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Reencarnada Para Limpiar Mi Nombre

Reencarnada Para Limpiar Mi Nombre

Status: En proceso
Genre:Época / Reencarnación / Venganza
Popularitas:7k
Nilai: 5
nombre de autor: Jisieli

Fui obligada a casarme con un Duque y después de ello me inculparon de haberlo asesinado!!

- ¡Pero si yo no fui!

Gracias al cielo por darme una segunda oportunidad.
¡Esta vez no seré la dulce Viollet, me vengaré y limpiaré mi nombre!

NovelToon tiene autorización de Jisieli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: El día en que el hielo se resquebrajó II

Rubén

La espera en el altar me estaba volviendo loco.

No porque tuviera prisa, sino porque no lograba dejar de pensar en Darell. Había visto morir a tantos hombres en tantas batallas que creía haberse vacunado contra el fantasma de los caídos, pero hoy, con la catedral llena de nobles que susurraban sobre el duque que se casaba por compromiso, la imagen de mi amigo riendo mientras bebíamos vino en la cubierta de mi nave regresaba una y otra vez.

“Si algo me pasa, cuida de ella, Rubén. Es la única que no merece pagar por los pecados de mi padre.”

No sabía entonces lo profético que sería. Darell murió en la emboscada del rey, y yo sobreviví porque él se interpuso entre el acero y mi pecho. Ahora le pagaba la deuda de la única manera que podía: protegiendo a su hermana pequeña.

Pero ¿cómo se protege a una mujer casándose con ella y luego ignorándola? Esa era mi especialidad. Mantener distancia, no involucrarse, no sentir. Funcionaba en la guerra; funcionaría en el matrimonio.

El arzobispo carraspeó a mi lado.

—Su excelencia, la novia ha llegado.

Me volví hacia la entrada, y por un instante, el mundo se detuvo.

No era la primera vez que veía a Viollet Ritman. Había aceptado el compromiso tras ver un retrato que su padre me envió: una muchacha de facciones suaves, cabello blanco y ojos violetas, tan extraños como hermosos. La imagen me había parecido adecuada, nada más.

Pero la mujer que caminaba hacia mí, con el brazo de mi propio hermano en el suyo, no era la del retrato. Era más. El velo que cubría su rostro dejaba entrever unos labios apenas sonrosados, una mandíbula delicada, y cuando el viento que entraba por las puertas abiertas levantó la tela un instante, sus ojos violetas se encontraron con los míos.

Y algo se movió en mi pecho. Algo que no sentía desde hacía años. Algo que no quería sentir.

Es la hermana de Darell. Nada más.

Emilio la condujo hasta el altar con su sonrisa de cortesano perfecto, y cuando le entregó la mano, sus dedos se demoraron un instante de más sobre los de ella. Lo noté porque lo estaba observando todo. Mi hermano siempre había tenido un interés sospechoso por lo que era mío, y hoy no era la excepción.

—Queridos hermanos —comenzó el arzobispo, y las palabras se perdieron en el eco de las bóvedas—, nos hemos reunido aquí para unir en santo matrimonio a…

La voz del sacerdote era un rumor lejano. Yo no podía apartar la mirada de Viollet. Estaba de pie frente a mí, con las manos entrelazadas sobre el ramo de lirios, y aunque su rostro mostraba la serenidad adecuada para una novia, en la rigidez de sus hombros había algo más. Algo que no era miedo, sino una tensión contenida. Como un arco antes de disparar.

¿Qué oculta?

—¿Acepta usted, Viollet Ritman, tomar a Rubén Dubrey como su legítimo esposo?

Su voz, cuando respondió, fue clara y firme.

—Sí, acepto.

El arzobispo se volvió hacia mí.

—¿Acepta usted, Rubén Dubrey, tomar a Viollet Ritman como su legítima esposa?

La respuesta estaba ensayada, preparada, vacía de todo sentimiento. Abrí la boca para pronunciarla, pero ella me miró en ese instante, y en sus ojos violetas vi algo que no esperaba: una súplica silenciosa. No la súplica de una mujer que pide amor, sino la de alguien que pide que la vean. Realmente la vean.

—Acepto —dije, y la palabra salió más grave de lo que pretendía.

El arzobispo sonrió, bendijo las arras, las intercambiamos con manos que apenas rozaron las suyas. Luego llegó el momento del beso. Me incliné hacia ella con la frialdad que había planeado, dispuesto a darle un roce protocolario en la mejilla, pero en el último segundo, ella levantó ligeramente la cabeza y sus labios se encontraron con los míos.

