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Bajo El Juramento De Sangre

Bajo El Juramento De Sangre

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Mafia / Traiciones y engaños
Popularitas:790
Nilai: 5
nombre de autor: Crismeldy Vásquez P

En Valenora, una ciudad donde el poder se hereda con sangre y la traición puede destruir imperios, dos familias dominan las sombras.
Alessia Bellandi, heredera de una poderosa familia italiana, ha aprendido a vivir entre secretos, lealtades y decisiones que nunca le han pertenecido.
Mikhail Orlov, heredero de un imperio ruso construido con disciplina y peligro, sabe que en su mundo una sola equivocación puede costar demasiado.
Cuando una amenaza comienza a mover piezas en las sombras, los Bellandi y los Orlov se ven obligados a sellar una alianza que nadie esperaba: un matrimonio por conveniencia.
Pero lo que comienza como un pacto frío pronto se convierte en una batalla de voluntades, deseo contenido y emociones que ninguno estaba preparado para sentir.
Mientras enemigos ocultos intentan destruirlos desde dentro, Alessia y Mikhail descubrirán que confiar puede ser el riesgo más peligroso ...y también el más inevitable.
porque algunas guerras nacen de la sangre .
Y otras del amor .

NovelToon tiene autorización de Crismeldy Vásquez P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 2: Nombres que pesan

El puerto de Valenora recuperó poco a poco su aparente normalidad.

Los hombres de seguridad seguían vigilando. Los trabajadores hablaban en voz baja. Los vehículos continuaban moviéndose como si el caos de hacía apenas unos minutos hubiera sido un incidente menor.

Pero Alessia Bellandi sabía que nada de aquello había sido menor.

Seguía de pie junto a la baranda, observando el lugar por donde Mikhail Orlov había desaparecido.

El viento del mar le movía suavemente el cabello, pero ella apenas lo sentía.

En su cabeza solo se repetía un nombre.

Orlov.

Había escuchado ese apellido muchas veces desde niña. Siempre en reuniones privadas, en conversaciones entre adultos, en silencios que se volvían tensos apenas alguien lo mencionaba.

No era un apellido cualquiera.

Era uno de esos nombres que llegaban acompañados de historia, poder y viejas heridas.

—Alessia.

La voz de su padre la hizo volver.

Vittorio Bellandi se detuvo frente a ella con el ceño marcado.

—¿Estás bien?

—Sí.

Él la observó durante unos segundos.

—No debiste alejarte.

Alessia cruzó los brazos.

—No sabía que iban a disparar.

—Ese no es el punto.

Ella lo miró directamente.

—Entonces dime cuál es.

Por un instante, el rostro de Vittorio se endureció.

—El punto es que en este momento debes escucharme.

La tensión se instaló entre ambos.

Alessia sabía que cuando su padre usaba ese tono era porque estaba ocultando algo.

—¿Qué tiene que ver Orlov con esto?

La pregunta cayó entre los dos.

Vittorio apartó la mirada hacia el puerto.

—Nada que debas preocuparte ahora.

Esa respuesta no hizo más que aumentar sus sospechas.

—Acaba de salvarme —dijo ella.

Su padre volvió a mirarla.

—Eso no cambia quién es.

—¿Y quién es exactamente?

Vittorio guardó silencio.

Después habló con voz baja.

—Alguien del que conviene mantenerse lejos.

Alessia no respondió.

Pero por dentro sabía que ya era demasiado tarde para eso.

Del otro lado de la ciudad, Mikhail Orlov entró en el edificio familiar acompañado por Yuri.

El silencio del ascensor fue breve, pero suficiente para que Yuri notara que algo estaba distinto.

—No has dicho una palabra desde que salimos del puerto.

Mikhail se acomodó la chaqueta.

—No hay nada que decir.

Yuri soltó una risa corta.

—Eso suele significar que sí lo hay.

Las puertas se abrieron.

