Ella reencarna el personaje de una novela que leyó y decide cambiar su destino haciendo un pacto con él temible duque..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Esa noche
El duque respiró hondo.
Intentó moverse con cuidado.
Muy despacio.
Su mano en la espalda de Gia… la otra en su cintura, buscando apartarla sin despertarla.
[…solo muévete… despacio…]
Pero en cuanto cambió ligeramente la posición..
Gia se removió.
Sus pestañas temblaron.
Y abrió apenas los ojos.
No del todo despierta.
Pero lo suficiente.
Sintió el contacto.
La cercanía.
La posición.
Y su mente… llegó a una conclusión completamente equivocada.
[…ah… que buena sorpresa]
Una sonrisa apareció en sus labios.
Lenta.
Coqueta.
Se acercó un poco más.
Su voz salió baja, apenas un susurro cerca de su oído..
—Sabía que mi esposo podía cumplirme como hombre…
El duque se quedó completamente inmóvil.
[…¿qué…?]
No alcanzó a reaccionar.
Porque ella…
Se acercó más.
Y lo besó.
Un beso cálido.
Intencionado.
Sin vergüenza.
Sus manos comenzaron a moverse con naturalidad, explorando con una confianza que no correspondía a alguien que acababa de conocerlo.
El duque no respondió al inicio.
Se quedó quieto.
Tenso.
[…desvergonzada…]
Pero su cuerpo…
No era tan obediente como su mente.
Sintió el contacto.
La cercanía.
El calor.
Y una reacción inevitable en su entrepierna comenzó a aparecer.
[…esto…]
Frunció apenas el ceño.
Intentando mantener el control.
[…debería detenerla…]
Pero no lo hizo.
En su lugar…
Su mano se movió ligeramente.
Como si dudara.
Como si probara.
[…si respondo con fuerza…]
Su pensamiento se formó con claridad.
[…se asustará…]
Era lógico.
Era lo esperado.
[…retrocederá…]
Pero en el fondo…
Había algo más.
Una excusa.
[…sí… eso es…]
Sin embargo, cuando respondió..
No fue como había planeado.
No hubo brusquedad suficiente para ahuyentarla.
No hubo rechazo claro.
Solo… correspondió.
El contacto se volvió más firme.
Más cercano.
Más real.
Y Gia…
No retrocedió.
Al contrario.
Se aferró más.
Con la misma intensidad.
La misma decisión.
[…no se asusta…]
Ese pensamiento cruzó la mente del duque.
Y por primera vez…
No supo si eso lo frustraba…
O lo atraía aún más.
El silencio de la habitación se llenó de respiraciones entrecortadas, de cercanía, de una tensión que ya no era solo incómoda…
Sino imposible de ignorar.
Y en medio de todo eso..
El duque entendió algo.
Aquella mujer…
No solo no le temía.
Sino que estaba completamente dispuesta…
A enfrentarlo.
El aire en la habitación cambió por completo.
Ya no era solo tensión.
Era algo más profundo.
Más peligroso.
Más… inevitable.
El duque sintió cómo cada intento de mantener el control se deshacía poco a poco. Gia no retrocedía, no dudaba, no mostraba vergüenza… y eso lo desarmaba más que cualquier otra cosa.
[…no se detiene…]
Y lo más desconcertante…
Era que él tampoco.
Sus manos, que al inicio dudaban, comenzaron a moverse con más seguridad. No con violencia, sino con una firmeza que dejaba claro que ya no estaba intentando apartarla.
La cercanía se volvió real.
Cálida.
Innegable.
Gia respondió a cada gesto, a cada acercamiento, con la misma intensidad tranquila, como si hubiera decidido desde el principio que ese era su lugar.
[…no tengo miedo…]
Su respiración se mezclaba con la de él, sus movimientos se volvían más naturales, más sincronizados.
No había torpeza.
No había prisa.
Solo una conexión que crecía momento a momento.
El duque la observó de cerca por un instante, como si intentara entenderla otra vez.
[…¿por qué…?]
Pero no encontró respuesta.
Solo esa sonrisa leve.
Esa seguridad.
Esa cercanía que no se rompía.
Y entonces dejó de pensar.
La abrazó con más decisión, acercándola completamente, como si finalmente aceptara lo que estaba pasando.
Gia apoyó su frente contra la de él por un segundo.
Y sonrió.
[…sabía que no huirías siempre…]
La noche avanzó sin palabras innecesarias.
Solo respiraciones, cercanía y un entendimiento silencioso que no necesitaba explicarse.
Y por primera vez desde que la conocía…
El duque no estaba pensando en escapar.
Sino en quedarse.
Gia cuando noto un poco de duda le hablo suave..
—¿no me deseas?
[yo..]
Sin embargo, apago su conciencia y se dejó llevar por su intimidad que palpitaba fuertemente, desde que ella comenzó a tocarlo sin ningun pudor..
