era patrón.

“¿Y por qué no me dijeron antes?” escribí.

“Porque no lo conocías.”

“Y ahora sí.”

Silencio.

No supe qué responder.

Porque no había una respuesta fácil.

Porque nada de esto…

lo era.

Cerré ese chat.

Sin despedirme.

Sin decir nada más.

Abrí el otro.

Tay.

El último mensaje seguía ahí.

Esperando.

“Hoy fue… diferente.”

Leí esa frase otra vez.

Pero ahora…

ya no se sentía igual.

Ya no era ligera.

Ya no era cálida.

Ahora tenía peso.

Duda.

Segundas intenciones.

O al menos…

eso intentaba decirme.

Mis dedos tocaron la pantalla.

Podría preguntarle.

Directo.

Claro.

“¿Es cierto?”

Pero algo me detuvo.

No miedo.

No exactamente.

Era… instinto.

Porque si preguntaba…

esto se volvía real.

Y si se volvía real…

ya no había vuelta atrás.

Solté el celular.

Otra vez.

—Necesito pensar… —murmuré.

Pero pensar no ayudaba.

Porque cada vez que lo hacía…

terminaba en el mismo lugar.

Él.

Y lo que sentí.

Y lo que me dijeron.

Y la diferencia entre ambas cosas…

era demasiado grande.

Me recosté otra vez.

Mirando el techo.

Y por primera vez…

desde que todo empezó—

dudé.

No de él.

De mí.

De mi juicio.

De mi forma de ver las cosas.

De cómo había dejado que alguien entrara…

tan rápido.

—No puede ser así de fácil… —susurré.

Porque si lo era…

entonces no tenía el control.

Y eso…

eso sí me asustaba.

Cerré los ojos.

Pero esta vez…

no apareció el parque.

No la música.

No su voz.

Apareció una pregunta.

Una sola.

Clara.

Directa.

Imposible de ignorar.

¿Y si todo lo que sentiste…

no fue real?

Silencio.

Y esta vez…

no hubo respuesta.

No sé cuánto tiempo pasó.

Minutos.

Tal vez más.

Pero hubo algo que no cambió.

No dejé de pensar en él.

Y eso…

ya era una respuesta.

Abrí los ojos.

Lento.

Cansado.

Como si hubiera corrido sin moverme.

El celular seguía ahí.

Silencioso.

Pero no olvidado.

Lo tomé otra vez.

Sin pensarlo demasiado esta vez.

Abrí su chat.

“Hoy fue… diferente.”

Esa frase ya no me dejaba en paz.

Porque no era solo lo que decía.

Era lo que implicaba.

Respiré hondo.

—No puedes quedarte con dudas —murmuré.

Y por primera vez…

decidí no huir.

Mis dedos empezaron a escribir.

Sin adornos.

Sin rodeos.

“¿Qué quisiste decir con diferente?”

Lo leí.

Una vez.

Otra.

No sonaba acusador.

Pero tampoco inocente.

Perfecto.

Enviar.

Silencio.

Ese tipo de silencio que pesa más cuando esperas respuesta.

Dejé el celular sobre la cama.

No quería verlo.

No quería quedarme atrapada viendo la pantalla.

Caminé por el cuarto.

Sin rumbo.

Un paso.

Otro.

Pero no ayudaba.

Nada ayudaba.

Vibración.

Me detuve en seco.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza.

Volteé.

El celular.

Ahí.

Respiré una vez más.

Y lo tomé.

Mensaje nuevo.

De Tay.

Abrí.

“Que no fue como con nadie más.”

Silencio.

Parpadeé.

Mi mente intentó procesarlo.

Pero no fue suficiente.

Otro mensaje.

“No lo planeé.”

Otro.

“Simplemente… pasó.”

Sentí algo en el pecho.

No dolor.

No exactamente.

Algo más complejo.

Porque esas palabras…

eran peligrosas.

No negaban nada.

Pero tampoco mentían.

O al menos…

no sonaban así.

Mis dedos se tensaron.

Podría quedarme ahí.

Interpretando.

Dudando.

O—

Podía ir más lejos.

“¿Así empiezas siempre?” escribí.

Lo envié antes de arrepentirme.

Silencio.

Más largo esta vez.

Mucho más.

Mi corazón latía fuerte.

Pero no rápido.

Pesado.

Esperando.

Vibración.

Abrí.

“No.”

Una sola palabra.

Pero no se quedó ahí.

“Sé lo que te dijeron.”

Mi respiración se detuvo un segundo.

“Y entiendo por qué dudas.”

Tragué saliva.

Otro mensaje.

“No voy a convencerte con palabras.”

Pausa.

“Pero tampoco voy a fingir que no pasó nada.”

Mi pecho se apretó.

Porque eso…

eso sí era real.

Demasiado.

“Si quieres alejarte, lo entiendo.”

Esa frase—

dolió.

Más de lo que debería.

“Pero no voy a tratarte como si fueras una más.”

Silencio.

Y ahí estaba.

El punto exacto.

Donde todo cambiaba.

Porque ahora…

la decisión era mía.

No de lo que me dijeron.

No de lo que parecía.

Mía.

Miré la pantalla.

Sin escribir.

Sin moverme.

Porque por primera vez…

no se trataba de entenderlo a él.

