Ella renace decidida a cambiar su futuro, sin perder su sonrisa.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Amber 2
El eco de sus propias palabras todavía flotaba en la habitación cuando Amber inhaló profundamente, reuniendo valor.
—Pase.
La puerta se abrió con suavidad y una doncella entró, inclinándose con respeto.
—Señorita Amber, su tía ha venido a visitarla.
Amber parpadeó.
—…¿mi tía?
Pero apenas lo dijo, los recuerdos acudieron, esta vez dóciles, ordenados, como si supieran que ahora debían servirle y no abrumarla.
Su tía.
Una mujer elegante, inteligente… y, a diferencia de muchos en la familia Clifford, alguien con visión.
El año anterior.
Una invitación.
Una propuesta.
“Ven a mi casa. Estudia. Ve a la academia. No desperdicies tu talento encerrada en esta vida de apariencias.”
Y Amber… la Amber original… había rechazado esa oportunidad.
Porque era “lo correcto”.
Porque una dama debía permanecer en su lugar.
Porque no debía destacar demasiado.
Amber actual se quedó en silencio unos segundos.
Luego, lentamente…
Sonrió.
Una sonrisa distinta a todas las que había tenido desde que despertó en ese mundo.
—…ya empecé a cambiar mi destino —murmuró.
La doncella la miró con ligera confusión, pero no dijo nada.
Amber giró sobre sus talones con un entusiasmo que ni ella misma esperaba sentir. Caminó hacia la puerta, y esta vez no hubo duda en sus pasos.
—Dile que bajaré de inmediato.
—Sí, señorita.
Mientras descendía por las escaleras, cada paso parecía más ligero que el anterior. Su mente trabajaba rápido, conectando piezas.
Si en el futuro todo se derrumbaba por las decisiones de su familia…
Entonces ella necesitaba algo propio.
Conocimiento.
Independencia.
Opciones.
Y su tía… era la clave.
Al llegar al salón principal, la vio.
Sentada con elegancia, sosteniendo una taza de té, observando todo con esa mirada aguda que parecía analizar más de lo que decía.
La mujer levantó la vista cuando Amber entró.
Y por un instante…
Se sorprendió.
Porque la Amber que conocía no corría hacia nadie.
No sonreía así.
No brillaba de esa manera.
—¡Tía! —exclamó Amber, acercándose con una energía inesperada.
La mujer alzó una ceja, claramente desconcertada, pero no lo suficiente como para perder la compostura.
—Amber… —respondió, dejándose envolver en un abrazo que, definitivamente, no esperaba.
Hubo un breve silencio.
—…vaya Hoy estás… particularmente afectuosa.
Amber se separó, riendo suavemente, aunque por dentro estaba completamente enfocada.
—Es que me alegra verla.
Y no era mentira.
Tal vez en la vida anterior de Amber, esa oportunidad no había sido valorada.
Pero ella… sí sabía lo que significaba.
Sabía lo que venía si no hacía nada.
La tía la observó con más atención esta vez, como si intentara descifrar qué había cambiado.
—Me alegra escucharlo.. Aunque debo admitir que no es común en ti.
Amber inclinó la cabeza ligeramente, con una sonrisa tranquila.
—Supongo que… estoy empezando a ver las cosas de otra manera.
La mujer dejó la taza con cuidado.
—¿Ah, sí?
Un pequeño silencio se instaló.
Amber sintió cómo su corazón latía con fuerza.
Este era el momento.
El primer cambio real.
—Tía… —dijo, con una mezcla de respeto y determinación—. ¿Sigue en pie su oferta?
Los ojos de su tía brillaron con un destello de sorpresa… y algo más.
Interés.
—…¿qué oferta?
Amber no dudó.
—La de ir con usted. Estudiar en la academia.
El silencio que siguió fue distinto.
Más denso.
Más importante.
Su tía la miró fijamente, como si quisiera asegurarse de que no estaba bromeando.
—El año pasado rechazaste eso sin pensarlo dos veces.
—Lo sé.
—Dijiste que no era apropiado.
—También lo sé.
—Y ahora… ¿has cambiado de opinión de la noche a la mañana?
Amber sostuvo su mirada.
Ya no era la chica que evitaba incomodar.
Ni la que seguía reglas sin cuestionarlas.
—Sí.
La respuesta fue simple.
Firme.
Real.
—Porque si sigo haciendo lo mismo… sé exactamente a dónde voy a terminar.
Su tía frunció ligeramente el ceño ante esa frase, pero no interrumpió.
Amber respiró hondo.
—Y no quiero eso.
Otra pausa.
Larga.
Tensa.
Hasta que, finalmente…
Una leve sonrisa apareció en los labios de su tía.
No era una sonrisa dulce.
Era una sonrisa satisfecha.
—…interesante.
Se recostó ligeramente en su asiento.
—Muy interesante.
Sus ojos brillaban ahora con una mezcla de orgullo y curiosidad.
—Siempre supe que eras inteligente, Amber. Solo… demasiado obediente.
Amber soltó una pequeña risa.
—Estoy trabajando en eso.
—Ya veo.
La mujer tomó su taza nuevamente, pero no bebió.
—Entonces… quieres ir a la academia.
—Sí.
—¿Y dejar atrás la comodidad de esta casa? ¿Las expectativas?
Amber hizo una pequeña mueca.
—Especialmente eso.
Su tía no pudo evitar reír suavemente.
—Ahora sí te reconozco un poco más.
Se levantó con elegancia.
—Muy bien.
Amber sintió cómo su corazón daba un salto.
—¿…de verdad?
—De verdad.. Pero esto no será un juego, Amber. Si vienes conmigo, estudiarás en serio. Te enfrentarás a un mundo que no perdona la indecisión.
Amber asintió.
—Lo sé.
—¿Y aun así quieres hacerlo?
Esta vez no hubo duda.
—Sí.
Su tía la observó unos segundos más…
Y luego asintió.
—Entonces prepárate.
Amber sintió una oleada de emoción recorrerla.
—Partimos en unos días.
El futuro… ese futuro oscuro que había visto… acababa de cambiar.
Un poco.
Solo un poco.
Pero suficiente para empezar.