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El Cazador De Princesas

El Cazador De Princesas

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Fantasía épica / Héroes
Popularitas:545
Nilai: 5
nombre de autor: victor91

En un mundo donde la realeza no es sinónimo de inocencia, existe alguien dispuesto a romper todas las reglas.

Un misterioso cazador recorre los reinos con una misión peligrosa: encontrar y eliminar princesas. Pero no lo hace por ambición ni riqueza… sino por una verdad oculta que pocos conocen. Detrás de cada corona se esconden secretos, traiciones y poderes que podrían destruirlo todo.

A medida que avanza en su cacería, el cazador comienza a cuestionar su propósito, especialmente cuando se cruza con una princesa diferente a las demás… alguien que podría cambiarlo todo.
Entre conspiraciones, batallas y emociones prohibidas, la línea entre enemigo y aliado se vuelve cada vez más difusa.

¿Qué pasa cuando el cazador deja de ver a su presa como un objetivo… y empieza a verla como algo más?

NovelToon tiene autorización de victor91 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La dueña del tiempo

—Tres coyotes.

Exclamó Boran.

De inmediato, una mandíbula pequeña y alargada se prendió en su hombro derecho, mientras otra desgarraba su muslo izquierdo. El cazador gritó al cielo, pero se recompuso para encarar al tercer coyote que se lanzaba de frente. Alzó la pierna libre y lo detuvo con la suela de su bota. Con la mano izquierda cerró el puño y lo estrelló contra el cráneo del que mordía su muslo. Un crujido seco marcó el destino del animal, que soltó su presa y se tambaleó sin rumbo.

 Preus sujetó al que tenía prendido del hombro, el animal se aferraba con todas sus fuerzas. El dolor se intensificó. Entonces, cambiando el hacha de mano, la incrustó entre los ojos del coyote, que cayó sin vida. El tercero revoloteaba frente a él, ambos midiéndose con la mirada. Preus presionó la herida de la pierna, que sangraba con violencia. El animal avanzó, pero en ese instante el lobo, aún herido con el hacha clavada, intentó una mordida letal. Falló, estaba muy débil, y Preus aprovechó para recuperar su arma. Con ambas hachas en mano, se lanzó contra el último coyote. Lo atrapó del cuello en pleno salto y lo destrozó con un hachazo que partió su corazón. El lobo había utilizado la poca vitalidad que le quedaba y cae sin vida. Uno de los anillos del príncipe se desintegra en partículas que se lleva el viento.

El cazador levantó la vista hacia Boran. Su rostro se crispó y comenzó a correr. 

La multitud huyó despavorida. Padres y madres abrazaban a sus hijos mientras huían como un enjambre desbordado. Preus, con las hachas en alto, avanzaba enloquecido hacia el príncipe. El oso volvió a interponerse, pero estaba exhausto y herido. El cazador lo embistió con furia y lo derribó, siguiendo su camino hacia Boran.

El príncipe ya no tenía energías para invocar más bestias, y en un combate directo estaba perdido. Aun así, cerró los puños y se preparó para luchar.

 El cazador se acerca excitado a su posición, la sangre de sus venas fluye como un río en descontrol, estaba desesperado por alcanzar al príncipe. 

Preus se detuvo un instante y miró el cielo. Las nubes habían dejado de avanzar por el azul infinito. La multitud, en plena huida, estaba congelada, como atrapada en un instante. El cazador advirtió que su propio cuerpo retrocedía, recorriendo los pasos que había dado segundos atrás.

Alzó la mirada y vio a la princesa Leila levitando, con su collar resplandeciente frente a ella. Sus ojos azules parecían apagados, su cabello se agitaba como si tuviera vida propia. "Que está haciendo", pensó. "Que es este poder".

El retroceso fue tan violento que su cabeza estuvo a punto de estallar. Cuando se detuvo, el oso estaba frente a él. Recuperó el control, jadeando, con sangre escapando de su nariz.

Boran tuerce el cuello y encuentra a su hermana, la ve con los brazos alzados y sus ojos perdidos, como poseída, luego vuelve al cazador, el cual empuja al oso y se acerca en frenesí, se mueve como una serpiente, con la malicia de un demonio, estaba seguro que podría matarlo con solo acercarse.

 Leila grita, estaba usando todas sus fuerzas, y manipula el tiempo nuevamente. Preus sentía que su cerebro colapsaba. Sus pupilas se movían sin control, su rostro se deformaba en una sonrisa retorcida. Entendió que la manipulación temporal estaba destruyendo desde dentro.

 Boran desinfla sus pulmones, se encuentra agitado, no tiene la energía suficiente para llamar a más bestias.

  

Preus pasa su mano por la nariz y limpia aún más sangre. Su cerebro se contrae y se expande con violencia, ejerciendo una presión interna insoportable. Era la tercera vez que se encontró en el mismo lugar; sus párpados no obedecían, tenían voluntad propia. En su rostro se dibujó una sonrisa perversa, señal de que algo dentro de él comenzaba a quebrarse.

 Preus se aferró a las hachas, enfocó sus pupilas en el filo y levantó la cabeza, acercándose enloquecido al oso. Esquivó un zarpazo que pudo partirlo en dos, empujó a la bestia e intentó alcanzar el cuello de Boran. Pero nuevamente su cuerpo se petrificó en una fracción de segundo. No podía moverse; la sangre se le escurrió de la nariz como si tuviera voluntad propia, y un instante después retrocedió a una posición anterior, esta vez corriendo hacia el animal.

Leila tocó el suelo, tambaleante, mareada. Boran lo notó y comprendió que su hermana había llegado al límite. Sacó entonces de su cintura dos dagas brillantes y corrió hacia el cazador. Preus empujó al oso, y detrás de la bestia apareció el príncipe. Este intentó rebanarle el cuello, pero el cazador, con el rostro desfigurado, esquivó el filo y contraatacó. Estiró su brazo derecho, llevando el hacha directa al pecho del joven: un golpe que sería fatal, aunque no logró impactar. Ambos retrocedieron.

Preus rompió en carcajadas descontroladas. Las pupilas de sus ojos giraban sin rumbo, su cerebro colapsaba. Hacía bailar las hachas entre los dedos, y sus labios se estiraban hasta las orejas. Se lanzó contra Boran, que lo esperaba con miedo pero firme, sin salida, en guardia, buscando tiempo para invocar otra bestia. 

El cazador alzó la vista por encima de su contrincante y alcanzó a ver a la princesa intentando utilizar su poder de nuevo. No estaba seguro de soportar otra manipulación temporal; sintió que su cerebro estallaría si lo hacía. Entonces cambió de objetivo y fue directo contra Leila. Ella lo vio acercarse, el terror la paralizó, tropezó y cayó al suelo. Preus la alcanzó, la tuvo a sus pies y alzó el brazo para descargar el golpe definitivo.

—¡Tigre!

El rugido sacudió la plaza. Preus se lanzó a un costado justo a tiempo para evitar una mordida en la garganta. Se incorporó como un rayo y se encontró frente a sí a un tigre enorme, con los colmillos desnudos y la mirada encendida. Más atrás, Boran, de rodillas, mantenía la pose de invocación, exhausto pero determinado.

El cazador gritó de fastidio. Su cerebro se distorsionaba, su mirada vagaba sin un punto fijo. La razón lo abandonó. Aun así, con las hachas firmes, estaba dispuesto a enfrentar al majestuoso felino.

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