Fue un roce apenas. Casto, breve. Pero sentí en ellos un calor que no esperaba, y un sabor a algo que no supe nombrar. Cuando me aparté, sus mejillas estaban ligeramente sonrosadas, pero sus ojos me sostuvieron con una calma que desmentía su aparente timidez.

—Puedo presentarles al duque y la duquesa de Dubrey —anunció el arzobispo.

La multitud aplaudió. Yo tomé su mano y la coloqué en mi brazo, sintiendo sus dedos temblar apenas contra mi antebrazo. Pero no era temblor de miedo. Era otra cosa.

Mientras descendíamos los escalones del altar, me incliné hacia su oído y susurré:

—No sabía que las novias de Ritman besaban a sus esposos con tanta determinación.

Ella no se inmutó. Solo esbozó una sonrisa leve, que no era la sonrisa dócil que todos esperaban.

—Las novias de Ritman hacen lo que sea necesario, mi señor.

La respuesta me desconcertó. Pero no tuve tiempo de analizarla porque al salir a la luz del sol, una avalancha de nobles nos rodeó para felicitarnos, y ella soltó mi brazo con la elegancia de quien sabe que debe compartir el centro de atención.

Me quedé observándola mientras recibía las cortesías de las damas. Su postura era impecable, su sonrisa dulce, sus respuestas medidas. Pero en la forma en que sus ojos se desviaban hacia ciertas personas —mi hermano, el rey, que observaba desde el estrado real, su hermana Grecia, que la abrazaba con una efusividad que parecía excesiva—, noté una vigilancia que no correspondía a una novia recién casada.

Ella está viendo algo que yo no veo.

Y por primera vez en años, sentí curiosidad por alguien.

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Viollet

El banquete de bodas se extendió hasta el atardecer.

El Gran Salón del Palacio de Dubrey, donde se celebraba la recepción, era un despliegue de oro, terciopelo escarlata y arañas de cristal que reflejaban la luz de las velas en un millar de destellos. Las mesas estaban cargadas de manjares que yo nunca había probado: faisanes rellenos de castañas, pescados bañados en salsas de azafrán, frutas cristalizadas que brillaban como joyas. La primera vez, toda esa opulencia me había abrumado hasta el mutismo. Esta vez, la recorría con la mirada calculadora de quien evalúa un campo de batalla.

El rey Emilio Rosen presidía la mesa principal con una sonrisa que me helaba la sangre cada vez que posaba sus ojos en mí. Era un hombre de mediana edad, de cabello rojizo y barba recortada, con una gordura incipiente que sus sastres disimulaban con cortes hábiles. Pero sus ojos eran lo peor: de un verde pálido, fríos, que te recorrían como si fueras un mapa que acababa de caer en sus manos.

—La novia es aún más hermosa que en el retrato —dijo, alzando su copa hacia mí—. El duque Dubrey es un afortunado.

Rubén, sentado a mi lado, inclinó la cabeza con una cortesía gélida.

—La suerte, majestad, es cosa de los dados. Yo prefiero llamarlo deber cumplido.

Las palabras cayeron en la mesa como un cuchillo. El rey sostuvo la copa un instante más, y en la rigidez de su mandíbula vi cómo el odio se acumulaba, gota a gota.

Así empezó todo la primera vez. Esta frialdad cortés, esta envidia disfrazada de cordialidad.

—El deber —repitió el rey, dejando la copa con cuidado—. Sí, es una virtud que todos deberíamos cultivar. Hablando de deber, duque, ¿ha considerado mi propuesta para las islas del norte?

—La consideraré —respondió Rubén, y su tono no admitía réplica—. Después de la luna de miel.

Un murmullo recorrió la mesa. Emilio, que estaba sentado unos lugares más allá, interrumpió el incómodo silencio con una risa ligera.

—¡Hermano, no sabía que te interesaran las lunas de miel! Creí que tu única luna era la de los mapas de guerra.

Algunos nobles rieron con cautela. Rubén no sonrió.

—Las circunstancias cambian, Emilio. Como el viento en alta mar.

Emilio inclinó la cabeza, pero en sus ojos vi la misma sombra que había detectado en el carruaje. No le gustaba que su hermano alterara sus planes. La misión a las islas del norte era, lo recordaba perfectamente, el pretexto que la primera vez había dejado el palacio vacío para los conspiradores. Si Rubén no se iba, el asesinato se volvía más difícil.

