Ella pasa una noche con un Ceo Y ese luego la secuestra al creer que ella esconde a su hijo
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Capitulo 5
Valentina seguía enredada en las sábanas en el suelo, tratando de liberarse con dignidad… sin lograrlo.
—Esto es tu culpa —murmuró, luchando con la tela.
Mateo, de pie junto a la cama, la observaba con total tranquilidad… y claramente entretenido.
—Claro, porque yo te empujé —respondió con una leve sonrisa.
—¡Cállate!
En ese exacto momento…
toc toc
La puerta se abrió antes de que alguno pudiera reaccionar.
—Señor, el desa—
La empleada se quedó congelada.
Escena:
Valentina en el suelo, enredada en las sábanas, despeinada, roja.
Mateo sin camisa, de pie junto a la cama.
Silencio.
Largo.
Incómodo.
Los ojos de la empleada se abrieron ligeramente.
Y luego—
—Oh… —murmuró, bajando la mirada de inmediato—. Lo siento, no quise interrumpir…
Valentina se puso ROJA.
Nivel tomate extremo.
—¡NO ES LO QUE PARECE! —dijo de golpe, intentando levantarse más rápido… fallando.
Mateo, en cambio, completamente tranquilo.
—Buenos días —dijo como si nada.
Eso no ayudó.
Para nada.
La empleada, visiblemente incómoda pero tratando de mantener la compostura, hizo una pequeña reverencia.
—El desayuno está listo, señor… señorita.
Valentina seguía luchando con las sábanas.
—¡No—! ¡Espere—! ¡Esto no—!
Demasiado tarde.
La empleada ya se estaba retirando.
—Disfruten su mañana —añadió antes de cerrar la puerta suavemente.
Click.
Silencio.
Valentina se quedó quieta.
Procesando.
Luego giró lentamente la cabeza hacia Mateo.
—Ahora TODOS van a pensar cosas raras —dijo, entre dientes.
Mateo se encogió de hombros.
—No están tan equivocados.
Otro error.
Valentina logró liberarse por fin de las sábanas…
Solo para agarrar otra almohada.
—¡MUÉRETE!
Se la lanzó directo.
Mateo la atrapó otra vez.
Riendo.
—Definitivamente esta casa es más divertida contigo.
Valentina lo fulminó con la mirada.
Pero su cara seguía roja.
Y eso…
solo lo divertía más.
Valentina cerró la puerta del baño con fuerza.
Todavía furiosa.
Todavía roja.
Todavía pensando en TODO lo que había pasado.
—Insoportable… —murmuró mientras abría la ducha.
El agua empezó a caer.
Y por fin…
un momento de paz.
O eso creyó.
Unos minutos después—
La puerta se abrió.
—¿¡Qué haces!? —exclamó ella de inmediato, girándose y cubriéndose como pudo.
Mateo estaba ahí.
Tranquilo.
Como si nada.
Con ropa en la mano.
—Solo vine a traerte esto —respondió con calma.
Valentina lo fulminó con la mirada.
—¿Acaso no sabes lo que es la privacidad?
Mateo dejó la ropa a un lado.
—Relájate.
—¡Vete!
Él se giró como si fuera a irse.
Pero al llegar a la puerta…
se detuvo.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
Y volvió a cerrar.
Click.
Valentina lo miró, incrédula.
—Mateo…
Pero ya era tarde.
Él empezó a quitarse la camisa sin dejar de mirarla.
—¡VETE! —repitió ella, con el corazón acelerado.
Mateo no respondió.
Se acercó.
Paso a paso.
El vapor llenaba el ambiente.
La distancia desaparecía.
—Esto no es buena idea… —murmuró ella, pero su voz ya no tenía la misma fuerza.
Él se detuvo frente a ella.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
—Nunca lo es contigo —susurró.
Y entonces la besó.
Al principio, ella intentó resistirse.
Lo empujó levemente.
Pero él no se apartó.
Y poco a poco…
esa resistencia se desvaneció.
El enojo.
La tensión.
Todo se mezcló.
El agua cayendo.
El calor.
La cercanía.
Y otra vez…
se dejaron llevar.
Minutos después…
El baño quedó en silencio.
Solo el sonido del agua.
Y dos respiraciones que intentaban volver a la normalidad.
Cuando salieron…
Valentina evitaba mirarlo.
Claramente afectada.
—Esto no cambia nada —dijo, cruzándose de brazos.
Mateo tomó una toalla con total calma.
—Claro que no.
Pero su sonrisa decía lo contrario.
Valentina apretó los labios.
—Te odio.
—Lo sé —respondió él—. Pero no tanto.
Ella giró la cara, frustrada.
Y él…
la observó.
Como si cada momento con ella…
solo confirmara algo que ya creía.
Que no iba a dejarla ir.
Nunca.