Se trataba de decidir…

qué iba a hacer yo.

Con lo que sentía.

Con lo que dudaba.

Con lo que podía salir mal.

—Esto ya no es simple… —susurré.

Y no lo era.

Porque en algún punto—

dejé de preguntarme si él era el problema.

Y empecé a preguntarme si estaba dispuesta…

a arriesgarme.

No respondí de inmediato.

Porque sabía algo.

Lo que dijera ahora…

iba a cambiar todo.

No era una conversación más.

No era un mensaje casual.

Era una decisión.

Me senté en la orilla de la cama.

El celular en la mano.

La mirada fija en la pantalla.

Sus palabras seguían ahí.

“Si quieres alejarte, lo entiendo.”

Esa frase…

no me soltaba.

Porque me daba una salida.

Fácil.

Limpia.

Segura.

Solo tenía que tomarla.

Cerrar el chat.

Ignorar lo que sentí.

Decirme que fue rápido.

Que no valía la pena.

Que no era real.

Y listo.

Volver a ser yo.

La de antes.

La que no se complicaba.

La que no se arriesgaba.

Pero había un problema.

Ya no era la misma.

Porque lo que pasó…

sí importó.

Mucho más de lo que quería admitir.

Cerré los ojos un segundo.

Y ahí estaba otra vez.

Su voz.

La canción.

Cómo me miró.

Cómo se quedó.

Cómo no cruzó esa línea…

aunque pudo.

Eso no encajaba con lo que me dijeron.

No completamente.

—Entonces, ¿qué hago…? —susurré.

El silencio no respondió.

Pero mi pecho sí.

Porque no dolía como advertencia.

Dolía como miedo.

Miedo a perder algo…

que apenas estaba empezando.

Abrí los ojos.

—No quiero irme así —dije en voz baja.

Y ahí estaba.

La verdad.

No quería alejarme.

No todavía.

Tal vez después me arrepentiría.

Tal vez todo saldría mal.

Tal vez tenían razón.

Pero irme ahora…

sin siquiera intentarlo…

eso sí me iba a doler.

Más.

Mis dedos se movieron.

Escribí.

Borré.

Escribí otra vez.

Hasta que dejé de pensar tanto.

“Entonces no me trates como si fuera una más.”

Enviado.

Silencio.

Mi corazón empezó a latir más rápido.

Pero esta vez…

no me detuve.

Otro mensaje.

“Pero tampoco esperes que confíe tan fácil.”

Pausa.

Y el último.

“Si esto es diferente… demuéstralo.”

Solté el celular.

Como si quemara.

Porque eso…

eso sí era real.

No estaba huyendo.

Pero tampoco estaba cayendo.

Estaba…

en medio.

Y ese lugar—

era el más peligroso de todos.

Vibración.

Demasiado rápido.

Lo tomé.

“Está bien.”

Simple.

Claro.

Pero no terminó ahí.

“Prefiero eso… a que te vayas.”

Mi respiración se detuvo un segundo.

Porque esa frase—

no era ligera.

No era estrategia.

Era elección.

Y eso…

lo cambiaba todo.

Apoyé la cabeza contra la pared.

Cerré los ojos.

No sonreí.

No del todo.

Pero algo dentro de mí…

se calmó.

No completamente.

Pero lo suficiente.

—Esto va a doler… —murmuré.

Porque lo sabía.

No era ingenua.

Esto no iba a ser fácil.

No iba a ser perfecto.

No iba a ser seguro.

Pero aun así—

no me fui.

Y eso…

ya era una respuesta.

La noche no llegó de golpe.

Se fue metiendo despacio.

Como todo lo importante.

El cielo cambió de color…

y con él…

yo también.

Había algo distinto ahora.

No era emoción.

No era curiosidad.

Era certeza.

No sabía su nombre.

No sabía qué iba a pasar.

Pero sabía esto:

No había sido casualidad.

Y eso…

lo cambiaba todo.

Me recosté.

Otra vez.

Pero ya no era la misma cama.

Ni el mismo cuarto.

Ni la misma yo.

Cerré los ojos…

y no luché.

Lo dejé entrar.

Su mirada.

Ese momento.

Ese segundo que se quedó atrapado entre nosotros…

Y que no quería irse.

Mi respiración se volvió lenta.

—Esto no es normal… —susurré.

Pero no sonaba como queja.

Sonaba como descubrimiento.

Porque por primera vez…

no quería que fuera normal.

Quería que fuera real.

Y lo era.

Demasiado.

Giré sobre la cama.

Abracé la almohada.

Intentando calmar algo que…

no quería calmarse.

Mi mente intentó poner lógica.

Nombre.

Explicación.

Falló.

Porque esto no era algo que se entendiera.

Era algo que se sentía.

Y eso…

era más fuerte.

Más peligroso.

Más imposible de ignorar.

Suspiré.

—Mañana… —murmuré.

Pero no sabía qué significaba eso.

Si lo iba a ver.

Si no.

Si todo se iba a quedar en ese momento…

o si apenas estaba empezando.

Y justo antes de quedarme dormida…

lo supe.

No por pensar.

No por analizar.

Por sentir.

Esto no iba a terminar aquí.

Porque hay cosas…

que cuando empiezan así…

no desaparecen.

Crecen.

Y esta…

apenas estaba comenzando.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play