Y yo he sido quien ha plantado esa semilla, sin que él lo sepa. Con solo decirle a Mira que le mencionara al mayordomo Gerold lo mucho que Darell me había hablado de las tormentas del norte, y lo preocupada que estaba porque su hermana quedara sola en un palacio desconocido…

Gerold era leal a Rubén, y Rubén era leal a Darell. La cadena funcionó.

—¿Una luna de miel? —la voz de Grecia me arrancó de mis pensamientos. Mi hermana estaba sentada al otro lado de la mesa, con Luisa a su lado, ambas con expresiones que oscilaban entre la envidia y la incredulidad—. Qué romántico. ¿Adónde piensan ir, hermana?

Todas las miradas se volvieron hacia mí. Incluida la de Rubén.

Respiré hondo y dejé que mi voz saliera con la dulzura que ensayaba desde mi renacer.

—El duque ha tenido la gentileza de ofrecerme su finca en los acantilados. Dice que el mar es calmado en esta época.

Mentira. Rubén no me había ofrecido nada; habíamos hablado apenas diez palabras desde la ceremonia. Pero Gerold me había informado esa mañana que el duque había cancelado la misión y ordenado preparar la finca costera. Yo solo estaba confirmando la decisión que él ya había tomado, presentándola como un gesto romántico para disimular lo que realmente era: un cambio de planes que ya estaba sembrando el desconcierto entre los conspiradores.

Rubén me miró con una ceja ligeramente alzada. Por un instante, sus ojos grises se encontraron con los míos, y en ellos vi algo que la primera vez nunca había visto: curiosidad.

—Así es —dijo, y su voz, cuando se dirigió a la mesa, tenía un matiz diferente. Casi protector—. Mi esposa merece descansar después de tantos meses de tensiones.

Mi esposa. La palabra resonó en mi pecho con un eco que no esperaba. La primera vez, nunca me llamó así. Siempre fui “la duquesa” o “señora Dubrey”, cuando se dignaba a referirse a mí.

El rey sonrió, pero sus dedos alrededor de la copa estaban blancos.

—Que disfruten, entonces. Las obligaciones esperan siempre.

El banquete continuó, pero yo ya no escuchaba las conversaciones. Estaba demasiado ocupada procesando lo que acababa de suceder: Rubén Dubrey, el hombre de hielo, acababa de cambiar sus planes por mí. O por la hermana de Darell, que era lo mismo. Pero era un cambio. Un quiebre en la línea de tiempo que yo había vivido.

El primer hilo se ha movido. Ahora a esperar a que los demás se enreden.

Cuando el banquete terminó y los invitados comenzaron a retirarse, Rubén se puso de pie y me ofreció su brazo con una formalidad que parecía ensayada pero que, sin embargo, tenía algo de genuino.

—¿Duquesa?

Tomé su brazo. Su antebrazo era duro como el roble bajo la tela de su chaqueta, y el calor de su cuerpo se filtró a través de la manga como una promesa silenciosa.

—¿Adónde vamos? —pregunté, aunque ya lo sabía: a los aposentos nupciales, donde la primera vez él me había dejado sola con un formal “buenas noches”.

—A descansar —respondió, y su voz era tan neutra como siempre, pero sus dedos se cerraron sobre mi mano con una firmeza que no esperaba—. Es un día largo para cualquiera.

Caminamos en silencio por los pasillos del palacio, flanqueados por criados que nos abrían las puertas y luego desaparecían. Cuando llegamos a la puerta de la cámara nupcial, él se detuvo y, para mi sorpresa, la abrió él mismo en lugar de ordenar a un sirviente que lo hiciera.

La habitación era un despliegue de sedas carmesíes y maderas oscuras. Una chimenea ardía en la pared opuesta, y sobre la cama de dosel, pétalos de rosas blancas formaban un corazón que Mira había colocado por indicación mía. Un detalle que la primera vez no existió.

Rubén se detuvo en el umbral, observando los pétalos con una expresión que no supe descifrar.

—¿Has sido tú? —preguntó.

—Sí. Me pareció que… que era apropiado. Para una noche de bodas.

—No habrá noche de bodas —dijo, y su voz fue tan cortante que por un instante volví a sentir el frío de la primera vez—. No en el sentido que esperan.

Pero yo ya no era la Viollet que se encogía ante esa frase. Cerré la puerta detrás de mí con suavidad, apoyé la espalda en la madera y lo miré directamente a los ojos.

—Lo sé, duque. Y no espero nada que usted no esté dispuesto a dar.

Él me observó un largo rato. Las llamas de la chimenea bailaban en sus pupilas grises, dándoles un brillo casi líquido.

—¿Por qué los pétalos, entonces?

