NovelToon NovelToon
Bilogía Rivales

Bilogía Rivales

Status: En proceso
Genre:Atracción entre enemigos
Popularitas:238
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis_Ochoa

1 - El Juego Prohibido de los Rivales:

En el mundo de los Sterling y los Vane, el amor no es un sentimiento; es una debilidad que se paga con herencias, prestigio y sangre.

2 - El Juego Mortal de los Rivales:

Cuando las piezas de ajedrez están bañadas en sangre, ganar la partida significa perder el alma ante el enemigo.

NovelToon tiene autorización de Leydis_Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: Secretos Bajo la Piel

Un secreto letal latía entre nosotros mientras bailábamos, o al menos así se sentía aquella danza macabra por la supervivencia en la oscuridad de la mansión. El estruendo de los cristales rotos todavía vibraba en mis oídos, un eco violento que contrastaba con el silencio sepulcral que siguió al ataque. Alistair me mantenía presionada contra el suelo, su cuerpo era un escudo de músculo y nervios tensos sobre el mío. Podía sentir el calor de su aliento en mi nuca y el latido errático de su corazón golpeando contra mi espalda.

—No te muevas —me ordenó en un susurro que era apenas un roce de aire—. Si hay un tirador, estará esperando a que algo se desplace.

—Alistair... los papeles —logré decir, mi voz saliendo pequeña y quebrada—. Se han quedado sobre la mesa. Si alguien entra y los ve...

—Que se mueran por leerlos —gruñó él. Me soltó lo suficiente como para girarse, pero sin dejar de mantenerme protegida por el pesado faldón de la mesa de caoba—. Quédate aquí.

Lo vi deslizarse por las sombras con una agilidad que no encajaba con el hombre de negocios que conocía en Nueva York. Alistair Vane no era solo un heredero; en ese momento, parecía un depredador que finalmente estaba en su hábitat natural. El rugido del helicóptero empezó a alejarse, convirtiéndose en un zumbido sordo sobre el océano. Las luces de emergencia de la mansión, de un tono rojizo y fantasmal, se encendieron finalmente, bañando el comedor en un resplandor de pesadilla.

Alistair regresó a mi lado. En su mano derecha sostenía la carpeta amarillenta; en la izquierda, una pistola que no sabía de dónde había sacado. Sus ojos azules escaneaban cada rincón de la estancia con una frialdad que me heló la sangre más que el aire acondicionado.

—Vámonos de aquí. Hay un búnker en el sótano. Esta isla ya no es segura.

Me ayudó a levantarme. Mis piernas se sentían como si fueran de gelatina. Al mirar la mesa, vi el rastro de la destrucción: copas de cristal de Murano reducidas a polvo brillante, el vino tinto derramado como sangre fresca sobre el mantel blanco.

—¿Quiénes eran? —pregunté, mientras bajábamos por unas escaleras ocultas tras un panel de madera en la biblioteca.

—Gente que no quiere que esos documentos sean destruidos, Elena. O gente que quiere usarlos para terminar lo que nuestros abuelos empezaron —respondió él sin mirarme. Su voz era plana, despojada de la arrogancia habitual, lo cual era mucho más aterrador.

Llegamos a una habitación blindada. No era el típico búnker de hormigón, sino una estancia lujosa con paredes reforzadas, pantallas de seguridad y una pequeña cocina. Alistair cerró la puerta de acero con un estruendo metálico que selló nuestro destino por esa noche. Estábamos solos. Encerrados. Y con la verdad quemándonos las manos.

Él dejó la carpeta sobre una mesa de metal y se alejó unos pasos, pasándose la mano por el cabello, ahora desordenado. Se quitó la chaqueta del esmoquin y la lanzó a un sofá de cuero, revelando su camisa blanca, manchada de polvo y con los botones superiores desabrochados.

—Lee la página cuarenta y dos —dijo, señalando la carpeta—. Lee el nombre del beneficiario de la póliza de 1968.

Con los dedos temblorosos, abrí el documento. Mis ojos saltaron por las líneas de texto legal hasta que encontré el nombre. *Silas Vance*. El investigador que desapareció durante el gran juicio contra los Sterling. Pero no fue eso lo que me detuvo el corazón. Fue la nota escrita a mano en el margen, con una caligrafía que conocía demasiado bien. La caligrafía de mi padre.

*"Problema resuelto. El silencio de Vance ha sido comprado con tierra. Julian S."*

—Mi padre... —sentí que el mundo giraba—. Mi padre no es un asesino, Alistair. Esto tiene que ser un error. Un montaje.

Alistair se acercó a mí, sus pasos resonando en el búnker. Se detuvo justo frente a mí, invadiendo mi espacio con una intensidad que me obligó a retroceder hasta que mi espalda chocó contra la pared fría.

