"De Colmillos a Cachetes:El olvido es un lugar curiosamente frío. No hay fuego eterno, ni torturas épicas con látigos de sombras; solo hay una nada grisácea que te va borrando los recuerdos como si fueras un dibujo mal hecho en una pizarra.
Yo, Sofía von Bloodrose, la "Dama de las Sombras de Astris", la vampira que hizo llorar a emperadores y que usó el corazón de más de un caballero como juguete para gatos, no iba a permitir que me borraran. No así.
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capítulo 11
El primer mes del reinado de Elías I de Ondaria no fue recordado por sus decretos económicos ni por la expansión de sus fronteras, sino por ser el periodo más caótico, ruidoso y extrañamente eficiente en la historia de la corona. Mientras el nuevo Rey intentaba poner orden en un país al borde de la quiebra, su "comité de seguridad" de dos miembros se había encargado de que la vida en el palacio fuera un constante juego de espionaje y sabotaje.
Había pasado exactamente treinta días desde que Elías juró el cargo. En ese tiempo, Sofía había aprendido que ser un hámster no era un impedimento para el poder; era una ventaja táctica.
En el plano celestial, los Dioses ya no usaban una pizarra pequeña. Habían tenido que invocar un pergamino gigante que flotaba sobre el estanque de visión para llevar la cuenta de las "obras de bondad" de Sofía.
—¡Es increíble! —exclamó la Diosa de la Bondad, ajustándose las gafas—. Miren el registro de este mes:
* **+2 puntos:** Por salvar al Rey de comer una ostra en mal estado (la cual Sofía pateó fuera del plato con una agilidad olímpica).
* **+3 puntos:** Por encontrar las llaves del tesoro real que el Chambelán había perdido en un ataque de senilidad (estaban dentro de una bota decorativa).
* **+5 puntos:** Por evitar un duelo a muerte entre dos generales al morderle el tobillo al que iba a desenfundar primero, causando una distracción cómica que terminó en risas.
* **+10 puntos:** Por el "Incidente del Veneno Silencioso". Sofía detectó una toxina en el vino de Elías y, en lugar de beberlo (obviamente), volcó la copa sobre el mapa de guerra de Isabella.
—**Total acumulado: 28/100 obras de bondad.**
—Va demasiado rápido —gruñó el Dios de la Guerra—. Esa rata naranja está haciendo trampa. No es bondad, es que quiere proteger su fuente de comida y masajes.
El día de la ceremonia oficial de coronación llegó con un sol radiante. Ondaria Magna estaba engalanada con estandartes azules y plata. Elías estaba de pie frente al espejo de sus aposentos, vestido con el uniforme de gala de los monarcas de Ondaria: una túnica de terciopelo azul medianoche, una capa roja que arrastraba con elegancia imperial y hombreras de oro.
Sofía estaba sentada sobre la mesa del tocador, observándolo. Su cabello rubio estaba perfectamente peinado, pero sus ojos azules reflejaban un cansancio profundo. El peso de la corona que estaba a punto de recibir no era nada comparado con el peso de la soledad que sentía.
—Bueno, Pelusa —dijo Elías, mirándola a través del espejo—. Hoy me convierto formalmente en el hombre que todos odian o temen. ¿Crees que me quede bien la corona o solo resaltará lo frío que me he vuelto?
Sofía caminó hacia su mano y, en un gesto de ternura que le costó todo su orgullo de vampiresa, frotó sus bigotes contra su palma.
—*¡Squeak!* (Te queda perfecta, idiota. Pero sonríe un poco o pensarán que vas a un funeral).
Elías bajó la mano para acariciarla. Sofía cerró los ojos, esperando ese contacto que tanto deseaba... pero en ese momento, el Capitán Pico Dorado entró volando por la ventana gritando: **"¡Fuego en el hoyo! ¡Isabella viene con un vestido que parece un pastel de bodas! ¡Emergencia! ¡Polly quiere protección de testigos!"**.
Elías retiró la mano para atrapar al pájaro antes de que chocara contra el jarrón de porcelana.
—*¡SQUEAK!* (¡MALCITO PÁJARO INTERRUMPE-MOMENTOS!) —chilló Sofía, pateando un frasco de perfume vacío.
La catedral estaba llena. Elías caminaba por el pasillo central con paso firme. Sofía iba oculta en un bolsillo secreto diseñado específicamente en su hombrera izquierda, mientras el Capitán Pico Dorado se mantenía en las vigas del techo, actuando como vigía.