—Porque aunque no haya intimidad, esta sigue siendo una noche de bodas. Y porque… —dudé un instante, pero decidí que la verdad a medias era mejor que la mentira— quiero que sepa que no me casé con usted por obligación, ni por su título. Me casé porque mi hermano confiaba en usted, y yo confío en mi hermano.

Algo cambió en su rostro. La frialdad no desapareció, pero se suavizó, como el hielo que empieza a ceder bajo un sol tenue.

—Darell era un buen hombre —dijo, y por primera vez desde que lo conocía, su voz tuvo un matiz de calidez—. El mejor.

—Lo era —asentí—. Y sé que usted está cumpliendo una deuda con él. Pero quiero que sepa que yo no soy una carga, ni un favor que haya que soportar. Puedo ser útil.

Él levantó una ceja.

—¿Útil? ¿En qué sentido?

—En el sentido de que sé más de lo que aparento —respondí, y dejé que mis ojos brillaran con la determinación que había estado ocultando durante semanas—. Pero eso se lo contaré cuando confiemos el uno en el otro. Por ahora, solo acepte que no soy la novia ingenua que todos creen.

Rubén se quedó inmóvil, con las manos a los lados, y por un momento pensé que se enfadaría. Pero en lugar de eso, esbozó algo que casi podría ser una sonrisa.

—Eso ya lo había notado —dijo, y se volvió hacia la puerta que comunicaba con su estudio—. Buenas noches, duquesa. Que descanses.

—Buenas noches, duque.

Cuando la puerta se cerró entre nosotros, dejé escapar el aliento que había estado conteniendo. Mi corazón latía con fuerza, pero no de miedo. De algo que aún no me atrevía a nombrar.

Está funcionando. Él está viéndome. Y cuando me vea del todo, estaremos listos para enfrentarnos a ellos.

Me quité el vestido con la ayuda de Mira, que me esperaba en la antesala, y me acosté entre las sábanas de seda, con los pétalos de rosas blancas esparcidos a mi alrededor como una promesa de algo que aún no había florecido.

Afuera, el viento del norte comenzaba a soplar, trayendo consigo el olor a sal y a tormenta. Y en la habitación contigua, supe que Rubén Dubrey, por primera vez en años, no podría dormir.

....................................

Gracias por leer mi contenido 😊❤️

1
DAISY VARGAS
el reencarno también 🤔
Iliana Curiel
Vaya autora me encantó este capítulo, me enamoré y me encanta que haces que vea cada lugar y sentimientos de los protas, que bonito gracias 🥰🥰🥰
inuyasha/ Tomoe🦊
estoy pérdida el rey que sería? es Emiliano?
inuyasha/ Tomoe🦊
quiero ver la caída del Rey, esperen Emilio que es el hermano de la madre de ella. el sería el rey?
🦋Akiro🦋
👏
noem
este capítulo no debería ir antes 👀👀
osea si está bien publicado o se publicó primero uno y después el otro
por qué a como medio entendí se supone este iba antes (osea este vendría siendo el caso 9 ) o da igual ?
Jisieli: tengo q revisar
total 1 replies
noem
gracias por publicar
Alberto Ayala
interesante 🥰se va poniendo muy interesante 🤭
(˃̣̣̣̣̣̣︿˂̣̣̣̣̣̣ )SOMEBODY
Me E N C A N T A 😌💅 DIVA EMPODERARA💅😌💅💅
Beatriz Diaz
👏muy bien gracias buenas imágenes
inuyasha/ Tomoe🦊
ya necesito la declaración de que ella renació y el de una cierta manera también pero sin recuerdos
inuyasha/ Tomoe🦊
AHHH necesito más capítulos o me va agarrar algo lo jurooooo
autora un maratón está joya se merece un maratón 🔥🔥🔥
Iliana Curiel
ahhhhh dios mío está ansiedad por leer más jajajaja ya me quedé sin uñas autora,
gracias mil gracias me encanta tu novela eres una escritora maravillosa ❤️❤️🥰🥰
Iliana Curiel
dios mío autora me mori, me regresé y me derretir por ese beso ansiado. ❤️❤️❤️❤️
Iliana Curiel
Esa hermana espero y sufra por lo que hizo
Iliana Curiel
me encanta tu historia autora 🥰🥰🥰🥰
Jisieli: Muchas gracias ❤️✨
total 1 replies
inuyasha/ Tomoe🦊
AHHH me tiene tan Atrapada necesito más capítulos plisss
Jisieli: Ya van en Camino 🤭
total 2 replies
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