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TOME SU LUGAR

TOME SU LUGAR

Status: En proceso
Genre:Venganza / Escuela / Mujer poderosa
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

Se burlaron. La humillaron. La destruyeron.
Pero cometieron un error…
Nunca supieron que tenía una gemela.
Y ella no perdona.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 7: EL QUE SÍ VE

No todos reaccionan igual al miedo.

Algunos se alejan.

Otros se quedan en silencio.

Y están los que observan.

Esos son los peligrosos.

Lo sentí antes de verlo, esa sensación incómoda que no viene del caos ni del ruido, sino de algo más preciso, más enfocado, como si alguien no estuviera reaccionando a lo que pasaba, sino analizando, desarmando pieza por pieza.

Y eso…no era común.

La mayoría en ese lugar solo veía lo evidente, el golpe, la tensión, el cambio, pero no se detenían a pensar más allá, no conectaban, no profundizaban, porque no les interesaba, porque era más fácil seguir con lo superficial.

Pero alguien sí lo estaba haciendo.

Y lo encontré.

Estaba al fondo del salón, apoyado contra la pared, con una postura relajada que no coincidía con el ambiente cargado que había, como si todo lo que estaba pasando no lo afectara de la misma forma que a los demás, como si lo estuviera viendo desde afuera.

Adrián.

No hablaba mucho.

No intervenía.

Pero miraba.

Y eso lo hacía diferente.

Nuestros ojos se cruzaron por un segundo.

Y no apartó la mirada.

No se incomodó.

No dudó.

Simplemente…se quedó ahí.

Observando.

Como si ya supiera algo.

Como si estuviera esperando.

No reaccioné.

No le di nada.

Porque si él estaba mirando…yo también podía hacerlo.

El resto de la clase pasó sin importancia, o al menos eso intentaron, porque la tensión seguía ahí, creciendo, acumulándose, pero ya no era solo entre Mateo, Valentina y yo.

Había algo más.

Algo que no podían nombrar.

Pero que estaba ahí.

Cuando terminó la jornada, no me apresuré a salir, dejé que el flujo de estudiantes se moviera, que el ruido bajara, que el espacio se vaciara poco a poco, porque sabía que él no se iba a ir.

Y no lo hizo.

Cuando finalmente salí del salón, él estaba en el pasillo.

Esperando.

No bloqueó el camino.

No hizo un movimiento brusco.

Solo estaba ahí.

Eso fue suficiente.

—No eres la misma —dijo.

Directo.

Sin rodeos.

Me detuve.

Pero no mostré reacción.

—¿Y eso qué significa? —respondí con calma.

Adrián ladeó levemente la cabeza, observándome con más detalle, como si cada gesto, cada palabra, cada pausa fuera una pieza que estaba encajando lentamente.

—Significa que antes evitabas mirar a la gente —dijo—. Que no respondías así. Que no te acercabas… mucho menos golpeabas.

Silencio.

No estaba adivinando.

Estaba recordando.

—La gente cambia —respondí.

Adrián sonrió apenas.

No como los demás.

No por burla.

Sino por certeza.

—No tanto.

Esa respuesta fue peligrosa.

Porque no venía desde la duda.

Venía desde la conclusión.

Di un paso hacia él.

Acortando la distancia.

—Entonces… ¿qué crees? —pregunté.

Silencio.

Corto.

Medido.

Adrián no retrocedió.

No se tensó.

No reaccionó como los demás.

Y eso…lo hacía más interesante.

—Creo que algo pasó —respondió finalmente—. Algo que te cambió… o algo que te reemplazó.

Esa palabra quedó en el aire.

Reemplazó.

No fue casual.

No fue ligera.

Fue una prueba.

Y la pasó.

Porque no reaccioné.

No de la forma que él esperaba.

Solo lo miré.

Más de cerca.

Más directo.

—Ten cuidado con lo que dices —murmuré.

No como advertencia.

Como medición.

Adrián sostuvo la mirada.

Y sonrió un poco más.

—No me preocupa —respondió—. Me interesa.

Eso cambió todo.

Porque el miedo se puede controlar.

Pero el interés…no.

Retrocedí un paso.

No porque me hubiera ganado.

Sino porque ya había entendido.

Él no era como los demás.

No iba a reaccionar.

Iba a observar.

Y eso lo convertía en un problema.

O en algo más.

—No te metas en lo que no entiendes —dije finalmente.

Adrián se encogió levemente de hombros.

—Eso es lo que estoy intentando hacer.

Silencio.

No respondí.

Porque cualquier palabra extra…

era información.

Y él ya tenía suficiente.

Me giré y seguí caminando, sintiendo su mirada en mi espalda, pero esta vez no era como la de los demás, no era miedo, no era confusión…

Era análisis.

Y eso…era peligroso.

Porque mientras todos los demás reaccionaban…él estaba entendiendo.

Y cuando alguien entiende demasiado…

puede destruirlo todo.

O ayudar a hacerlo.

Sonreí levemente.

Porque ahora el juego había cambiado.

Ya no era solo venganza.

Ahora…había alguien más en el tablero.

Y él… no estaba asustado.

1
Rubiia sanz
no dejes que caiga sube maaas
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