Isabella estaba en primera fila, luciendo un vestido blanco y dorado que claramente gritaba: "Yo debería ser la que estuviera allí arriba". Tenía una mirada de triunfo, convencida de que el año de plazo que Elías pidió pasaría volando y él terminaría cediendo.
Justo cuando el Sumo Sacerdote levantó la Corona de Ondaria para colocarla sobre la cabeza de Elías, Sofía notó algo extraño. Un pequeño hilo de seda colgaba desde el techo, justo encima de la cabeza del Rey. En el extremo del hilo, una araña mecánica —un ingenio prohibido de alquimia— descendía lentamente. Llevaba una aguja impregnada en un suero de confusión que haría que Elías se desmayara o balbuceara incoherencias en su primer discurso.
Sofía no lo dudó.
—*¡Squeak!* (¡Capitán, objetivo a las doce en punto! ¡Ataque aéreo!)
El pájaro entendió la señal.
—**"¡Muerte desde arriba! ¡Polly es un halcón!"**
El Capitán Pico Dorado se lanzó en picada desde las vigas. El estruendo en la catedral fue total cuando una cacatúa blanca cruzó el altar gritando insultos en jerga de marinero. El pájaro atrapó la araña mecánica con su pico justo antes de que tocara el cuello de Elías.
—¡¿Pero qué es este sacrilegio?! —gritó el Sacerdote.
—Es... una bendición del cielo —improvisó Elías con una rapidez mental admirable, mientras sentía a Sofía agitarse nerviosamente en su hombrera—. El ave ha cazado un mal augurio.
Elías aprovechó la confusión para mirar a Isabella. La Duquesa estaba pálida, apretando su abanico con tanta fuerza que las varillas de marfil crujieron.
La corona fue colocada. Elías I fue proclamado Rey.
De regreso al palacio, tras horas de banquetes y discursos tediosos, Elías finalmente se encerró en su estudio. Se quitó la pesada corona y la dejó sobre la mesa. Se desabrochó la capa y sacó a Sofía de su escondite.
La hámster estaba agotada. Había pasado horas quieta, alerta ante cualquier peligro. Se dejó caer sobre el escritorio, respirando agitadamente.
Elías la miró. El silencio de la habitación era absoluto.
—Me has salvado de nuevo, ¿verdad? —susurró el Rey.
Tomó a Sofía entre sus manos y la elevó. Sus rostros estaban muy cerca. Sofía vio un brillo de gratitud y algo más... ¿ternura? ¿amor? Sus ojos azules parecían derretirse por un instante. Elías acercó sus labios y le dio un beso suave y prolongado en la pequeña frente peluda, justo entre sus orejas.
Sofía sintió que flotaba. Sus patitas se relajaron y un calor inmenso recorrió su pequeño cuerpo. *“Finalmente... el reconocimiento que merezco”*, pensó con un suspiro de satisfacción.
Pero entonces, como si un resorte se hubiera activado en su cerebro, Elías recobró su compostura de hielo.
—Aunque —dijo, dejándola caer bruscamente sobre un montón de papeles fríos—, hueles a incienso rancio de la catedral. No deberías estar tan cerca de mi cara hasta que te bañes en esa fuente de porcelana que te compré. Además, has dejado pelos en mi uniforme de gala. Es inaceptable.
Se dio la vuelta y se puso a revisar unos mapas, ignorándola por completo.
—*¡SQUEAK!* (¡ERES UN MONSTRUO! ¡UN TÉMPANO! ¡DEVUÉLVEME MI MOMENTO ROMÁNTICO!) —chilló Sofía, intentando lanzarle un clip de papel que resultó ser demasiado pesado para ella, haciéndola caer de bruces.
El Capitán Pico Dorado aterrizó en la ventana, burlándose con su risa chillona.
—**"¡Beso de hámster! ¡Amor de pelusa! ¡El Rey es un témpano, el pájaro es un genio!"**
Sofía se acurrucó en una esquina del escritorio, mirando la espalda de Elías. Ella sabía que él la quería, pero su miedo a la traición era una fortaleza difícil de derribar.
—*Squeak...* (28 puntos, Sofía. Solo faltan 72. Y cuando sea humana, te juro que te daré una bofetada antes de besarte, Rey de Hielo).
En el Cielo, los Dioses ya estaban preparando las apuestas para el segundo mes. El año de búsqueda de una Reina acababa de empezar, y el primer anuncio de "Candidatas a la Corona" estaba por publicarse. La guerra de Sofía contra las futuras reinas estaba a punto de volverse global.
**Continuará...**