—No seas ingenua, Elena. Tu padre no apretó el gatillo, pero él firmó el cheque para el que lo hizo. Y mi abuelo puso el arma. Nuestros imperios no se construyeron con astucia empresarial; se construyeron sobre un cadáver. Ese es el "secreto letal". No es solo fraude, es complicidad en un homicidio que nunca prescribirá.

La realidad me golpeó con la fuerza de un naufragio. Todo lo que yo creía defender, el honor de los Sterling, la pureza de nuestro linaje... era una mentira decorada con diamantes.

—¿Por qué me cuentas esto? —le pregunté, con lágrimas de rabia asomando a mis ojos—. Podrías haberme dejado creer la versión suave. Podrías haberme usado para hundir a mi padre y quedarte con todo.

Alistair extendió la mano y, por un momento, pensé que me iba a golpear o a apartar. Pero sus dedos rozaron mi mejilla con una delicadeza que me desarmó por completo. Su tacto era cálido, demasiado real para el horror que nos rodeaba.

—Porque no quiero tu apellido, Elena. Quiero tu lealtad —susurró, inclinándose hasta que nuestras frentes se tocaron—. Estamos atados por este secreto. Si tú caes, yo caigo. Si yo sangro, tú te desangras. No hay Sterling ni Vane aquí abajo. Solo somos tú y yo, dos hijos de monstruos intentando no ser devorados por su pasado.

Me quedé helada, sintiendo su piel contra la mía. En ese momento, el odio que había alimentado durante años se mezcló con una necesidad desesperada de protección. Odiaba a Alistair por ser quien era, pero lo necesitaba porque era el único que veía la misma oscuridad que yo.

—¿Qué vamos a hacer? —pregunté, mi voz apenas un murmullo contra sus labios.

—Vamos a mentir —dijo él, y sus ojos brillaron con una luz peligrosa—. Vamos a decirle a nuestros padres que los documentos han sido destruidos. Vamos a fingir que todo va según el plan. Y mientras tanto, buscaremos quién envió ese helicóptero. Porque quien sea que lo hizo, sabe lo que hay en esa carpeta.

Me separé de él, tratando de recuperar mi compostura. Mi mente voló al grabador que tenía escondido en mi habitación, arriba, en medio del caos. Si Alistair se enteraba de que yo también estaba jugando mi propio juego sucio por orden de mi padre, me destruiría.

—Tengo que ir a mi habitación —dije, tratando de que mi voz no temblara.

—No vas a ninguna parte hasta que sea seguro.

—Alistair, tengo... cosas personales. Joyas de mi abuela que no puedo perder. Déjame subir.

Él me miró con sospecha, sus ojos entrecerrándose como si pudiera leer los pensamientos que corrían por mi cabeza. Se acercó un paso más, acorralándome de nuevo.

—¿Joyas, Elena? ¿O es que hay algo más que no me estás contando?

—No sé de qué hablas.

—Eres una pésima mentirosa cuando estás asustada. Tus pupilas se dilatan y empiezas a jugar con el anillo de tu dedo índice —tomó mi mano, su pulgar acariciando mis nudillos—. Dime la verdad.

—¡La verdad es que no confío en ti! —exploté, tirando de mi mano—. Me hablas de lealtad mientras me encierras en un búnker. Me pides que traicione a mi padre basándome en una nota al margen. ¿Cómo sé que no escribiste eso tú mismo para manipularme?

Alistair se quedó rígido. Su rostro se volvió una máscara de piedra.

—Si quisiera manipularte, Elena, ya estarías en mi cama firmando la cesión de tus acciones. No necesito trucos de caligrafía para doblegarte.

—Entonces déjame subir.

—Bien. Ve. Pero si mueres por recuperar un collar de perlas, no esperes que llore en tu funeral.

Me abrió la puerta del búnker con un gesto brusco. Subí las escaleras con el corazón en la boca. La mansión estaba en silencio, solo se oía el viento silbando a través de las ventanas rotas. Llegué a mi habitación, que por suerte estaba intacta. Fui directa a mi maleta, saqué el grabador y lo guardé en el escote de mi vestido, sintiendo el metal frío contra mi piel. Era mi primera mentira hacia él. Una mentira necesaria, me dije a mí misma.

Cuando bajé de nuevo, Alistair estaba sentado frente a las pantallas de seguridad. No se giró al oírme entrar.

—¿Tienes tus joyas? —preguntó con voz gélida.

—Sí.

—Perfecto. Ahora intenta dormir. Mañana empieza la verdadera actuación.

Me acosté en el pequeño sofá, dándole la espalda. El silencio entre nosotros era denso, lleno de cosas no dichas y traiciones latentes. Pensé en el grabador, en mi padre, en la nota de la carpeta. Pensé en el roce de los dedos de Alistair en mi mejilla.

La primera mentira ya estaba dicha. Y sabía, con una certeza aterradora, que no sería la última.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play