Cruzaron el pasillo de mármol hasta el despacho principal.

Viktor Orlov ya estaba allí.

Su tío permanecía de pie junto a la ventana con una copa de whisky en la mano.

No era un hombre de muchas palabras, pero cuando hablaba todos escuchaban.

—Llegaron rápido —dijo sin girarse.

Mikhail se sentó frente al escritorio.

—¿Qué averiguaron?

Viktor dejó la copa.

—No fue casualidad.

—Lo imaginé.

—Alguien quería provocar una reacción.

Yuri apoyó una carpeta sobre la mesa.

—Los movimientos comenzaron anoche. Hay nombres falsos en los registros de entrada.

Viktor miró a Mikhail.

—Y estaban los Bellandi.

Hubo un silencio breve.

—Sí —respondió Mikhail.

Su tío lo observó con atención.

—¿Conociste a la hija?

La pregunta fue directa.

Mikhail levantó la vista.

—Sí.

—¿Y?

Él se tomó un segundo antes de responder.

—No era lo que esperaba.

Viktor arqueó apenas una ceja.

—Explícate.

Mikhail recordó unos ojos claros, una postura firme y aquella forma de sostenerle la mirada en medio del caos.

—No retrocedió.

Yuri lo miró de reojo.

—Eso es bastante para venir de ti.

Mikhail no respondió.

Viktor se acercó al escritorio.

—Escúchame bien. No confundas un momento de tensión con confianza.

—No lo hago.

—Bien.

Su tío hizo una pausa.

—Porque esto apenas empieza.

Aquella noche, Alessia estaba en la biblioteca de la casa Bellandi.

Las luces suaves bañaban los estantes de madera oscura.

Frente a ella había una copa de vino que apenas había tocado.

No podía apartar de su mente lo ocurrido en el puerto.

No solo por el ataque.

Sino por él.

La manera en que había reaccionado.

La calma.

La seguridad.

Y esa extraña sensación de que algo había cambiado en el instante en que sus ojos se encontraron.

La puerta se abrió.

Giulia entró con paso ligero.

—Toda la casa está hablando de lo de esta mañana.

Alessia levantó la mirada.

—¿Y qué dicen?

—Que los Bellandi no van a dejar esto así.

Giulia se sentó frente a ella.

—¿Qué pasó realmente?

Alessia dudó unos segundos.

—Uno de ellos me ayudó.

—¿Uno de quiénes?

—Un Orlov.

Giulia se quedó inmóvil.

—¿Estás hablando en serio?

Alessia asintió.

—Mikhail Orlov.

El nombre flotó en el aire.

—Eso complica las cosas —dijo Giulia en voz baja.

—Lo sé.

—¿Y cómo es?

Alessia guardó silencio unos segundos.

No sabía cómo explicarlo.

Finalmente respondió:

—Peligrosamente tranquilo.

Giulia la observó con atención.

—Eso suena más interesante de lo que debería.

Alessia sonrió apenas.

—Eso pensé.

En otra parte de Valenora, Mikhail permanecía solo en su despacho.

La ciudad brillaba detrás del cristal.

Las luces del puerto parecían tranquilas desde la distancia.

Pero él sabía que debajo de aquella calma algo se estaba moviendo.

Tomó el teléfono.

Abrió un mensaje sin responderlo.

Después lo dejó nuevamente sobre el escritorio.

Por primera vez en mucho tiempo no pensaba en negocios, ni en cuentas, ni en estrategias.

Pensaba en una mujer de mirada firme que no se había dejado intimidar.

Pensaba en Alessia Bellandi.

Y aunque no le gustaba admitirlo, intuía que volvería a verla.

No sabía cuándo.

No sabía cómo.

Pero lo sabía.

En las sombras de Valenora alguien había comenzado a mover piezas.

Y sin saberlo, los Bellandi y los Orlov acababan de quedar en el mismo tablero.

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