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El Despertar Del Príncipe

El Despertar Del Príncipe

Status: En proceso
Genre:Romance / Mundo mágico / Fantasía LGBT
Popularitas:882
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️✅️Sam y Norman comienzan a saciar su sed de aventura, lejos de su amada familia. El camino comienza a dificultarse, pero cuatro almas sellan sus destinos.✅️⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Mañana marchamos

El campo de trigo, que alguna vez fue el orgullo de la aldea, ahora era un cementerio de tallos negros y tierra removida. El humo todavía flotaba en el aire, pero ya no olía a incendio, sino a ese silencio pesado que queda después de que la tragedia ha terminado su trabajo.

Lin estaba de pie frente a una fosa recién excavada. Su armadura de cazador estaba manchada de hollín, y sus manos, acostumbradas a empuñar el acero para matar, ahora sostenían una pala con una delicadeza dolorosa. A su lado, Iris, la madre de Sam, parecía haberse encogido. Vestía un delantal sucio y sus ojos, antes llenos de la luz de la cocina y el campo, estaban secos, agotados de tanto llorar.

-Era un buen hombre, señora Iris.- Dijo Lin con la voz ronca. El capitán de los cazadores sentía una culpa que le quemaba el pecho. Él había jurado protección, y había llegado tarde -Él murió protegiendo el secreto de Sam. Murió como un guerrero, aunque solo tuviera una herramienta de labranza en la mano.-

Iris se arrodilló sobre la tierra fresca y colocó un pequeño ramo de flores silvestres, las únicas que el fuego no había alcanzado, sobre el cuerpo envuelto en lino.

-Él no lo hizo por un príncipe, Capitán.- Susurró Iris, acariciando la tierra como si acariciara la mejilla de su esposo -Lo hizo por su hijo. Para nosotros, Sam siempre fue el regalo que nos cayó del cielo en esa pequeña manta. No nos importaba si tenía sangre real, nos importaba su risa.-

Lin ayudó a la mujer a ponerse de pie. En ese momento, el cazador entendió que la verdadera nobleza no estaba en los palacios de cristal, sino en esa mujer que, habiéndolo perdido todo, todavía encontraba fuerzas para perdonar a Lin por no haber llegado a tiempo.

-Venga con nosotros, Iris.- Dijo Lin con firmeza -El príncipe Lucien... Sam... ha despertado el palacio. Allí estará segura. Ningún hombre de la Orden volverá a tocarla mientras yo respire.-

Iris miró por última vez la tumba de su esposo y asintió. La paz de la aldea había muerto, y ahora solo quedaba la sombra del palacio para ocultar su dolor.

Mientras tanto, en una de las torres más altas de las ruinas, Norman estaba viviendo su propia agonía.

El hechicero de luz ya no era el chico divertido que contaba chistes frente a la hoguera. Estaba sentado en el suelo, rodeado de un círculo de velas que Alaric le había proporcionado. Sus manos estaban extendidas sobre un mapa antiguo del reino, y sus ojos rubios brillaban con una intensidad dorada que iluminaba toda la estancia.

Concéntrate, Norman.- Se decía a sí mismo, con el sudor corriéndole por las sienes -Siente la raíz, siente la tierra. Ella tiene que estar en alguna parte.-

Norman estaba intentando usar su conexión con la naturaleza para localizar a su madre, Alma. Como hechicero de las plantas, él podía sentir la energía vital de las personas que amaba a través de la red de la tierra. Pero algo lo bloqueaba. Una interferencia fría y metálica impedía que su magia llegara a su destino.

-¡Maldición!- Gritó Norman, golpeando el mapa con el puño -¡Quirno está usando hierro frío! Está bloqueando mi luz.-

Se desplomó contra la pared, jadeando. El miedo de perder a su madre lo estaba consumiendo. Recordó el saquito de hierbas que ella le dio, la advertencia sobre el "frío del alma". Ahora entendía que ese frío era Quirno, y que su madre estaba en las garras de un hombre que no conocía la piedad.

En la armería del palacio, el ambiente era muy diferente. La tensión entre Lucien y Alaric había llegado a un punto de ebullición.

Lucien ya estaba vestido con su armadura oscura, pero se había quitado el casco y la pechera para poder respirar. El dolor por la muerte de su padre y la rabia contra la Orden eran como una tormenta eléctrica dentro de su cuerpo. Alaric estaba frente a él, observándolo con esos ojos dorados casi rojos que parecían leerle cada pensamiento pecaminoso y heroico.

-No puedes ir a la batalla con esta carga, Lucien.- Dijo Alaric, acercándose hasta que sus pechos casi se tocaban -Tu energía está descontrolada. El rubí está absorbiendo tu odio y te va a consumir antes de que veas a Quirno. Necesitas... liberar esta presión.-

Lucien miró al vampiro. La belleza de Alaric, su palidez sobrenatural y la devoción que emanaba de él eran la única ancla que Sam tenía en medio de su locura. La tensión sexual, que se había acumulado durante días de viajes y susurros, estalló en el silencio de la sala.

Sin decir una palabra, Lucien tomó a Alaric por los hombros y lo empujó suavemente hacia un asiento de piedra tallada. Alaric, el soberano de las sombras, se dejó llevar con una sumisión que solo le entregaba a su príncipe.