Ella sonrió coqueta, cuando vio como él la miraba y se sentó a ahorcajadas sobre él…
Minutos después, el camisón estaba destrozado y ella recibía, especial atención en todo su cuerpo… el duque besaba cada parte, dejando un rastro húmedo.. asi entro en ella fuertemente… pero, se detuvo, al sentir lo estrecha que ella estaba y escuchar un suave un grito de dolor, que acalló todos los gemidos que habían estado resonando en la habitación…
el duque se sintió mal, en la boda le había dicho que la protegeria y ahora veía como una lagrima corría por su mejilla..
[wow este hombre me va a dejar en una silla ruedas, maldición, si hubiese sabido que el duque tenia una arma en la entrepierna hubiese dudado antes de molestarlo]
pero minutos despues Gia comenzó a moverse suavemente y el duque entendió que las molestias ya habían pasado. Por lo que continuaron con las caricias y las embestidas empezaron lento y suave… pero, ella comenzó a exigir más… y se subió sobre él…
[domare a la bestia]
cuando ella se movió, él pudo ver una mancha en la sabana, lo que le comprobaba que su esposa era una mujer pura… hasta hace unos minutos…
[para ser virgen parece tener mucha imaginacion]
Ella comenzó a tomar el control, lo cabalgo y se puso con manos y rodillas en la cama… hasta que ambos explotaron de pasión… Poco después ella se quedo dormida aun sujetada de su brazo, desnuda en su cama.
El amanecer llegó lentamente.
La luz dorada del sol comenzó a filtrarse por las cortinas, iluminando la habitación con suavidad.
Todo estaba en calma.
Demasiado en calma.
El duque fue el primero en despertar.
Abrió los ojos con pesadez, como si su mente tardara en regresar a la realidad.
[…]
Por un segundo… no se movió.
Luego lo sintió.
Calor.
Peso.
Cercanía.
Bajó la mirada.
Y ahí estaba.
Gia.
Acurrucada contra él otra vez.
Como si durante la noche hubiera reclamado ese lugar como suyo.
Su cabeza apoyada en su pecho.
Una mano descansando sobre él con total naturalidad.
Respirando tranquila.
Profundamente dormida.
El duque frunció el ceño apenas.
Pero no se apartó de inmediato.
La observó.
En silencio.
Sin la energía de ayer.
Sin la sonrisa provocadora.
Sin palabras.
Solo… dormida.
Y extrañamente…
Pacífica.
[…no parece peligrosa… así…]
Pero sabía que lo era.
Lo había comprobado.
Exhaló lentamente.
Intentó moverse.
Muy despacio.
Esta vez con más cuidado.
Pero Gia reaccionó.
Se movió un poco.
Frunció el ceño.
Y se aferró más.
—Mmm… cinco minutos más…
Su voz fue baja, somnolienta.
Completamente fuera de lugar.
El duque se quedó quieto.
[…¿cinco… qué…?]
Ella ni siquiera estaba despierta.
Solo… hablaba.
Como si estuviera en otra vida.
En otro mundo.
[…incomprensible…]
Finalmente, con algo de esfuerzo, logró apartarse un poco.
Lo suficiente.
Se sentó en la cama.
Pasó una mano por su rostro.
[…necesito distancia…]
Pero antes de poder levantarse..
—¿Ya es de día…?
Gia abrió los ojos lentamente.
Parpadeó.
Confundida.
Miró alrededor.
La habitación.
La cama.
Y luego…
A él.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Y entonces..
—¡Ah!
Se incorporó de golpe.
Se miró.
Luego lo miró otra vez.
[…bien… calma… no entres en pánico…]
Se llevó una mano al pecho.
Respiró hondo.
—Buenos días…
Y luego, con una pequeña sonrisa..
—Esposo.
El duque la miró.
Serio.
Pero ya sin la tensión de la noche.
[…se adapta demasiado rápido…]
Gia estiró los brazos como si nada.
Como si despertar en la cama de un duque peligroso fuera lo más normal del mundo.
—Dormí bien.
Lo miró de reojo.
—Aunque alguien intentó escapar varias veces…
Sonrió.
Divertida.
El duque desvió la mirada.
[…no escapé…]
Pero no lo dijo.
Gia ya se estaba levantando.
Caminó descalza por la habitación.
Más relajada que nunca.
[…bien… nuevo día… nueva estrategia…]
Se giró hacia él.
—¿Hoy también tiene mucho trabajo?
Su tono era ligero.
Pero sus ojos… atentos.
El duque la observó un segundo.
[…depende de ti…]
Pero en lugar de decirlo..
—Sí.
Seco.
Simple.
Gia asintió.
[…perfecto…]
Sonrió.
—Entonces lo acompañaré.
Silencio.
El duque la miró.
Largo.
[…otra vez…]
Y ella…
Solo sonrió más.
Porque para Gia…
El día después no era incómodo.
No era vergonzoso.
Era…
El inicio real de su nueva vida.