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Sediento De Venganza

Sediento De Venganza

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Tintared

Ethan es un joven que vive la vida a través de un cristal hasta que el destino le enseña que no todo lo que brilla es oro.

NovelToon tiene autorización de Tintared para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El despertar del monstruo.

El reencuentro en París fue exactamente como Anelly lo había planeado: un choque de copas, una sorpresa fingida en el vestíbulo de un restaurante de moda y la risa contagiosa de Elean al ver a su "cómplice" en suelo francés. No hubo cuestionamientos. Para Elean, la presencia de Anelly era un regalo del destino para aligerar la pesadez de sus obsesiones.

Esa misma noche terminaron en el club más cotizado del bulevar Saint-Germain. El ambiente estaba saturado del humo de cigarros egipcios, acordes de piano y el tintineo constante de las botellas de champán y licor de ajenjo. Tras varias horas y demasiadas copas, las inhibiciones de ambos se habían disuelto en una embriaguez alegre y cínica.

Anelly, sentada muy cerca de él, con las mejillas ligeramente encendidas por el alcohol pero con la mente siempre alerta, comenzó a pinchar el orgullo del joven.

—Vamos, Leroux —le soltó, dándole un empujón juguetón con el hombro—. Llevas dos días en Francia y lo único que haces es hablar de tus pesadillas y de esa maravillosa Carter. Eres un cobarde. Si tanto te desvela, deberías ir ahora mismo, buscarla y conseguir al menos un beso de ella. ¿O es que el gran casanova de Múnich le teme a una chica de su infancia?

Elean, con los ojos brillantes por el alcohol y el ego picado, soltó una carcajada arrastrada. Dejó la copa sobre la mesa de mármol con un golpe seco.

—¿Yo, temerle? No conoces mi alcance, Anelly. Acepto el juego. Vamos ahora mismo. Te demostraré que no hay mujer en este país que se resista si me lo propongo.

Salieron del club tambaleándose entre risas, abordando un carruaje nocturno bajo la llovizna parisina. La adrenalina de la noche los llevó directo hasta el elegante distrito donde residía la familia de Carter. Sin embargo, cuando el carruaje se detuvo frente a la imponente fachada de piedra y Elean puso un pie en el pavimento frío, el aire de la noche pareció espabilarlo. Miró las ventanas oscuras de la mansión, luego miró a Anelly, que lo observaba desde el interior del carruaje con una sonrisa burlona.

—¿Qué pasa, Romeo? ¿Te tiemblan las piernas? —lo provocó ella.

Elean se lo pensó un segundo, una mueca de repentina lucidez y vergüenza cruzó su rostro de aristócrata.

—¡Al diablo con esto! Son las cuatro de la mañana, me va a mandar a matar su padre —dijo, subiendo de un salto de regreso al auto mientras le ordenaba al c chófer que marchara a toda prisa.

Ambos estallaron en una carcajada limpia, ruidosa y cómplice, huyendo por las calles empedradas como dos adolescentes que acababan de cometer una travesura. En ese instante, para Elean, Anelly era la mejor parte de su vida: la diversión sin consecuencias.

Sin embargo, los días continuaron pasando en París, y la diversión comenzó a tornarse en una sustancia ácida para Anelly.

Lo que empezó como un juego y una burla piadosa cobró una dimensión alarmante. Elean no dejó de ver a Carter. Al principio eran paseos formales por el Bois de Boulogne, luego cenas . Anelly empezó a estudiar a su rival desde la distancia, y lo que descubrió la llenó de un horror frío y desconocido.

Carter no era como las mujeres de los clubes. No era una presa fácil que caía ante el dinero o el magnetismo de Elean, ni era una fría calculadora como ella misma. Carter poseía una autenticidad aristocrática, una gracia natural y, sobre todo, una historia compartida con Elean que Anelly jamás podría replicar. Cada vez que Elean regresaba de verla, sus ojos ya no tenían el brillo vacío de la fiesta; tenían una luz profunda, la luz de un hombre que empieza a encontrar su norte.

Anelly se miró al espejo de su hotel, sintiendo por primera vez que el piso se le movía. Si Elean se enamoraba de Carter, la farsa de la "amiga incondicional" se terminaría. La tarjeta de crédito sería cancelada, las puertas de la mansión Leroux se cerrarían para ella, y volvería a ser Anelly Rosseau: la quinta hija de un sastre pobre, una prófuga con un colgante de sauce roto en el fondo de la maleta.

Carter no era solo una rival de amores; era una amenaza directa a su supervivencia, a su estatus y al imperio que tanto le había costado parasitar.

El rostro de porcelana de Anelly se endureció bajo la luz de las velas. La calidez ficticia que había mostrado durante dos años se congeló por completo, dejando al descubierto al monstruo ambicioso que llevaba dentro. Si el destino amenazaba con devolverla a la miseria, ella misma corregiría el destino.

Carter tenía que desaparecer. Estaba decidida a eliminarla.

1
Alondra Linares
que historia tan bonita llena de mucho odio, ethan siendo rescatado del odio para vivir en oax
b zamitiz
🙂
Mindy Rey
Esa desgraciada tuvo tanta suerte y tiempo para hacer el mal en todo el mundo
Yolanda Luna
Maravillosa
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