Lucien se arrodilló entre las piernas de Alaric. El contraste entre la armadura negra del príncipe y la seda oscura del vampiro era una imagen de poder y entrega. Lucien miró hacia arriba, encontrando la mirada nublada de deseo de Alaric.

-Dices que necesito liberar la tensión.- Susurró Lucien con una voz cargada de una posesividad nueva -Entonces déjame tomarte, Alaric. Déjame saborear la eternidad que me has guardado por trescientos años.-

Lucien bajó las manos hacia la cadera del vampiro. Con movimientos lentos pero decididos, comenzó a despojar a Alaric de su compostura. Tomó su miembro con una mano y lo acarició de manera tortusa con el dedo índice. Alaric temblaba al tacto. Masajeó un para de veces mientras que con la otra mano sujetó fuerte la cintura del vampiro. Cuando Lucien finalmente lo tomó con su boca, Alaric echó la cabeza hacia atrás, soltando un gemido que fue un eco de los siglos de espera.

No era solo sexo; era un acto de comunión. Lucien usaba sus labios y su lengua para devorar no solo el placer de Alaric, sino también su propio dolor. El sabor del vampiro, frío y dulce como la nieve y el incienso, calmaba el incendio en la sangre de Lucien. Alaric enterró sus dedos pálidos en el cabello negro de Lucien, tirando ligeramente, mientras su cuerpo vibraba ante la maestría y la pasión con la que su príncipe lo reclamaba.

-Ah... Lucien...- Jadeó Alaric, cerrando los ojos mientras las ondas de placer lo recorrían -Sí... toma todo... soy tuyo... siempre he sido tuyo...-

El sexo oral fue una batalla silenciosa y ardiente. Lucien no se detuvo hasta que sintió que Alaric se deshacía en sus manos, entregándole su esencia en un clímax que hizo que las sombras del palacio bailaran con alegría.

Lucien se puso de pie, limpiándose la comisura de los labios con el pulgar, con una mirada de triunfo y una calma nueva en su rostro. Alaric, todavía recuperando el aliento, lo miró con una adoración que rozaba la locura.

-Eso...- Susurró Alaric, acomodándose la ropa con manos temblorosas -...eso ha sido solo el principio, ¿verdad?-

Lucien sonrió, una sonrisa afilada y peligrosa.

-El resto, Alaric... el resto será mi premio después de que la cabeza de Quirno ruede por los peldaños de este palacio. Después de que vengue a mi padre y rescate a la madre de Norman, te reclamaré por completo. No quedará ni un centímetro de tu cuerpo que no lleve mi marca.-

Alaric se puso de pie, sintiéndose más fuerte, más vinculado a Lucien que nunca. La tensión sexual no había desaparecido, se había transformado en una promesa de fuego.

Mientras ellos se entregaban a su pasión, el peligro no descansaba.

En el carruaje de Quirno, el Sumo Sacerdote sostenía un espejo de plata. En el reflejo, podía ver el campamento donde sus hombres tenían prisionera a Alma, la madre de Norman. La mujer estaba encadenada a un poste de hierro frío, rodeada de guardias.

-El hechicero está intentando buscarla.- Murmuró Quirno, sonriendo a su reflejo -Siento sus dedos de luz arañando mi barrera. Es tierno, de verdad.-

Quirno cerró el espejo y miró a Varek.

-Mañana cruzaremos la frontera del valle. Quiero que preparen el altar de ejecución. Si Lucien no se entrega al vernos llegar, empezaremos cortando los dedos de la mujer. Uno por cada hora que el príncipe se esconda tras sus muros de cristal.-

Quirno se tocó el pecho, donde su secreto latía con una fuerza hambrienta. El Sumo Sacerdote sabía que Lucien acababa de liberar su poder, sentía el cambio en la energía del aire tras el encuentro con Alaric.

-Ya no es un niño.- Dijo Quirno para sí mismo -Se ha convertido en un hombre de sombras. Excelente. Cuanto más oscuro sea su corazón, más dulce será el sabor de su caída.-

En el palacio, Lucien volvió a colocarse la pechera de su armadura. Sus manos ya no temblaban. Norman entró en la armería, con el rostro pálido pero decidido.

-No la encuentro, Sam.- Dijo Norman con voz quebrada -Quirno la tiene bloqueada.-

Lucien puso una mano en el hombro de su amigo, con una fuerza que le dio esperanzas a Norman.

-No la encuentres con magia, Norman. Vamos a buscarla con acero. Mañana marchamos. Lin llegará pronto con mi madre, y una vez que ella esté a salvo tras estos muros, iremos por la tuya.-

El Príncipe Guerrero, el Hechicero de Luz y el Rey de las Sombras se miraron. Ya no había dudas. La noche sería larga, pero el amanecer traería el choque de dos mundos. Quirno creía que tenía el control, pero no sabía que Lucien acababa de descubrir que el placer y el dolor eran las llaves para un poder que la Orden de la Luz nunca podría comprender.

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Maru19 Sevilla
Empezamos con esta nueva historia, inicia muy bien 👏👏👏
Skay P.: ¡Gracias cielo!😍
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