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Mi Joven Profesor

Mi Joven Profesor

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Con solo 23 años, un joven profesor llegó al colegio con una carpeta llena de sueños y el corazón nervioso por conseguir trabajo. No imaginaba que aquel lugar cambiaría su vida para siempre. Entre pasillos, sonrisas y nuevas oportunidades, conocería a una persona que le enseñaría que el verdadero éxito no solo está en alcanzar metas, sino también en encontrar a alguien con quien compartir cada logro, cada caída y cada felicidad. Lo que comenzó como una simple búsqueda de empleo terminó convirtiéndose en la historia de amor más importante de su vida.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: El carro prestado

Desde que Aracely aceptó salir conmigo yo andaba distinto.

Más nervioso.

Más pendiente del celular.

Más distraído de lo normal.

Hasta mi mamá se burlaba porque me veía sonriendo solo mientras respondía mensajes.

Y sí… la verdad estaba tragado.

Completamente.

El problema era que mientras más se acercaba el día de verla… más empezaba a pensar en cómo iba a salir todo.

Yo no quería impresionarla con lujos ni aparentar cosas que no tenía.

Nunca fui así.

Pero honestamente tampoco quería recogerla en taxi ni montarla en un bus lleno de gente.

No después de tantos meses sin verla.

Quería que fuera algo bonito.

Especial.

Aunque fuera sencillo.

El problema era que todavía no tenía carro.

Apenas estaba reuniendo plata.

Entre los gastos de la casa, Daniela y todo lo demás, todavía no me alcanzaba para comprar uno.

Aunque las cosas habían mejorado un poco.

Sobre todo ahora que Daniela ya no usaba pañal.

Y eso honestamente me ayudaba bastante económicamente.

Mi mamá prácticamente había hecho magia enseñándole.

Yo todavía no entendía cómo lo logró tan rápido.

Una tarde estaba jugando con Daniela en la sala mientras mi mamá doblaba ropa y la niña de repente dijo:

—“Papá… pipí.”

Mi mamá se levantó enseguida.

—“Venga pues.”

Y la llevó rapidito al baño.

A los minutos salió orgullosa.

—“¿Sí vio? Ya aprendió a avisar.”

Yo me reí sorprendido.

—“Mamá, usted parece bruja.”

Ella soltó una carcajada.

—“Lo que pasa es que usted no sirve pa’ enseñar eso.”

Daniela empezó a reírse también mientras corría por la sala.

Y honestamente verla crecer así me daba demasiada felicidad.

Pero igual seguía reuniendo plata poco a poco.

Así que comprar un carro todavía estaba lejos.

Por eso terminé haciendo algo que normalmente no me gustaba hacer.

Pedir favores.

Esa noche agarré el celular y llamé a Julián.

Mi mejor amigo.

El ingeniero electromagnético fastidioso que llevaba semanas burlándose de mí porque estaba enamorado.

Contestó rápido.

—“¿Qué hubo, Romeo?”

Solté una risa.

—“Mucho fastidio el suyo.”

—“¿Y entonces? ¿Cuándo es la cita?”

Me recosté en el sofá.

—“Este fin de semana.”

—“Uy nooo, se llegó el día.”

—“Sí… y necesito un favor.”

Él soltó una carcajada apenas escuchó eso.

—“Ajá, ahora entiendo la llamada.”

—“Sea serio.”

—“Bueno pues, hable.”

Respiré profundo.

—“Présteme el carro.”

Hubo silencio dos segundos.

Y después empezó a reírse durísimo.

—“¡NOOOO! Rafael, usted sí está enamorado.”

—“¿Entonces sí o no?”

—“Espere, espere… ¿desde cuándo usted anda pendiente de esas vainas?”

—“No estoy pendiente.”

—“Claro que sí.”

Me pasé la mano por la cara.

—“Solo quiero hacer las cosas bien.”

Él seguía riéndose.

—“¿Y qué tiene de malo un taxi?”

—“Nada.”

—“¿Y el bus?”

—“Tampoco.”

—“Entonces.”

Suspiré cansado.

—“Marica, déjeme tranquilo.”

Eso hizo que se riera más duro.

Después de molestarme un rato finalmente preguntó:

—“¿Sí sabe manejar bien o me va a devolver el carro estampado?”

Solté una risa.

—“Claro que sé manejar.”

—“Porque una cosa es moverlo y otra manejar.”

—“Usted mismo me enseñó.”

—“Sí, y también me acuerdo cuando casi tumba un poste.”

—“Eso fue hace años.”

—“Mmm…”

Yo seguía esperando respuesta.

Hasta que él finalmente dijo:

—“Bueno, sí se lo presto.”

Sentí alivio enseguida.

—“Gracias, marica.”

—“Pero me lo cuida.”

—“Obvio.”

—“Y otra cosa.”

—“¿Qué?”

—“No vaya a andar de loco impresionando muchachas.”

Me reí.

—“No soy así.”

—“Ahorita sí parece.”

Al día siguiente fui a recoger el carro.

Julián vivía en un apartamento cerca del centro y apenas me vio bajarme empezó otra vez la molestadera.

—“Uy nooo, mírenlo cómo viene vestido.”

Miré mi camisa.

—“Normal.”

—“Normal dice. Hasta perfume se echó.”

—“Cállese.”

Él soltó una carcajada mientras movía las llaves.

El carro era un Mazda gris bastante bonito y bien cuidado.

Nada exagerado.

Pero sí elegante.

Julián me lanzó las llaves.

—“Bueno, papi, cualquier rayón y me paga.”

Las agarré riéndome.

—“Relájese.”

—“¿Y pa’ dónde la va a llevar?”

—“Todavía estoy pensando.”

Él abrió los ojos.

—“¿Cómo así?”

—“Pues sí.”

—“Rafael, usted puede ser profesor y todo, pero pa’ esto sí está bruto.”

Me reí.

—“Entonces ayúdeme.”

Nos quedamos hablando un rato sobre lugares tranquilos para salir.

Nada demasiado elegante porque tampoco quería exagerar.

Solo quería verla.

Hablar con ella.

Escucharla en persona otra vez.

Antes de irme, Julián se quedó mirándome serio.

—“Oiga.”

—“¿Qué?”

—“Hace rato no lo veía así.”

Fruncí el ceño.

—“¿Así cómo?”

—“Emocionado.”

Eso me dejó callado unos segundos.

Porque era verdad.

Durante muchísimo tiempo sentí que vivía en automático.

Trabajar.

Llegar a la casa.

Dormir.

Repetir todo otra vez.

Pero desde que volví a hablar con Aracely…

Algo despertó dentro de mí otra vez.

Volví a sentir ilusión.

Nervios.

Ganas de arreglarme.

Ganas de salir.

Y honestamente no recordaba la última vez que me sentí así.

Me subí al carro y acomodé las manos en el volante.

Julián se apoyó en la ventana.

—“¿Está nervioso?”

Solté una risa.

—“Muchísimo.”

—“Bienvenido al club de los hombres enamorados.”

Le mostré el dedo medio y él empezó a reírse.

Prendí el carro despacio.

Y mientras salía del parqueadero sentí algo raro en el pecho.

Ansiedad.

Emoción.

Miedo.

Todo junto.

Porque después de tantos meses pensando en ella…

Por fin iba a verla otra vez.

Y honestamente…

Lo único que quería era que cuando Aracely se subiera al carro me mirara igual que antes.

Con esa sonrisa que llevaba demasiado tiempo haciendo falta en mi vida.

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Yulexi De Fernández
cuando me termine de ver la serie que me estoy viendo le subo los otros capítulos
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